sábado, 9 de noviembre de 2013

"NOVELISTAS" DE HENRY JAMES: LA SIMBIOSIS ENTRE CRÍTICA Y FICCIÓN



Novelistas

Notas sobre novelistas

Henry James

Traducción de Amelia Pérez de Villar

Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2012, 493 páginas.





   Henry James no solo es el gran narrador de la gente bien norteamericana -“estaba enamorado de balaustradas de mármol”, escribe sobre sus lindas pequeñas historias T. S. Eliot – sino que fue así mismo un gran ensayista. En su faceta como narrador, novelas suyas como Las bostonianas, Otra vuelta de tuerca o Daisy Miller vertebran dos siglos con una mente tan refinada y un análisis psicológico de sus personajes  tan profundo, que toda explicación material sobre el status material, por ejemplo de sus protagonistas, carece de sentido.

   Pero, como acabo de decir, la sofisticación formal no le impidió al escritor nacido en Nueva York en 1843, aunque pasó la mayor parte su vida en Europa, trabajar desde el otro lado del espejo y elaborar desde ese envés textos críticos o simplemente divulgativos sobre algunos narradores anglosajones, italiano o franceses, analizando sus obras con un excelente ojo crítico..

   Henry James leyó atentamente y como personal aprendizaje a sus coetáneos y sobre sus obras tomó notas para descifrar la esencia del arte de la narración. Fruto de todo ello es este volumen Notes on novelists with some other notes, publicado originalmente en 1914 y traducido ahora al español por Páginas de Espuma. La obra, que en su tiempo provocó una gran polémica, nos permite acercarnos ahora y captar a la perspicacia crítica del novelista anglosajón, un verdadero paradigma de la perfecta simbiosis entre crítica y ficción, ejercida por el mismo creador.

   La sutil penetración con la que Henry James lee a sus contemporáneos, la podemos observar nada más abrir el libro, en el texto dedicado a Robert Louis Stevenson, gran amigo de H. James y al que admiraba profundamente. En dos o tres párrafos define al escritor y al personaje de una forma insuperable, hasta tal punto que podríamos quedarnos solamente con ese inicial bosquejo para reconocer al autor de La isla del tesoro.

   Con similar profundidad en su calado se acerca a los grandes maestros de la novela decimonónica: Émile Zola y su naturalismo sin fronteras; Gustave Flaubert, un inmenso autor al que, sin embargo el puritanismo sexual de Henry James (un escritor que jamás alude al sexo) nos presenta entre reproches de obras frustradas, aunque termine definiéndole como “el novelista del novelista” en un tiempo en el que todos somos novelistas ( página 122).

   Analiza a continuación a Balzac, a George Sand, esa mujer cuya escritura ha sido tan denostada por su rebosante sentimentalismo,  a la que, sin embargo Henry James  analiza con mirada certera, situando perfectamente la esencia de su arte. Algo semejante ocurre con Gabriele D’Annuncio, autor en el que Henry James personifica la figura del genio: aquellos escritores cuyo estilo y cuya fuerza surgen a borbotones desde las profundidades de su ser. Escritores que inician su andadura tocados por la gracia y no impulsados por el afán.

   Se cierra el volumen con un escrito polémico en su tiempo, “La nueva novela” y con otros ensayos menores como el dedicado a Dumas hijo, a  Charles Eliot Norton y un estudio critico de la novela gótica El anillo y el libro de Browning.

   En definitiva, un volumen imprescindible de uno de los iniciadores de la crítica literaria anglosajona y  lúcido escritor, que nos permite conocer a la vez las relaciones entre la obra crítica y la ficción.



Francisco Martínez Bouzas






Henry James


Fragmentos





ROBERT LOUS STEVENSON





“Robert Louis Stevenson tuvo la inmensa suerte de crear, en mayor medida que cualquier hombre de su oficio en nuestros días, un corpus de lectores inspirados por unos sentimientos que nosotros, mayoritariamente, ponemos sólo al servicio de aquellos a los que profesamos un afecto personal. No hay nadie, podemos afirmar con total seguridad, de cuantos conocieron al hombre, que no fuese también devoto del escritor, confirmándose así una regla general (si es que existe tal cosa) que nos ofrece muchas excepciones; pero como es natural y no necesariamente inconveniente, no todos los devotos del escritor tuvieron la posibilidad de llegar hasta el hombre. La cuestión fue que, de algún modo, el hombre sí llegó hasta ellos y leerle –me refiero a leerle en toda la magnitud de sus atractivo- llegó a significar para mucha gente casi tanto como conocerle en persona.”



…..



GABRIELLE  D’ANNUNZIO



“Arroja Una luz sobre la conciencia estética de nuestra época mucho más directa e inevitable de la que se ha alcanzado, según yo lo veo, en otro ámbitos; y hay más de un misterio que él, si se le pregunta con acierto, puede ayudarnos a esclarecer y –por lo que me parece- más de una explicación que él puede dar a nuestras desventuras. Comienza su andadura con la enorme ventaja de estar tocado por la gracia, y no impulsado por el afán, y de hacer brillar la llama llevado por un lema que no es ni el sudor de su frente ni la aspiración de su cultura.”



(Henry James, Novelistas, páginas 9, 272)

viernes, 1 de noviembre de 2013

"INTEMPERIE": EL MIEDO Y LA DIGNIDAD EN MEDIO DE LA DESOLACIÓN



Intemperie

Jesús Carrasco

Editorial Seix Barral, Barcelona, 2013, 223 páginas.



   Intemperie es el debut afortunado de Jesús Carrasco, hasta ahora redactor publicitario, porque  antes de que su novela apareciese publicada en español, trece países ya habían adquirido en la Feria de Franckfurt los derechos de edición. Seix Barral, el sello editorial barcelonés está promocionando la novela en España comparándola con la riqueza de Miguel Delibes y con la fuerza de Cormac McCarthy. Todo ello, amalgamado en una voz propia, fresca y diferente. Hoy Intemperie se ha convertido en una de las grandes apuestas editoriales de Seix Barral para 2013.

   Intemperie se yergue sobre el miedo y la dignidad como temas de fondo desarrollados a través e una historia extremadamente austera y de unos actantes, un niño acosado y un cabrero anciano, prácticamente como únicos materiales. Todo lo demás es atemporal y ajeno  a cualquier geografía concreta. Solamente sabemos que ese dúo de protagonistas y sus perseguidores se mueven por un páramo calcinado por el sol y que el muchacho huye de algo, sin que se nos diga el qué, aunque sospechemos que se trata de situaciones malignas. También del desamparo.

