jueves, 9 de febrero de 2012

RAYMOND ROUSSEL, LAS FRONTERAS DE LA LITERATURA

Locus Solus
Raymond Roussel
Tradución de Marcelo Cohen
Presentación de Jean Cocteau
Capita Swing Libros, Madrid, 2012, 457 páginas.



Difícilmente se podrá comprender el calado y la carga diegética de este libro, Locus Solus, si el lector ignora ciertos hechos y avatares que alimentaron y formaron la figura de su autor, Raymond Roussel (1877-1933). También su gloria fecunda o su negatividad. Porque Locus Solus es a primera vista un libro extravagante, pero tan suturado a la vida de su autor -igualmente extravagante- que se ha convertido por eso mismo e una de las obras literarias más originales del siglo XX. Y ello es así porque la vida y la obra de Raymond Roussel forman un único todo. A Raymond Roussel apenas se le conoce. Su obra, como escribe Philippe Sollers, es  objeto bien de culto, bien de un secretismo radical, bien de un alejamiento a causa de su originalidad absoluta.
La audacia de la imaginación que encierran los escritos de Roussel, escandalizó en su tiempo al gran público. No así a algunos de los más innovadores escritores y artistas de Francia (Cocteau, Aragon, Guide, Duchamp, Giacometti, los surrealistas, Oulipo, el Noveau-Roman…) que siempre le han considerado como un genio. Pero este genio en estado puro nunca se mezcló con los surrealistas, porque no apreciaba su trabajo, que encontraba “un poco obscuro”.
Impopular en su época, personaje excéntrico que en los momentos de bonanza económica publica su obra literaria sin reparar en gastos y realiza en dos ocasiones la vuelta al mundo, pero sin apenas salir de su roulette o de las habitaciones de los hoteles, porque para Roussell el mundo exterior era el que ensoñaba su imaginación. En el momento en que su fortuna se agotó, se encerró en un modesto hotel de Palermo suicidándose con una dosis de barbitúricos. Un “digno” final, que cuestiona Leonardo Sciascia, para una vida repleta de geniales excentricidades.
André Breton escribió que con Lautréamont  Roussel es el mayor magnetizador de los tiempos modernos y que sus obras, largo tiempo ignoradas, ascenderán un día al rango de luminarias perpetuas. Para el público entendido esta ascensión ya se ha producido, especialmente desde que Michel Foucault escribió una monografía dedicada enteramente a estudiar la obra de Roussel a la que consideraba a la vez precursora y epifánica. La “culpa” de todo ello reside en la estética y en el método escritural de Roussel. Creía que la literatura debía ser exclusivamente el producto de la imaginación pura: “(…) la obra no puede contener nada real, ninguna observación acerca del mundo o del espíritu, nada, excepto combinaciones totalmente imaginarias” (R. Roussel, Cómo escribí algunos de mis libros). Y junto a esta imaginación que lo es todo, un peculiar método de escritura que el mismo autor describe de esta manera en el libro citado:” Escogía dos palabras muy similares. Por ejemplo, billard (billar) y pillard (bandido). Luego añadía palabras parecidas pero tomadas en dos sentidos diferentes, y obtenía con ello dos frases casi idénticas…Una vez encontradas las dos frases, se trataba de escribir un cuento que podía comenzar con la primera y terminar con la segunda. Y de la resolución de este problema extraía yo todos mis materiales”.
Un sueño prodigioso, un curioso arabesco que no revela nada de los real, pero es poseedor de una intención esencialmente poética, que sustenta la arquitectura y el procedimiento de escritura de Locus Solus, convertido así en un crucial experimento sobre las fronteras de la literatura.
Locus Solus es un puzzle gigantesco de imágenes y de historias hilvanadas con una extraña lógica carnavalesca. Su trama, resumida en una breve sinopsis, nos presenta un día en la vida de un científico e inventor, Martial  Canterel (alter ego del autor) que ha invitado a un grupo de amigos a visitar su finca, “Locus Solus”, a las afueras de París. Durante el largo paseo, el anfitrión muestra a sus invitados invenciones  de su propia cosecha. Asombrosas y a la vez extrañas, tales como una máquina voladora que compone un mosaico de dientes, un gato sin pelo y la cabeza conservada de Danton, una gran caja brillante llena de agua en la que flota una bailarina y, sobre todo, un enorme recipiente de cristal poblado de actores muertos que Canterel ha revivido con “resurrectina”. El paseo se completa con una cena festiva.
Locus Solus está compuesto con ese método de escritura ya aludido, con lo que Roussel redescubre uno de los moldes creativos más usados por la mente humana: “la formación de mitos creados desde las palabras” (Michel Leris). La transformación de un simple acto de lenguaje en una acción dramática o en uno de los acervos del inconsciente colectivo. Un poderoso flujo, pues, de la imaginación, premonitorio de muchos de los acontecimientos que conformarán las artes y la sociedad en el siglo XX. El panteón estético de las vanguardias históricas y de otros creadores hasta nuestros días.
Capitan Swing Libros nos agasaja en este volumen con un nutrido epílogo compilatorio de los textos más emblemáticos de la recepción de la obra de Roussel, en el que quedan fielmente representadas las interpretaciones de las tres primeras generaciones de lectores de Roussel: la de los coetáneos, la de los años 40 y 50 y la posterior, suscitada por la monografía de Michel Foucault (1963). Un epílogo pues que se nutre con textos de la más conspicua intelectualidad del siglo XX: Paul Eliard, André Breton. Michel Butor, John Ashbery, Michel Foucault, Gilles Deleuze, Alain Robbe-Grillet, Philippe Sollers, Maurice Blanchot entre otros, interpretando la obra de este “Presidente de la república de los sueños” (Louis Aragon).

Francisco Martínez Bouzas

Raymond Roussel

Fragmentos

“Detrás de la jaula en relación a nosotros que estábamos frente a él, un hombre, con guantes de lana y aterido bajo un grueso capote cuya capucha le envolvía la cabeza, sostenía horizontalmente con la mano derecha alzada una corta barra de hierro, que según Canterel nos explicó, era un imán. Atisbando el cascote del enfermo, se las ingeniaba para que los dos grabados se mantuvieran siempre de cara a la fuente luminosa, para lo cual, dada la deliberada combinación de polos, sólo tenía que alargar más o menos el imán hacia la punta correspondiente de la aguja giratoria, de modo que guardase en todo momento la perpendicular a nuestra pared de cristal”
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“Mientras cada paso nos alejaba más de la gigantesca jaula de cristal de la explanada, el maestro nos esclareció el espíritu hablando de todo lo que acababan de percibir nuestros ojos y nuestros oídos.
Al ver los maravillosos reflejos que había obtenido de los nervios faciales de Danton, inmovilizados por la muerte hacía más de un siglo, Canterel había concebido la esperanza de dar una completa ilusión de vida actuando sobre cadáveres recientes, resguardados de cualquier alteración por un frío intenso(…)
Experimentando largamente con cadáveres sometidos a tiempo al frío adecuado, el maestro, al cabo de muchos tanteos, había acabado sintetizando por una parte el vitalio y por otra la resurrectina, rojiza sustancia ésta compuesta en base a la eritrina y que, inyectada en forma líquida en el cráneo del fallecido, por un orificio abierto en el costado, se solidificaba sola en torno al cerebro ciñéndolo por todas partes. (…)
A consecuencia de un curioso despertar de la memoria, éste se ponía a reproducir con rigurosa exactitud hasta los menores movimientos realizados durante los minutos culminantes de la existencia; luego, sin descanso, repetía indefinidamente la misma e invariable serie de gestos elegida de una vez para siempre, y la ilusión de vida era absoluta; movilidad de la mirada, ritmo sostenido de los pulmones, palabra, actitudes diversas, paso: no faltaba nada”

