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jueves, 22 de noviembre de 2012

BURROUGHS CON EL REY MAYA DEL INFRAMUNDO

Ah Puch está aquí y otros textos
William S. Burroughs
Traducción de Luïsa Moreno
Ilustraciones de Robert F. Gale
Capitán Swing Libros, Madrid, 2012, 178 páginas.


   Si hay una editorial especializada en la edición de libros singulares, esa es sin duda la madrileña Capitán Swing Libros. Libros audaces, imaginativos, de los que huyen otros sellos editores, tienen  cabida en las colecciones de este pequeño sello editor. Es su forma de hacer frente a la uniformidad del “libro único” y a la presión de los megagrupos editoriales. Inconformista como el ficticio líder cartista del que toma su nombre, Capitan Swing Libros nos ha agasajado en los últimos meses con publicaciones tan originales como ese libro extravagante, Locus Solus de Raymond Roussel o el libro-caja o artefacto hipertextual, Composición nº 1 que  Marc Saporta concibió el año 1962.
   A esta relación de libros singulares se suman desde el pasado 28 de junio tres textos de William S. Burroughs: “El libro de las respiraciones”, “La revolución electrónica” y el texto que rotula esta publicación: “Ah Puch está aquí”, que quiso ser, en el año que fue creado (1970), un libro sin precedentes, una novela gráfica inspirada en los códices mayas, fruto de la colaboración de Burroughs y el dibujante Malcolm McNeil. Se trataba de un libro único que no encajaba ni en la categoría de novela ilustrada a la usanza, ni en la de las historietas.
   Un libro así solo es posible y concebible desde la paternidad de un escritor como William Seward Burroughs (1914-1997), un escritor tan adicto a ciertas sustancias como a la experimentación, al surrealismo y a la sátira y cuya influencia ha transcendido y se ha prolongado hasta nuestros días en múltiples manifestaciones artísticas de tipo contracultural. Su peculiar filosofía y concepción de la escritura tomó cuerpo  con la aplicación de técnicas como el cut-up o collages narrativos y en su voluntad de arrasar las normas sintácticas y semánticas, sin que el texto pierda sentido y coherencia. Fue su forma de luchar contra la alienación del lenguaje, un organismo parasitado por normas y reglas que se alojan en nuestro cerebro.
   Se precisa, según Burroughs, una verdadera revolución, que debe de ser de naturaleza mental. De ahí que los protagonistas de sus obras (extraterrestres, humanos, seres inorgánicos…) se enfrenten entre si al margen de cualquier regla.
   Uno de esos personajes es Ah Puch, dios y rey del inframundo en la mitología maya, representado por dos jeroglíficos. Él era el jefe de los demonios, merodeador además en torno a los enfermos en acecho de sus presas, acompañado por el perro, el ave Moán y el búho. Por eso “Ah Puch está aquí”, desde una escritura esquizofrénica, en una inmersión en los territorios de la muerte, “ese viaje peligroso en el que todos los errores cometidos en el pasado os perjudicarán” (página 11), un viaje arropados por el sistema de la cultura y de las creencias mayas, nos muestra caminos para salir del tiempo y adentrarnos en el espacio.
   Este nuevo artefacto editorial de Capitán Swing se completa con “El libro de las respiraciones”, un intento en forma de semicomic de ir más allá de los sistemas de comunicación  a través de la palabra escrita, sustituida por la escritura gráfica, por imágenes que, por su propia naturaleza, son susceptibles de variar hasta el infinito. Un último texto, “La revolución electrónica” una irónica y ácida reflexión sobre el control social ejercido por las tecnologías electrónicas, en especial por las videocámaras (un “virus real” de nuestro tiempo”) clausura esta publicación; otro experimento sobre las fronteras de la literatura y de la misma escritura que demanda lectores generosos, capaces de adentrarse en textos fragmentarios, revoltosos, rayanos a veces con la ilegibilidad, pero que dejan translucir las excéntricas y revolucionarias genialidades de un hombre en lucha contra todas las tiranías de control social, comenzando por las del lenguaje.

