viernes, 17 de febrero de 2012

VIAJES Y VIAJEROS: "DERROTA DE VASCO DE GAMA"

Derrota de Vasco de Gama. El primer viaje marítimo a la India
Isabel Soler
Acantilado, Barcelona, 2011, 228 páginas.


La condición viajera por tierras y mares es inherente y constitutiva de la existencia humana. Junto con la irrupción  de la sabiduría y del desorden, en aquellos primates con cerebro grande, seres invadidos por el egoísmo, la ebriedad, la furia, la imaginación, el amor, la desmesura,… se instaló otra ubris no menos intensa: la necesidad de abrir horizontes, de viajar y conquistar el mundo. El tópico medieval “Homo viator”, usado originariamente con otro significado, delimita a la perfección esa nueva condición de la especie humana. “El homo erectus, escribe Edgar Morin, tardó algunos centenares de miles de años en extenderse en el Mundo Antiguo, mientras que sapiens en unas pocas decenas de miles de años se extiende por toda la tierra” (El paradigma perdido, página 132). El desarrollo del pensamiento empírico-lógico, el despliegue de múltiples aptitudes intelectuales para la organización, la invención y la creación y la misma capacidad imaginativa (el pensamiento subjetivo-fantasmagórico-mítico-mágico) les hizo concebir a nuestros antepasados, y también a nosotros,  temerarias quimeras expansivas, conquistadoras o simplemente exploradoras, cuya consecuencia práctica, fue y es el dominio del planeta, una prodigiosa diáspora que ensanchó el mundo hasta sus últimas fronteras.
Este libro publicado por Acantilado, habla precisamente de todo ello, de esas marejadas de demencia que forzaron a algunos individuos de nuestra especie a precipitarse por las sendas marinas o por los caminos pedestres, entre montañas y valles, en búsqueda errante de nuevas derrotas marítimas, remotas regiones con pueblos perdidos y culturas olvidadas o desconocidas.
Porque fruto  de la “demencia” (de la “demencia” del “homo sapiens”) fue el viaje del genovés Cristóbal Colón hacia lo desconocido. Pero no menos “neurótica” fue la  travesía que el navegante portugués Vasco da Gama emprendió el 8 de julio de 1497. Ambos pretendían llegar a la India por mar, evitando así el control arancelario ejercido por los venecianos sobre el comercio con Oriente a través del Mediterráneo. Pasados dos años, el portugués había logrado lo que en vano intentó Cristóbal Colón: arribar a la India, inmenso territorio de ricos mercados y millones de potenciales cristianos. (“Venimos a buscar cristianos y especias”, decía el portugués). Había llegado a la India por mar, bordeando África y enfrentándose con el cabo de Buena Esperanza.

Desde entonces, Vasco da Gama, el capitán mayor de aquella expedición, se convirtió en mito y la presencia portuguesa en Oriente creció de forma acelerada, hasta el punto de que, en unos pocos años, los portugueses controlaron la mayoría de de los puertos importantes de aquellas latitudes. El mito y la hazaña, auspiciados por el rey mesiánico portugués, Manuel I, serían ensalzados, ochenta años después, por Os Lusiadas de Luís de Camoes, aunque Vasco da Gama y su propia existencia aparezcan salpicados por episodios obscuros, fruto quizás de la manipulación de la historia oficial, como afirma Isabel Soler, investigadora de los viajes y letras portuguesas del Renacimiento.
De Vasco da Gama, al contrario de lo que aconteció con Colón, no se conserva ningún diario de a bordo. Únicamente un texto escrito por un anónimo tripulante de aquella expedición, Roteiro da Primeira  Viagem de Vasco da Gama, que, en traducción de Isabel Soler, publica ahora Acantilado, precedido de un amplísimo y documentado Prólogo de su autoría. Este anónimo Roteiro está escrito como un diario de viaje, exento de artificios y brillantez literaria, pero repleto de la frescura de quien es testigo ocular de lo que narra. Registra el desconocido autor rutas, incidentes en los navíos, encuentros con los nativos en los puertos donde desembarcaban, hasta alcanzar la población india de Calicut. Así como el regreso, hasta el día 25 de abril de 1499, fecha en la que el relato se interrumpe de forma brusca.
Vasco de Gama por Gregorio López
Isabel Soler nos ofrece una versión en español que recoge y completa las ediciones precedentes más rigurosas, tanto portuguesas como europeas. Acertadamente mantiene la traductora el tono inculto y tosco pero ágil, espontáneo y documental del anónimo autor. Su traducción se halla precedida, como ya apunté, por un extenso y documentado estudio que contextualiza el texto original, la figura de Vasco da Gama y el juego de sombras y luces sobre él proyectadas, especialmente en Os Lusiadas, donde su personalidad aparece muy desdibujada frente a la intervención de los dioses.
Un doble acercamiento, pues, a una gesta que abre nuevos horizontes, de conquista y colonialismo por supuesto, pero que, en contraste con lo que hicieron los españoles, como afirma la prologuista, “el viaje portugués tricontinental y trioceánico fue a lo largo de más de 200 años un diálogo y no un monólogo con las culturas encontradas”.

Francisco Martínez Bouzas

                                                                              
Isabel Soler

Extracto

(…) “En esta tierra hay hombres oscuros que no comen sino lobos marinos y ballenas, y carne de gacelas y raíces de hierbas. Y andan cubiertos con pieles, y llevan unas vainas en sus naturas. Y sus armas son unos cuernos tostados, metidos  en unas varas de acebuche, y tienen muchos perros, como los de Portugal, y así mismo ladran. Las aves de esta tierra son así mismo como las de Portugal: cuervos marinos, gaviotas, tórtolas y alondras, y otras muchas aves. Y la tierra es muy saludable y templada y de buenas hierbas”

(…) “Y fondeamos junto a la costa, obra de una legua y media de tierra. Y una vez posados, se acercaron cuatro barcos que venían para saber qué gente éramos, y nos confirmaron y mostraron Calicut. Y al día siguiente (21 de mayo) volvieron estos barcos a nuestros navíos. Y el capitán mayor mandó a uno de los degradados a Calicut, y aquellos con los que iba lo llevaron donde estaban los moros de Túnez que sabían hablar castellano y genovés. Y la primera salva que le dieron fue ésta que sigue:
-¡Por todos los diablos! ¿Quién te trajo aquí?
Y le preguntaron qué habíamos venido a buscar tan lejos, y él les respondió:
-¡Venimos a buscar cristianos y especias!”

(Roteiro da Priemeira Viagem de Vasco da Gama en Isabel Soler, Derrota de Vasco de Gama, paginas 118 y 161)

miércoles, 15 de febrero de 2012

"UNA NOVELA FRANCESA",FRÉDÉRIC BEIGBERDER DISECCIONA SU PROPIO YO


Una novela francesa
Frédéric Beigbeder
Tradución de Francesc Rovira
Editorial Anagrama, 2011, 213 páginas.


