viernes, 4 de octubre de 2013

EN LA SORDIDEZ, SIN ASIDEROS VITALES




Hijos de la luz
Robert Stone
Traducción de Inga Pellisa
Editorial Libros del Silencio, 2013, 379 páginas.


   Temíamos lo peor, pero afortunadamente no fue eso lo que ha sucedido y la editorial independiente, que tiene como lema la frase de Pascual Quignard (“Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector”), ha sobrevivido al inesperado fallecimiento producido recientemente de su fundador y director, Gonzalo Canedo. Y sigue apostando por la escritura abismal de Robert Stone (Nueva York, 1937), el novelista que, según John Banville, va directo al corazón del infierno moderno. De este “oscuro  sucesor de Conrad y Hemingway”, pero imprescindible clásico moderno en esa línea que va de Peckinpah a Cormac McCarthy, Libros del Silencio nos había posibilitado leer en español su obra maestra, Dog Soldiers (1973), galardonada con los grandes premios de la literatura norteamericana e incluida por Harold Bloom en su canon. Y su libro de memorias, Recordando los sesenta. La narrativa alucinatoria de Robert Stone es deudora de la Beat generation, de Ginsberg, Keruac o Cassady, de sus viajes a Vietnam y a Latinoamérica, de los alucinógenos y del free jazz.
   Menos dantesca pero tan desesperanzada como Dog Soldiers, es Hijos de la luz, una novela de los 80, publicada así mismo en la mitad de esa década. Otra novela post Hemingway, pero al mismo tiempo muy diferente del estilo, de los ritmos y tics del autor de El viejo y el mar. Se ha escrito que Stone hereda el realismo hemingwayano, pero al mismo tiempo lo trastoca, mostrando de forma realista lo irreal de la realidad más extrema (Rodrigo Fresán). Ese infierno moderno al que Stone baja sin tomar atajos, sigue siendo, en Hijos de la luz, Estados Unidos, un país contra el que el escritor proyecta toda su furia, precisamente porque lo ama.
   Robert Stone deja ahora el campo de batalla y el drama vietnamita y moja su pluma en las heridas  de otro campo de batalla, quizás no tan sangriento como Vietnam, pero igualmente paranoico: la industria cinematográfica,  con dos “héroes” igualmente dentro del volcán, dos seres destrozados, en caída libre (sí, like a rolling stone!), dos seres que, adictos a todo o víctimas de esquizofrénicas alucinaciones, eligen viajar al extranjero, a México en este caso, acompañados por todas las pesadillas del Sueño Americano.
   La novela, en efecto, pretende recrear el rodaje de una novela de Kate Chopin, El despertar, escrita a finales del siglo XIX y muy escabrosa para la época. El actor y guionista y adicto a casi todo, Gordon Walker, abandonado por hijos y esposa, con su carrera como actor y guionista que languidece, viaja a la localidad mexicana donde se ruedan los exteriores de la película para encontrase con una antigua amante que sufre el asedio de alucinaciones, fruto de una esquizofrenia descontrolada en ese momento porque ha abandonado el tratamiento médico con vistas a mejorar su actuación. Dos personajes extenuados a los que Stone pone al límite entre la sordidez, el valium, el alcohol y la cocaína.
   La narración del  rodaje y del viaje de Walker será la escusa perfecta para mostrarnos, no solo los hoteles desolados, los bares decadentes, el engañoso claroscuro de las luces artificiales, sino también las pequeñas y grandes miserias, el descorazonado tedio de los días y horas sin asideros vitales de esos dos seres encallecidos, paradigma de la fragilidad del ser humano. Seres descarriados -Stone ha sido definido en más de una ocasión como su apóstol- a los que el escritor, partiendo de irrelevantes anécdotas, conduce hacia una trágica colisión.
   Robert Stone es consciente de que su escritura está empedrada con episodios desagradables y negativos que derivan, como en Hijos de la luz, en novelas opresivas. Pero escribe así para darles coraje  a sus lectores, para que los perdedores, mientras pierden, no se aferren al millón de clichés cuyo estandarte es la derrota.
   Novela extraña, compleja, quizás con sobreabundancia de diálogos, diálogos intercambiados como en trance…donde nadie parece oír del todo lo que está diciendo el otro (Rodrigo Fresán).Ese es el estilo stoneano, con constantes guiños a W. Faulkner, Tennyson, Samuel Beckett, Kipling, Dikinson…y sobre todo a  Shakespeare, que parece el conductor del relato. Por algo su héroe o antihéroe, antes de emprender el viaje, acaba de representar El Rey Lear y Shakespeare era su última oportunidad. Después, una sucesión repesadillas en el desierto mexicano. Atrás, una sociedad en descomposición.

Francisco Martínez Bouzas




Robert Stone

Fragmentos

“Walker desayunó con una tostada de pan de centeno en la lúgubre cafetería. Una lluvia densa y constante martilleaba contra los cristales de las ventanas orientadas hacia el mar. El viento procedente del océano hacía repiquetear los cerrojos oxidados que las mantenían sujetas, y el agua se colaba por las molduras podridas y formaba pequeños charcos en el suelo de ajedrez.
Fumó y contempló la lluvia, sin prestar atención al periódico de la mañana, extendido ante él sobre la mesa coja.
Shelly se había ido mientras él aún dormía. Le había dejado una nota en la que le ordenaba que se quedara allí hasta que recibiera noticias de la agencia y que la llamara por la tarde.
Unos minutos después, cogió el periódico y subió  a recoger sus cosas y a esperar a que dejara de llover. Tan pronto como cerró la puerta tras de sí, se puso a la tarea de meterse más cocaína. No tenía ningún propósito firme para el día, solo el sueño de viajar al sur. Ese sueño le proporcionaba una felicidad contra toda razón, era auxilio y fuga. La coca lo tornaba diamantino, un anhelo místico. De pie junto a la ventana sobre el mar embarrado de lluvia, su sangre se aceleró ante la perspectiva. Sintió entonces que era todo cuanto tenía.”