(Raymond Roussel, Locus Solus, páginas 133, 143-144

miércoles, 8 de febrero de 2012

RELATOS DE KOLIMÁ, UN TESTIMONIO ESENCIAL DE LA TRAGEDIA

Relatos de Kolimá
Volumen IV. La resurreccióndel alerce
Verlám Shlámov
Tradución: Ricardo San Vicente
Editorial Minúscula, Barcelona, 2011, 357 paginas.


Editorial Minúscula prosigue con la publicación de los Relatos de Kolimá de Verlam Shalámov (1907-1982), posiblemente el escritor que mejor ilumina la oscura ignominia de la época estalinista. El presente volumen, el cuarto de la serie, reúne treinta relatos surgidos de manera dispersa y sin tener en cuenta el orden cronológico. En su conjunto representan una de las grandes epopeyas del siglo XX, la epopeya de la supervivencia bajo los hielos perpetuos. Verlam Shalámov fue detenido en Moscú el año 1929 y condenado  a tres años en un campo de trabajo en la región de los Urales por difundir el testamento de Lenin, crítico con las brutalidades del estalinismo. De regreso a Moscú, escribe poemas y relatos y en 1937 fue condenado de nuevo a cinco años de trabajo en la  región siberiana de Kolimá. Acusado de nuevo de propaganda antisoviética en 1943 fue enviado otra vez a Siberia donde permanecerá diez años. Logró sobrevivir gracias a su trabajo como enfermero en el gulag.
Además de su magna obra, Relatos de Kolimá, Shalámov escribió ensayo y poesía. Escribir poesía en las pavorosas condiciones de Kolimá -un pedazo de papel podía suponer una nueva condena- da fe del temple moral de un hombre que, junto con Aleksandr Solzhenistsyn, Boris Parternak y Nadezhda Mandelstam, ilustra el coraje de vivir y el espíritu de resistencia a pesar del horror de los trabajos forzados en uno de los lugares más inhóspitos del planeta..
Los Relatos de Kolimá fueron publicados en Occidente a partir de 1966, con consentimiento del autor, según los editores occidentales. Sin embargo, en 1972, Shalámov, presuntamente por presiones del régimen soviético, escribió una carta retractándose de los mismos y renunciando a su publicación en el extranjero.
Verlam Shálámov
Los Relatos de Kolimá constituyen un ambicioso proyecto narrativo que se convierte en testimonio de una vergonzosa realidad: la de la existencia de los campos de concentración y la vida en los mismos en condiciones extremas. Los treinta relatos de este cuarto volumen son variaciones inagotables que, basándose únicamente en la fuerza de la narración y huyendo de cualquier concesión a lo sentimental y panfletario, constituyen un testimonio esencial de la tragedia. Para los lectores de hoy en día, una recuperación de la memoria histórica, alegato contra un período nefando, construido como una radical expresión literaria de un creador que da fe de lo que vivió. Historias protagonizadas por seres humanos, pero también por animales o dedicadas a los elementos climáticos o incluso a libros -el cuarto tomo de Guermantes de Proust- y delineadas con una prosa sencilla, lacónica, contundente, emotiva en alguna ocasión, pero sin caer nunca en lo lacrimógeno. A través de ellas es posible aproximarse al dolor humano, un dolor exponencial, y captar la inapelable denuncia, tal como el mismo Shalámov escribía en 1971: “Cada uno de mis relatos es una bofetada al estalinismo y, como toda bofetada, se rige por leyes de carácter simplemente musculoso. Así se escribieron mis mejores relatos. En ellos no hay composturas y en cambio hay determinación. Cada uno de ellos es una veracidad absoluta, es la veracidad del documento”

Francisco Martínez Bouzas
                                           

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Fragmentos

“Uno de los principales sentimientos que se experimenta en el campo es el de comprobar lo ilimitado de la humillación, el de consolarte con el hecho de que, en cualquier situación, sean las que sean las circunstancias, siempre hay alguien que está peor que tú. Esta gradación es muy variada. Este consuelo es salvador, y quizás en él se esconda el mayor secreto del hombre. Este sentimiento…Este sentimiento es salvador, como una bandera blanca, y al mismo tiempo representa la conciliación ante lo inconciliable”
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“El alerce es el árbol de Kolimá, el árbol de los campos de concentración.
En Kolimá los pájaros no cantan. Las flores de Kolimá -brillantes, presurosas, burdas- no tienen olor. Un corto verano -como un aire frío, sin vida-, un calor seco y el frío de la noche.
En Kolimá solo huele la uva espina, el escaramujo de la montaña, con sus flores de rubíes. No huelen ni el rosado y rudo muguete, ni las enormes violetas, ni el fibroso enebro, ni el eternamente verde stlánik.
Sólo el alerce invade los bosques con su vago olor a trementina. Al principio se diría que se trata de un olor a descomposición, de un olor muerto. Pero si uno presta atención, si inspira hondamente este olor, comprenderá que es el olor de la vida, el olor de la resistencia al Norte, el olor de la victoria.
Por lo demás, en Kolimá los difuntos no huelen: están demasiado consumidos, desangrados, y además se conservan congelados entre los hielos perpetuos.
No, el alerce no es un árbol bueno para las romanzas, sobre esta rama no hay modo de cantar, de componer una romanza. Aquí las palabras tienen otra hondura, calan en otras profundidades de los sentimientos humanos”

(Varlam Shalámov, Relatos de Kolimá, Vol. IV. La resurrección del alerce, páginas 87 y  355-356)

martes, 7 de febrero de 2012

LA FAMILIA, TERRITORIO HOSTIL

La vida y las muertes de Ethel Jurado
Gregorio Casamayor
Acantilado, Barcelona 2011, 3002 páginas.


