miércoles, 11 de abril de 2012

"EL TEMBLOR DEL HÉROE", LA FALTA DE SUSTANCIA

El temblor del héroe
Álvaro Pombo
Ediciones Destino, Barcelona, 2012, 222 páginas



¿Puede ser la literatura ese territorio donde plantear los grandes asuntos que atarean o agobian al ser humano, tales como la traición, la culpa, el arrepentimiento, la cobardía o el mismo sentido de la existencia? Estamos ante una pregunta claramente retórica. Un personaje de Milan Kundera se servía de una sola arma para defenderse del mundo, de la zafiedad que le rodeaba: los libros que le prestaban en la biblioteca. Al igual que dicho personaje, la novela de Álvaro Pombo ganadora del Premio Nadal 2012, que profundiza en los mecanismos del engaño, en las consecuencias trágicas de pasar por el mundo resbalando, deslizándose sobre la superficie de la realidad, sin comprometerse con nada, es una nueva prueba de que la literatura es una infinita cosmografía en la que cabe todo, si detrás de la pluma que escribe está esa rara avis que es Álvaro Pombo con  su “poética del bien”. Álvaro Pombo, filósofo empedernido -esta novela es una prueba fehaciente-, contorsionista de las palabras, defensor de la libertad e inventor de tramas que encauza a través de un peculiar método literario, por él mismo bautizado como psicología-ficción, cuyo primer postulado es la falta de sustancia, abordado de forma magistral en esta novela.
Pombo es un creador superdotado, un creador pleno como lo definen los académicos, aunque quizás más para ser leído por escritores que por el gran público. Ya en 1992, cuando aún no estaban amasadas sus grandes obras (Donde las mujeres, La cuadratura del círculo, El cielo raro, Contra natura…) hubo críticos que catalogaron a Pombo junto con Javier Marías como los dos narradores más interesantes de los últimos veinte años. La lengua prodigiosa, mezcla de barroquismo, espontaneidad y capacidad inventiva de este genio que anda suelto (Jorge Herralde) hacen de Álvaro Pombo el mejor estilista, el gran fascinador verbal y uno de los grandes creadores contemporáneos en lengua española.
El temblor del héroe es una prueba sobreabundante de cuanto digo y confirma además la querencia del escritor por explorar en el interior de los universos humanos. Sin embargo, que nadie se confunda: El temblor del héroe no es una novela comercial, de consumo rápido. Se trata, al contrario de una pieza narrativa compleja, densa, rebosante de reflexiones y disquisiciones filosóficas, también de citas en latín y en otros idiomas, pero no una pieza obscura, sobre todo a medida que se avanza en la lectura. Tampoco experimental a pesar de algún que otro comentario metanarrativo de un narrador omnisciente.
Pombo, como ha escrito Ángel Basanta, solo se parece a Pombo, se ha especializado -y en esta novela lo hace de forma brillante- en la fabricación de estructuras narrativas penetradas de cultura, de ideas, combinando sabiamente reflexión, narración, descripción y diálogo, con la presencia de personajes complejos que el escritor explora en sus más ocultos recovecos y sinuosidades.
En una breve sinopsis argumental, cabe decir que la novela nos presenta de entrada a Román, un profesor universitario jubilado, invadido por la nostalgia de los días luminosos de la pedagogía en los que fascinaba a sus alumnos, inculcándoles el amor  a la sabiduría y estimulándoles para alcanzar una vida más noble y más alta. Todo aquello se evaporó de repente. Dos de ellos, sin embargo, una pareja de médicos, comparten su amistad y con ellos ha entablado complejas relaciones intelectuales y sentimentales. En un momento determinado, entra en su vida un joven periodista (Héctor), arrastrando una niñez de abuelos aturdidos por los hijos drogadictos y una adolescencia torturada por las violaciones de un pederasta (Bernardo), un ser demoníaco, una rémora vampiresca, que consigue así mismo incluirse en la vida de esta celebridad menor con perfil de Wikipedia.
Es  a partir de este momento cuando los fantasmas del pasado reaparecen a la vez que los mecanismos del engaño, la cobardía, la insensibilidad y la falta de compromiso para reaccionar ante el dolor ajeno provocan un trágico final en una novela cuyo núcleo diegético se reduce sin embargo a un trío con un conflicto amoroso no resuelto en un ambiente de relaciones homosexuales, amores líquidos y chaperos, con sentimientos de culpa y muchos vaivenes. Con vidas agobiadas por lo que el autor llama una razón aburridamente posmoderna: la falta de sustancia en seres incapaces de sustentar una ética autónoma, aletargados que pasan por la vida patinando, deslizándose, sin involucrase en nada más allá de lo que les dicta la cobardía.
Una novela con trasfondo turbulento, perturbador que se desarrolla en un burdo tiempo democrático y sin héroes, con un gran problema verbalizado en las palabras del profesor jubilado: no sentimos nada y por eso mismo somos insensibles ante el dolor y el sufrimiento ajenos. Y si alguna vez lo percibimos, la cobardía, la inacción o ese insustancial escurrirse por el mundo, nos impide comprometernos con los demás.
Novela pródiga de comentarios y digresiones filosóficas (el motor inmóvil aristotélico, el entendimiento agente medieval…), con citas y referencias de numerosos pensadores desde Platón a Roland Barthes, pasando sobre todo por Kierkegaard; con el uso de variados registros: un nivel culto sobreabundante en terminología filosófica y otro que se alimenta de jergas juveniles y de neologismos (por derivación y acronimia sobre todo) y expresiones de propia cosecha, sin que falte la barroca pedantería de alguna frase típicamente pombiana (“Tenía el don predigital del uso transtextual de los textos”, página 130)