…..

Llegó a su habitación justo antes de que  la mujer de la limpieza, colgó el cartel No molestar y se preparó aceleradamente una dosis. Con las prisas se echó más de los que había pretendido; el efecto no fueron la euforia ni los horrores, sino un confuso entusiasmo sin objeto. Por lo pronto, se sintió como si hubiera reemplazado sus verdaderas emociones, cualesquiera que fueran, por otras artificiales, artificialmente saborizadas. Esta vez, al salir llevó consigo una papelina de coca en la bolsa de la playa, envuelta en papel de aluminio para evitar que se deshiciera con el calor.”

(Robert Stone, Hijos de la luz, páginas 94, 245-246)

martes, 1 de octubre de 2013

EN BUSCA DE LA ERRANTE ISLA BALLENA



 

La asombrosa conquista de la Isla Ballena

Ramón Loureiro

Prólogo de Basilio Losada

Eurisaces Editora, Chandrexa de Queixa (Ourense), 2013, 120 páginas.



   En Eurisaces, una nueva editora independiente, que toma su nombre del legendario panadero romano que abastecía de pan a la urbe de la capital del Imperio y a las legiones romanas, publica Ramón Loureiro la cuarta novela de un personalísimo microtexto, escrito bien en gallego, bien en castellano y del que forman parte O corazón portugués, As (Las) galeras de Normandía y León de Bretaña. Este libro es pues la culminación de una saga sobre la Tierra de Escandoi, esa parte de territorio de la Galicia mágica, la olvidada e irreductible Galicia del Norte situada entre Mondoñedo y Ferrol, a la vez anverso y reverso de la Última de Todas las Bretañas.

   Continuadora pues de la mitología atlántica, la pluma de este narrador insólito, como en su día lo definió Miguel García Posada -nos lo recuerda el prologuista Basilio Losada-, escribe, como hace más de diez años  decía en su autobiografía, para intentar que las voces de los muertos no se marchen para siempre. Y a fe que los muertos hacen acto de presencia en esta su última propuesta narrativa, pero el relato no gira sobre ellos, sino en torno a una fabulosa aventura, relatada con abundantes ingredientes de humor.

   Novela, sin embargo, entre la ensoñación y la realidad, como todas las suyas. También tan ultrarrealista que exige para acercarnos a ella y gozar de su escritura, aceptar los asideros en los que se sustenta. Importancia en primer lugar de las geografías imaginarias, de esa inmensa fortaleza de los que el Círculo de Eranos llamó imaginal, ese pensamiento simbólico que todo lo convierte en símbolo, pensamiento totémico que integra en el signo lo indesignable; acertada mediación entre el transfondo romántico de nuestra tradición preindoeuropea y la estructura ilustrada de nuestra tradición indoeuropea. Amalgama, pues, de mito y logos. En segundo lugar, vulneración o debilitamiento de las leyes de la lógica clásica, la onto-lógica, basada en los principios de identidad y contradicción y su sustitución por otra, por ejemplo la dialógica o lógica del pensamiento complejo en la línea de Edgar Morin, que integra las contradicciones en el pensamiento. Por eso la narrativa de Ramón Loureiro, y este libro es una muestra manifiesta, supera los antagonismos de los axiomas aristotélicos: (“Uno es evidentemente dos y a veces más de dos”). Confusión entre vigilia / sueño e importancia de este último: (“Mientras duermo, de vez en cuando sueño que estoy corriendo”). Comunicación entre el reino de los vivos y de los muertos. Gran dominio del humor y de la ironía que recae incluso sobre el propio proceso de escritura de la novela: (“Vaya libro estamos escribiendo, un revoltijo tremendo”).

   A partir de estos principios o postulados (incluso axiomas, si los consideramos como “semillas”), construye Ramón Loureiro su novela. Partiendo de la Tierra de Escandoi, alli donde la Última Bretaña vigila la marcha del sol hundiéndose en el Atlántico, un narrador en primera persona, un difunto y delirante fantasma, habitante del refugio del papel y de la tinta, hace de cronista de la fantástica aventura que discurre a través de los preparativos, viaje a través del Océano en busca de la Isla Ballena, así como su conquista. El viaje y la ocupación están dirigidos por León Daniel María Bonaparte, el Emperador Alado, que asume el reto de extender más allá del mar las fronteras de su reino de la Vía Láctea, envés de la Última de las Bretañas posibles, conquistando para ello la Isla Ballena. El viaje parte, como ya quedó señalado, de la Tierra de Escandoi, pero no será por mar, sino por aire, en globo dirigible, el Magno Navío de los Cielos, capaz de quebrantar las leyes de la física y portar en su interior un regio y gigantesco ejército, en el que no faltan los elefantes. Pero como la realidad suele mermar los sueño, la Isla que navega queda reducida a los que es: el viejo cuerpo de un cetáceo al que, no obstante, conquistan de hecho y de derrcho, a pesar de los dáimones  que la habitan y que terminan huyendo a nado. No hallan reliquia alguna de San Brandán, pero sí un ermita con campanas de niebla. Y sobre la Ínsula Errante queda la bandera del reino de la Vía Láctea, dorso de Galicia del Norte, espejo de los muertos (página 119).

   Y así los que únicamente son sombras de un sueño o ni siquiera eso, regresan felices tras haber visto a nuestra Señora, que les habla a través de San Rosendo, de cuya Academia es miembro, por cierto, Ramón Loureiro.

   La inabarcable  capacidad de Ramón Loureiro de imaginar lo que no existe, vertida en esta pieza de literatura ultrarrealista, pero muy alejada de esos productos de consumo del género fantástico, reviste su historia con   labores y encajes líricos de ambientes, personajes y situaciones muy elaborados. Una lengua poética fuerte, muy apropiada sin duda para fundir lo real y lo imaginario en este universo hecho de sueños.