Francisco Martínez Bouzas



William S. Burroughs

Fragmentos

“He hablado de las formas transitorias de la muerte y de la identificación del organismo muerto con el moribundo. Esta identificación pude adoptar la forma de una cópula propiamente dicha con la muerte. La muerte, que puede adoptar tanto la forma masculina como la femenina, copula con el joven dios del maíz, y este eyacula cuatrocientos millones de años de maíz desde la semilla hasta la cosecha, y más allá. Esta operación requiere maíz real y un cuerpo humano real para representar al joven dios del maíz. Esto es, por consiguiente, un cheque endosado que está firmado por el joven dios del maíz. En cuanto ha firmado el cheque, es posible añadir un número de ceros cualquiera. El banco del tiempo maya funcionaba con estos cheques endosados. La muerte es aceptada por los moribundos”

…..

“Edificio de ladrillo rojo y un canal azul donde el Mary Celeste flota anclado. Los niños, con bolsas y trajes de marinero propios del siglo XIX, pasan por la plancha. El jardín es un brillo rojo de ciudades en ruinas a lo lejos. Los marineros suben y el ancla se levanta. El chico joven toca asilencio cuando se va el sol y se asienta el crepúsculo azul. La embarcación se mueve. Los chicos saludan desde las jarcias. Se acerca corriendo un periodista de 1890
-¿Y el señor Hart?
Audrey está en la cofa con un telescopio. Señala con su mano izquierda.
La mansión en ruinas y abandonada del señor Hart, grafiti en las paredes.
AH PUCH ESTUVO AQUÍ
Aquí vivió un grosero y estúpido hijo de puta que creyó que podía contratar a la MUERTE como compañero poli”

…..

“Su sistema de control debe ser absoluto y mundial. Porque un sistema de control de este tipo es todavía más vulnerable a un ataque desde fuera que una sublevación desde dentro…Aquí está el obispo Landa quemando los libros sagrados. Para daros una idea de lo que sucede, imaginaos nuestra civilización invadida por patanes del espacio exterior…
-Trae unos cuntaos bulldozers. Limpia toda esta mierda…
La fórmula de todas las ciencias naturales, libros pinturas, el terreno barrido y transformado en un montón enorme y quemado. Y ya está. Nadie nunca ha oído hablar de él…
Tres códices sobrevivieron al vandalismo del obispo Landa y están quemados por los bordes. No hay forma de saber si tenemos aquí los sonetos de Shakespeare, la Mona Lisa o los restos de un catálogo de Sears Roebuck después de que el viejo excusado exterior se quemara en un incendio de matorrales. Toda una civilización se convirtió en humo…
Cuando llegaron los españoles, se encontraron a los aristócratas mayas apoltronados en hamacas. Bien, el tiempo pondría las cosas en su sitio. Cinco trabajadores detenidos, atados y desnudos, son castrados en una cepa de árbol, los cuerpos que sangran, sollozan y gritan son arrojados en un montón…
-Y ahora comeos ésta, amarillos chalados. Queremos ver un montón de oro así de grande y lo queremos ver ya. El Dios Blanco se ha pronunciado”

(William S. Burroughs, Ah Puch está aquí y otros textos, páginas 14-15, 71-72, 171)

domingo, 10 de junio de 2012

UN FASCISTA DE IZQUIERDAS CONTRA LA LLEGADA DE LA NOCHE

Guía de la kultura
Ezra Pound
Traducción de Luis Núñez Díaz
Presentación de Nicolás González Varela
Capitán Swing Libros, Madrid, 2011, 368 páginas.