No solo se han apoderado de su cuerpo, también han colonizado su mente. Lo presentíamos desde el principio, cuando non enfrentamos con ese fractal número 1, el del hermano, Enrique Jurado. Mas solamente al final, cuando sale a la escena la amiga y confidente, percibimos el porqué y quedamos sobrecogidos por el dolor, la humillación, el miedo, la angustia, la rabia y la absoluta impotencia de Ethel Jurado. El inconfesable martirio, la muerte en vida de una víctima  de la más abyecta violencia doméstica que hizo de su vida un infierno. Jamás  podremos evadir nuestro pasado, las heridas mal curadas nunca dejan de supurar y casi siempre terminan siendo el germen de espantosas tragedias personales y familiares. Tal es el caso de Ethel Jurado y el de su familia, culpables por acción u omisión y que Gregorio Casamayor nos hace presente en una de las novelas más sobrecogedoras, demoledoras e impactantes leídas por mí en los últimos meses. Porque el novelista narra un drama real y mucho más frecuente de lo que se suele creer, y proyecta así mismo sobre el lector la urgencia de averiguar cómo es exactamente Ethel Jurado, la razón de su comportamiento errático, de su huida del mundo y cómo alguien de tu propio entorno familiar te puede marcar de tal modo que sólo te sientes a salvo cuando no los ves ni los oyes.
Gregorio Casamayor es un escritor tardío. Un libro de relatos y la novela La sopa de Dios, galardonada en la Semana Negra de Gijón el pasado año, es su bagaje. Al que se añade ahora La vida y las muertes de Ethel Jurado, su tercera propuesta. Con ella, me atrevo a decir, honra a ese tipo de Literatura que es necesario escribir con mayúsculas, porque, frente a la abominación de cierta literatura actual en la que, como diría Deleuze, todo el mundo cree que para escribir una novela basta con tener un padre abusivo – tal es el caso del presente relato -, es capaz de comprender que la verdadera acción narrativa tiene que ver con fuerzas salvajes y universales a las que implica empujando al lenguaje hasta sus últimos límites.
La vida y las muertes de Ethel Jurado está protagonizada por una mujer joven que desaparece un día del hogar familiar. Sin embargo, serán otros, un hermano, un amigo, su ex – novio y una amiga confidente, los que se encargarán de reconstruir el puzzle vital y el drama de la protagonista. La técnica del narrador es la del fractal. Cuatro cortes efectuados en la vida de los cuatro personajes que nos permiten analizar sus propias existencias y, a través de lo que dicen, poco a poco irá comprendiendo el lector la tragedia que Ethel no es capaz de desvelar, pero que la convierte en una víctima que se siente sucia y culpable, condición de la que solamente podrá desprenderse a través de la huida. Conocemos, pues, la vida de Ethel Jurado gracias a la sutura de miradas ajenas, que también traslucen sus propios dramas personales.
La mirada del hermano, un personaje que intenta engañarse a si mismo, radiografía poco a poco las miserias de la familia, la condición de verdugo del progenitor, la complicidad con un silencio  obsceno, del que es responsable sobre todo la madre. Por el sabemos que cuando la protagonista da el gran portazo, se abre un paréntesis en sus vidas que no saben cerrar, y la familia se convierte en territorio hostil. A través del amigo, Gerard Pruma, nos enteramos de los comportamientos erráticos, del desdoble de Ethel (una Ethel estupenda y alegre y otra taciturna), de sus crisis frecuentes, diagnosticadas como trastorno bipolar, de las amenazas por parte del padre de incapacitarla y, sobre todo, de que en la familia Jurado había alguna cosa que olía a podrido y de que la hija Ethel era el vertedero. Marcos Recaj es el novio y, a través de su testimonio, el lector comienza a intuir el porqué del drama de Ethel. Sus palabras ahorran comentarios: “Dormimos juntos esas siete noches sin que llegáramos a hacer el amor; había barreras físicas y psicológicas que yo no podía superar sin generar en Ethel una angustia enfermiza. Cuando intenté hablar del asunto con ella, para dejarle bien claro que no me importaba, que podía esperar hasta que ella se sintiera segura, Ethel se mostró esquiva, rehuyó una y otra vez hablar de ese asunto (…) Después de un par de semanas de convivencia, Ethel y yo pudimos hacer el amor. Fue ella la que me dijo que estaba preparada, pero no era cierto, lo hizo porque creía que estaba en deuda conmigo. Ella sufría, Ethel sufría tras cada roce, por más que se mostrase animada y cariñosa se iba tensando poco a poco hasta que se quedaba paralizada” (páginas 186, 188).
Mas será finalmente la amiga y confidente, Laura Morillo, una chica con conflictos de identidad y en cuya casa también cocían habas, la que nos permitirá conocer las causas del miedo paralizante de la protagonista. Los verdugos son su padre y su hermano mayor que se turnan en asaltar subrepticiamente su cuarto. Los cómplices del martirio, la madre y el hermano menor con sus silencios culpables. Ethel se sentirá sucia por los que le obligaban a hacer. Sucia y culpable. “De todos los daños que el verdugo puede causarte, quizá ese sea el más terrible, cuando te hace sentir culpable de tu propia desgracia (…), cuando te exige que anudes la soga que ha de servir para colgarte” (pagina 248).
En la novela de Gregorio Casamayor hallamos algunos de los ecos de los temas esenciales de la literatura y de los personajes clásicos, transportados a nuestros días a través de una escritura que genera atmósferas asfixiantes, en las que los secretos, las insinuaciones, los guiños son el hilo conductor de la acción narrativa y el instrumento eficaz para mantener el suspense. Un buen ejemplo, por otro lado, de los que se ha llamado literatura fractal. Relato deudor, así mismo, de las técnicas de la novela negra, sin pertenecer como tal al género, porque aquí no actúa ningún detective, pero si que hay delitos, una víctima y delincuentes por acción u omisión.

Francisco Martínez Bouzas
                                                       



Gregorio Casamayor


Los asaltos

“Imagínate que estás quieta en un lugar, me dijo Ethel, y que de repente levantas la vista y ves cómo un objeto duro, afilado, va a caer sobre ti, pero tú no puedes moverte y, sin embargo, sabes que estás en la trayectoria de ese objeto y que te va a golpear, y por más que lo intentas, no puedes zafarte, parece que estés parada ahí para recibir ese golpe. ¿Te imaginas cómo se te aceleraría el pulso y el latido del corazón?, ¿puedes sentir el sudor frío, la angustia, el pánico ante la inevitabilidad del impacto? Pues así me he sentido yo cada noche durante trece años, y la angustia se intensifica con la espera, así que una acaba pensando: es preferible hoy que mañana; mejor cuando me acuesto que en plena madrugada; lo que tenga que ocurrir, que pase cuanto antes”

(Gregorio Casamayor, La vida y las muertes de Ethel Jurado, página 292)

lunes, 6 de febrero de 2012

"EL LAGO": DOCTOROW DESNUDA LA VIDA AMERICANA

El lago
E. L. Doctorow
Traducción de Iris Menéndez
Miscelánea Editores (Roca Editorial), Barcelona, 2011, 314 páginas.