Francisco Martínez Bouzas








Fragmentos



Nadie podrá negar esta vez que las Factorías Imperiales, rozando el milagro, son muy capaces, cuando se lo proponen de trabajar rápido y eficazmente. Estaba yo tirado a lastre en el sofá, en chándal y cubierto con una manta, comiendo pipas y mirando en la televisión de los muertos la repetición de un reportaje sobre los años de Don Joyce en París y sobre cómo ni el Señor Torrente Ballester ni Maese Faulkner se atrevieron a hablarle al novelista admirado, que ya se sabe que no era de nación inglesa sino todo lo contrario, al verlo tomar café en su mesa de costumbre -solo y casi ciego con aquel aire suyo de estar siempre al borde del ataque de pánico si aparecía, por ejemplo, una rata-, cuando el propio Manolo Merlín Nigromante vino a traerme el recado de que el Gran Globo Dirigible, el Nuevo Navío de los Cielos, está acabado.”



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“Llegados a este otro punto, tengo que admitirlo: ya no sé muy bien quién soy. Porque unas veces soy yo, sí, quién puede dudar que en efecto lo sea. Pero de vez en cuando, aquí en el Reino de la Vía Láctea, y como a nadie se le escapa, también soy un poco otros, y no siempre me doy cuenta pronto ni del cambio: ni de que la metamorfosis se ha producido, ni de quién me ha transformado.

En realidad, ni siquiera acabo de aclararme, tampoco, con la verdadera procedencia de los recuerdos que todos estos cambios traen consigo.

-Nada te turbe, hermano: los ecos de los muertos -así es- nos habitan a veces de una manera muy extraña.”



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XXV

HIJOS DEL PASADO Y DE SUS NIEBLAS



“Hechos en buena parte de memoria, de lo vivido y de lo soñado, los habitantes de este reino y de estas páginas, alimento de los recuerdos del futuro o quizás simplemente nada, somos hijos de las nieblas del pasado. Lo cual nos obliga, hasta  a bordo de una nave como esta, del Gran Globo dirigible que va a la procura en medio del Océano, de una errante ínsula que es cetáceo,  arrastrar con nosotros -además de abundantes melancolías, tristezas y cicatrices varias, dolores mayormente del alma; de ese alma que hemos perdido, pero jamás olvidado- algunos miedos importantes.”



(Ramón Loureiro, La asombrosa conquista de la Isla Ballena, páginas 65, 71, 89)

  

miércoles, 18 de septiembre de 2013

LA IRÓNICA SABIDURÍA DE JULIO JURENITO



Julio Jurenito

Ilya Ehrenburg

Tradución de Lina Buzarra Hermosilla

Capitán Swing Libros, Madrid, 2013, 368 páxinas



  

   De forma oportuna, reedita Capitán Swing Libros un terxto publicado por primera vez en 1922, Julio Jurenito, considerado la mejor novela de Ilya Ehrenbug (Kiev, 1891 – Moscú, 1967). Julio Jurenito que puede presumir de ir rotulada con uno de los títulos más largos de la narrativa de todos los tiempos que, por curiosidad, reproduzco aquí (“Las extraordinarias aventuras de Julio Jurenito y sus discípulos Monsieur Delet, Karl Schmidt, míster Cool, Alexei Tishin, Ercole Bambucci, Ylya Ehrenburg y el negro Aisha. En días de paz y guerra y revolución, en París, en México, en Roma, en Senegal, en Kinieshma, en Moscú, y en otros lugares, y también las distintas opiniones del Maestro. Sobre el arte de fumar en pipa, sobre la muerte, sobre el amor, sobre la libertad, sobre el juego de ajedrez, sobre la raza hebrea, sobre la construcción y otras muchas cosas”), es un libro poco conocido, pero que en las manos lectoras se convierte en una verdadera joya literaria, disparatada y genial en igual proporción. Tan soviética como antisoviética, tan occidental como antioccidental. Novela de humor extremo y rayando el absurdo, que lo satiriza todo: el viejo continente europeo, tan alienado o esquizofrénico que se precipitó, casi sin darse cuenta, en la carnicería de la Primera Guerra Mundial; la utopía de la Revolución bolchevique; la religión y casi todas la convenciones y hábitos sociales. “En Jurenito, escribe el mismo Ehrenburg, estigmaticé toda suerte de racismos y nacionalismos, denuncié la guerra, la crueldad, codicia e hipocresía de los hombres que la provocaron”.

   Pero ¿quién es esta mente autorial que escribe no para las élites, élites actuales de inútiles y perdidos, sino para los pueblos venideros, para que no caigan en los mismos errores del pasado? Considerado el corresponsal de guerra más popular de toda la prensa soviética (Vasili Grossman), Ehrenburg fue un escritor y periodista soviético, de ascendencia judía, que cubrió la mayoría de las guerras. Tras su participación en las revueltas estudiantiles en la Universidad de Moscú de 1905, emigró a París donde inició su carrera como escritor bajo la influencia de Verlaine. En la capital francesa trabó así mismo amistad con Picasso, Apollinaire y Fernand Léger. Corresponsal en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, en 1917 retornó a su país. Aunque simpatizaba con la revolución bolchevique, no se sentía a gusto en la Unión Soviética, y en 1921 volvió a autoexiliarse. Ese mismo año escribió Julio Jurenito. Corresponsal más tarde en la Guerra Civil española, escribió varias obras que lo reconciliarían con el régimen soviético. A partir de 1950 se convirtió en una destacada personalidad, sobre todo cultural, de la URSS.