   Todo da comienzo en un agujero en el que un niño se esconde después de haber escapado de su casa. Los vecinos lo buscan. Ese es el peligro. Cuando pasa, se encuentra caminando hacia el norte evitando senderos y perdido en una inmensa llanura de terrones de arcilla y piedra, asolados por la sequía. Hasta que se encuentra con un viejo cabrero. Uno y otro irán atravesando el paisaje hostil, sin ningún destino concreto. El niño huyendo de la implacable persecución de un alguacil de quien guarda un obsceno secreto. Ambos, el niño y el cabrero, parecen unir sus destinos porque luchan por la supervivencia en aquel paisaje desolado, atenazados por la sed, la insolación -las leyes del llano- y la violencia del alguacil y sus hombres cuando los localizan.

   A partir de aquí el relato revienta en ciertas  constantes que lo configuran: el miedo, la violencia y la presencia del mal, un mal viscoso, nunca nombrado de forma explícita, pero que ha estado esclavizando al niño. Y una cierta ética como la que impone el deber de enterrar a los cuerpos a los que se ha abatido.

   Intemperie -lo reconoce Jesús Carrasco- es una novela que forma parte de su propio proceso de aprendizaje. El referente más inmediato parece ser sin duda La carretera de Cormac McCarthy: esa itinerancia hacia el sur de un hombre y un chico en un mundo apocalíptico. Pero la novela de Jesús Carrasco  es mucho más escueta y desnuda, lo que le permite manejar con más precisión los elementos narrativos. En la novela, ni el cabrero, ni el niño, ni ningunos de los perseguidores tienen nombres. Tampoco los lugares. Todo esta difuminado en ese medio sumamente hostil y de este modo surge nítida la sustancia de la ficción: la relación del ser humano con el medio por más desolado que sea y la opción por la justicia con la toma de partido frente a la violencia. Los personajes además tienen mucho de arquetipo: ellos son la víctima propicia e inocente, el perseguidor corrupto y la frágil figura del cabrero, paradigma de una justicia primitiva. Por eso mismo, la novela transita toda ella hacia el terreno de la fábula.

   Entre los muchos méritos de la ficción de Jesús Carrasco desearía destacar ante todo lo apropiado del desarrollo narrativo, con variación de ritmos: lento cuando narra el trasiego interminable por ese paisaje desolado, quemados los protagonistas por el sol y la sed. Vertiginoso  cuando el miedo se convierte en acontecimiento real e inminente. Y junto a ello, el exquisito laboreo estilístico. El autor es un gran observador. En esa llanura desolada -“un mar de arena brava”- funcionan todos los sentidos, nuestra plena animalidad, la sensorialidad que es capaz de convertir un secarral en algo estético. Y en esa rica relación con el entorno, el escritor se siente apoyado por el rescate de una prosa tradicional -veja le llama él- que busca la palabra justa, rescatándola muchas veces de un corpus léxico de voces arcaizantes, arrancadas de la vida rural y que hoy parecen olvidadas. Con ellas, una sintaxis simple y precisas y sobrias aunque abundantes descripciones que convierten al erial desolado en protagonista así mismo de la narración, hilvana Jesús Carrasco una buena novela, en la que, si algún pero puede atribuírsele,  es un cierto desajuste al poner en boca de un niño interrogantes y razonamientos impropios de sus edad.



Francisco Martínez Bouzas








Jesús Carrasco

Fragmentos



“Descendieron por una vereda estrecha conteniendo al burro, que perdía apoyo a cada paso. Las cabras, cada una por su lado, najaban haciendo que se deslizaban sobre hachas, hasta llegar al fondo de la sima donde algunas de ellas fracturaban costillas prístinas. Huesos en todas las etapas posibles de degradación. Sedimentos de polvo cálcico, hileras de vértebras vacunas, poderosas pelvis. Arcos costillares y cornamentas. Una res sin ojos a la que todavía le aguantaba el pellejo. Un saco hediendo en medio del día que despuntaba. El faro de su descanso.”



…..



“Entendió que el viejo no sería quien le entregara la llave al mundo de los adultos, ese en el que la brutalidad se empleaba sin más razón que la codicia o la lujuria. Él había ejercido la violencia tal como había visto hacer siempre a quienes le rodeaban y ahora, como ellos, reclamaba su parte de impunidad. La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio de un campo de terror. Él había levantado la espada en lugar de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros, y, a los hombres, en seres invulnerables. Creía que el viejo le haría pasar, coronado de laurel por un esclavo, bajo el arco de la victoria.”



(Jesús Carrasco, Intemperie, páginas 68, 162)

domingo, 27 de octubre de 2013

PASEAR PERROS EN LA JUNGLA DE MADRID



 
Paseador de perros
Sergio Galarza
Editorial Candaya, Les Gunyoles (Avinyonet del Penedés) 2010, 134 páginas.