Comparte impacto mediático y aura de escritor “maldito”  e irreverente con su prologuista, Michel Houellebecq que define este libro con una sola palabra: honestidad. Otros han dicho de él que es un bocazas, un tipo estúpido, pedante, hijo de papá, impertinente, engreído, deseoso de ser siempre el ombligo, el protagonista, cínico, irónico. Ni él mismo se muerde la lengua y en esta misma novela se autocalifica como “pijo reprimido” y “misógino rencoroso”. Es Frédéric Beigbeder y me atrevería a decir que despierta tantas o más filias y fobias que Houellebecq, quien, por cierto, hace del “ilustre Frédéric Beigbeder” un personaje muy desmedrado y bastante canalla de El mapa y el territorio.  Una novela francesa  es su título más reciente y ha sido traducida al español, como su obra anterior, por Anagrama.
Leo Una novela francesa con una cierta perplejidad lectora que me acompaña desde el prefacio y el prólogo hasta el epílogo final: la duda de no ser capaz de discernir si lo que escribe Beigbeder es en efecto un derroche de honestidad o una soberana forma de pretender epatarnos  con frases talentosas, sonoras ocurrencias y esa forma, llevada  a la máxima expresión, de autorreferencialidad, de autoficción, de novela autobiográfica, de incluirse a uno mismo no solo como personaje, sino como protagonista principal dentro de una novela.
Suscribo lo que afirma Beigbeder: su vida no es más interesante que la nuestra, pero tampoco lo es menos (página 206). Pero ¿es material necesario y suficiente para  una novela? Viene a mi mente una afirmación de Gilles Deleuze en el único documental filmado que de él existe: La abominación de la literatura actual consiste en que todo el mundo cree que para escribir una novela basta con tener una abuela muerta de cáncer o un padre abusivo, cierta memoria. Porque, por no tener, Beigbeder no tiene ni siquiera memoria. Nos quiere contar, y de hecho nos cuenta su infancia y preadolescencia, pero no se cansa de repetirnos el ritornelo de que no se acuerda de nada, de que no tiene una arqueología, de que es un desierto. ¿Qué fuerza le empuja entonces a escribir, a reconstruir  a tientas su infancia?  Una detención que le hizo pasar cuarenta y ocho horas en el calabozo por consumir cocaína sobre el capot de un coche en la vía pública. “Me acababa de enterar de que a mi hermano lo nombraban caballero de la Legión de Honor cuando comenzó mi detención preventiva” (página 17). Y en el calabozo, como no tiene ni un libro ni un somnífero, empieza a escribir esta novela en su mente. El resultado es este libro, “una investigación sobre el tedio, el vacío, un viaje espeleológico al fondo de la normalidad burguesa, un reportaje sobre la banalidad  francesa”(página 23).
Es suficiente la chuleta mnemotécnica en que se convierte el calabozo para que su infancia y su preadolescencia emerjan a la superficie. Y a partir de ahí una incesante letanía sobre el porqué no se acuerda o no se atreve a describir su infancia, cosa que por otro lado hace desde el capítulo 2, convirtiéndose en detective de si mismo, de su pasado, de la genealogía familiar que combina con los episodios de su detención.
Lo curioso es que Beigbeder logra que la mayoría de sus lectores  empaticen con lo que escribe, usando materiales que inspiran nula simpatía, con posicionamientos políticamente incorrectos (no pierda el lector su comentario sobre la esclavitud del feminismo de la página 189 o la discriminación entre el adulterio masculino y el femenino, basándose en una cita de Shopenhauer) y sobre todo con el retrato que hace de si mismo: un pobre niño rico absolutamente pijo, infeliz por el divorcio de sus padres y ahora casi heroico superviviente de los calabozos de la prisión preventiva francesa.
Es posible que sea la disección que hace en caliente de su propio yo y de sus padres, sin camuflajes, desnudándose de verdad, aceptando el paso de los años, la preocupación por el porvenir de su hija y esa infancia indefensa, pero muy sensible en la que recibe lecciones de su abuelo. También su conversión en nómada acompañando los cambios de domicilio al compás de las mudanzas sentimentales de su madre. Quizás todo ello nos haga olvidar esta historia antipática, este personaje pedante y nos muestre otro sensible, humanizado, persuasivo, poseedor de una encomiable talento literario, capaz de convertir su infancia en una novela, en su particular cuento de hadas.

Francisco Martínez Bouzas

Frédéric Beigberder

……………………….
Fragmentos

“-Usted no comprende los estragos que provoca esta mierda. Yo los veo cada día. La cocaína invade todas las provincias, todas las ciudades, todos los suburbio…¿Qué dirá cuando su propia hija consuma droga en la escuela?
Aquí me pilló; su pregunta me dejó de piedra. Reflexioné bien antes de responder. Probablemente era la primera y última vez que tendría una conversación filosófico-social con un poli que me hubiera detenido. Tenía que aprovecharlo.
-Si a los cuarenta y dos años desobedezco las leyes es porque no desobedecí lo bastante a mi madre cuando era joven. Tengo veinte años de desobediencia por recuperar. A mi hija le explico los peligros que la amenazan, pero nunca me enfado con un niño porque desobedezca, dado que así es como se afirma. Naturalmente riño a mi hija cuando tiene una rabieta, pero me inquietaría mucho más si no tuviera nunca ninguna. Voy a escribir un libro sobre mis orígenes. Puesto que me trata usted como a un niño, intentaré serlo para explicar  a mi hija que el placer es algo muy serio, necesario pero peligroso. ¿No comprende usted que este asunto nos sobrepasa a los dos? Lo que está en cuestión es nuestra forma de vivir. En lugar de castigar a las víctimas, pregúnteles por qué hay tantos jóvenes desesperados, por qué se mueren de aburrimiento, por qué buscan cualquier sensación extrema antes que el siniestro destino del consumidor frustrado, del individuo normalizado, del zombi formateado, del parado programado”
…..

“Este argumento es utilizado a menudo por los hombres para justificar el adulterio masculino. Lo encontramos, por ejemplo, en Schopenhauer: «El adulterio de la mujer, a causa de sus consecuencias y por ser contrario a la Naturaleza, es mucho menos perdonable que el del hombre». Parece ser que este célebre argumento de El mundo como voluntad y representación no terminó de convencer a mi madre en 1972. Yo he intentado recatarlo con ocasión de mis posteriores disgustos conyugales.
-Cariño, que yo te engañe es menos grave que si lo hicieras tú, puesto que soy un hombre. No lo digo yo: lo dice Arthur Schopenhauer”
…..