Fue Susan Sontag quien calificó Loon Lake (El lago) como la obra más prodigiosa de Doctorow: maravillosamente valiente, cautivadora. Una ponderación quizás excesiva si no nos olvidamos de Ragtime, El libro de Daniel o Billy Batghate, las grandes novelas de E. L. Doctorow, o incluso la accesible, pero cautivadora Homer y Langley. Sin embargo, Miscelánea Editores, el sello de Roca, hace justicia al incluir El lago en la Biblioteca Doctorow, que poco a poco va poniendo sus obras a disposición del lector en lengua española. Porque estamos hablando de un autor imprescindible, un must, dentro del panorama narrativo universal. Edgar Lawrence Doctorow, una de las voces fundamentales de la literatura norteamericana, traducido a más de treinta idiomas, ganador de los más importantes galardones literarios de EE.UU. y año tras año candidato al Nobel. Sin embargo la escritura de Doctorow se encuentra en una galaxia muy distante de la que en la actualidad se deja ver en los escaparates de la literatura. Pero esta lejanía de lo que actualmente se lleva, no le impide ser un gran escritor, sobrado de recursos literarios y sus novelas no son productos de usar y tirar. Cumplen con el requisito de la necesidad, que diría también Susan Sontag; es decir, encierran una historia o una serie de historias que hay que contar y Doctorow lo hace de una forma amena, inteligente y a veces irónica en su creación de mundos ficticios. Por eso mismo, cada una de sus novelas es un mundo: una abundante y feraz multiplicidad de elementos y, a la vez, una unidad, un cuerpo autodefinido.
El lago, no obstante, no es la novela de Doctorow que nos ofrezca una fácil lectura. Inmediatamente posterior a Ragtime, se incrusta, como esta, en la senda abierta por John Dos Passos en su trilogía sobre EE.UU. No es una novela lineal, sino la más experimental de Doctorow. El lector se enfrenta a saltos en el tiempo y a una información que, a veces, le llega de forma intencionadamente confusa y relatada por distintas voces; transitada además por unos peculiares y largos poemas que, en algunas ocasiones, reflejan sentimientos y en otras, informes biográficos o mercantiles. La habilidad del escritor le permite, con todo, llevar a buen puerto una historia que, como todas las suyas, eleva la narrativa a la categoría del arte de la fantasía.
La historia oculta de Norteamérica, no exenta de mitos a pesar de parecer un país extremadamente ahistórico, suele cimentar las novelas de Doctorow y en El lago juega así mismo un papel crucial, especialmente el periodo de la Gran Depresión y el auge de una sociedad emergente en la primera mitad del siglo XX, en la que miles de vagabundos, como Joe, el joven héroe de El lago, se desplazan de un lugar a otro en busca de sustento y de esperanzas, sobre todo.
En efecto, la trama discontinua de El lago nos aproxima a la figura de Joe, un joven vagabundo que huye del hogar familiar y con unos feriantes aprende la dura realidad de la vida. Una noche, intentando dormir al lado de unas vías de ferrocarril en las montañas de  de Adirondack (estado de Nueva York), ve pasar un vagón privado. En su iluminado interior, varios hombres bien vestidos y, en otro compartimento, una bella y joven mujer desnuda, sosteniendo en sus manos un vestido blanco mientras se miraba en un espejo.
A partir de ese momento, Joe sigue las vías del tren hasta desembocar en una misteriosa propiedad de Loon Lake, donde hallará a la chica y  a sus acompañantes: un magnate de la industria del automóvil, un aviador, un poeta y un grupo de gángsters. Es el inicio de la verdadera historia, de una inquietante historia de sueños, deseos, fascinaciones y pesadillas que se despliegan a través de una peculiar road movie, de una huida disparatada, a través de la América profunda, hasta las fronteras californianas.
Un periplo en el que Doctorow retrata y desnuda la vida americana, con una cautivadora historia de intrigas, misterio, amenazas, ambiciones, sexo y amor sin contrapartidas. Un mundo violento, individualista, ultraliberal y cruel, en el que un personaje como F. W. Bennet, el magnate de la industria automovilística, lo mismo rompe con sus matones un intento de huelga, como acoge de forma paternalista a un pobre diablo como Joe, que simboliza el self-made-man a partir de la nada.
La narrativa de Doctorow suele fundamentar su éxito en la estructura sumamente simple de sus novelas, que facilitan una lectura fácil y cómoda. No es este el caso de El lago, como ya quedó señalado, porque Doctorow construye una suerte de cajón de sastre, con saltos espaciales y temporales y acopio de materiales diversos. Todo ello exige activar el pacto narrador-lector. El ritmo de su prosa, sin embargo, es el característico de su escritura: construye con gran habilidad atmósferas humanas, sin golpes de efecto, con un ritmo sin pausas y una prosa minuciosa, evolvente, capaz de enlazar múltiples oraciones subordinadas, sin detener la progresión narrativa. Virtuosismo técnico para hacer añicos del sueño americano, dominado por prácticas mafiosas y poblado por un lumpemproletariado vagabundeando por el país.
                                                

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Extracto

“Fanny era auténticamente sensible a los hombres, les tenía verdadero afecto. No sabía que ganaba dinero, nunca vio un céntimo. Extendía los brazos y los amaba y no le importaba cómo ocurrían las cosas, si se corrían en los pliegues de sus nalgas o en las hendiduras de los costados de su cuerpo, que se prolongaban como acolchados sobre la estructura de su tronco; siempre gritaba como si hubiesen encontrado su centro exacto.
Llegué  a la conclusión de que entre estas monstruosa prostituta retrasada y la chusma que hacía cola para follarla se celebraba realmente un sacramento importante, una manera de mantener la esperanza, un juramento ritual de vida que no se desgastaba sino que crecía con su rememoración en los bares y las tabernas de las montañas, atrapando su imagen en el serrín que se elevaba a través del rayo de sol en los talleres o que permanecía como la bruma matinal sobre los lagos cristalinos”
“Al alba proseguimos el viaje. El cielo es rosa. Seguimos la senda de un sorprendente arroyo tan lleno de rocas que el agua se descompone en millones de gotas, que caen con repique del granizo y rebotan como perdigones. Raspo la corteza de un pequeño pino torturado por el viento para crecer en forma de rayos solares hacia la tierra. Dejo secar este musgo polvoriento verde lima durante cuatro minutos en la palma de mi mano. Entonces lamo el polvo e inmediatamente mi joven amada se convierte en una gigante que me mira sorprendida desde lo alto. La piso y cae de espaldas resquebrajando la tierra, corro hacia su vulva y por ese camino continúa mi búsqueda de toda la vida tras la divinidad. Es una especie de glándula que está en algún sitio. El camino se vuelve resbaladizo. En esta viscosa oscuridad uso las rodillas y las manos como una araña de agua. El camino se estrecha. En breve soy aplastado, atraído como una mota de polvo hacia un poderoso ojo brillante iluminado. Siento que me ensancho. La luz cegadora. Recupero mi tamaño y la casco como si fuera un huevo.

domingo, 5 de febrero de 2012

"EL MAPA Y EL TERRITORIO", PRONÓSTICOS SOBRE EL FUTURO


El mapa y el territorio
Michel Houellebecq
Traducción de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2011, 379 páginas.