   La acertada combinación de humor, sentido del absurdo y agudas sátiras sociales convierten a Julio Jurenito en una novela tan original como actual. En la misma Ehrenburg crea la ficción del Maestro mexicano Julio Jurenito, un personaje que amalgama en su figura la sabiduría, la ironía y un acusado sentido de lo pintoresco. Personaje sin principios, a pesar de que los defiende apasionadamente, se rodea de una “selecta” tropa  de discípulos que, más que personajes de lo más variopinto, son  estereotipos  de sus propias nacionalidades y de los que se sirve para revelar y satirizar, deformándolos hasta el esperpento, los defectos de las mismas. La denuncia de este profeta de artistas excéntricos, banqueros, filósofos y parias, delineada con un toque bastante iconoclasta, no resulta por ello menos contundente.

   En treinta y cinco capítulos Ehrenburg, escribiendo con un ritmo ágil, nos sirve en bandeja y a través de una lupa deformadora los avatares surrealistas del Maestro mexicano y de su troupe de estrafalarios discípulos entre los que se incluye a sí mismo, pues Ehrenbrug ejerce a de autor, narrador y personaje representante de los judíos, a los que satiriza  con la misma intensidad con la que retrata al resto de nacionalidades.

   Novela esperpento pero muy coherente con la realidad que capta y plasma, de la que es fiel reflejo, y que no ha perdido actualidad porque las condiciones en las que fue escrito Jurenito en 1922 son en esencia las mismas de nuestros días, aunque las designemos eufemísticamente con otros nombres: la guerra sigue instalada en el corazón de los pueblos, muchos países siguen siendo colonizados por el subdesarrollo y la explotación, navegamos, quizás más que nunca, por mares y océanos de crisis, inseguridades y falsedad, se sigue discriminando a los pobres y continúa habiendo sociedades que son al mismo tiempo socialistas y nacionalistas. Y el fascismo no ha muerto, porque, incrustado en el corazón de muchas personas, pocas veces se le hace frente de la misma forma que refleja este breve texto de Ilya Ehrenbrug: “En la Europa de los años treinta, inquieta y humillada, era difícil respirar. El fascismo avanzaba, y avanzaba impunemente. (…) Pero hubo de pronto un pueblo que aceptó el reto. No se salvó a sí mismo ni salvó a Europa, pero si para la gente de mi generación queda algún sentido de las palabras «dignidad humana» es gracias a España.”



Francisco Martínez Bouzas






Ilya Ehrenburg

Fragmentos



“Julio Jurenito también nos contó cómo había organizado en México una «Agrupación de Prostitutas para la ayuda a las damas de sociedad». Las prostitutas, al ver con qué envidia las observaban en el café las «damas virtuosas», y a fin de corresponder a las distintas empresas filantrópicas de las mundanas señoras, se dirigieron a ellas patrocinadas por Jurenito con el siguiente llamamiento: «Queridas colegas, nuestro análogo trabajo es igualmente duro y exige solidaridad. Si nosotras sufrimos a causa de la variedad, entregadas al eterno disfrute de vuestros maridos, que con frecuencia os resultan repulsivos, realizáis un trabajo no menos duro. Por eso hemos decidido acudir en vuestra ayuda. Aquella de vosotras que guste de las caricias de su marido puede hacer la correspondiente declaración en nuestra «Sección de defensa del matrimonio». Limitaremos el derecho de asistencia a nuestros establecimientos de dichos maridos a una sola vez al mes, obligándoles además, mediante un recibo formal, a dedicarse a sus esposas no menos de treinta y seis noches al año. Pero existen otras entre vosotras que ansían en vano las alegrías del sexo. Nosotras, entre miles, a veces encontramos uno, dos, tres, un pianista, un chulo, un huésped ocasional, pero estas pobres se ven condenadas a los tormentos de la prisión. Organizaremos para ellas unos «martes» especiales, prometiéndoles guardar el secreto, y una inspección por parte de la Agrupación de los más dotados de nuestros huéspedes». Jurenito nos dijo que «el grupito» gozó de un éxito sin precedentes, pero que medio año después, fue descubierto por la policía y arrestaron a su presidenta.”



…..



“En el mitin de las prostitutas Alexei Spiridonovich se despachó a discreción recordando entre sus citas a Soniechka Marmeladova y a santa María Egipciaca. Pidió a todos perdón y, por su parte, también perdonó a todos; luego contó su vida, y finalmente propuso a las allí reunidas que se «lavaran» en las aguas del Jordán revolucionario y luego se dedicaran a coser los calzones «de los valientes defensores de la libertad y de la patria». Muchas lloraron. Después algunas ciudadanas exigieron el alza de tarifas. Alexei Spiridonovich intentó hablar de nuevo, pero rompió a llorar de emoción, y fue consolado por una compasiva María Egipciaca que murmuraba: «¡Camarada caballero, es usted terriblemente atractivo!» El mitin de los ministros se caracterizó por su parte por la extraordinaria afluencia de personas, ya que asistieron a él todos los antiguos, actuales y futuros ministros de numerosos gobiernos. Por entonces la gente no permanecía mucho tiempo en el cargo de ministro, y cualquiera podía esperar convertirse, de un día para otro, en ministro de algo. Al circo llegaron, en efecto, no menos de dos mil personas. El Consejo debió ser aplazado por tan funesto motivo, y todos los ministros, incluso los futuros, se arrepintieron y prometieron que aunque fueran ministros nunca iban a serlo en realidad. Nos hablaron entonces muy poéticamente, sobre el mar, el ocaso, las herrumbrosas cadenas y llaves que abren corazones. En general yo temo a los ministros, pero estos no parecen en absoluto temibles.”



(Ilya Ehrenburg, Julio Jurenito, páginas 78-79, 245-246)

martes, 10 de septiembre de 2013

LA MUJER PERRO DE CAROLA AIKIN



 
Mujer perro
Carola Aikin
Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2012, 165 páginas.