“El amor de nuestra madre  era tan posesivo que se volvía doloroso. Era un amor que se disculpaba continuamente por amar. A veces era un amor deprimente, porque daba la impresión de compensar un vacío. Mi hermano y yo nos aprovechamos del fracaso sentimental de nuestra madre y de la esclavitud del feminismo (antes las mujeres criaban a sus hijos, ahora crían a sus hijos y ADEMAS tienen que trabajar)…Fui un niño sometido a un nuevo matriarcado, que idolatraba  a su madre pero con una revancha pendiente  con todas las mujeres. Mi infancia hizo de mi un ser sediento de cuerpos femeninos, presa de un misoginia rencorosa”

(Frédéric Beigbeder, Una novela francesa, páginas 77-78, 181, 189)

domingo, 12 de febrero de 2012

"DIÁLOGOS DE TIGRES", LAS MICROFICCIONES DE LILIAN ELPHICK


Diálogos de Tigres
Lilian Elphick
Mosquito Editores, Santiago de Chile, 2011, 120 páginas.


Aunque poco conocida en España -sus libros han sido editados en Chile-, Lilian Elphick es una de las voces más potentes y singulares de la narrativa hiperbreve  en lengua española. Directora de talleres literarios, editora de la página web  Letras de Chile, ha demostrado sobradamente su experiencia y buen hacer en el género de la distancia corta y la recompensa inmediata, con varios libros de sus autoría, publicados entre los años 1990 y 2011, así como en antologías de cuentos y relatos breves que vieron luz, tanto en Chile como en otros países.
Diálogos de Tigres es su más reciente aportación a la microficción en lengua española, merecedora, por la agudeza e ingenio de sus historias y por su prosa briosa, teñida de colores líricos y destellos de reflexión filosófica, de figurar en la nómina de las más selectas antologías del relato breve. Y, por supuesto, de una lectura atenta e inteligente, generadora de ese sublime placer estético que se genera en nuestra mente cuando la belleza y el ingenio nos posee a través de la palabra.
Un cuento, escribió Andrés Neuman, se juega la vida en las primeras líneas. En la última tiene la posibilidad de resucitar. Las fronteras del microcuento son mucho más angostas y muchas veces la primera línea es también la última. En un simple guiño, en una rápida mirada, es preciso encerrar  toda una historia. El microcuenta se sustenta, pues, en la parquedad de la formulación verbal y en la absoluta excepcionalidad. Escribir lo mínimo, pero constriñendo al lenguaje y hacerlo además con esa precisión y con esa intensidad, de forma que en la mente lectora su denotación sea a la vez amplia, rica y profunda.
En la microficción, los ciento veinte relatos de este volumen de Lilian Elphick, como diría Cesar Aira, suben la apuesta, se lo juegan todo. Pero los riesgos que asume la autora resultan ser a la vez sedante, bendición y estímulo. Sobre todo estímulo para el lector porque la narrativa breve de Lilian Elphick desarrolla al máximo la teoría de la alusión, “to write on the principle of the iceberg” (E. Hemingway). Escritura alusiva o insinuante que afecta al nivel simbólico sumergido debajo del lenguaje, como el iceberg bajo el agua. Microcuentos, pues, que en su dimensión conceptual no dejan asomar más de un tercio de su magnitud, correspondiéndole al lector activo, a su imaginación, la tarea de bucear para descubrir la epifanía de los dos tercios restantes. En algún caso es la propia  escritora la que incita al lector a hallar esa parte invisible del témpano sumergido: “Tigre le ofrece una manzana para que ella sea una, sólo una, pero Fábola es la manzana acribillada de lujuria. ¿Se entiende?”(página 26). Por eso mismo, los relatos de Lilian Elphick son témpanos en la imaginación que ilustran la disimulación, artificio que resulta muy eficaz tanto en los cuentos independientes, como en aquellos otros que forman series (“Diluvio I-V”, “Fábulas”, “Diálogos de tigres” I-X).
Me detengo en estos últimos, en su hilo conductor, tal como lo reconstruye mi imaginación, porque de ese hilo surge una verdadera historia. Los tigres heridos por flechas que no son flechas cualquiera, sino flechas que detienen corazones, enamorados y sueñan sueños imposibles, sin leer a Borges, solo escuchando boleros. O prometen verse de nuevo cuando no dejen huellas y el amor sea un olvido, un dejarse ir. En su último salto en el vacío, sus colas llevan atadas la cuerda de la escritura. Y cuando decidan estar solos y tomar cada uno su rumbo, treparán la pared, pero a la tigresa le costará mucho más porque está preñada de sueños” (páginas 7-16).
En los ajustados parámetros en los que Lilian Elphick concibe sus piezas breves hay, sin embargo, lugar para la fábula, para la reflexión filosófica, para el deseo y para un sutil erotismo, escondido en esos tercios sumergidos de la condensación del hiperbreve. Encierra eficazmente la autora estructuras narrativas completas en muy pocas líneas, diseñadas generalmente  a través de un lenguaje sencillo, conciso, elíptico,  mas sin renunciar por ello a los exquisitos regalos de una prosa primorosa, rebosante de tensión, fuerza, sorpresa, belleza e incluso musicalidad. Prosa torrencial que se amalgama a veces con otro tipo de escritura: sensual, lúbrica, capaz de seducirnos. Es el personalísimo acento de Lilian Elphick expresado lingüísticamente.

Francisco Martínez Bouzas




Crestomatía de Diálogos de Tigres

Diálogos de tigres III
“Luego de caminar por las extensas planicies de la escritura, los tigres llegan al río del silencio. Ahí se bañan y olvidan que están hechos de tiempo y de sangre. A sus pieles mojadas se adhiere la palabra ’pez’. La tigresa puede nadar debajo del agua a gran velocidad; el tigre da brincos contra la corriente. Juegan a acariciar burbujas.
-¿A quién le contaremos nuestra historia?- pregunta ella.
-¿Cuál historia?- pregunta él.
Los tigres jadean bajo el sol implacable y sus patas se hunden en la arena. Tienen sed. Saben que morirán si no encuentran una mano que morder, aquella que los escribe en la mitad de la noche”.

Fábula del tiempo
“Fábola y Tigre han decidido tomarse un tiempo. Él es el primero en beberlo. Ella tiene un poco de miedo, pero Tigre la incita a coger la copita y tragarse el líquido de una sola vez.
-Amargo
-Más bien ácido.
-Como el limón.
- Pero con un toque de cicuta.
- Oh, sí.
Y así hablaban hasta que el tiempo surte efecto. Los devora de inmediato, sin el trivial acto de canibalismo.
Fábola y Tigre se miran. Son un par de desconocidos en la enormidad de las praderas amarillas”.

Sic gloria transit mundi
“Y cuando despertó, Dios le dijo. «Quiero que estés en el pesebre». Entonces el dinosaurio fue y se acomodó como pudo entre la vaca y el burro. El Niño nunca más olvidó esa bucólica escena.

Final feliz
“Nos amamos desde el lugar de las palabras; el deseo era una escritura que iba y venía, ataviada de un presente compacto.
Nos amamos con furia, siempre indagando en la perversión que tiene toda historia ficticia.
Nos buscamos en libros y cartas; fuimos el papel y la tinta, unidos por ojos que nos leyeron.
Por eso lo maté: para amarnos más y eternizar el mejor de los finales”.