   Paseador de perros es una historia construida como ampliación de un cuento, “El Mapache”, argamasado con el cemento de los muchos kilómetros que el autor recorrió por las calles y parques de Madrid. En el regalo de la posdata que nos hace desde Malasaña, nos dice que la historia de este Paseador de perros pertenece más a la ficción que a la realidad, a pesar de su intención de contar la ciudad de Madrid desde los ojos de un cronista – crítico – hiperrealista. No obstante, todos los indicios nos empujan a catalogar la novela como una roman à clef. Sergio Galarza o su innominado alter ego en el relato, llega a Madrid en compañía de su novia, Laura Song y aquí, sin visado de trabajo, da comienzo el lado B de un disco sin éxito. El lado A es su ciudad de origen, Lima, el prestigioso colegio San Agustín. Cuando lo frecuentaba, su padre, es posible que al observar a los frailes españoles que lo dirigían, le decía al hijo que se hiciera cura; así tendría dinero, comida y mujeres. En el lado A, su ciudad de origen, se protegía de los problemas bajo la brazada de la seguridad afectiva que proporciona el estar en casa. Madrid en cambio es la intemperie, sobre todo para un tipo como él, sin los papeles en regla. La historia pues que relata Sergio Galarza es la de una huída. Como la de tantos emigrantes, “peregrinos de la ruta incierta de los anhelos” (página 7). Vive en Malasaña, antes en la Latina, emparentado con los topos. Comparte vivienda con dos chicas danesas y, hasta que rompe con su novia, acompaña su hastío con la música de Baxter Dury, Nick Drake o Sr. Chinarro.
   El protagonista se inicia en el único trabajo al que un sin papeles como él tiene acceso: paseando perros, cuidando gatos y limpiando la jaula de un mapache. Siete días a la semana, desde primera hora de la mañana hasta la noche, recorriendo los barrios y periferias de Madrid por un sueldo miserable. Un oficio que aporta piernas hinchadas, trituradas de tanto caminar. Asalariado de un perro, esa es su condición. Un oficio de solitarios, como solitarios son igualmente los dueños de esos animales, pero que no deja de encerrar ciertos placeres: diseccionar la ciudad, esa jungla, la cara oculta de una urbe que no captan los ojos y las cámaras de los turistas; sus gentes, la complejidad del trasporte público, las miles de incongruencias sociales. Husmear en los pisos, establecer el perfil de los dueños de los animales, reconstruir sus vidas, sus soledades.
   Se siente como agente secreto al servicio de una sociedad que no tolera que los enfermos de locura o depresión paseen sueltos por las calles, excepto los domingos. Y los que detecta ese paseador de perros es una ciudad enferma, que sufre de todo: alzheimer, esquizofrenia, parkinson, artritis, depresión crónica, miseria existencial, llevada a extremos inimaginables; expresiones congeladas por el dolor, traiciones, infidelidades, dejadez, intentos por restablecer en la memoria un orden identificable con la felicidad. El paseador de perros, como si fuera un psicólogo, acarrea ese trabajo extra de escuchar todas esas tragedias. Por eso concluye que los escritores deberían pasear perros para conocer esa otra vida que no está encerrada en las bibliotecas.
   La trama argumental, erguida sobre una estructura serpenteante, es varias cosas a la vez. Un aprendizaje inaugural e iniciático de la vida que permite que afloren las propias frustraciones del protagonista / autor que libera así su rabia. La insatisfacción de los sueños rotos que proyecta sobre el resto de los inmigrantes, contagiándose de los xenófobos lugares comunes: los rumanos, si no trabajan en la construcción, roban casas, la rumanas o son asistentas o prostitutas. Y la letanía continúa: chinos mafiosos, moros terroristas, sudacas brutos.
  
Sergio Galarza
Una historia corriente y al mismo tiempo dotada de gran excepcionalidad. Una epopeya cotidiana, sin gran pedigrí, pero llena de rabia. Un gran mural costumbrista, hecho con las pinceladas de la música, con el tono de una voz franca, sincera, llena de ironía. Ejecutado sobre la cara oculta de una ciudad donde la soledad es el cortejo de sus moradores. Así es la mirada reflexiva de un escritor al que seguramente no leerán las chicas de la línea 2 del metro madrileño, como el mismo Sergio Galarza describe a los autores enterrados en el anonimato de la indiferencia mediática. ¿El objetivo de esa mirada? La desolación de una ciudad a la que llegan muchos hombres y mujeres con la seguridad de comerse el mundo y, como los perros con pedigrí, se verán obligados a saciar su  apetito inmigrante, comiendo mierda.

Francisco Martínez Bouzas

viernes, 18 de octubre de 2013

CRONOLOGÍA NOCTURNA DE LA DESOLACIÓN URBANA



Cementerio de elefantes
Fran Alonso
Traducción de Iolanda Mato
Pulp Books, Cangas do Morrazo, 2013, 119 páginas

   Pulp Books, un sello de Rinoceronte Editora, que apuesta por ofrecernos en español algunos de los  títulos más representativos de la narrativa gallega actual, recala esta vez en Fran Alonso, un escritor polifacético y muy singular que frecuenta todos los géneros: periodismo cultural, lírica, narrativa en formato corto, novela, literatura juvenil). Cementerio de elefantes (Cemiterio de elefantes, 1994, en el original gallego) es la segunda aportación de Fran Alonso en el terreno de la narrativa, después de haber ganado en 1991 el Premio Blanco Amor con su novela Trailer. Fran Alonso es sin duda uno de los autores que han aportado propuestas innovadoras en las letras gallegas, como, por ejemplo, narrar en Trailer la vida de los camioneros gallegos por las carreteras españolas y europeas sin ocultar su visión del mundo. Algún estudio sobre la narrativa gallega de finales del pasado siglo ha etiquetado a Fran Alonso como visitante ocasional de las corrientes de narradores heterodoxos metaficcionales que reniegan de las categorías narratológicas fundamentales, como las del narrador o del personaje, entre otras.
   Cementerio de elefantes  es un viaje a la noche. A la noche de una ciudad portuaria, dura y clandestina como Vigo. Un viaje literario a las incontables náuseas de la noche, poblada de personajes atípicos, verdaderos antihéroes, que se debaten entre el sueño, la frustración, las extremas transgresiones. Son ellos personajes noctámbulos que hacen de la noche su hábitat, engullidos por la nocturnidad en sus encuentros depresivos, violentos o a veces sensuales y eróticos. Elefánticos en definitiva. Porque es una fauna de elefantes la que puebla la noche viguesa, que se desplaza, sorda e inexorable, hacia el amanecer.
   Al compás de las horas, nueve relatos breves recorren la urbe viguesa tras los pasos de esa fauna de elefantes. Son los protagonistas de la noche: licenciados o doctorandos reconvertidos e recogedores de basura; la cajera de un super que es víctima de un violador; vagabundos engullidos por las sombras en sus entrañas depresivas; la campesina del rural que inútilmente suplica que en la farmacia de guardia le vendan Voltarén para curar a su cerdito; la brutalidad verbal y profesional del dentista nocturno; periodistas desmotivados que deben llenar las ondas de contenidos estúpidos; guerrilleros aluniceros de iglesias; drogatas que con coca consuelan sus depresiones; insomnes incapaces de enfrentarse al día por las mañanas, fracasados incluso en el sexo, esclavos de ansiolíticos; taxistas estafados, piratas urbanos, vendedores de tabaco americano; prostitutas; caducos macarras, violadores, vagabundos atrapados por la noche en sus extrañas depresiones.
   De nuevo, y como en Males de cabeza, prosas extremas, conmocionadas que ponen ante nuestros ojos, de forma a veces vitriólica y estremecedora,, otras, sumamente tierna, las punzantes brechas de la posmodernidad.. Motivos recurrentes en ese ya gran macrotexto de Fran Alonso: la soledad, la incomunicación, el desengaño y las mil llagas y miserias de nuestros días en los espacios urbanos. Fran Alonso hace confluir a varios de sus elefantes nocturnos en un Refugio: “Corazones Solitarios”, todo un símbolo, una metáfora de la noche viguesa, esa noche que nos envejece a todos.
Narrados en primera o tercera persona, punteados los relatos al hilo del paso de las horas nocturnas, encadenando historias y personajes en una acertada y fructífera intertextualidad con obras anteriores. Es el caso de Lino, camionero en Trailer, o la mujer que trae cada día el barco de Cangas y consume su s jornadas haciendo tortillas para los obreros, que remite al poemario Tortillas para os obreiros. Escritura necesariamente fragmentaria y sobriedad narrativa que acrecienta el efecto sobrecogedor de estas historias. Altamente recomendable pues este libro de Fran Alonso, sobre todo para aquellos que quieran disfrutar en español de la estética del autor. Estética comprometida,  a la altura también de nuestro tiempo. Estética de lo que somos y de lo que tenemos, reflejada a través de estas historias tan hermosas como brutales y estremecedoras.