 

    Carola Aikin, formada literariamente en uno de esos talleres de escritura creativa, aquí se encuentra y nos encuentra con este su segundo libro de cuentos, enfrentada a si misma, como le dijo su maestra Clara Obligado y lactando de ese misterioso y caprichoso manantial que es la inspiración o dicho quizás con palabras más apropiadas: de la magia de la creación. Y en una especie de viaje en espiral, como ella misma se define. En espiral porque, en buena medida, la substancia más profunda de los relatos de Carola Aikin está simbolizada en el dibujo que ilustra la portada, de la autoría de su propia hermana, Helena Aikin: la mujer ser racional e irracional a la vez, suturada a su sombra inferior, a su lado animal, salvaje, condición que, por cierto comparte con el varón. Seres femeninos “sapiens” y úbricos en “su lucha por controlar ese lado salvaje y a la vez vivir”, como lo expresa la misma autora.
   Por eso mismo, ya de entrada, me parece oportuno un detalle del paratexto: la estrofa de de Jeannette  Winterson que inaugura esta colectánea de cuentos: “Soy demasiado inmensa para el amor. Nadie, ni varón ni hembra, se ha atrevido jamás a acercárseme”.
   La arquitectura compositiva de la obra de Carola Aikin se yergue sobre dieciséis cuentos de desigual extensión, aunque predominan las distancias cortas. Y una novela breve, “La expedición” por cuyo trayecto circulan varios personajes con los que nos hemos familiarizado en los relatos.
   Clara Aikin articula esta antología de textos de recompensa inmediata a base de un desfile de personajes y con una idea subyacente: la búsqueda de la identidad, la urgencia por definirnos en el maremagnum de las relaciones sociales con las que interactuamos y que, en buena medida, también nos constituyen. Explora pues la escritura de Carola Aikin lo más recóndito de nosotros mismos, que suele forjarse non en los contactos beatíficos, sino en los conflictivos. Una exploración que detectamos ya en el primer relato: una hembra, que vislumbramos como mujer y como gorila. La mujer sirena, a la vez también mujer perro, que luce su cola en el segundo relato, es así mismo un interrogante sobre la identidad cuando poseemos o somos poseídos. En otros cuentos como “Mujer cubo” la incógnita se refiere a los trabajos realizados. ¿No son también acaso ellos los que nos van definiendo, muchas veces entre desagradables sorpresas? Y con similares procedimientos en el resto de los cuentos, en una pugna  por aproximarse al menos a los aledaños del propio ser, entre luchas, conflictos y tensiones.
   La micronovela, tan extraña como estos cuentos protagonizados por seres metamorfoseados que ahora reaparecen de nuevo en una expedición por África, desbordados por sensaciones de desconcierto, extravíos, ansiedad. El terror y lo siniestro tiñe la atmósfera de la que respiran y muy pronto en el grupo impera la máxima hobbesiana: el hombre, un lobo par el hombre que, traducida al lenguaje de hoy, le hace decir a uno de los expedicionarios: “nos devoramos unos a otros”. Presos y depredadores, aunque solo sea simbólicamente.
   Los textos de Carola Aikin, rebosantes de referencias a la animalidad,  a lo zoológico, harán pensar a más de un lector en las tesis sociobiológicas que en pasadas décadas intentaron explicar la conducta humana únicamente desde nuestras raíces biológicas. No obstante, las prosas de Carola Aikin non caen en tal asimilación. Sus metamorfosis no traspasan el umbral de lo simbólico y el animal se nos presenta como un ser diferente, eso sí, inquiriéndonos a veces de forma desconcertante desde su alteridad. Por otra parte, en alguno de los cuentos la autora apuesta inequívocamente a favor de la singularidad, la singularidad de esa progenie de mujeres perro “que no tienen rango, no se pueden domesticar” (página 74).
   Todo esto, tejido con una lengua a veces exquisita, otras henchida de imágenes y texturas de gran potencia, hacen que el lector de Carola Aikin se sienta atrapado por estas paginas repletas de interrogantes.

Francisco Martínez Bouzas



Carola Aikin

Fragmento

“Ella se llama Gina, Gina andares de reina, Gina cabellos rojos y largos, bellísima entre las bellas orangutanes del harén. Al amanecer Gina juega a besarse en la boca con sus crías (…) En uno de los nidos de arriba duerme el macho, el gran Gambar, y la nueva hembra que le acaban de traer. Los demás nidos los ocupan las otras hembras que para Gina no tienen la menor importancia pues no han podido concebir. Gina hace todo el ruido que puede para despertarlas y cuando lo ha logrado les roba sus raciones de caña de azúcar y mandioca y se lo lleva todo a la gran piedra que está en el centro de la jaula, donde espera a que baje Gambar para hacer con ella el amor. Así es como Gina, con el vientre apoyado en la piedra, conquista al gran macho casi todas las mañanas (…) La becaria entiende perfectamente el mensaje de los ojos pequeños, vivos, ligeramente asimétricos de Gina. Le dice lo mismo cada día, cuando se planta ahí, frente a la jaula, cronómetro en mano, bolígrafo o lapicero rojo, hoja de datos preparada, melena lacia, dos senos grandes que estallan dentro del sujetador. Tetona le dice. Camiseta apretada, pantalón caqui, como de expedición, pies largos y estrechos, sandalias doradas. Me encantan tus sandalias, pero odio tus ojos. Y Liliana baja la vista al suelo. Borracha, te odio. ¿Con quien estuviste ayer”.

(Carola Aikin, Mujer perro, páginas 70-71)     

lunes, 2 de septiembre de 2013

LA EMERGENTE NARRATIVA IBEROAMERICANA



Emergencias
Doce cuentos iberoamericanos
Varios autores
Edición y prólogo de Jorge Carrión
Epílogo de Juan Villoro
Editorial Candaya, Les Gunyoles-Avinyonet del Penedés, Barcelona, 2013, 239 páginas.