Balada de la piedra
“Qué  curioso es ver el viento en su transparencia de pelo revuelto. Y qué inquietante esta inmovilidad inquebrantable frente al mar convulso, y las agujas de agua fatigándome, los pequeños crustáceos cerca de mi, arriba de mi, silenciosos y activos. Qué decir de las gaviotas graznando asesinatos: me abraza la sangre que poco a poco se evapora. El pañuelo voló hace mucho.
Y por ser piedra, lloro”.

(Lilian Elphick, Diálogos de Tigres, paginas 9, 27, 42, 100, 111)


sábado, 11 de febrero de 2012

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE CARVER?

Principiantes
Raymond Carver
Traducción de Jesús Zulaika
Editorial Anagrama, Compactos, Barcelona 2012, 320 páginas.


La vida y la obra de Raymond Carver (1939-1988) se nutre en gran parte en la leyenda. Desconocido prácticamente cuando en 1981 su editor Gordon Lish -“Captain Fiction” según el apodo- publicó ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, después de una poda de aproximadamente el 50%, con un corpus literario formado únicamente por tres libros de poesía y uno de relatos. Cuando Carver fallece en 1988, pasó a la historia como uno de los máximos modelos literarios de los últimos treinta años. Uno de los grandes escritores de América, un icono, junto con  Chéjov quizás el mejor cuentista del siglo XX. Padre del realismo sucio y uno de los pilares del minimalismo. “La voz más genuina de la Norteamérica contemporánea” como de él dijo la crítica, nos ofrece -o eso creíamos- una literatura minimalista, “dependiente de lo omitido” (Harold Bloom).
Si por algo se caracteriza la literatura minimalista es por la economía de recursos, por narrarnos historias en muy pocas líneas, evitando dictar contextos y sugiriéndole al lector significados plurales. Sus textos demandan pues lectores activos, que elijan un lado de la historia. Historias  narradas en muy pocas líneas con personajes sencillos, triviales, en absoluto famosos, pero cuyas vidas, captadas a través de ángulos, los convierten inesperadamente en misteriosos, mentirosos, asesinos.
Después de Hemingway, iniciador de la literatura minimalista en EE.UU, el nombre se asoció por antonomasia a Raymond Carver. Al Carver editado por Gordon Lish en la editorial Alfred A. Knopf, especialmente en ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? La sequedad de su prosa, su estilo elíptico, carente de empaque al proponer historias, la monotonía en la que habitan sus personajes, sus “diégesis parsimoniosas” o incluso insignificantes, sus inesperados y terribles desenlaces, lo convierten en el paradigma del minimalismo. Todo ellos hasta que en 2009, editado por William  L. Stull y Maureen P. Carroll apareció publicado en Londres Beginners, The Original version of What We Talk About When We Talk About Love, traducido al español por Anagrama en 2010 en “Panorama de narrativas” y reeditado en enero de 2012 en “Compactos”.
En el Prefacio los editores informan de los antecedentes. Principiantes es la versión original de los dieciséis relatos escritos por Carver y publicados por Gordon Lish en 1981 con el título ya mencionado. Pero Gordon Lish había cercenado en más del 50% el original entregado por Carver. Un trabajo de edición despiadado, pero certero que eliminó lo sobrante, títulos, páginas enteras y cambió finales. A Lish, un genio del enunciado (sujeto, verbo, objeto y silencio) debemos pues lo que Tim O’Brien  dijo de Raymond Carver: “Utiliza el inglés como una cuchilla: talla piezas de prosa austeras y exentas de adornos, y para ello despoja a ésta de todo salvo del meollo mismo de la emoción humana”.
Un ejemplo. El relato “Dile a las mujeres que nos vamos”, un cuento perturbador que recibió negativas a la hora de su publicación. Una trama muy sencilla. Bill y Jerry son amigos desde la infancia. Entre los dos compran un coche y se enamoran de la misma mujer. Pero ambos se casan. Norteamericanos normales, del montón. Un domingo, después de comer, los dos toman el coche y dan un paseo. En la carretera encuentran a dos muchachas en bicicleta. Se acercan y pretender tontear con ellas. Las muchas dejan las bicicletas y caminan por un sendero. Bill y Jerry las siguen. Bill, desalentado, se para y prende un cigarro. Aquí concluye la historia, pero quedan unas líneas para este final fulminante: “No entendió nunca lo que quería Jerry. Pero todo empezó y terminó con una piedra. Jerry usó la misma piedra con las dos muchachas, primero sobre la que se llamaba Sharon y luego sobre la que debería ser de Bill”.
Una frase impersonal, cortante, despiadada hasta lo inhumano. Pero ese final no es obra de Carver sino de Gordon Lish. En su lugar, Carver había escrito seis cuartillas que Gordon Lish podó sin pudor. Cuartillas ahora editadas en Principiantes. Carver lo narra todo, sin darle ninguna oportunidad  a la omisión. Todo lo que en la versión corregida desparece en la nada, tenía y tiene en el cuento original una prolijidad que finiquita el tono formidable, la ferocidad de un final que, precisamente por lo omitido, se había convertido en un tótem referencial.
Raymond Carver dedicó en 1981 ¿De que hablamos cuando hablamos de amor? a su esposa, la poeta Tess Gallagher  con la promesa de que algún día verían de nuevo la luz aquellos relatos en su extensión original. Principiantes da cumplida cuenta de esa promesa. Han desaparecido los silencios, los vacíos, esos espacios sin nada para que el lector pueda construir  lo que guste. Se ha evaporado aquel minimalismo que nos intrigaba y aturdía a la vez, esos finales que parecían no obedecer a la trama. Por eso son pertinentes las preguntas: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Carver?  ¿Quién es el creador de Carver? ¿Él mismo o su editor?
La versión original de Principiantes nos permite no obstante sumergirnos en la estética de uno de los grandes escritores contemporáneos. A pesar de que el texto original tiende a veces a la obviedad,  a lo farragoso, los relatos  siguen indagando en ese peculiar universo carveriano, falto de énfasis  al proponer una historia o un desenlace, preñado de situaciones tensas, protagonizadas por perdedores, por seres monótonos en frágil equilibrio, a punto de tropezar por enésima vez.
Philip Roth ha afirmado que si alguna vez hubo una pieza literaria que nunca requirió enmienda alguna, es esta. Para otros críticos el verdadero Carver no es carveriano. Personalmente me quedo con el juicio de Jesús Zulaika, traductor en España de toda la obra de Carver y gran conocedor de la estética del escritor: “los nuevos relatos de Carver son tiernos y valiosos en si mismos. Hay gente en todo el planeta que le adora, pero los de antes te dejaban sobrecogido y los de ahora son buenos”.