Francisco Martínez Bouzas



Fran Alonso

Fragmentos

“Traté de acelerar el paso porque sentía frío en las piernas, pero aquella falda tan ceñida no me dejaba caminar muy deprisa. Con el avance de la noche aumentaba el frío y los vagabundos que dormían en los portarles de las casas o de los comercios se cubrían con grandes cartones como queriendo amortiguar un poco su desgracia. Viejas rodeadas de bolsas de basura, jóvenes solitarios con el estigma de la heroína en los ojos ensangrentados, lúcidos personajes de gabardinas amarillas que un día decidieron perder la cordura, hombres con la botella de vino en las manos, todos personajes múltiples pertenecientes a una extraña fauna nocturna que me mantenía tan horrorizada como maravillada. Las noches en que acudo a visitar ami novio a la discoteca me recreo en ese paseo solitario que tengo que realizar para retornar a casa. Disfruto de él porque me mantiene expectante y hechizada dentro de esa moler en la que me he sumergido y eso hace que sienta pasión por la noche.”

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“La noche nos hace viejos prematuros. A todos. A los que estamos de este o de aquel ladote la barra, esa frontera que afortunadamente nos separa y que yo recorro incansablemente durante toda la jornada. Pero la noche nos gasta a todos, nos consume para envejecernos antes de tiempo.”

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 “Es la noche. Estoy acostumbrado a moverme entre la fauna de los que se van sin pagar, de los jugadores de billar, de los que piensan que ofreciéndole costo al camarero ya pueden ir de legales, de los que levantan las copas donde pueden, de los que se  encierran en los baños, de los que vienen a controlarte y vuelven de madrugada -o por el día- para levantarte el equipo de música, de los clientes habituales con derechos adquiridos, de los que, total, solo viene una vez, de los que quieren abrir cuenta porque son de buena familia, de los que vienen por la puerta a venderte dos botellas de wiski muy baratas, de los que saben de todo y te lo quieren explicar, de los que invitan a todo cristo, de los que salieron de casa sin dinero pero, ah, te ofrecen el carné de identidad, de los colegas que aseguran estar también de este lado de la barra.”

(Fran Alonso, Cementerio de elefantes, páginas 15, 59,62)

viernes, 4 de octubre de 2013

EN LA SORDIDEZ, SIN ASIDEROS VITALES




Hijos de la luz
Robert Stone
Traducción de Inga Pellisa
Editorial Libros del Silencio, 2013, 379 páginas.


   Temíamos lo peor, pero afortunadamente no fue eso lo que ha sucedido y la editorial independiente, que tiene como lema la frase de Pascual Quignard (“Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector”), ha sobrevivido al inesperado fallecimiento producido recientemente de su fundador y director, Gonzalo Canedo. Y sigue apostando por la escritura abismal de Robert Stone (Nueva York, 1937), el novelista que, según John Banville, va directo al corazón del infierno moderno. De este “oscuro  sucesor de Conrad y Hemingway”, pero imprescindible clásico moderno en esa línea que va de Peckinpah a Cormac McCarthy, Libros del Silencio nos había posibilitado leer en español su obra maestra, Dog Soldiers (1973), galardonada con los grandes premios de la literatura norteamericana e incluida por Harold Bloom en su canon. Y su libro de memorias, Recordando los sesenta. La narrativa alucinatoria de Robert Stone es deudora de la Beat generation, de Ginsberg, Keruac o Cassady, de sus viajes a Vietnam y a Latinoamérica, de los alucinógenos y del free jazz.
   Menos dantesca pero tan desesperanzada como Dog Soldiers, es Hijos de la luz, una novela de los 80, publicada así mismo en la mitad de esa década. Otra novela post Hemingway, pero al mismo tiempo muy diferente del estilo, de los ritmos y tics del autor de El viejo y el mar. Se ha escrito que Stone hereda el realismo hemingwayano, pero al mismo tiempo lo trastoca, mostrando de forma realista lo irreal de la realidad más extrema (Rodrigo Fresán). Ese infierno moderno al que Stone baja sin tomar atajos, sigue siendo, en Hijos de la luz, Estados Unidos, un país contra el que el escritor proyecta toda su furia, precisamente porque lo ama.
   Robert Stone deja ahora el campo de batalla y el drama vietnamita y moja su pluma en las heridas  de otro campo de batalla, quizás no tan sangriento como Vietnam, pero igualmente paranoico: la industria cinematográfica,  con dos “héroes” igualmente dentro del volcán, dos seres destrozados, en caída libre (sí, like a rolling stone!), dos seres que, adictos a todo o víctimas de esquizofrénicas alucinaciones, eligen viajar al extranjero, a México en este caso, acompañados por todas las pesadillas del Sueño Americano.
   La novela, en efecto, pretende recrear el rodaje de una novela de Kate Chopin, El despertar, escrita a finales del siglo XIX y muy escabrosa para la época. El actor y guionista y adicto a casi todo, Gordon Walker, abandonado por hijos y esposa, con su carrera como actor y guionista que languidece, viaja a la localidad mexicana donde se ruedan los exteriores de la película para encontrase con una antigua amante que sufre el asedio de alucinaciones, fruto de una esquizofrenia descontrolada en ese momento porque ha abandonado el tratamiento médico con vistas a mejorar su actuación. Dos personajes extenuados a los que Stone pone al límite entre la sordidez, el valium, el alcohol y la cocaína.
   La narración del  rodaje y del viaje de Walker será la escusa perfecta para mostrarnos, no solo los hoteles desolados, los bares decadentes, el engañoso claroscuro de las luces artificiales, sino también las pequeñas y grandes miserias, el descorazonado tedio de los días y horas sin asideros vitales de esos dos seres encallecidos, paradigma de la fragilidad del ser humano. Seres descarriados -Stone ha sido definido en más de una ocasión como su apóstol- a los que el escritor, partiendo de irrelevantes anécdotas, conduce hacia una trágica colisión.
   Robert Stone es consciente de que su escritura está empedrada con episodios desagradables y negativos que derivan, como en Hijos de la luz, en novelas opresivas. Pero escribe así para darles coraje  a sus lectores, para que los perdedores, mientras pierden, no se aferren al millón de clichés cuyo estandarte es la derrota.
   Novela extraña, compleja, quizás con sobreabundancia de diálogos, diálogos intercambiados como en trance…donde nadie parece oír del todo lo que está diciendo el otro (Rodrigo Fresán).Ese es el estilo stoneano, con constantes guiños a W. Faulkner, Tennyson, Samuel Beckett, Kipling, Dikinson…y sobre todo a  Shakespeare, que parece el conductor del relato. Por algo su héroe o antihéroe, antes de emprender el viaje, acaba de representar El Rey Lear y Shakespeare era su última oportunidad. Después, una sucesión repesadillas en el desierto mexicano. Atrás, una sociedad en descomposición.