   En el año 1965 el editor gallego argentino Francisco Porrúa tuvo la primera noticia de Gabriel García Márquez por boca del escritor chileno estadounidense Luis Harss, autor del libro Los nuestros, una obra que presentaba relatos de diez narradores que consideraba representativos de la nueva literatura latinoamericana. El contacto con aquel libro le permitió a Francisco Porrúa enterarse de la obra de Gabriel García Márquez y contactar con el escritor colombiano. Dos años más tarde, la Editorial Sudamericana, cuyo director literario era Porrúa, editaba por primera vez Cien años de soledad. Así pues, en el inicio de la trayectoria literaria de García Márquez hubo un cuento.
   Este libro que hoy comento y que reúne doce relatos de otros tantos escritores iberoamericanos, es posible que también le abra la senda o sea el inicio de la trayectoria literaria de algún gran escritor que, a su manera, siga los derroteros de Gabo. Por medio de esta publicación doce escritores comienzan a significar algo para los lectores. Y lo hacen mediante el género que tienen más a mano. En talleres de creación literaria, escuelas de escritura o facultades universitarias han velado sus primeras armas y en esta publicación colectiva recogen los resultados. Emergen, se hacen visibles mediante variadas estrategias narrativas, todas ellas ancladas en el minúsculo arenal que es la brevedad. Relatos variados que tocan múltiples temas y emplean distintas estrategias narrativas, tal como lo hizo la literatura de siempre y lo reitera la de nuestro tiempo. Emergencias es pues un libro plural en todos los aspectos: sus autores proceden de diversos países iberoamericanos y sus temas, estrategias y estilos son igualmente dispares.
   La engañosa brevedad de estos cuentos representa, sin embargo, modos muy personales de crear. Gimnasios naturales, como hacer notar Jorge Carrión, editor y prologuista de Emergencias.  A través de ellos, en efecto, Antonio Galimany (Rosario, Argentina, 1987), Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988), Ramón Bueno Tizón (Lima, 1973), Mariana Font (Montevideo, 1977), Carlos Gómez Pérez (Barcelona, 1969), Tomás Sánchez Bellocchio (Buenos Aires, 1981), Jari Malta (Montevideo, 1985), Eduardo  Ruiz Sosa (Culiacán, México, 1983), Carolina Bruck (La Plata, Argentina), Yannick García (Amposta, España, 1979), Wilmar Cabrera (Palmira, Colombia, 1970) y Alex Oliva (Barcelona, 1974) nos ofrecen una muestra de su hacer literario.
   Muestras que  moldean relatos muy narrativos todos ellos, pero narraciones de la cotidianidad.  No narran avatares y sucesos excepcionales, sino el acontecer diario de personajes muy variopintos. Líneas pues de la vida cotidiana con nulos o escasos momentos de suspenses, con excepción del relato que cierra la antología,”Nuestra casa” de Alex Oliva. En él el autor nos permite acompañar a una pareja que con entusiasmos explora su nueva casa. Son los primeros vecinos de una nueva promoción. Pero muy pronto aparecen problemas en la edificación hasta que la situación, entre la soledad y la desolación, la quiebra o el silencio de la promotora, se hace insostenible.
   Tematización pues de historias muy variadas en las que, sin embargo, podemos ver ciertos rasgos comunes, reflejo de un mundo en crisis, con espacios de precariedad e incertidumbres; roturas de pareja y de familias, extrañeza y alejamiento frente a las instituciones tradicionales (familia, matrimonio, estado); presencia agobiante  de seres desamparados. Apertura y variedad de estímulos y referentes, entre ellos la intertextualidad, especialmente con Vila-Matas, con Roberto Bolaño, Ricardo Piglia o incluso con Diderot.
   Un sustancioso epílogo de Juan Villoro sobre los talleres de escritura de los años setenta y, en concreto, sobre su experiencia en el de Augusto Monterroso y sus enseñanzas sobre la elaboración del cuento, recopiladas en un decálogo, pone el ramo y clausura esta muestra plural -y yo apostaría que representativa-  de  la emergente narrativa iberoamericana ofrecida en formato breve.

Francisco Martínez Bouzas



Fragmentos

“En la segunda fotografía, María Ozawa nos mira desde la lejanía de sus inmenso poder, el rostro inclinado hacia la derecha. Una mano hunde sus dedos entre su cabello negro, desordenado intencionalmente. La otra mano cae sobre su muslo interior, junto a su bajo vientre, ahí donde el Monte de Venus da María Ozawa se enciende como una mata salvaje y lúbrica. No es el enterizo ajustado de malla que trae puesto lo que perturba y conmueve al espectador. Tampoco la turgencia de sus pechos, medianos y preciosos. Lo que sobrecoge es la naturaleza agreste de su vello pubiano, de una oscuridad arcana, intimidante pero magnética al mismo tiempo. Como una flor carnívora, hermosa y espeluznante. O como una tarántula, posada entre las piernas de una hafu.”
(Ramón Bueno Tizón, “María Ozawa”, páginas 50-51)

…..

“Vuelve andando a su bloque. Pasea por el patio trufado de excrementos de animales. En el antiguo césped comunitario crecen hierbas que le llegan ala rodilla, al lado de zonas en las que la tierra ha quedado al descubierto. La piscina está medio vacía. Dentro solo un metro de residuo oscuro cubierto de hojas muertas entre las que se adivina el cadáver de un ave bastante grande. Se sienta en el suelo. El nudo en la garganta le causa un dolor nada metafórico, atroz, de laringe aplastada. Vuelve a tantear el papel que lleva en el pantalón. Lo saca. Lo desdobla con cuidado. Lo mira por enésima vez: un dibujo a lápiz, a medio hacer y tachado. Lo vuelve a doblar con extrema precaución. Con los ojos cerrados besa ligeramente el papel antes de guardarlo de nuevo en el bolsillo.
Se le ocurre que, si estuviese quieto el tiempo suficiente, las hierbas lo irían rodeando, consumiéndole poco a poco.”
(Alex Oliva, “Nuestra casa”, página 219)

domingo, 25 de agosto de 2013

"LOS LÍQUIDOS ÍNTIMOS": LA POESÍA VOLCÁNICA Y VITALISTA DEOLGA NOVO



Los líquidos íntimos
Olga Novo
Traducción de Olga Novo
Ediciones Cálamo, Palencia, 2013, 137 páginas.