Ezra Loomis Pound es uno de los grandes símbolos de la cultura del pasado siglo, una cultura que, en su caso, aúna tradición y modernidad, ingenio, lucidez y locura. Un símbolo plagado de interrogantes como tantos otros intelectuales que crecieron como pensadores o escritores en una época confusa, los años que trascurren entre las dos grandes guerras mundiales. Como Cioran, Heidegger, Céline, Mircea Eliade o Pessoa, abrazó con fascinación el fascismo. Sigue siendo una incógnita el hecho de que tantas mentes geniales se hicieran adictas o simpatizantes de la irracionalidad fascista precisamente durante ese período. Pero Ezra Pound, no lo olvidemos, furibundo antisemita, exaltado fascista, traidor a su patria y desequilibrado mental, es, al margen de adhesiones y rechazos que su persona pueda suscitar, una de las figuras literarias claves del siglo XX. Combatiente y propagandista de esa poesía “pegada al hueso”, limpia de florituras, profeta del verso libre, pero muy exigente tanto en su forma como en su contenido, como lo expresa en uno de los preceptos del manifiesto de su grupo: “Poetry must be as well written as prose”.
Ezra Pound, que pretendió ser el crítico universal de su época y el gran economista, dedujo de sus lecturas marxistas que el mal por excelencia de nuestra época era la usura a la que ataca de forma colérica en sus Cantos. No obstante llegó a la conclusión de que el héroe reformador de esa usura capitalista -sobre todo judía- era Mussolini. Para la crítica especializada, sus grandes obras poéticas, Cantos y Cantos pisanos, son productos excepcionales, marcadores de sentido. Para el lector normal, un armario revuelto, anclado en un hermetismo inconexo, nutrido de viejos tonos poéticos, referencias culturales, variadas intertextualidades, voces reales, ensayos de ideas.
En una obra poética como  la suya, repleta de oscuras ensoñaciones, es preciso leer sus apologías de la barbarie o sus vaticinios del derrumbamiento de la actual civilización (“Yo simplemente quiero otra civilización”), que hallamos en sus obras en prosa como ABC of Redding y Guide to Kulchur cuya versión española nos ofrece estos días Capitán Swing Libros.
En 1938, Ezra Pound miró en efecto a sus alrededor y lo que observó fue una “civilización averiada”. Su respuesta fue este libro inclasificable, pero con una clara misión: un grito contra el arribo de la noche. Un bramido que el escritor pretendió emitir desde un fascismo de “izquierdas”, desde la admiración por Mussolini, al que en este libro equipara frecuentemente con Confucio, una de las referencias orientales de su pensamiento.
Guía de la kultura es un anárquico libro de ensayo, muy rico en sus ideas e iluminaciones, pero carente de claridad interna, porque Ezra Pound  mezcla lo inmezclable: Mencio, Cioran, lo filósofos y líricos griegos, Joyce, Brancusi, Chaucer, Spinoza, Thomas Hardy, Confucio, Marx, Henry James… La lista se haría interminable. Genial en su inspiración y con fragmentos brillantes. Siempre hermético y a menudo airado, rinde pleitesía a la “kultur” alemana que da razón de su título en inglés: Guide to Kulchur. Es tal la falta de coherencia interna en el contenido del libro, que el mismo autor lo reconoce complacido: “el lector apresurado quizás diga que escribo esto en clave y que mi discurso simplemente salta de un punto a otro sin conexión ni secuencia. Y sin embargo, el discurso es completo. Todos los elementos están ahí y el más repugnante adicto a los crucigramas debería ser capaz de resolver este”
Ezra Pound
Guía de la kultura debería ser leído como puerta de entrada al sistema poundiano a los núcleos de su cartografía intelectual y también como un interesante y necesario poscripto a sus obra poética mayor, Cantos. Un “Novum Organum” al estilo baconiano ante una época llena de turbios presagios que anunciaban la inminente llegada de la noche, escrito desde un pathos radical, que nada tiene que ver con el narcisismo o el academicismo. Un mapa pues de carreteras, como reconocía el mismo Pound, diseñado con la intención de ayudar a alcanzar la cumbre a los que vengan detrás. Una obra, en definitiva, de difícil e incluso de imposible lectura, como decía Borges, pero de obligada lectura, ya que con ella la literatura universal toca las alturas más temerarias.

Francisco Martínez Bouzas

martes, 24 de abril de 2012

"COMPOSICIÓN Nº 1",UN ARTEFACTO HIPERTEXTUAL

Composición nº 1
Marc Saporta
Traducción de Jules Alqzr
Presentación de Migel Ángel Ramos
Capitán Swing Libros, Madrid, 2012, 344 cuartillas sin paginar.