Los epítetos con los que Michel Houellebecq  ha sido calificado no tienen límites mi mesura. Críticos, comentaristas, amigos y enemigos no se han mordido la lengua. La concesión del Premio Goncourt el pasado noviembre a La carte et le territoire (El mapa y el territorio en la traducción de Anagrama) no han hecho más que acrecentar las fobias y filias    que despierta el escritor en los círculos literarios y fuera de ellos. Primera referencia de la literatura francesa actual, el último provocador verdadero, el nuevo genio de la literatura, escritor escéptico, determinista, imprescindible, desolador, más nietzscheano que el mismo Nietzsche, misántropo, misógino, racista, antropólogo vestido de cínico… El novelista irlandés John Banville recuerda que pocos escritores han hecho tanto ruido  en el mundo como Houellebecq, que es inevitable compararlo con Salman  Rushdie, ya que también provocó la ira del mundo musulmán. Otra voz importante, la del escritor marroquí Tahar Ben Jelloun, miembro de la Academía Goncourt, en agosto de 2010, antes de la publicación del texto y de la concesión del Premio Goncourt, reducía la novela a una charla sobre la condición humana, una escritura afectada…una ficción que convoca personajes reales y los mezcla con otros inventados…un mensaje de un escritor que se considera por encima del montón y de las reglas… y sobre todo la obra de alguien que no ama la vida ni la felicidad.
Sin embargo tal juicio no ha sido compartido ni por los lectores ni por la crítica que, en general, ve en El mapa y el territorio una novela poliédrica en la que convive el relato psicológico, el ensayo sobre las imposturas del arte actual, un reportaje costumbrista, una intriga detectivesca, un audaz experimento metanarrativo autorreferencial y una diatriba sociológica que esperamos no se convierta en una profecía.
La novela se yergue sobre una original arquitectura. Después de un prólogo de presentación del protagonista, Jed Martin, de la relación más bien fría y distante con su padre, en medio del interludio del los secos chasquidos del calentador de agua de su apartamento, en la primera parte se recupera  la existencia anodina del protagonista, su formación académica, su exigua vida amorosa, en un relato que, salvando las distancias, se asemeja a una novela de aprendizaje. Fotógrafo y pintor sin verdadera vocación -el clásico antihéroe houllebecquiano, definitivamente neutro-, logra no obstante el reconocimiento en su primera exposición: una serie fotográfica de los mapas Michelin. El público entendido en arte considera más real y más fascinante un mapa que el lugar que ese mapa representa! En la segunda parte, Jed Martin prepara una exposición de pintura sobre los oficios de la era post-industrial y contacta con Houellebecq  al que solicita la presentación del catálogo. El encuentro entre los dos artistas es sin duda la parte más destacada del libro. El novelista toma claro partido por la metaficción. En una línea autorreferencial se convierte en el verdadero coprotagonista de esta y de la tercera parte. Y el retrato que de si mismo hace es mucho más despiadado que las parodias que de él han escrito sus críticos (“Era público y notorio que Houellebecq era un solitario con fuertes tendencias misantrópicas que apenas le dirigía la palabra a su perro” página 111-112; “tenía el pelo enmarañado y sucio, la cara roja, casi como si padeciese cuperosis y hedía un poco”, página 143; “parecía una vieja tortuga enferma” página 145).
En la tercera parte, la narración toma un giro inesperado: el asesinato del propio Houellebecq y la novela se convierte en investigación criminal, mientras en la mente del lector aflora la inevitable sonrisa al contemplar lo que el escritor ha hecho de si mismo en la ficción, cómo investiga su propia muerte y las disposiciones testamentarias relativas a su propio funeral.
Formalmente la novela transcurre por un cauce apacible. Prosa típicamente houellebecquiana, con mínimas concesiones al lirismo y sin dejar de ser punzante y hábilmente irónica (“joven pareja urbana sin niños, estéticamente muy decorativa, aún en la primera fase de su amor, y por ello dispuesta a maravillarse por todo”, página 83). Un ritmo ágil y un tono distante que logra el escritor mediante un recurso narrativo que ya había ensayado en obras anteriores: una voz omnisciente  narra la historia desde el futuro, como si todo hubiera acontecido tiempo atrás.
Se ha escrito que El mapa y el territorio es una bomba de relojería contra el arte moderno y la cultura contemporánea. En general las novelas de Houllebecq tienden y se deslizan en terrenos del ensayo. Desde mi particular lectura, este aspecto es lo más reseñable e impactante de El mapa y el territorio. Houellebecq ha ofrecido con frecuencia pronósticos sobre el futuro. El periodista italiano Alessandro Cartoni recordaba, no hace mucho, una antigua entrevista del narrador en Art Press, del año 1995. “Teniendo en cuenta el sistema socio-económico vigente, teniendo en cuenta sobre todo los presupuestos filosóficos -afirmaba Houellebecq-, es evidente que el ser humano se precipita hacia una catástrofe a corto plazo”. La novela despliega ficcionalmente  aquel lejano vaticino: un análisis de los efectos sociales, culturales y económicos del capitalismo avanzado. Después de la reduplicación especular del asesinato e Houellebecq, el relato se ocupa de nuevo de la última parte de la vida de Jed Martin y nos convierte en espectadores de un progresivo decline de su existencia. Su último período artístico pretende reflejar el carácter perecedero y transitorio de la historia. Sus obras durante esta fase de su vida son una meditación impávida sobre el fin de la era industrial occidental, hundida y asfixiada entre las capas superpuestas de plantas. Es el triunfo de la vegetación (“Después todo se calma, sólo quedan hierbas agitadas por el viento. El triunfo de la vegetación es absoluto”, página 377)

Francisco Martínez Bouzas



Fragmentos

“(…) Houellebecq  sacudió la cabeza y separó los brazos como si entrara en un trance tántrico; lo más probable era que estuviera ebrio e intentara conservar el equilibrio en el taburete de cocina donde se había acuclillado. Cuando volvió a hablar su voz era suave, profunda, embargada de una emoción ingenua.
 -En mi vida de consumidor -dijo-, habré conocido tres productos perfectos: los zapatos Paraboot Marche, el combinado ordenador portátil-impresora Canon Libris y la parka Camel Legend. He amado apasionadamente estos productos, me habría pasado la vida en su compañía…Al cabo de unos años, mis productos favoritos han desaparecido de las estanterías, lisa y llanamente han dejado de fabricarlos…Es brutal, ¿sabe usted?, terriblemente brutal. Mientras que las especies animales más insignificantes tardan miles, a veces millones de años en desaparecer, los productos manufacturados son desterrados de la superficie del planeta en unos días, nunca se les concede una segunda oportunidad”
……
“(…)-Pues si…-dijo finalmente, devolviéndole el manual-. Es un bello producto, un producto moderno; puede usted amarlo. Pero debe saber que dentro de un año, dos a lo sumo, será reemplazado por otro nuevo, de características supuestamente mejoradas.
También nosotros somos productos –continuó-, productos culturales. Nosotros también llegaremos a la obsolescencia. El funcionamiento del mecanismo es idéntico, con la salvedad de que no existe, en general, mejora técnica o funcional evidente; sólo subsiste la exigencia de novedad en estado puro”
……