Francisco Martínez Bouzas




Robert Stone

Fragmentos

“Walker desayunó con una tostada de pan de centeno en la lúgubre cafetería. Una lluvia densa y constante martilleaba contra los cristales de las ventanas orientadas hacia el mar. El viento procedente del océano hacía repiquetear los cerrojos oxidados que las mantenían sujetas, y el agua se colaba por las molduras podridas y formaba pequeños charcos en el suelo de ajedrez.
Fumó y contempló la lluvia, sin prestar atención al periódico de la mañana, extendido ante él sobre la mesa coja.
Shelly se había ido mientras él aún dormía. Le había dejado una nota en la que le ordenaba que se quedara allí hasta que recibiera noticias de la agencia y que la llamara por la tarde.
Unos minutos después, cogió el periódico y subió  a recoger sus cosas y a esperar a que dejara de llover. Tan pronto como cerró la puerta tras de sí, se puso a la tarea de meterse más cocaína. No tenía ningún propósito firme para el día, solo el sueño de viajar al sur. Ese sueño le proporcionaba una felicidad contra toda razón, era auxilio y fuga. La coca lo tornaba diamantino, un anhelo místico. De pie junto a la ventana sobre el mar embarrado de lluvia, su sangre se aceleró ante la perspectiva. Sintió entonces que era todo cuanto tenía.”

…..

Llegó a su habitación justo antes de que  la mujer de la limpieza, colgó el cartel No molestar y se preparó aceleradamente una dosis. Con las prisas se echó más de los que había pretendido; el efecto no fueron la euforia ni los horrores, sino un confuso entusiasmo sin objeto. Por lo pronto, se sintió como si hubiera reemplazado sus verdaderas emociones, cualesquiera que fueran, por otras artificiales, artificialmente saborizadas. Esta vez, al salir llevó consigo una papelina de coca en la bolsa de la playa, envuelta en papel de aluminio para evitar que se deshiciera con el calor.”

(Robert Stone, Hijos de la luz, páginas 94, 245-246)

martes, 1 de octubre de 2013

EN BUSCA DE LA ERRANTE ISLA BALLENA



 

La asombrosa conquista de la Isla Ballena

Ramón Loureiro

Prólogo de Basilio Losada

Eurisaces Editora, Chandrexa de Queixa (Ourense), 2013, 120 páginas.



   En Eurisaces, una nueva editora independiente, que toma su nombre del legendario panadero romano que abastecía de pan a la urbe de la capital del Imperio y a las legiones romanas, publica Ramón Loureiro la cuarta novela de un personalísimo microtexto, escrito bien en gallego, bien en castellano y del que forman parte O corazón portugués, As (Las) galeras de Normandía y León de Bretaña. Este libro es pues la culminación de una saga sobre la Tierra de Escandoi, esa parte de territorio de la Galicia mágica, la olvidada e irreductible Galicia del Norte situada entre Mondoñedo y Ferrol, a la vez anverso y reverso de la Última de Todas las Bretañas.

   Continuadora pues de la mitología atlántica, la pluma de este narrador insólito, como en su día lo definió Miguel García Posada -nos lo recuerda el prologuista Basilio Losada-, escribe, como hace más de diez años  decía en su autobiografía, para intentar que las voces de los muertos no se marchen para siempre. Y a fe que los muertos hacen acto de presencia en esta su última propuesta narrativa, pero el relato no gira sobre ellos, sino en torno a una fabulosa aventura, relatada con abundantes ingredientes de humor.

   Novela, sin embargo, entre la ensoñación y la realidad, como todas las suyas. También tan ultrarrealista que exige para acercarnos a ella y gozar de su escritura, aceptar los asideros en los que se sustenta. Importancia en primer lugar de las geografías imaginarias, de esa inmensa fortaleza de los que el Círculo de Eranos llamó imaginal, ese pensamiento simbólico que todo lo convierte en símbolo, pensamiento totémico que integra en el signo lo indesignable; acertada mediación entre el transfondo romántico de nuestra tradición preindoeuropea y la estructura ilustrada de nuestra tradición indoeuropea. Amalgama, pues, de mito y logos. En segundo lugar, vulneración o debilitamiento de las leyes de la lógica clásica, la onto-lógica, basada en los principios de identidad y contradicción y su sustitución por otra, por ejemplo la dialógica o lógica del pensamiento complejo en la línea de Edgar Morin, que integra las contradicciones en el pensamiento. Por eso la narrativa de Ramón Loureiro, y este libro es una muestra manifiesta, supera los antagonismos de los axiomas aristotélicos: (“Uno es evidentemente dos y a veces más de dos”). Confusión entre vigilia / sueño e importancia de este último: (“Mientras duermo, de vez en cuando sueño que estoy corriendo”). Comunicación entre el reino de los vivos y de los muertos. Gran dominio del humor y de la ironía que recae incluso sobre el propio proceso de escritura de la novela: (“Vaya libro estamos escribiendo, un revoltijo tremendo”).