Francisco Martínez Bouzas



Raymond Carver

Fragmento

“(…) Los vio a los dos al mismo tiempo: a Jerry de pié al otro lado de la chica, con la piedra en las manos.
Bill sintió que se encogía, que se hacía delgado, que carecía de peso. Al mismo tiempo tenía la sensación de estar de pie frente a un fuerte viento que le azotaba los oídos. Sintió deseos de escapar, de correr y correr…, pero algo se movía hacía él. Las sombras de las rocas, alruzarlas la forma de ese algo se acercaba hacía él, parecía moverse con ella y debajo de ella. El suelo, a la luz extrañamente sesgada del atardecer, parecía haber cambiado de lugar. Bill pensó -un tanto injustificadamente- en las dos bicicletas que esperaban al pie de la colina, cerca del coche, como si la posibilidad de quitar de allí una de ellas pudiera cambiar algo las cosas, pudiera hacer que lo de  aquella chica no le estuviera sucediendo en aquel momento en que acababa de coronar la cima de la loma. Pero ahora Jerry estaba allí delante de él, como sin consistencia dentro de la ropa, como si le hubieran despojado de los huesos. Y Bill sintió la pavorosa cercanía entre sus dos cuerpos: estaban a menos de un brazo de distancia. Y entonces la cabeza de Jerry descendió hasta descansar sobre el hombro de Bill. Y Bill alzó la mano, y, como si la distancia que ahora los separaba mereciera al menos esto, empezó a darle palmadas, a hacerle caricias, mientras se le iban llenando los ojos de lágrimas”.

(Raymond Carver, Principiantes, páginas 144-145. Final original del relato “Dile a las mujeres que nos vamos”)

viernes, 10 de febrero de 2012

EL SUEÑO ALIUCINADO DE SJON


Maravillas del crepúsculo
Sjón
Traducción  de Enrique Bernárdez
Nórdica Libros, Madrid, 2011, 213 páginas.


Sjón es el heterónimo de uno de los escritores más innovadores de la actual literatura islandesa, Sigurjón Birgir Sigurdsson, (Reykiavik, 1962). Escritor prestigioso que frecuenta varios géneros (poesía, narrativa larga y literatura infantil), es así mismo una figura importante de la música islandensa: letrista de Björk y de las canciones de la película “I’ve seen it all” (“Bailando en la oscuridad”) de Lars von Trier, nominada en su día al Oscar a la mejor canción.
Como narrador, su novela El zorro ártico (2008), una indagación en la memoria de Islandia, un país envuelto no solo entre las brumas climáticas, sino también en las del mito, obtuvo un gran éxito. Ahora regresa con Maravillas del crepúsculo, una ficción histórica que gira en torno a la figura de Jónas Pálmason El Erudito, trasunto en la ficción de Jón Guddmundsson El Erudito (1574-1658).
El lector se enfrenta pues a una “fantasía” basada en un personaje histórico. Y a pesar de la advertencia del traductor (“Desentrañar qué hay de historia y qué de ficción en Maravillas del crepúsculo es una labor ardua y, a fin de cuentas, inútil porque esta es una obra de ficción”), he de recordar que la ficción, como marcador semántico que es, al ser inyectada en la historia, lo tiñe todo con el embrujo de su color. La verosimilitud de todos los hechos históricos exactos y personajes verificables, incluidas las palabras de esa lengua pidgin islandesa-vasca, cobra otra dimensión.
No puedo asegurar si Sjón inserta más ficción de la imprescindible en la historia real de Islandia del siglo XVII, un país convulso por el avance de la Reforma protestante, la resistencia de núcleos católicos y esa difícil convivencia entre mitologías, creencias en magias, atavismos y los primeros y vacilantes pasos del empirismo de la ciencia moderna.
Los ojos y la pluma de Sjón contemplan, pues, la Islandia del siglo XVII con la visión y la tinta del poeta y, de este modo, ilustran bellamente la historia. En esta novela, la historia de Jónas Pálmason que encarna como nadie esas aludidas contradicciones de su tiempo. El escenario, como ya quedó apuntado, es un país en el que el luteranismo acaba por destruir el anterior sincretismo cristiano, alimentado de personajes y tradiciones paganas y en lucha con los núcleos fieles a Roma. En este contexto crece Jónas Pálmeson, atraido desde niño por la sed de conocimiento y devorado así mismo por las dificultades para adular a los poderosos. Por todo ello, es desterrado junto con su esposa a la isla de Björn, acusado de propagar la magia y la brujería. Allí, desde la isla, comienza Jónas su largo camino de lágrimas por una tierra que las maravillas del crepúsculo de la Reforma habían convertido en la quema de santos, cruces y en la destrucción de viejos libros. Y con Jónas nos adentramos en un universo de exorcismos de fallecidos, adoración a la Virgen, ritos ocultos, culto a la naturaleza, fantasías celestes, fantasías terrestres y visiones del protagonista. La persecución reformista y la injusticia política, el ambiente rural de aquella desolada isla, la presencia de los balleneros vascos que llegan a Islandia, hablan un lenguaje híbrido, mezcla de pidgin vasco-ilandés y serán masacrados sin saberse muy bien las causas.
Jónas es un narrador homodiegético y omnisciente. Narra su vida en primera persona, desde la infancia y la atracción por la medicina y la ciencia empírica. El narrador acopla su discurso a los moldes del relato oral, mezclando una alocución  dirigida a los pájaros que le hacen compañía en su cautiverio, con la disertación erudita. Mezcla pues la espontaneidad de la crónica con la trascripción brillante de un sueño alucinado. De este modo, suturando erudición e inventiva alucinada, reconstruye Sjón las aventuras y avatares de un sabio que, esclavo todavía del oscurantismo, exorciza fantasmas, presencia la masacre de los balleneros vascos y, sobre todo, recupera con su propia historia vivencial de perseguido, la memoria de lo atormentados y perseguidos de todos los tiempos. Un mundo, en definitiva creíble, preñado de temas, descripciones y sensaciones, que está transitando del obscurantismo al gobierno de la razón en el siglo de las luces.

Sjón


Extracto

“Un martillo, tres clavos, un tronco de árbol y un travesaño. ¿Cuándo fue la primera vez que un hombre en su sano juicio jugueteó con unos clavos entre los dedos, miró el martillo, que descansaba pesado sobre su entrepierna, y no vio ante sus ojos un trabajo de carpintería, sino a su hermano clavado en la cruz? ¿Dónde estaba el pescador que barajó por primera vez la idea de que no sería ningún absurdo introducir en carne humana anzuelos grandes y pequeños? ¿Qué herrero fue el que levantó unas tenazas al rojo con ardiente violencia y se vio inundado por el deseo de agarrar con ellas el seno de su hermana? ¿Cómo se llamaba el domador de caballos a quien se le ocurrió utilizar el látigo sobre la espalda del mensajero y abusó después de las fuerza de los cabellos sin domar para desgarrar brazos y piernas de personas vivas?¿Qué naturalista ve en el agua y el fuego un método de ahogar y quemar a su prójimo, ve en el viento y en la vegetación de la tierra métodos para matarlo de sed o con veneno?¿A quién se le ocurrió la idea de utilizar todas esas cosas, tan útiles, para atormentar a unas personas hasta la muerte? ¿Por qué se dejaron transformar con tal facilidad en instrumentos para el homicidio en manos de los hombres? (…)¿Y por qué los ensangrentados utensilios que han servido a un crimen han de volver al mundo de los objetos útiles? Nadie lo sabe, y tampoco yo. Aún pueden hallarse en Strandir aperos que hoy en día cumplen tareas esenciales para alimentar las gentes, pero que hace veintidós años se utilizaron para espantosas atrocidades, igual que los hombres los empuñaban”.
(Sjón, Maravillas del crepúsculo, páginas 152-153)

jueves, 9 de febrero de 2012

RAYMOND ROUSSEL, LAS FRONTERAS DE LA LITERATURA

Locus Solus
Raymond Roussel
Tradución de Marcelo Cohen
Presentación de Jean Cocteau
Capita Swing Libros, Madrid, 2012, 457 páginas.