En el prefacio de Composición nº 1, señala su autor Marc Saporta: “Se ruega al lector que mezcle las páginas como una baraja de cartas. Que las corte si lo desea con la mano izquierda igual que una echadora de cartas. El orden en el que salgan las hojas después de hacerlo orientará el destino de X (…) Del encadenamiento de las circunstancias depende que la historia acabe bien o mal. Una vida se compone de elementos múltiples. Pero el número de composiciones posibles es infinito” La pregunta que de inmediato surge en la mente lectora,  no puede ser otra: ¿De qué se trata? ¿De una nueva o vieja audacia experimental, un intervención artística, una performance libresca opaca, clausurada en si misma, pero incapaz e transmitir nada, como no sea la novedosa fiebre experimentadora?
Sin duda que la caja, excelentemente diseñada en la que Capitán Swing nos presenta estas más de trescientas páginas sueltas, sin numeración, encierra algo más que una simple fiebre vanguardista que Marc Saporta concibió en el año 1962. El autor de este libro caja o artefacto hipertextual es uno de los precursores más conspicuos de los textos no lineales, de los discursos fragmentados que hoy son el gran paradigma de la literatura hipertextual en la que cada lector crea su propio libro. Marc Saporta y ahora Capital Swing Libros lo que nos ofrecen es el azar, un juego estocástico que rompe la estructura de la novela decimonónica (inicio, desarrollo, desenlace), puesta en entredicho por los escritores de Nouveau Roman -Marc Saporta es un miembro de esta corriente-  y nos introduce de lleno en el paradigma de la hipertextualidad al que nos han acostumbrado las nuevas tecnologías (un único clic sobre un enlace hace que un texto nos lleve a otro).
Otros rasgos de este libro caja puesta en manos del lector no son tan novedosos como pudiera parecer. Me refiero a su estructura fragmentaria, ensayada igualmente por el Colectivo Oulipo (Raymond Quenau, Cien Trillones de Poemas, sobre todo) por  Rayuela de Cortazar, Por Max Aub (Juego de Cartas), Italo Calvino (El Castillo de Destinos Cruzados) o el mismo Julian Ríos (Larva). A algo muy semejante remite cierta línea de cultivo filosófico: la pluralidad de conexiones que desarrollan Deleuze y Guattari, la interacción de opiniones simultáneas de las que habla Michel Foucault en El orden de las cosas, o la metodología de la descomposición (fragmentos que remiten a otros) desarrollada de Derrida.
Los cierto es que el lector tiene en sus manos no un texto lineal, sino una “baraja literaria”, cuya mezcla de páginas dará lugar a que los personajes de esta composición tengan uno u otro destino, dependiendo de esa “ars combinatoria” de la que nos habla el prologuista, Miguel Ángel Ramos.
La escritura tradicional mayoritaria nos brinda un molde que nada tiene de laberinto, ya que todos conocemos la salida: el desenlace o la última página. Marc Saporta, contrariamente, nos encierra en un sinuoso laberinto en el que hallamos historias  de Marianne, de Helga, de Dagmar, de Mamá o de Robert…, episodios escuetos que no ocupan más de una cuartilla. Acto seguido las desordenó y publicó como páginas sin encuadernar y sin numerar, dispuestas de forma azarosa.
Le compete al lector activo ordenar el libro trastornando las cartas de esta baraja literaria, siendo así la contingencia la que decide lo que el libro va a resultar al final.
De este modo, como en la cartomancia, nuestro corte y barajado de cuartillas representa un conjunto de acontecimientos. La azarosidad pues y no el orden canónico como conductor de los juegos literarios. Y hablo de juegos literarios porque las cuartillas de Marc Saporta no están habitadas por la nada, sino por una narrativa excelente en forma de breves relatos, rebosantes de agudos matices psicológicos, estampas en las que se deja sentir una inequívoca voluntad de contar, con una clara inclinación hacia el poema en prosa. Lo que diferencia la escritura de Marc Saporta lo recapitula la forma lúcidamente clarificadora el prologuista: “El libro de Saporta propone una liberación de lo encuadernado hacia el sorteo, creando una suerte de contrainte oulipina, una nueva regla de juego que al desestabilizar el tablero non obliga a reconsiderar, revisar lo que posee un exceso de naturalidad previsible. Poner entre comillas cualquier continuidad, poner en cuestión cualquier regla inherente al juego desde el juego mismo”