   A partir de estos principios o postulados (incluso axiomas, si los consideramos como “semillas”), construye Ramón Loureiro su novela. Partiendo de la Tierra de Escandoi, alli donde la Última Bretaña vigila la marcha del sol hundiéndose en el Atlántico, un narrador en primera persona, un difunto y delirante fantasma, habitante del refugio del papel y de la tinta, hace de cronista de la fantástica aventura que discurre a través de los preparativos, viaje a través del Océano en busca de la Isla Ballena, así como su conquista. El viaje y la ocupación están dirigidos por León Daniel María Bonaparte, el Emperador Alado, que asume el reto de extender más allá del mar las fronteras de su reino de la Vía Láctea, envés de la Última de las Bretañas posibles, conquistando para ello la Isla Ballena. El viaje parte, como ya quedó señalado, de la Tierra de Escandoi, pero no será por mar, sino por aire, en globo dirigible, el Magno Navío de los Cielos, capaz de quebrantar las leyes de la física y portar en su interior un regio y gigantesco ejército, en el que no faltan los elefantes. Pero como la realidad suele mermar los sueño, la Isla que navega queda reducida a los que es: el viejo cuerpo de un cetáceo al que, no obstante, conquistan de hecho y de derrcho, a pesar de los dáimones  que la habitan y que terminan huyendo a nado. No hallan reliquia alguna de San Brandán, pero sí un ermita con campanas de niebla. Y sobre la Ínsula Errante queda la bandera del reino de la Vía Láctea, dorso de Galicia del Norte, espejo de los muertos (página 119).

   Y así los que únicamente son sombras de un sueño o ni siquiera eso, regresan felices tras haber visto a nuestra Señora, que les habla a través de San Rosendo, de cuya Academia es miembro, por cierto, Ramón Loureiro.

   La inabarcable  capacidad de Ramón Loureiro de imaginar lo que no existe, vertida en esta pieza de literatura ultrarrealista, pero muy alejada de esos productos de consumo del género fantástico, reviste su historia con   labores y encajes líricos de ambientes, personajes y situaciones muy elaborados. Una lengua poética fuerte, muy apropiada sin duda para fundir lo real y lo imaginario en este universo hecho de sueños.



Francisco Martínez Bouzas








Fragmentos



Nadie podrá negar esta vez que las Factorías Imperiales, rozando el milagro, son muy capaces, cuando se lo proponen de trabajar rápido y eficazmente. Estaba yo tirado a lastre en el sofá, en chándal y cubierto con una manta, comiendo pipas y mirando en la televisión de los muertos la repetición de un reportaje sobre los años de Don Joyce en París y sobre cómo ni el Señor Torrente Ballester ni Maese Faulkner se atrevieron a hablarle al novelista admirado, que ya se sabe que no era de nación inglesa sino todo lo contrario, al verlo tomar café en su mesa de costumbre -solo y casi ciego con aquel aire suyo de estar siempre al borde del ataque de pánico si aparecía, por ejemplo, una rata-, cuando el propio Manolo Merlín Nigromante vino a traerme el recado de que el Gran Globo Dirigible, el Nuevo Navío de los Cielos, está acabado.”



…..



“Llegados a este otro punto, tengo que admitirlo: ya no sé muy bien quién soy. Porque unas veces soy yo, sí, quién puede dudar que en efecto lo sea. Pero de vez en cuando, aquí en el Reino de la Vía Láctea, y como a nadie se le escapa, también soy un poco otros, y no siempre me doy cuenta pronto ni del cambio: ni de que la metamorfosis se ha producido, ni de quién me ha transformado.

En realidad, ni siquiera acabo de aclararme, tampoco, con la verdadera procedencia de los recuerdos que todos estos cambios traen consigo.

-Nada te turbe, hermano: los ecos de los muertos -así es- nos habitan a veces de una manera muy extraña.”



…..



XXV

HIJOS DEL PASADO Y DE SUS NIEBLAS



“Hechos en buena parte de memoria, de lo vivido y de lo soñado, los habitantes de este reino y de estas páginas, alimento de los recuerdos del futuro o quizás simplemente nada, somos hijos de las nieblas del pasado. Lo cual nos obliga, hasta  a bordo de una nave como esta, del Gran Globo dirigible que va a la procura en medio del Océano, de una errante ínsula que es cetáceo,  arrastrar con nosotros -además de abundantes melancolías, tristezas y cicatrices varias, dolores mayormente del alma; de ese alma que hemos perdido, pero jamás olvidado- algunos miedos importantes.”



(Ramón Loureiro, La asombrosa conquista de la Isla Ballena, páginas 65, 71, 89)

  

miércoles, 18 de septiembre de 2013

LA IRÓNICA SABIDURÍA DE JULIO JURENITO



Julio Jurenito

Ilya Ehrenburg

Tradución de Lina Buzarra Hermosilla

Capitán Swing Libros, Madrid, 2013, 368 páxinas



  

   De forma oportuna, reedita Capitán Swing Libros un terxto publicado por primera vez en 1922, Julio Jurenito, considerado la mejor novela de Ilya Ehrenbug (Kiev, 1891 – Moscú, 1967). Julio Jurenito que puede presumir de ir rotulada con uno de los títulos más largos de la narrativa de todos los tiempos que, por curiosidad, reproduzco aquí (“Las extraordinarias aventuras de Julio Jurenito y sus discípulos Monsieur Delet, Karl Schmidt, míster Cool, Alexei Tishin, Ercole Bambucci, Ylya Ehrenburg y el negro Aisha. En días de paz y guerra y revolución, en París, en México, en Roma, en Senegal, en Kinieshma, en Moscú, y en otros lugares, y también las distintas opiniones del Maestro. Sobre el arte de fumar en pipa, sobre la muerte, sobre el amor, sobre la libertad, sobre el juego de ajedrez, sobre la raza hebrea, sobre la construcción y otras muchas cosas”), es un libro poco conocido, pero que en las manos lectoras se convierte en una verdadera joya literaria, disparatada y genial en igual proporción. Tan soviética como antisoviética, tan occidental como antioccidental. Novela de humor extremo y rayando el absurdo, que lo satiriza todo: el viejo continente europeo, tan alienado o esquizofrénico que se precipitó, casi sin darse cuenta, en la carnicería de la Primera Guerra Mundial; la utopía de la Revolución bolchevique; la religión y casi todas la convenciones y hábitos sociales. “En Jurenito, escribe el mismo Ehrenburg, estigmaticé toda suerte de racismos y nacionalismos, denuncié la guerra, la crueldad, codicia e hipocresía de los hombres que la provocaron”.