Francisco Martínez Bouzas


Álvaro Pombo

Fragmentos

Román está en su sesión de meditación. Lleva años practicando. Hace la mayoría de los ejercicios muy automáticamente, con considerable perfección, elasticidad… pero puede hacerlo sin prestar atención o reflexionar. Esto no está bien. Hoy es uno de esos días. Puede desbaratarlo todo ahora mismo. Desbaratarse y desahuciarse. Y desea darse esta extremaunción, el descabello. No, no está muerto aún. Aún no es inane, pero le ronda la inanidad como una mosca cojonera. Recuerda las clases que él daba. Y cómo se fue adrede desligando de las relaciones.Fue debido todo a una elemental decencia de maestro, de profesor, rodeado de gente muy joven”
…..

“Una vez más, al hablar ahora con Héctor acerca de Bernardo, en estos nuevos términos amistosos, Román da vueltas a lo que ha dado en llamar, para su capote, el misterio de la víctima. Cómo es posible que Héctor, víctima de la violencia sexual de Bernardo cuando era un niño todavía, haya, en poco más de quince años, trasformado todo aquello en admiración y afecto  por su victimario. A Román no le ha convencido del todo la explicación que Héctor ha dado desde un principio, que le quería, que no tenía familia propia y que Bernardo hizo las veces de su familia, su madre, su padre, sus hermanos. La sexualidad no tenía ningún perfil específico, era parte de la ternura que los dos sentían el uno por el otro”
                                               …..

“- ¿De dónde has sacado ese dinero?
  -Se lo he sacado a un tío que me ligó la otra noche.
  -Déjate de bromas.
  -Es la verdad, no son bromas.
  -¿Qué le diste a cambio?
  - Lo normal, lo que suele venderse en estos casos: mi cuerpo. Fue agradable. Fue una experiencia agradable, me hubiera dado el dinero de cualquier manera, el pobre maricón, pero yo le garanticé la mercancía. Hice lo que me pidió, ¿te parece mal?
  -No te creo.
 - Dirás que no quieres creerme. Que si me creyeras tendrías que aceptar que he hecho lo correcto dentro de un mundo absurdo. Reconoce que eres tú quien más gana con mi chapa. No Bernardo, sino tú. Si yo no te hubiese traído los 1.600 euros, hubieras tenido que tomar una determinación, montarle un pleito a Bernardo, echarle de casa”
(…) – Esa pena tuya, Román, es desagradablemente buenista. ¿Qué quieres decir con que si fuera verdad te daría pena? ¿Te parece mal la prostitución masculina? ¿Te parece mal la prostitución en general?¿Crees que somos víctimas insalvables de un sistema económico salvaje, un antiquísimo sistema de compra-venta, que tiene sus encantos, dependiendo, claro está, del precio que se asigne cada cual? El mío, por cierto, es muy alto. En el alterne siempre se ha considerado que el alto alterne es menos puterío  que el bajo. ¿No vende la gente otras cosas? ¿Dónde está la degradación? Hay mucho paro, tío. Mejor puto que insolvente, digo yo”.
…..