Francisco Martínez Bouzas



Marc Saporta


Fragmentos

“MARIANNE, una joven casada, enervada bajo sus velos, vuelve del altar entre la doble fila de amigos y parientes. Tropieza y durante un instante apoya todo su peso sobre el brazo que la sujeta. Después se endereza, con la mirada perdida en la puerta que debe alcanzar y avanza con pasos rígidos, como un soldado mecánico en el desfile de juguetes del trágico cuento de Andersen.
Su mirada surge de sus ojos negros como un trazo. La bajada de la iglesia es interminable. Deseaba ese matrimonio con avidez, pero el resultado no parece haber satisfecho esa especie de ferocidad de la que se ha valido para conseguir sus objetivos. Tal vez piensa ya en las consecuencias de una unión conseguida mediante amenazas mezcladas con un intento de suicidio como chantaje (…)
A su paso, los invitados se esfuerzan por sonreír, pero la alegría se paraliza, y los comentarios cesan al ver a esa joven afeada por la tensión. No queda ya nada ni de la elegancia natural, ni del paso ligero que constituyen el encanto habitual de Marianne.
Suiza se extiende ante el pórtico abierto de par en par. El sol rebota sobre el porche blanco y salta al rostro. Los fotógrafos hacen su trabajo. Marianne fija un rictus que le frunce los morros como si fuera a tener que pelearse por una presa; pero, al parecer, ya sabe que la presa se le va a escapar, que otros se la arrancarán”.

…..

“DAGMAR avanza con su abrigo de piel leonado, y su soberana elegancia, en medio del frío. El viento la escolta. Delante de ella, torbellinos de hojas secas le abren camino, como los motoristas al paso de una princesa. Despliegan a su paso una alfombra roja en las alamedas. El rostro rubio está helado. Con una risa perlada, en la que brillan los dientes, Dagmar toma posesión del invierno.
Cubierta con el vestido verde y ajustado que dibuja maravillosamente su cuerpo, Dagmar recorre la alameda con toda la primavera. Sus brazos brotan como agua viva del vestido sin mangas. Lo senos hinchan la blusa. Cuando se detiene ante la estatua, sus pies calzados con zapatillas de bailarina se sitúan instintivamente en la 3ª posición de las bailarinas (…)
Dagmar es el deseo. Su cuerpo huele al verano y sus frutos Parece caída al pie de la Alhambra, cuando las granadas maduras hacen estallar su corteza endurecida, en los jardines del Generalife. Y su boca rosa tiene el sabor fresco de los granos que se roban a la sombra de los granados andaluces. Dice:
-¿Para qué sirve ser mujer…?”

…..

“HELGA se debate entre las manos como un bengalí prisionero. Intenta en vano estirarse. Los puños la sujetan con fuerza contra la cama con ambos brazos abiertos hacia atrás. Se produce un momento de calma en el que todo es aún posible. Aplastada contra el diván, apretujada sobre sí misma con todo su peso, la joven parece intentar abrir bajo su espalda una vía de escape. Espera sin decir nada, y sus grandes ojos rehúyen la mirada como los de un pájaro (…)
Los miembros frágiles están al borde de la ruptura. El antebrazo, sujetado hacia atrás contra la cama, ofrece su blancura indefensa a los labios que lo recorren, y que, a lo largo de su recorrido, suscitan un estremecimiento. La carne es elástica y se hunde bajo la boca. Una brizna de piel se queda pillada entre los dietes que dibujan una huella apenas roja, que rápidamente se borra.
Con un movimiento de cadera, Helga intenta escaparse sin convicción. La marejada evoca ya los movimientos del placer. Presionado es fácil inmovilizar el vientre de la joven, que cede, se resiste y, finalmente, responde al abrazo.
La suerte está echada. El seno late muy fuerte bajo la mano. La mano liberada de Helga acaba de abatirse sin fuerza por encima de esa otra mano que engulle el joven pecho”

(Marc Saporta, Composición nº 1, sin paginación)

jueves, 9 de febrero de 2012

RAYMOND ROUSSEL, LAS FRONTERAS DE LA LITERATURA

Locus Solus
Raymond Roussel
Tradución de Marcelo Cohen
Presentación de Jean Cocteau
Capita Swing Libros, Madrid, 2012, 457 páginas.