“(…) La obra que ocupó los últimos años de la vida de Jed Martin puede, pues, considerarse -es la interpretación más inmediata- una meditación nostálgica sobre el fin de la era industrial europea, y más en general sobre el carácter perecedero y transitorio de toda industria humana…De ahí ese sentimiento de desolación que se apodera de nosotros a medida que las representaciones de los seres humanos  que habían acompañado a Jed Martin en el curso de su vida terrenal se desmigajan bajo el efecto de las intemperies y luego se descomponen y se deshacen en jirones, y que en los últimos vídeos parecen simbolizar la aniquilación generalizada de la especie humana. Se hunden, por un instante parecen que se debaten hasta que las asfixian las capas superpuestas de las plantas. Después todo se calma, sólo quedan hierbas agitadas por el viento. El triunfo de la vegetación es absoluto”

(Michel Houellebecq, El mapa y el territorio, páginas 148, 150, 377)

viernes, 3 de febrero de 2012

FRAY DIEGO LA MATINA Y LA DIGNIDAD DEL HOMBRE

Muerte del inquisidor
Leonardo Sciascia
Traducción de Rossend Arqués
Tusquets Editores, Barcelona, 2011, 140 páginas.


La existencia de la Inquisición fue posible porque a su alrededor no hubo ningún tipo de fuerza mental, afirma Leonardo Sciascia, citando a Américo Castro. Y esa carencia de fuerza mental, el fundamentalismo talibán y el miedo en el que estuvo sumida la cristiandad, es lo que el lector percibe en este pequeño libro que forma parte del “romanzo-inchiesta”, la novela-reportaje, en este caso histórica, el camino que Sciascia emprendió en 1956 con Le parrocchie di Regalpetra. Leonardo Sciascia al que  se le ha calificado como  escritor “amarillo” porque ha aprovechado en alguna ocasión el esquema de la intriga para su investigación social, sigue siendo considerado, más de veinte años después de su muerte, uno de los grandes narradores europeos, con una obra marcada por su radical contestación de cualquier manifestación abusiva del poder. Lo hará en sus “novelas-investigación”, esas en las que, a juicio de Josep Fontana, “es capaz de elevar el relato de un crimen a página de historia”.
Múltiples libros salidos de la pluma del escritor siciliano, pero en realidad un solo macrotexto que gira, para decirlo con sus propias palabras, en torno a la historia de una continua derrota de la razón y de quienes se han visto afectados y destruidos por esa derrota. Una de las víctimas de la sin-razón fue su paisano Diego La Matina (1622-1658) quemado, en uno de esos atroces y alucinantes espectáculos, por la Santa Inquisición del reino de Sicilia.
El tema de la Inquisición de sus horrores, tan extravagantes como abominables, es recurrente en la obra de Sciascia Así, por ejemplo, esa alusión a las “bonitas hogueras de aquella época” del prólogo de Le parrocchie di Regalpetra, porque todo el fanatismo imaginable se halla  elevado a la máxima expresión en aquellos “bellos autos de fe”.
En Muerte del inquisidor Sciascia revisa el caso de Fray Diego La Matina, desde el momento en el que, en un acto de exasperación tras ser condenado una vez tras otra y sometido a horrendas torturas, mata al inquisidor Juan López de Cisneros, golpeándole con los grilletes que le maniataban, hasta el 17 de marzo de 1658, fecha en la que fue quemado en la hoguera por “hereje, apóstata, calumniador y parricida”.
Pero el verdadero hilo conductor que guía a Sciascia  en el estudio de toda la documentación disponible y a la hora de escribir esta aproximación al tema, es qué tipo de herejía hizo que Fray Diego se convirtiera en un recalcitrante que salía de la cárcel, volvía a caer en sus errores, abjuraba, volvía recaer, fue condenado a galeras y finalmente a la cárcel de por vida hasta que cometió el “parricidio” de quien era su padre dentro de la jerarquía eclesiástica. Sciascia mantiene que la única hipótesis sostenible es que Fray Diego fue detenido por un delito ambivalente: una acción que era a la vez herejía y quebrantamiento de las leyes ordinarias. El fraile predicaba sin duda y de forma contumaz lo que proclamó sobre la pira poco antes de expirar: que Dios era injusto. Lanzó esta acusación contra Dios a causa de su rebeldía contra la injusticia social, la iniquidad, la abusiva presión fiscal y la usurpación de bienes y de derechos por parte de los poderosos. Comenta el novelista que una herejía cuya base es la afirmación de que Dios es injusto no puede, y menos en el siglo XVII, tener muchos adeptos, sin embargo parece ser que Fray Diego logró tener prosélitos y esta era la gran preocupación del tribunal. Por eso concluye Sciascia que el error herético del fraile fue “plantear el problema de la justicia en una época absolutamente injusta”. Hereje pues pero no de la teología, sino de la injusticia social. En la Sicilia del siglo XVII en la que se acusaba de luteranismo a cualquier ciudadano indiferente para con la religión, tuvo lugar uno de las más atroces actos de intolerancia contra justicia social y contra la libertad de pensamiento. Leonardo Sciascia es su cronista en este libro en el que se conjuga el rigor de la investigación histórica con la pasión por aquellos personajes que son ejemplo vital de la rebeldía en pos de la libertad de conciencia y de la dignidad humana.