Difícilmente se podrá comprender el calado y la carga diegética de este libro, Locus Solus, si el lector ignora ciertos hechos y avatares que alimentaron y formaron la figura de su autor, Raymond Roussel (1877-1933). También su gloria fecunda o su negatividad. Porque Locus Solus es a primera vista un libro extravagante, pero tan suturado a la vida de su autor -igualmente extravagante- que se ha convertido por eso mismo e una de las obras literarias más originales del siglo XX. Y ello es así porque la vida y la obra de Raymond Roussel forman un único todo. A Raymond Roussel apenas se le conoce. Su obra, como escribe Philippe Sollers, es  objeto bien de culto, bien de un secretismo radical, bien de un alejamiento a causa de su originalidad absoluta.
La audacia de la imaginación que encierran los escritos de Roussel, escandalizó en su tiempo al gran público. No así a algunos de los más innovadores escritores y artistas de Francia (Cocteau, Aragon, Guide, Duchamp, Giacometti, los surrealistas, Oulipo, el Noveau-Roman…) que siempre le han considerado como un genio. Pero este genio en estado puro nunca se mezcló con los surrealistas, porque no apreciaba su trabajo, que encontraba “un poco obscuro”.
Impopular en su época, personaje excéntrico que en los momentos de bonanza económica publica su obra literaria sin reparar en gastos y realiza en dos ocasiones la vuelta al mundo, pero sin apenas salir de su roulette o de las habitaciones de los hoteles, porque para Roussell el mundo exterior era el que ensoñaba su imaginación. En el momento en que su fortuna se agotó, se encerró en un modesto hotel de Palermo suicidándose con una dosis de barbitúricos. Un “digno” final, que cuestiona Leonardo Sciascia, para una vida repleta de geniales excentricidades.
André Breton escribió que con Lautréamont  Roussel es el mayor magnetizador de los tiempos modernos y que sus obras, largo tiempo ignoradas, ascenderán un día al rango de luminarias perpetuas. Para el público entendido esta ascensión ya se ha producido, especialmente desde que Michel Foucault escribió una monografía dedicada enteramente a estudiar la obra de Roussel a la que consideraba a la vez precursora y epifánica. La “culpa” de todo ello reside en la estética y en el método escritural de Roussel. Creía que la literatura debía ser exclusivamente el producto de la imaginación pura: “(…) la obra no puede contener nada real, ninguna observación acerca del mundo o del espíritu, nada, excepto combinaciones totalmente imaginarias” (R. Roussel, Cómo escribí algunos de mis libros). Y junto a esta imaginación que lo es todo, un peculiar método de escritura que el mismo autor describe de esta manera en el libro citado:” Escogía dos palabras muy similares. Por ejemplo, billard (billar) y pillard (bandido). Luego añadía palabras parecidas pero tomadas en dos sentidos diferentes, y obtenía con ello dos frases casi idénticas…Una vez encontradas las dos frases, se trataba de escribir un cuento que podía comenzar con la primera y terminar con la segunda. Y de la resolución de este problema extraía yo todos mis materiales”.
Un sueño prodigioso, un curioso arabesco que no revela nada de los real, pero es poseedor de una intención esencialmente poética, que sustenta la arquitectura y el procedimiento de escritura de Locus Solus, convertido así en un crucial experimento sobre las fronteras de la literatura.
Locus Solus es un puzzle gigantesco de imágenes y de historias hilvanadas con una extraña lógica carnavalesca. Su trama, resumida en una breve sinopsis, nos presenta un día en la vida de un científico e inventor, Martial  Canterel (alter ego del autor) que ha invitado a un grupo de amigos a visitar su finca, “Locus Solus”, a las afueras de París. Durante el largo paseo, el anfitrión muestra a sus invitados invenciones  de su propia cosecha. Asombrosas y a la vez extrañas, tales como una máquina voladora que compone un mosaico de dientes, un gato sin pelo y la cabeza conservada de Danton, una gran caja brillante llena de agua en la que flota una bailarina y, sobre todo, un enorme recipiente de cristal poblado de actores muertos que Canterel ha revivido con “resurrectina”. El paseo se completa con una cena festiva.
Locus Solus está compuesto con ese método de escritura ya aludido, con lo que Roussel redescubre uno de los moldes creativos más usados por la mente humana: “la formación de mitos creados desde las palabras” (Michel Leris). La transformación de un simple acto de lenguaje en una acción dramática o en uno de los acervos del inconsciente colectivo. Un poderoso flujo, pues, de la imaginación, premonitorio de muchos de los acontecimientos que conformarán las artes y la sociedad en el siglo XX. El panteón estético de las vanguardias históricas y de otros creadores hasta nuestros días.
Capitan Swing Libros nos agasaja en este volumen con un nutrido epílogo compilatorio de los textos más emblemáticos de la recepción de la obra de Roussel, en el que quedan fielmente representadas las interpretaciones de las tres primeras generaciones de lectores de Roussel: la de los coetáneos, la de los años 40 y 50 y la posterior, suscitada por la monografía de Michel Foucault (1963). Un epílogo pues que se nutre con textos de la más conspicua intelectualidad del siglo XX: Paul Eliard, André Breton. Michel Butor, John Ashbery, Michel Foucault, Gilles Deleuze, Alain Robbe-Grillet, Philippe Sollers, Maurice Blanchot entre otros, interpretando la obra de este “Presidente de la república de los sueños” (Louis Aragon).

Francisco Martínez Bouzas

Raymond Roussel

Fragmentos

“Detrás de la jaula en relación a nosotros que estábamos frente a él, un hombre, con guantes de lana y aterido bajo un grueso capote cuya capucha le envolvía la cabeza, sostenía horizontalmente con la mano derecha alzada una corta barra de hierro, que según Canterel nos explicó, era un imán. Atisbando el cascote del enfermo, se las ingeniaba para que los dos grabados se mantuvieran siempre de cara a la fuente luminosa, para lo cual, dada la deliberada combinación de polos, sólo tenía que alargar más o menos el imán hacia la punta correspondiente de la aguja giratoria, de modo que guardase en todo momento la perpendicular a nuestra pared de cristal”
…..