Difícilmente se podrá comprender el calado y la carga diegética de este libro, Locus Solus, si el lector ignora ciertos hechos y avatares que alimentaron y formaron la figura de su autor, Raymond Roussel (1877-1933). También su gloria fecunda o su negatividad. Porque Locus Solus es a primera vista un libro extravagante, pero tan suturado a la vida de su autor -igualmente extravagante- que se ha convertido por eso mismo e una de las obras literarias más originales del siglo XX. Y ello es así porque la vida y la obra de Raymond Roussel forman un único todo. A Raymond Roussel apenas se le conoce. Su obra, como escribe Philippe Sollers, es  objeto bien de culto, bien de un secretismo radical, bien de un alejamiento a causa de su originalidad absoluta.
La audacia de la imaginación que encierran los escritos de Roussel, escandalizó en su tiempo al gran público. No así a algunos de los más innovadores escritores y artistas de Francia (Cocteau, Aragon, Guide, Duchamp, Giacometti, los surrealistas, Oulipo, el Noveau-Roman…) que siempre le han considerado como un genio. Pero este genio en estado puro nunca se mezcló con los surrealistas, porque no apreciaba su trabajo, que encontraba “un poco obscuro”.
Impopular en su época, personaje excéntrico que en los momentos de bonanza económica publica su obra literaria sin reparar en gastos y realiza en dos ocasiones la vuelta al mundo, pero sin apenas salir de su roulette o de las habitaciones de los hoteles, porque para Roussell el mundo exterior era el que ensoñaba su imaginación. En el momento en que su fortuna se agotó, se encerró en un modesto hotel de Palermo suicidándose con una dosis de barbitúricos. Un “digno” final, que cuestiona Leonardo Sciascia, para una vida repleta de geniales excentricidades.
André Breton escribió que con Lautréamont  Roussel es el mayor magnetizador de los tiempos modernos y que sus obras, largo tiempo ignoradas, ascenderán un día al rango de luminarias perpetuas. Para el público entendido esta ascensión ya se ha producido, especialmente desde que Michel Foucault escribió una monografía dedicada enteramente a estudiar la obra de Roussel a la que consideraba a la vez precursora y epifánica. La “culpa” de todo ello reside en la estética y en el método escritural de Roussel. Creía que la literatura debía ser exclusivamente el producto de la imaginación pura: “(…) la obra no puede contener nada real, ninguna observación acerca del mundo o del espíritu, nada, excepto combinaciones totalmente imaginarias” (R. Roussel, Cómo escribí algunos de mis libros). Y junto a esta imaginación que lo es todo, un peculiar método de escritura que el mismo autor describe de esta manera en el libro citado:” Escogía dos palabras muy similares. Por ejemplo, billard (billar) y pillard (bandido). Luego añadía palabras parecidas pero tomadas en dos sentidos diferentes, y obtenía con ello dos frases casi idénticas…Una vez encontradas las dos frases, se trataba de escribir un cuento que podía comenzar con la primera y terminar con la segunda. Y de la resolución de este problema extraía yo todos mis materiales”.
Un sueño prodigioso, un curioso arabesco que no revela nada de los real, pero es poseedor de una intención esencialmente poética, que sustenta la arquitectura y el procedimiento de escritura de Locus Solus, convertido así en un crucial experimento sobre las fronteras de la literatura.
Locus Solus es un puzzle gigantesco de imágenes y de historias hilvanadas con una extraña lógica carnavalesca. Su trama, resumida en una breve sinopsis, nos presenta un día en la vida de un científico e inventor, Martial  Canterel (alter ego del autor) que ha invitado a un grupo de amigos a visitar su finca, “Locus Solus”, a las afueras de París. Durante el largo paseo, el anfitrión muestra a sus invitados invenciones  de su propia cosecha. Asombrosas y a la vez extrañas, tales como una máquina voladora que compone un mosaico de dientes, un gato sin pelo y la cabeza conservada de Danton, una gran caja brillante llena de agua en la que flota una bailarina y, sobre todo, un enorme recipiente de cristal poblado de actores muertos que Canterel ha revivido con “resurrectina”. El paseo se completa con una cena festiva.
Locus Solus está compuesto con ese método de escritura ya aludido, con lo que Roussel redescubre uno de los moldes creativos más usados por la mente humana: “la formación de mitos creados desde las palabras” (Michel Leris). La transformación de un simple acto de lenguaje en una acción dramática o en uno de los acervos del inconsciente colectivo. Un poderoso flujo, pues, de la imaginación, premonitorio de muchos de los acontecimientos que conformarán las artes y la sociedad en el siglo XX. El panteón estético de las vanguardias históricas y de otros creadores hasta nuestros días.
Capitan Swing Libros nos agasaja en este volumen con un nutrido epílogo compilatorio de los textos más emblemáticos de la recepción de la obra de Roussel, en el que quedan fielmente representadas las interpretaciones de las tres primeras generaciones de lectores de Roussel: la de los coetáneos, la de los años 40 y 50 y la posterior, suscitada por la monografía de Michel Foucault (1963). Un epílogo pues que se nutre con textos de la más conspicua intelectualidad del siglo XX: Paul Eliard, André Breton. Michel Butor, John Ashbery, Michel Foucault, Gilles Deleuze, Alain Robbe-Grillet, Philippe Sollers, Maurice Blanchot entre otros, interpretando la obra de este “Presidente de la república de los sueños” (Louis Aragon).