   En una cuidada edición bilingüe, Ediciones Cálamo, en su colección “Cálamo-Poesía”, agasaja a los amantes de esa gran verdad del mundo que es la poesía, con una selección personal de la poeta gallega Olga Novo, una de las voces más singulares y poderosas de la actual lírica gallega. Debemos la selección y la traducción a la propia poeta que la rotula con el título “Los líquidos íntimos”, extraído  de uno de esos poemas emblemáticos de la poesía gallega. Poemas emblema, poemas que actúan como banderas, también como dardos, para toda una generación, como en su día lo hizo el poema “Penélope” de Xohana Torres, cuyas líneas temáticas analizó por cierto Olga Novo en su primer trabajo de análisis literario.
   Ese poema que inaugura esta colectánea (“Coa miña pel podes facer inxertos nas mazairas” / “Con mi piel puedes hacer injertos en los manzanos”) no define cabalmente todas las secretas substancias de este libro, pero puede servirnos de indicio e hilo conductor para explorar el lirismo explosivo de Olga Novo, caracterizado por la crítica gallega por su fuerte contenido erótico y una enraizada pasión telúrica.
   Olga Novo, “un eslabón más del  fluido ancestral que avanza”, “Torrencial, Volcánica”, “Loba de las letras de una nación adoradora de Eros”. Y así define la misma autora su experiencia poética en dos recientes entrevistas: “radical -de la raíz-, orgánica, física, material, solitaria, independiente y libre”. Y de una forma aún más detallada y radical: “No sé si tengo trayectoria. Yo diría más bien que tengo Amatoria explotada en diversas obras que se intercomunican con Pasión. Intensidad. Sueño. Apertura. Utopías. Búsqueda cognitiva. Cosmogonía amorosa. Música de las piedras. Cráter. Feliz Edad. Desnudez. Antiplatonismo. Raíz. Libertad. Impulso. Alegría. Herida cerrada. Fósil. Pájaro en las alturas. Topo lúcido en las Profundidades. Humildad. Escritura en soledad. Independencia.”
   Palabras que delimitan con acierto los temas de la mayoría de los poemas recogidos en esta personalísima selección. Poemas que vieron su primera luz en Nós Nus (1997), A cousa vermella (2004), Monocromos (2006) y Cráter (2011), con algún inédito que nos regala la poeta. Dispuestos editorialmente no en orden cronológico, sino en una línea marcada por una afinidad profunda con la que la autora los amalgama, de forma que íntimamente dialoguen entre sí. El resultado es un nuevo libro de poesía tan vitalista, radical, revolucionaria y liberadora como la que rebosaba en las ediciones originales en gallego.
   Versos libres de intensa y variada riqueza formal; con alternancia de poemas muy largos -casi prosa poética- con otros breves que nos hieren con su sabiduría aforística y no nos dejan indemnes ante su belleza formal. Todo ello ayuda a fijar el aliento y el timbre poético de esta selección personal poética, estructurada en cinco secciones (“Los líquidos íntimos”, “Raíz”, “Volcán vivo”, “Salvaje mente”, “Antes la vida”) que dan lugar a un nuevo libro y muestra en español la expresión y afirmación de un intenso magma volcánico que surge con fuerza de la singularísima voz poética de Olga Novo.

Francisco Martínez Bouzas



Olga Novo

Fragmentos

LOS LÍQUIDOS ÍNTIMOS

“Con mi piel puedes hacer injertos en los manzanos.
 Algunos conservan estirados los nombres que gravé a
                        Navajazos
                 todas las tardes al volver de la escuela.
                Acostumbrada a tirar por un poema como por un ternero
                cuando se le ven las patas
                cuando ya no está en edad de crecer
                toda maduración requiere un desgarro de tendones
                entonces es cuando corren por mi pecho rebaños de cabras
                que no se dirigen a ninguna parte
                me suben a las paredes desde las que te veo
                arrancan con la lengua el pasto mientras te vas.
                El tacto de tus violines me hace llorar terriblemente
                y casi no puedo soportar que tus manos me acaricien
                como la luna de los jerseys que me hacía mi madre cuando era
                       niña.
                       Pero con mi piel
                       Con mi piel puedes hacer injertos en los manzanos.”

…..

CRÓNICA PRIMERA

“De cómo fui cuarto creciente
y llegué aquí descalza entre laureles
   y de cómo fluí por demoras de cuerpos
                              desvariada
                              y de cómo roté envuelta en los helechos de los
                                                                                         proscritos
                             y de cómo la ocupación de los equinoccios.
                             De cómo crecí del robledal
                             de cómo fui capaz de tanta barcarola
                             y de cómo concebí la revolución en vuestros vientres.

                             Y es que yo soy a la vida
                             lo que la lava al volcán.”


…..

VESUBIO

“Si entro en erupción
                                           nadie está a salvo.

                                          Desde niña sé
                                          que en el fondo estoy hecha
                                          de lava prófuga

                                         Mi columna de humo
                                         asciende vértebra por vértebra
                                         a la estratosfera.

                                         Te abrazo
                                         Te abraso.”

(Olga Novo, Los líquidos íntimos, páginas 11-12, 67, 93)

lunes, 19 de agosto de 2013

LA CIUDAD QUE VA DONDE NOSOTROS VAMOS



La misma ciudad
Luigé Martín
Editorial Anagrama, Barcelona, 2013, 131 páginas.