“Mientras cada paso nos alejaba más de la gigantesca jaula de cristal de la explanada, el maestro nos esclareció el espíritu hablando de todo lo que acababan de percibir nuestros ojos y nuestros oídos.
Al ver los maravillosos reflejos que había obtenido de los nervios faciales de Danton, inmovilizados por la muerte hacía más de un siglo, Canterel había concebido la esperanza de dar una completa ilusión de vida actuando sobre cadáveres recientes, resguardados de cualquier alteración por un frío intenso(…)
Experimentando largamente con cadáveres sometidos a tiempo al frío adecuado, el maestro, al cabo de muchos tanteos, había acabado sintetizando por una parte el vitalio y por otra la resurrectina, rojiza sustancia ésta compuesta en base a la eritrina y que, inyectada en forma líquida en el cráneo del fallecido, por un orificio abierto en el costado, se solidificaba sola en torno al cerebro ciñéndolo por todas partes. (…)
A consecuencia de un curioso despertar de la memoria, éste se ponía a reproducir con rigurosa exactitud hasta los menores movimientos realizados durante los minutos culminantes de la existencia; luego, sin descanso, repetía indefinidamente la misma e invariable serie de gestos elegida de una vez para siempre, y la ilusión de vida era absoluta; movilidad de la mirada, ritmo sostenido de los pulmones, palabra, actitudes diversas, paso: no faltaba nada”

(Raymond Roussel, Locus Solus, páginas 133, 143-144

miércoles, 8 de febrero de 2012

RELATOS DE KOLIMÁ, UN TESTIMONIO ESENCIAL DE LA TRAGEDIA

Relatos de Kolimá
Volumen IV. La resurreccióndel alerce
Verlám Shlámov
Tradución: Ricardo San Vicente
Editorial Minúscula, Barcelona, 2011, 357 paginas.


Editorial Minúscula prosigue con la publicación de los Relatos de Kolimá de Verlam Shalámov (1907-1982), posiblemente el escritor que mejor ilumina la oscura ignominia de la época estalinista. El presente volumen, el cuarto de la serie, reúne treinta relatos surgidos de manera dispersa y sin tener en cuenta el orden cronológico. En su conjunto representan una de las grandes epopeyas del siglo XX, la epopeya de la supervivencia bajo los hielos perpetuos. Verlam Shalámov fue detenido en Moscú el año 1929 y condenado  a tres años en un campo de trabajo en la región de los Urales por difundir el testamento de Lenin, crítico con las brutalidades del estalinismo. De regreso a Moscú, escribe poemas y relatos y en 1937 fue condenado de nuevo a cinco años de trabajo en la  región siberiana de Kolimá. Acusado de nuevo de propaganda antisoviética en 1943 fue enviado otra vez a Siberia donde permanecerá diez años. Logró sobrevivir gracias a su trabajo como enfermero en el gulag.
Además de su magna obra, Relatos de Kolimá, Shalámov escribió ensayo y poesía. Escribir poesía en las pavorosas condiciones de Kolimá -un pedazo de papel podía suponer una nueva condena- da fe del temple moral de un hombre que, junto con Aleksandr Solzhenistsyn, Boris Parternak y Nadezhda Mandelstam, ilustra el coraje de vivir y el espíritu de resistencia a pesar del horror de los trabajos forzados en uno de los lugares más inhóspitos del planeta..
Los Relatos de Kolimá fueron publicados en Occidente a partir de 1966, con consentimiento del autor, según los editores occidentales. Sin embargo, en 1972, Shalámov, presuntamente por presiones del régimen soviético, escribió una carta retractándose de los mismos y renunciando a su publicación en el extranjero.
Verlam Shálámov
Los Relatos de Kolimá constituyen un ambicioso proyecto narrativo que se convierte en testimonio de una vergonzosa realidad: la de la existencia de los campos de concentración y la vida en los mismos en condiciones extremas. Los treinta relatos de este cuarto volumen son variaciones inagotables que, basándose únicamente en la fuerza de la narración y huyendo de cualquier concesión a lo sentimental y panfletario, constituyen un testimonio esencial de la tragedia. Para los lectores de hoy en día, una recuperación de la memoria histórica, alegato contra un período nefando, construido como una radical expresión literaria de un creador que da fe de lo que vivió. Historias protagonizadas por seres humanos, pero también por animales o dedicadas a los elementos climáticos o incluso a libros -el cuarto tomo de Guermantes de Proust- y delineadas con una prosa sencilla, lacónica, contundente, emotiva en alguna ocasión, pero sin caer nunca en lo lacrimógeno. A través de ellas es posible aproximarse al dolor humano, un dolor exponencial, y captar la inapelable denuncia, tal como el mismo Shalámov escribía en 1971: “Cada uno de mis relatos es una bofetada al estalinismo y, como toda bofetada, se rige por leyes de carácter simplemente musculoso. Así se escribieron mis mejores relatos. En ellos no hay composturas y en cambio hay determinación. Cada uno de ellos es una veracidad absoluta, es la veracidad del documento”

Francisco Martínez Bouzas
                                           

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Fragmentos

“Uno de los principales sentimientos que se experimenta en el campo es el de comprobar lo ilimitado de la humillación, el de consolarte con el hecho de que, en cualquier situación, sean las que sean las circunstancias, siempre hay alguien que está peor que tú. Esta gradación es muy variada. Este consuelo es salvador, y quizás en él se esconda el mayor secreto del hombre. Este sentimiento…Este sentimiento es salvador, como una bandera blanca, y al mismo tiempo representa la conciliación ante lo inconciliable”
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“El alerce es el árbol de Kolimá, el árbol de los campos de concentración.
En Kolimá los pájaros no cantan. Las flores de Kolimá -brillantes, presurosas, burdas- no tienen olor. Un corto verano -como un aire frío, sin vida-, un calor seco y el frío de la noche.
En Kolimá solo huele la uva espina, el escaramujo de la montaña, con sus flores de rubíes. No huelen ni el rosado y rudo muguete, ni las enormes violetas, ni el fibroso enebro, ni el eternamente verde stlánik.
Sólo el alerce invade los bosques con su vago olor a trementina. Al principio se diría que se trata de un olor a descomposición, de un olor muerto. Pero si uno presta atención, si inspira hondamente este olor, comprenderá que es el olor de la vida, el olor de la resistencia al Norte, el olor de la victoria.
Por lo demás, en Kolimá los difuntos no huelen: están demasiado consumidos, desangrados, y además se conservan congelados entre los hielos perpetuos.
No, el alerce no es un árbol bueno para las romanzas, sobre esta rama no hay modo de cantar, de componer una romanza. Aquí las palabras tienen otra hondura, calan en otras profundidades de los sentimientos humanos”

(Varlam Shalámov, Relatos de Kolimá, Vol. IV. La resurrección del alerce, páginas 87 y  355-356)

martes, 7 de febrero de 2012

LA FAMILIA, TERRITORIO HOSTIL

La vida y las muertes de Ethel Jurado
Gregorio Casamayor
Acantilado, Barcelona 2011, 3002 páginas.