Francisco Martínez Bouzas





Leonardo Sciascia
 

Extractos

“Es  una de las más atroces y alucinantes escenas que nunca la intolerancia humana haya representado. Así como estos nueve hombres imbuidos de doctrina teológica y moral, que se desvivían en torno al condenado (pero de vez en cuando iban a comer a los aposentos del alcaide), perviven en la historia del deshonor humano, Diego La Matina afirma la dignidad y el honor del hombre, la fuerza del pensamiento, la firmeza de la voluntad y la victoria de la libertad” (…)
“Unos ‘bastasi’, o mozos, llevaron a fray Diego al centro de la escena, ‘tal como estaba atado a una silla’. El ruido de la muchedumbre cesó de golpe. ‘Fue increíble la atención de todos los presentes para escuchar sus sacrílegas perversidades y heréticas afirmaciones, que confirmaban claramente el carácter bellaco, obstinado y desvergonzado del reo’. Una imagen que nos conmueve y enorgullece en cuanto hombres libres y tardíos conciudadanos de fray Diego. Es indudable que en ese momento el condenado llevaba el bozal puesto, porque de lo contrario habría manifestado y gritado su desprecio para con el lector, el tribunal y los espectadores” (…)
“Un santo mártir. Pero nosotros hemos escrito estas páginas para dar otra imagen de él, para decir que era un hombre y que mantuvo alta la dignidad del hombre”

(Leonardo Sciascia, Muerte del inquisidor, páginas 80-81, 87, 117)

"EL TEMBLOR DEL HÉROE", PREMIO NADAL DE NOVELA 2012



El temblor del héroe
Álvaro Pombo
Ediciones Destino, Barcelona, 2012, 222 páginas.
(AVANCE EDITORIAL)

La eficacia, diligencia y buen hacer del Departamento de Prensa y Comunicación de Ediciones Destino (quiero mencionar  especialmente  a Alba Fité Navarro y a Cristina Castillón, dos de sus responsables), me permiten tener en mis manos, a  las pocas horas de su publicación, la novela de Álvaro Pombo, El temblor del héroe, Premio Nadal de Novela 2012, seguramente el más prestigioso de los convocados en España, a pesar de su relativamente modesta dotación económica. Lo avalan otras razones y merecimientos de indudable peso: es el más antiguo de los premios literarios españoles (concedido desde el año 1944) y, entre sus ganadores, figuran escritores, tanto de España como de Latinoamérica,de gran categoría literaria. En la actualidad, el Premio Nadal no tiene como objetivo descubrir nuevos valores, sino premiar figuras consagradas. Y figura consagrada es a todas luces Álvaro Pombo, que une su nombre al de los ganadores de los últimos años: Fernando Marías, Ángela Vallvey, Andrés Trapiello, Antonio Soler, Pedro Zarraluki, Eduardo Lago, Felipe Benítez Reyes, Francisco Casavella, Maruja Torres, Clara Sánchez, Alicia Giménez Bartlet.
Ocasiones habrá para volver sobre El temblor del héroe, una novela  sobre la cobardía y la indiferencia, y ofrecer mi personal valoración crítica sobre la última obra literaria de un escritor que hace de la improvisación una sorpresa y un juego lingüístico y que nos ha deleitado con piezas como El héroe de las mansardas de Mansard, Donde las mujeres, La fortuna de Matilda Turpin  o Una ventana al norte. Vaya por delante, por el momento, este avance editorial sobre El temblor del héroe.

Sinopsis:

“Román es un profesor universitario jubilado al que invade la nostalgia de los días luminosos de la pedagogía en que fascinaba a sus alumnos despertándoles el amor por el saber y ayudándoles a alcanzar una vida más noble y más alta.

Entre sus antiguos alumnos están Elena y Eugenio, una pareja de médicos a los que todavía trata y con los que ha establecido complejas relaciones en lo intelectual y en lo sentimental.

Por otra parte, halagado por el interés hacia su persona que demuestra un joven periodista, Héctor, permite que éste entre en su vida sin sospechar que el pasado torturado del nuevo personaje le atrapará en una situación en la que es incapaz de tomar decisiones, de comprometerse con el drama al que asiste.

Con una escritura tensa, vibrante, que deslumbra tanto por los hallazgos plásticos como por la indagación filosófica,
El temblor del héroe es a la vez un acto de fe en la literatura como territorio donde plantear los grandes asuntos: la confianza y la traición, la posibilidad de arrepentimiento, la culpa, la cobardía, el valor, el sentido de la existencia” (Presentación editorial).

El autor:


Álvaro Pombo  (Santander, 1933), es miembro de la Real Academia de la Lengua. Licenciado en Filosofía y Letras (Sección Filosofía) por la Universidad de Madrid y Bachelor of Arts en Filosofía (Birkbeck College, Londres). Es uno de los maestros indiscutibles de la literatura española de nuestros días. Además de sus libros de poesía (Variaciones y Protocolos 1973-2003 que recoge toda su obra poética) y de su antología de artículos periodísticos (Alrededores), su obra narrativa toca tanto la novela como el relato. En su haber como narrador figuran títulos como El héroe de las mansardas de Mansard (Premio Herralde de Novela 1983), El metro de platino iridiado (Premio de la Crítica 1990), Aparición del eterno femenino contado por S. M. el Rey, Donde las mujeres ( Premio Nacional de Narrativa y Premio Ciudad de Barcelona 1997), La cuadratura del círculo( Premio Fastenrath de la Real Academia Española 1999), El cielo raso (Premio de Novela José Manuel Lara Hernández 2001) , Una ventana al norte, Contra natura (Premio Salambó y Premio Ciudad de Barcelona 2005), La fortuna de Matilda Trurpin (Premio Planeta 2006), Aparición del eterno femenino contado por S.M. el Rey, Telepena de Celia Cecilia Villalobo, Virginia o el interior del mundo, La previa muerte del lugarteniente Aloof. Ha publicado así mismo colecciones de relatos: Relatos sobre la falta de sustancia y  Cuentos reciclados.

……………………..
Fragmento

“Hace frío esta tarde de noviembre. Huele  a cerrado en casa de Román. A través de un ventanal sin cortinas, viene una luz de escenario expresionista. Están sentados frente a frente con una mesa entre los dos. Sobre la mesa libros y papeles y un teléfono anticuado de baquelina negra. Los papeles, los folios, escritos a mano, dan la impresión de llevar ahí mucho tiempo. Esa mesa ordenada da la impresión de usarse poco últimamente. Hay en toda la estancia un orden frío, escénico, que no invita al diálogo. Tampoco invita al descanso. Recuerda los despachos departamentales de la facultad. Y las librerías de madera recuerdan las estanterías de la biblioteca de un departamento. No hay detalles personales. Es un lugar sin clase”
…..

“Es mediodía en ese Madrid de oficinas y ejecutivos gimnásticos. Un Madrid menos desconcertado por la crisis económica. Solo las muy buenas secretarias conservan sus puestos. Nekane ha conservado el suyo de sobra. Tiene una cara larga y vasca que enmarca eficazmente un pelo negro, como la cara de un caballo incierto. El canalillo que separa sus dos grandes senos vencidos, ostenta unas perlas de sudor y el final de una bisuta cara mexicana, un lapislázuli. Diez años mayor que Elena, siempre se han querido. Se han llevado bien. Se conocieron en el Madrid posmoderno, desvencijada ya la movida casi del todo. Se entendieron bien a la primera. Nekane dijo desde el primer momento: voy a ser tu puta madre, solo que mejor. Elena contestó: si vas a ser eso, no me vendrás mal. Mi madre, pobre, fue muy insuficiente. No por su culpa, desde luego, bastante tuvo con aguantarnos a todos y a mi padre. Con ella no podía hablar de mi misma ni de casi nada. Y dijo Nekane: pues conmigo hablarás más que una cotorra. Y más que tú, todavía, hablaré yo, juntas las dos cotorras, conversaciones de mujeres. ¡Eso son los chats y no la mierda de hoy en día, digital! ¡Nosotras inventamos los chats y ahora los tíos que se empalman mal medio nos copian!”