Francisco Martínez Bouzas

Raymond Roussel

Fragmentos

“Detrás de la jaula en relación a nosotros que estábamos frente a él, un hombre, con guantes de lana y aterido bajo un grueso capote cuya capucha le envolvía la cabeza, sostenía horizontalmente con la mano derecha alzada una corta barra de hierro, que según Canterel nos explicó, era un imán. Atisbando el cascote del enfermo, se las ingeniaba para que los dos grabados se mantuvieran siempre de cara a la fuente luminosa, para lo cual, dada la deliberada combinación de polos, sólo tenía que alargar más o menos el imán hacia la punta correspondiente de la aguja giratoria, de modo que guardase en todo momento la perpendicular a nuestra pared de cristal”
…..

“Mientras cada paso nos alejaba más de la gigantesca jaula de cristal de la explanada, el maestro nos esclareció el espíritu hablando de todo lo que acababan de percibir nuestros ojos y nuestros oídos.
Al ver los maravillosos reflejos que había obtenido de los nervios faciales de Danton, inmovilizados por la muerte hacía más de un siglo, Canterel había concebido la esperanza de dar una completa ilusión de vida actuando sobre cadáveres recientes, resguardados de cualquier alteración por un frío intenso(…)
Experimentando largamente con cadáveres sometidos a tiempo al frío adecuado, el maestro, al cabo de muchos tanteos, había acabado sintetizando por una parte el vitalio y por otra la resurrectina, rojiza sustancia ésta compuesta en base a la eritrina y que, inyectada en forma líquida en el cráneo del fallecido, por un orificio abierto en el costado, se solidificaba sola en torno al cerebro ciñéndolo por todas partes. (…)
A consecuencia de un curioso despertar de la memoria, éste se ponía a reproducir con rigurosa exactitud hasta los menores movimientos realizados durante los minutos culminantes de la existencia; luego, sin descanso, repetía indefinidamente la misma e invariable serie de gestos elegida de una vez para siempre, y la ilusión de vida era absoluta; movilidad de la mirada, ritmo sostenido de los pulmones, palabra, actitudes diversas, paso: no faltaba nada”

(Raymond Roussel, Locus Solus, páginas 133, 143-144