   Pero ¿quién es esta mente autorial que escribe no para las élites, élites actuales de inútiles y perdidos, sino para los pueblos venideros, para que no caigan en los mismos errores del pasado? Considerado el corresponsal de guerra más popular de toda la prensa soviética (Vasili Grossman), Ehrenburg fue un escritor y periodista soviético, de ascendencia judía, que cubrió la mayoría de las guerras. Tras su participación en las revueltas estudiantiles en la Universidad de Moscú de 1905, emigró a París donde inició su carrera como escritor bajo la influencia de Verlaine. En la capital francesa trabó así mismo amistad con Picasso, Apollinaire y Fernand Léger. Corresponsal en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, en 1917 retornó a su país. Aunque simpatizaba con la revolución bolchevique, no se sentía a gusto en la Unión Soviética, y en 1921 volvió a autoexiliarse. Ese mismo año escribió Julio Jurenito. Corresponsal más tarde en la Guerra Civil española, escribió varias obras que lo reconciliarían con el régimen soviético. A partir de 1950 se convirtió en una destacada personalidad, sobre todo cultural, de la URSS.

   La acertada combinación de humor, sentido del absurdo y agudas sátiras sociales convierten a Julio Jurenito en una novela tan original como actual. En la misma Ehrenburg crea la ficción del Maestro mexicano Julio Jurenito, un personaje que amalgama en su figura la sabiduría, la ironía y un acusado sentido de lo pintoresco. Personaje sin principios, a pesar de que los defiende apasionadamente, se rodea de una “selecta” tropa  de discípulos que, más que personajes de lo más variopinto, son  estereotipos  de sus propias nacionalidades y de los que se sirve para revelar y satirizar, deformándolos hasta el esperpento, los defectos de las mismas. La denuncia de este profeta de artistas excéntricos, banqueros, filósofos y parias, delineada con un toque bastante iconoclasta, no resulta por ello menos contundente.

   En treinta y cinco capítulos Ehrenburg, escribiendo con un ritmo ágil, nos sirve en bandeja y a través de una lupa deformadora los avatares surrealistas del Maestro mexicano y de su troupe de estrafalarios discípulos entre los que se incluye a sí mismo, pues Ehrenbrug ejerce a de autor, narrador y personaje representante de los judíos, a los que satiriza  con la misma intensidad con la que retrata al resto de nacionalidades.

   Novela esperpento pero muy coherente con la realidad que capta y plasma, de la que es fiel reflejo, y que no ha perdido actualidad porque las condiciones en las que fue escrito Jurenito en 1922 son en esencia las mismas de nuestros días, aunque las designemos eufemísticamente con otros nombres: la guerra sigue instalada en el corazón de los pueblos, muchos países siguen siendo colonizados por el subdesarrollo y la explotación, navegamos, quizás más que nunca, por mares y océanos de crisis, inseguridades y falsedad, se sigue discriminando a los pobres y continúa habiendo sociedades que son al mismo tiempo socialistas y nacionalistas. Y el fascismo no ha muerto, porque, incrustado en el corazón de muchas personas, pocas veces se le hace frente de la misma forma que refleja este breve texto de Ilya Ehrenbrug: “En la Europa de los años treinta, inquieta y humillada, era difícil respirar. El fascismo avanzaba, y avanzaba impunemente. (…) Pero hubo de pronto un pueblo que aceptó el reto. No se salvó a sí mismo ni salvó a Europa, pero si para la gente de mi generación queda algún sentido de las palabras «dignidad humana» es gracias a España.”



Francisco Martínez Bouzas






Ilya Ehrenburg

Fragmentos



“Julio Jurenito también nos contó cómo había organizado en México una «Agrupación de Prostitutas para la ayuda a las damas de sociedad». Las prostitutas, al ver con qué envidia las observaban en el café las «damas virtuosas», y a fin de corresponder a las distintas empresas filantrópicas de las mundanas señoras, se dirigieron a ellas patrocinadas por Jurenito con el siguiente llamamiento: «Queridas colegas, nuestro análogo trabajo es igualmente duro y exige solidaridad. Si nosotras sufrimos a causa de la variedad, entregadas al eterno disfrute de vuestros maridos, que con frecuencia os resultan repulsivos, realizáis un trabajo no menos duro. Por eso hemos decidido acudir en vuestra ayuda. Aquella de vosotras que guste de las caricias de su marido puede hacer la correspondiente declaración en nuestra «Sección de defensa del matrimonio». Limitaremos el derecho de asistencia a nuestros establecimientos de dichos maridos a una sola vez al mes, obligándoles además, mediante un recibo formal, a dedicarse a sus esposas no menos de treinta y seis noches al año. Pero existen otras entre vosotras que ansían en vano las alegrías del sexo. Nosotras, entre miles, a veces encontramos uno, dos, tres, un pianista, un chulo, un huésped ocasional, pero estas pobres se ven condenadas a los tormentos de la prisión. Organizaremos para ellas unos «martes» especiales, prometiéndoles guardar el secreto, y una inspección por parte de la Agrupación de los más dotados de nuestros huéspedes». Jurenito nos dijo que «el grupito» gozó de un éxito sin precedentes, pero que medio año después, fue descubierto por la policía y arrestaron a su presidenta.”



…..



“En el mitin de las prostitutas Alexei Spiridonovich se despachó a discreción recordando entre sus citas a Soniechka Marmeladova y a santa María Egipciaca. Pidió a todos perdón y, por su parte, también perdonó a todos; luego contó su vida, y finalmente propuso a las allí reunidas que se «lavaran» en las aguas del Jordán revolucionario y luego se dedicaran a coser los calzones «de los valientes defensores de la libertad y de la patria». Muchas lloraron. Después algunas ciudadanas exigieron el alza de tarifas. Alexei Spiridonovich intentó hablar de nuevo, pero rompió a llorar de emoción, y fue consolado por una compasiva María Egipciaca que murmuraba: «¡Camarada caballero, es usted terriblemente atractivo!» El mitin de los ministros se caracterizó por su parte por la extraordinaria afluencia de personas, ya que asistieron a él todos los antiguos, actuales y futuros ministros de numerosos gobiernos. Por entonces la gente no permanecía mucho tiempo en el cargo de ministro, y cualquiera podía esperar convertirse, de un día para otro, en ministro de algo. Al circo llegaron, en efecto, no menos de dos mil personas. El Consejo debió ser aplazado por tan funesto motivo, y todos los ministros, incluso los futuros, se arrepintieron y prometieron que aunque fueran ministros nunca iban a serlo en realidad. Nos hablaron entonces muy poéticamente, sobre el mar, el ocaso, las herrumbrosas cadenas y llaves que abren corazones. En general yo temo a los ministros, pero estos no parecen en absoluto temibles.”