   Transcurridos cerca ya de doce años desde el 11 de septiembre de 2001, esa literatura inevitable que provocan siempre los grandes acontecimientos apocalípticos, ya se puede decir que llegó y lo ha hecho con las alforjas llenas. Historias patrióticas, de vivencias de la catástrofe, dramas familiares, surgidos al reclamo irresistible del ataque y derribo de las Torres Gemelas, se han ido sucediendo y llenando el mercado a lo largo de estos últimos años. O simplemente desencadenando ficciones que se encaminan por otras sendas, pero que tienen su punto de arranque en el 11-S. Como acontece con esta novela breve de Luis García Martín, Luisgé Martín desde que alcanzó el éxito. La misma ciudad, un título ordinario, que nada dice a primera vista, pero que comienza a decirlo desde la primera página cuando los versos epigráficos de Horacio (“Aquellos que cruzan el mar cambian de ciudad, pero no de alma”) inauguran este pequeño volumen. A lo largo del recorrido por sus páginas, el lector se va sumergiendo en los avatares de esa segunda oportunidad que aprovecha el protagonista para vivir otra vida. Los versos de Cavafis que hallamos cuando ya la novela ha consumido sus tres cuartas partes (“No existen para ti otras tierras, otros mares. / Esta ciudad irá donde tu vayas”, página 77), nos confirma en la idea de la imposibilidad de cambiar de identidad y de desterrar para siempre el sentido y el giro de nuestra vida y desviar nuestro destino.
   Todo comienza con la llamada crisis andrógina de los cuarenta y el 10 de septiembre del 2001. Ese día Brandon Moy, el protagonista de la ficción, cuya vida goza de un transcurso tan plácido como insustancial, sin emociones y con rutinas confortables (un buen trabajo, un hijo, una buena mujer a la que ama…) se encuentra con un antiguo compañero que le relata su vida, por el contrario, repleta de emociones: droga, bellas mujeres, incontables experiencias y el mundo por montera. Moy se siente humillado porque en su existencia rutinaria hay pocas vibraciones y menos mujeres. Y ya ha cumplido los cuarenta. Al día siguiente llega tarde al trabajo y eso le salva la vida porque un avión se ha estrellado contra el edificio del World Trade Center. Él no falleció por supuesto, pero se consideró oficialmente muerto como sus veintiséis compañeros del despacho de abogados en el que trabajaba. Su vida cambió radicalmente en esas horas. Un factor aleatorio, una limitación tecnológica (el hecho de no poder llamara sus esposa porque las líneas estaban colapsadas) va a determinar el resto de su vida. Una nueva vida basada sobre una muerte fingida, con un único norte: convertir su nueva existencia e una aventura.
   Y, en efecto, en el frío y soledad de la primera noche, sin familia, sin amigos, creyó encontrar la esencia de sus nuevo rumbo vital, que tiene su punto de partida en Boston y se extenderá por medio mundo, llevando a la cama a incontables mujeres, estafándolas, embriagándose en remolinos eróticos, sin que estén ausentes las drogas y tampoco la literatura. Hasta que un día se encuentra con el poema de Cavafis, “La ciudad”,  que le descuartiza el corazón y al que interpreta como una profecía sobre sí mismo: sus viajes a través de los ilusos sueños, por una topografía a veces tenebrosa, no le han enriquecido existencialmente. La ciudad, la vida que hemos fraguado a los largo de los años nos acompaña siempre. Nuestra existencia podrá ser un constante viajar, pero siempre dentro de la misma ciudad: nosotros mismo.
   Novela, pues, sobre la búsqueda de la identidad, sobre la imposibilidad de escapar a la insatisfacción vital que nos asolará de igual manera en una existencia repleta de frenesí hedonista como en otra más convencional. En ambos casos, la huída es una vana ilusión.
   Novela breve, pero preñada de sustancia que el autor presenta como una ficción encajada  en su propia experiencia. Es Luigé Martín el narrador, sin que se sirva de ningún alter ego. Él reproducirá, a veces en primera persona, otras en tercera, esta muerte fingida y la huída al filo del cuchillo del protagonista al que dice haber conocido en un congreso de escritores en Cuernavaca en el año 2008. Un artificio no demasiado convincente, aunque intranscendente en el desarrollo de la trama, tan crudo como subyugante, comenzando por la pavorosa fotografía de Richard Drew que le sirve de portada al libro.

Francisco Martínez Bouzas




Luigé Martín


Fragmentos

“Ese fue el jeroglífico o el sofisma que Brandon Moy concibió aquella mañana para justificar sus actos: si le hubiera anunciado algún día a su esposa que se marchaba de su lado para viajar por América o por el sur de la India, como habían planeado hacer juntos muchos años antes, ella le guardaría  rencor durante el resto de su vida, pero si se iba ahora de Nueva York sin decir nada, caminando en silencio entre aquel paisaje de hecatombe, Adriana le guardaría duelo y sentiría hacía él gratitud eterna. Si se marchaba entre las llamas, su hijo no crecería pensando que su padre era un inconstante y un renegado, sino un héroe (…) Esa cábala grotesca es la que avivó a Moy a tomar la decisión de abandonar la ciudad y marcharse lejos.”

…..

“Todos aquellos sueños que había cumplido como si fueran parte de una ceremonia -los delirios del peyote, la promiscuidad, los viajes en globo, las hazañas marinas- nunca acababan de saciarle porque en realidad no sentía por ellos fascinación o gusto, sino desagrado. Los perseguía porque siempre había creído que a través de ellos llegaría a conocer la sustancia del mundo. Desde que era un niño había oído decir que la entraña verdadera de la vida estaba en el peligro, en el exceso, en el quebrantamiento o en la extravagancia. En la mudanza perpetua. Quienes iban a una oficina cada día, eran fieles a su esposa, veían la televisión por las noches y veraneaban siempre en el mismo lugar, reposadamente, eran seres oscuros e inexistentes. Espectros que no dejan ninguna huella en lo que tocan. Ésa era la ley, el mandamiento: había que buscar la temeridad, pues el orden y la quietud sólo conducen a la muerte.”

(Luigé Martín, La misma ciudad, páginas 37-35, 123)