No solo se han apoderado de su cuerpo, también han colonizado su mente. Lo presentíamos desde el principio, cuando non enfrentamos con ese fractal número 1, el del hermano, Enrique Jurado. Mas solamente al final, cuando sale a la escena la amiga y confidente, percibimos el porqué y quedamos sobrecogidos por el dolor, la humillación, el miedo, la angustia, la rabia y la absoluta impotencia de Ethel Jurado. El inconfesable martirio, la muerte en vida de una víctima  de la más abyecta violencia doméstica que hizo de su vida un infierno. Jamás  podremos evadir nuestro pasado, las heridas mal curadas nunca dejan de supurar y casi siempre terminan siendo el germen de espantosas tragedias personales y familiares. Tal es el caso de Ethel Jurado y el de su familia, culpables por acción u omisión y que Gregorio Casamayor nos hace presente en una de las novelas más sobrecogedoras, demoledoras e impactantes leídas por mí en los últimos meses. Porque el novelista narra un drama real y mucho más frecuente de lo que se suele creer, y proyecta así mismo sobre el lector la urgencia de averiguar cómo es exactamente Ethel Jurado, la razón de su comportamiento errático, de su huida del mundo y cómo alguien de tu propio entorno familiar te puede marcar de tal modo que sólo te sientes a salvo cuando no los ves ni los oyes.
Gregorio Casamayor es un escritor tardío. Un libro de relatos y la novela La sopa de Dios, galardonada en la Semana Negra de Gijón el pasado año, es su bagaje. Al que se añade ahora La vida y las muertes de Ethel Jurado, su tercera propuesta. Con ella, me atrevo a decir, honra a ese tipo de Literatura que es necesario escribir con mayúsculas, porque, frente a la abominación de cierta literatura actual en la que, como diría Deleuze, todo el mundo cree que para escribir una novela basta con tener un padre abusivo – tal es el caso del presente relato -, es capaz de comprender que la verdadera acción narrativa tiene que ver con fuerzas salvajes y universales a las que implica empujando al lenguaje hasta sus últimos límites.
La vida y las muertes de Ethel Jurado está protagonizada por una mujer joven que desaparece un día del hogar familiar. Sin embargo, serán otros, un hermano, un amigo, su ex – novio y una amiga confidente, los que se encargarán de reconstruir el puzzle vital y el drama de la protagonista. La técnica del narrador es la del fractal. Cuatro cortes efectuados en la vida de los cuatro personajes que nos permiten analizar sus propias existencias y, a través de lo que dicen, poco a poco irá comprendiendo el lector la tragedia que Ethel no es capaz de desvelar, pero que la convierte en una víctima que se siente sucia y culpable, condición de la que solamente podrá desprenderse a través de la huida. Conocemos, pues, la vida de Ethel Jurado gracias a la sutura de miradas ajenas, que también traslucen sus propios dramas personales.
La mirada del hermano, un personaje que intenta engañarse a si mismo, radiografía poco a poco las miserias de la familia, la condición de verdugo del progenitor, la complicidad con un silencio  obsceno, del que es responsable sobre todo la madre. Por el sabemos que cuando la protagonista da el gran portazo, se abre un paréntesis en sus vidas que no saben cerrar, y la familia se convierte en territorio hostil. A través del amigo, Gerard Pruma, nos enteramos de los comportamientos erráticos, del desdoble de Ethel (una Ethel estupenda y alegre y otra taciturna), de sus crisis frecuentes, diagnosticadas como trastorno bipolar, de las amenazas por parte del padre de incapacitarla y, sobre todo, de que en la familia Jurado había alguna cosa que olía a podrido y de que la hija Ethel era el vertedero. Marcos Recaj es el novio y, a través de su testimonio, el lector comienza a intuir el porqué del drama de Ethel. Sus palabras ahorran comentarios: “Dormimos juntos esas siete noches sin que llegáramos a hacer el amor; había barreras físicas y psicológicas que yo no podía superar sin generar en Ethel una angustia enfermiza. Cuando intenté hablar del asunto con ella, para dejarle bien claro que no me importaba, que podía esperar hasta que ella se sintiera segura, Ethel se mostró esquiva, rehuyó una y otra vez hablar de ese asunto (…) Después de un par de semanas de convivencia, Ethel y yo pudimos hacer el amor. Fue ella la que me dijo que estaba preparada, pero no era cierto, lo hizo porque creía que estaba en deuda conmigo. Ella sufría, Ethel sufría tras cada roce, por más que se mostrase animada y cariñosa se iba tensando poco a poco hasta que se quedaba paralizada” (páginas 186, 188).
Mas será finalmente la amiga y confidente, Laura Morillo, una chica con conflictos de identidad y en cuya casa también cocían habas, la que nos permitirá conocer las causas del miedo paralizante de la protagonista. Los verdugos son su padre y su hermano mayor que se turnan en asaltar subrepticiamente su cuarto. Los cómplices del martirio, la madre y el hermano menor con sus silencios culpables. Ethel se sentirá sucia por los que le obligaban a hacer. Sucia y culpable. “De todos los daños que el verdugo puede causarte, quizá ese sea el más terrible, cuando te hace sentir culpable de tu propia desgracia (…), cuando te exige que anudes la soga que ha de servir para colgarte” (pagina 248).
En la novela de Gregorio Casamayor hallamos algunos de los ecos de los temas esenciales de la literatura y de los personajes clásicos, transportados a nuestros días a través de una escritura que genera atmósferas asfixiantes, en las que los secretos, las insinuaciones, los guiños son el hilo conductor de la acción narrativa y el instrumento eficaz para mantener el suspense. Un buen ejemplo, por otro lado, de los que se ha llamado literatura fractal. Relato deudor, así mismo, de las técnicas de la novela negra, sin pertenecer como tal al género, porque aquí no actúa ningún detective, pero si que hay delitos, una víctima y delincuentes por acción u omisión.

Francisco Martínez Bouzas
                                                       



Gregorio Casamayor


Los asaltos

“Imagínate que estás quieta en un lugar, me dijo Ethel, y que de repente levantas la vista y ves cómo un objeto duro, afilado, va a caer sobre ti, pero tú no puedes moverte y, sin embargo, sabes que estás en la trayectoria de ese objeto y que te va a golpear, y por más que lo intentas, no puedes zafarte, parece que estés parada ahí para recibir ese golpe. ¿Te imaginas cómo se te aceleraría el pulso y el latido del corazón?, ¿puedes sentir el sudor frío, la angustia, el pánico ante la inevitabilidad del impacto? Pues así me he sentido yo cada noche durante trece años, y la angustia se intensifica con la espera, así que una acaba pensando: es preferible hoy que mañana; mejor cuando me acuesto que en plena madrugada; lo que tenga que ocurrir, que pase cuanto antes”

(Gregorio Casamayor, La vida y las muertes de Ethel Jurado, página 292)