(Ilya Ehrenburg, Julio Jurenito, páginas 78-79, 245-246)

martes, 10 de septiembre de 2013

LA MUJER PERRO DE CAROLA AIKIN



 
Mujer perro
Carola Aikin
Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2012, 165 páginas.

 

    Carola Aikin, formada literariamente en uno de esos talleres de escritura creativa, aquí se encuentra y nos encuentra con este su segundo libro de cuentos, enfrentada a si misma, como le dijo su maestra Clara Obligado y lactando de ese misterioso y caprichoso manantial que es la inspiración o dicho quizás con palabras más apropiadas: de la magia de la creación. Y en una especie de viaje en espiral, como ella misma se define. En espiral porque, en buena medida, la substancia más profunda de los relatos de Carola Aikin está simbolizada en el dibujo que ilustra la portada, de la autoría de su propia hermana, Helena Aikin: la mujer ser racional e irracional a la vez, suturada a su sombra inferior, a su lado animal, salvaje, condición que, por cierto comparte con el varón. Seres femeninos “sapiens” y úbricos en “su lucha por controlar ese lado salvaje y a la vez vivir”, como lo expresa la misma autora.
   Por eso mismo, ya de entrada, me parece oportuno un detalle del paratexto: la estrofa de de Jeannette  Winterson que inaugura esta colectánea de cuentos: “Soy demasiado inmensa para el amor. Nadie, ni varón ni hembra, se ha atrevido jamás a acercárseme”.
   La arquitectura compositiva de la obra de Carola Aikin se yergue sobre dieciséis cuentos de desigual extensión, aunque predominan las distancias cortas. Y una novela breve, “La expedición” por cuyo trayecto circulan varios personajes con los que nos hemos familiarizado en los relatos.
   Clara Aikin articula esta antología de textos de recompensa inmediata a base de un desfile de personajes y con una idea subyacente: la búsqueda de la identidad, la urgencia por definirnos en el maremagnum de las relaciones sociales con las que interactuamos y que, en buena medida, también nos constituyen. Explora pues la escritura de Carola Aikin lo más recóndito de nosotros mismos, que suele forjarse non en los contactos beatíficos, sino en los conflictivos. Una exploración que detectamos ya en el primer relato: una hembra, que vislumbramos como mujer y como gorila. La mujer sirena, a la vez también mujer perro, que luce su cola en el segundo relato, es así mismo un interrogante sobre la identidad cuando poseemos o somos poseídos. En otros cuentos como “Mujer cubo” la incógnita se refiere a los trabajos realizados. ¿No son también acaso ellos los que nos van definiendo, muchas veces entre desagradables sorpresas? Y con similares procedimientos en el resto de los cuentos, en una pugna  por aproximarse al menos a los aledaños del propio ser, entre luchas, conflictos y tensiones.
   La micronovela, tan extraña como estos cuentos protagonizados por seres metamorfoseados que ahora reaparecen de nuevo en una expedición por África, desbordados por sensaciones de desconcierto, extravíos, ansiedad. El terror y lo siniestro tiñe la atmósfera de la que respiran y muy pronto en el grupo impera la máxima hobbesiana: el hombre, un lobo par el hombre que, traducida al lenguaje de hoy, le hace decir a uno de los expedicionarios: “nos devoramos unos a otros”. Presos y depredadores, aunque solo sea simbólicamente.
   Los textos de Carola Aikin, rebosantes de referencias a la animalidad,  a lo zoológico, harán pensar a más de un lector en las tesis sociobiológicas que en pasadas décadas intentaron explicar la conducta humana únicamente desde nuestras raíces biológicas. No obstante, las prosas de Carola Aikin non caen en tal asimilación. Sus metamorfosis no traspasan el umbral de lo simbólico y el animal se nos presenta como un ser diferente, eso sí, inquiriéndonos a veces de forma desconcertante desde su alteridad. Por otra parte, en alguno de los cuentos la autora apuesta inequívocamente a favor de la singularidad, la singularidad de esa progenie de mujeres perro “que no tienen rango, no se pueden domesticar” (página 74).
   Todo esto, tejido con una lengua a veces exquisita, otras henchida de imágenes y texturas de gran potencia, hacen que el lector de Carola Aikin se sienta atrapado por estas paginas repletas de interrogantes.

Francisco Martínez Bouzas



Carola Aikin

Fragmento

“Ella se llama Gina, Gina andares de reina, Gina cabellos rojos y largos, bellísima entre las bellas orangutanes del harén. Al amanecer Gina juega a besarse en la boca con sus crías (…) En uno de los nidos de arriba duerme el macho, el gran Gambar, y la nueva hembra que le acaban de traer. Los demás nidos los ocupan las otras hembras que para Gina no tienen la menor importancia pues no han podido concebir. Gina hace todo el ruido que puede para despertarlas y cuando lo ha logrado les roba sus raciones de caña de azúcar y mandioca y se lo lleva todo a la gran piedra que está en el centro de la jaula, donde espera a que baje Gambar para hacer con ella el amor. Así es como Gina, con el vientre apoyado en la piedra, conquista al gran macho casi todas las mañanas (…) La becaria entiende perfectamente el mensaje de los ojos pequeños, vivos, ligeramente asimétricos de Gina. Le dice lo mismo cada día, cuando se planta ahí, frente a la jaula, cronómetro en mano, bolígrafo o lapicero rojo, hoja de datos preparada, melena lacia, dos senos grandes que estallan dentro del sujetador. Tetona le dice. Camiseta apretada, pantalón caqui, como de expedición, pies largos y estrechos, sandalias doradas. Me encantan tus sandalias, pero odio tus ojos. Y Liliana baja la vista al suelo. Borracha, te odio. ¿Con quien estuviste ayer”.

(Carola Aikin, Mujer perro, páginas 70-71)