(Álvaro Pombo, El temblor del héroe, páginas 7, 25-26)

jueves, 2 de febrero de 2012

"EL DÍA DE MAÑANA", LA ALTA LITERATURA DE MARTÍNEZ DE PISÓN


El día de mañana
Ignacio Martínez de Pisón
Editorial Seix Barral, Barcelona, 2011, 382 páginas


Finalmente El día de mañana  no se alzó con el prestigioso galardón Le prix livre européen / Europe Book Prize, fallado el pasado día 7 de diciembre y del que fue finalista. Pero con premio o sin, él los lectores amantes de la buena literatura nos deleitamos con este sugestivo viaje por las obscuridades del Tardofranquismo y de la Transición, en un relato con una interesante arquitectura, que gira alrededor de un personaje principal cien por cien enigmático, cuya vida, vilezas y penitencia final van diseccionando por retazos los que le conocieron. Ignacio Martínez de Pisón construye pues un protagonista a partir de relatos homodiegéticos -los narradores pertenecen también a la historia en calidad de personajes- al estilo de Ciudadano Kane, por mencionar el ejemplo más paradigmático de esta forma caleidoscópica de narrar. Varios enfoques, varios testimonios, la deposición de doce testigos ante un juez ausente que intentan, sin conseguirlo del todo, desvelar el misterio de una vida, el porqué de sus decisiones y, a la vez, nos sumergen  en los vericuetos de una de las épocas más complejas y tórridas de la historia contemporánea española. Un desvelamiento, pues, desde diversos ángulos, en la mejor tradición de los escritores cineastas o fotógrafos, aunque no sea el caso de Martínez de Pisón.
La figura central de la novela, ese pobre diablo, Justo Gil, el Rata es un confidente de la policía en la Barcelona de los años 60 y 70. Pero El día de mañana no es  una novela al uso, un relato testimonial de detenidos y torturadores, sino una novela en la que los que hablan son los mismos policías que “compran” a sus confidentes y estos, aunque en este caso por medio de la voz vicaria de los que le conocen.
La sinopsis promocional de Seix Barral resume a la perfección la trama de la novela: Justo Gil es un emigrante recién  instalado en Barcelona, un joven avispado y ambicioso que, llevado por los vaivenes del destino, acaba convirtiéndose en confidente de la Brigada Social, la policía política del régimen. Una docena de memorables personajes nos cuentan cómo conocieron a Justo en algún momento de sus vidas y cómo fue su relación con él. Sus testimonios conforman una visión caleidoscópica de la cambiante realidad los años sesenta y setenta, al tiempo que reconstruyen el relato de la degradación personal de un individuo.
Por mi parte subrayo lo siguiente. La novela es la historia de un perdedor. La historia de un emigrado que comete un error, una estafa para curar a su madre y esa falta le va a perseguir a lo largo de su vida. Aprende a ser listo, a comerciar con la policía, pero terminará siendo utilizado y quemado por esta. La lectura del texto da a entender que al narrador, más que el trabajo abyecto del trepa confidente, le interesa profundizar en su evolución para averiguar cómo llegó a convertirse en delator y en peón que utiliza la policía para los trabajos más sucios. El Rata es pues la antítesis del personaje plano o rectilíneo y un ejemplo modélico del personaje agónico o redondo. Un personaje camaleónico que incluso es consciente del mal que ha hecho con su estafa a la única mujer que amó y que, al final de la novela, intenta redimirse.
La novela es una amalgama de cientos de historias. Cada uno de los personajes secundarios, incluidos los dos más positivos, el policía Mateo Moreno y Carme Román, ven reflejadas en la novela sus propias vivencias en aquellos años. No solo informan sobre el protagonista, sino que aportan sus propias historias. Todas juntas enhebran un gran mural, el retrato urbano de la ciudad y de la sociedad barcelonesa en aquellos años cruciales.
Resalto así mismo el hecho de que esta pieza de alta literatura es capaz de conjugar una narración retrato de un personaje y de una época con buenas dosis de novela negra y de thriller, aunque con un desenlace que el lector presiente porque viene demandado por la misma lógica interna de la ficción de Martínez de Pisón.
Una novela pues sobre los denarios de la vileza y sus consecuencias, articulada en una visión plural, en la que las múltiples perspectivas sirven para ofrecernos una visión completa de la figura del protagonista y dibujan al mismo tiempo un gran friso de una época, especialmente la de la Transición, que no coincide con ese beatífico y optimista discurso oficial tan frecuente en nuestros días.

Francisco Martínez Bouzas



Fragmentos

 “- Llama al Rata y dile que quiero hablar con él, vamos ver si tiene algo interesante para mi…
Y yo hablaba con Justo y le poníamos en bandeja alguna detención, y lo que ahora me jodía era su manera de llamarle Rata. Sí, ya se que  entre nosotros era más prudente no usar su verdadero nombre, pero me parecía que en su manera de decir Rata había una repugnancia y un desprecio que el bueno de Justo no se merecía. Al fin y al cabo, muchos de sus éxitos se los debía a él, a Justo. El mayor de esos éxitos fue el de la Asamblea de Cataluña. Llevábamos más de dos años detrás de ellos, y al final los cogimos. Ciento trece nada menos (…) Y si la cosa salió bien fue gracias a Justo, que se había hecho medio amigo del organizador, un tipo de PSUC al que llamaban el Fantasma. De hecho salió todo tan bien que no tuvimos que pegar un tiro, aunque íbamos preparados para lo que hiciera falta. Justo me había anunciado punto por punto cómo iban a ser las cosas. A la hora de la misa entrarían mezclándose con los feligreses, después se reunirían en uno de los locales parroquiales (…) Todo se cumplió tal como Justo me había dicho. Conocíamos hasta la contraseña. Tenían que decir: Venimos a celebrar el décimo aniversario de “Paz en la Tierra”. O de “Pacem in Terris”, ya no me acuerdo si lo decían en latín o en castellano o en catalán…Los muy cándidos creían que no los teníamos controlados, porque habían conseguido pinchar nuestras ondas de radio. Pero Justo ya nos lo había advertido y nosotros habíamos cambiado de frecuencia. ¡Ya lo creo que los teníamos controlados! Los dejamos entrar y luego, ¡pag!, los cazamos como a ratones. Sería a eso de las diez y media cuando recibimos la orden. Los de la policía armada llevaban metralletas, nosotros íbamos con pistolas. Uno de los que estaban en la mesa nos vio y, como si estuvieran esperándonos, grito:
- Ja son aquí!”

(Ignacio Martínez de Pisón, El día de mañana, páginas 206-207)