“En el momento en que los dos se levantan tras apurar sus bebidas, Héctor se da cuenta de que ha cometido una gran equivocación. El bareto les amparaba: la comunidad gay, por artificial y absurda que parezca, les contenía, aunque solo fuera superficialmente, les alojaba en su seno equívoco, en su bienestar campechano, provinciano, minitransgresor  hoy en día, reasegurado, a diferencia de la calle y los automóviles de lujo y el dinero y el intercambio comercial entre viejos y jóvenes. Todo lo incalculable estaba fuera: the truth is out there. La verdad es interior como el tiempo. Héctor sabe que lo verdadero y lo falso intercambian papeles ahora en su conciencia: lo inauténtico y lo auténtico: el no poder creer que alguien le amaba (excepción hecha de Bernardo) y el creer a pie juntillas que cualquiera le amaba. Todo el mundo le deseaba aquella tarde de otoño a la salida del bareto de Chuecas: se sintió sin embargo, indeseado, el indeseado, el jovenzuelo equívoco, que jamás lograría distenderse y desanudarse y correr los 1.500 y hacer una marca razonable”

(Álvaro Pombo, El temblor del héroe, paginas 21, 109, 178-179,198)

martes, 10 de abril de 2012

"REINCIDENCIAS", LA DORMIDA MAREA DE ANA ROSA BUSTAMANTE


Reincidencias
Ana Rosa Bustamante
Ediciones Kultrún, Valdivia (Chile), 2011, 97 páginas.


Si es verdad lo que afirma Wallace Stevens de que el poeta “crea el mundo hacia el cual nos volvemos de manera incesante e inconsciente e insufla  vida  a las ficciones supremas sin las cuales seríamos incapaces de concebir el mundo”, entonces resulta claro que el trabajo escritural de poesía de Ana Rosa Bustamante es capaz de ayudarnos a contrarrestar el laberinto de la experiencia dada, su impasibilidad, presentándonos una vívida y luminosa experiencia de aquel. Las palabras de la poeta efectúan ese milagro. Por algo los poetas de este Finisterrae desde el que escribo, repiten que la poesía es la gran verdad y el gran milagro del mundo y Roland Barthes nunca cesó de pensar que la literatura crea la realidad de la palabra.
Un saludo pues a este libro por estas “reincidencias” de Ana Rosa Bustamante que, partiendo de una actitud abierta y liberadora, no solamente expresa la emoción, sino que la absorbe lingüísticamente. Un libro que nos llega en sazón, maduro, sutil o abiertamente combatiente, todo depende de gustos y lecturas. Combate por la memoria, por la recuperación de las voces del pasado. Afirmación de la diversidad como esencia de la vida, de la sabiduría y de los bríos femeninos, de la pasión, porque en los versos de Ana Rosa Bustamante hay una inusual geografía de intensidades emocionales.
Su trabajo escritural, cuyo hilo conductor, continuidad de sus dos libros anteriores (Nuestra Piel Ancha de Fuego, 2007, Vita Clamavi, 2009), es la representación de de la visión femenina en sus múltiples formas de estar en el mundo. La mujer, sobre todo, como icono de fuerza y de voluntad, una condición heredada quizás por sus genes y de los mitos de la tierra dura e inhóspita del desierto de Atacama que acompañó sus primeros soplos de vida. La mujer, así mismo, plena de sensualidad florida y de erotismo, impronta, se me ocurre, de una geografía y de una cultura de litoral, mecida de ebriedad marina y de los febriles aguaceros de la ciudad de Valdivia, que se repiten trescientos días al año y todos los años. En la poesía de Ana Rosa Bustamante se capta la pertenencia a un lugar, o mejor dicho su sentir esa pertenencia con el valor sacramental con el que antiguamente se vivía el paisaje, preñado de signos que implicaban un sistema de la realidad que transcendía las realidades visibles.
En los versos de Ana Rosa Bustamante se halla toda la sensualidad del mundo y se expresa en la voz de la mujer a la que le han exigido multiplicidad de roles adscritos o adquiridos: la mujer-madre, la mujer-ternura, la mujer-lucha, la mujer-objeto de deseo, la mujer-sometida. Un mujer, sin embargo, que se rebela, que renuncia a permanecer recluida, a la espera, tejiendo y destejiendo, cual Penélope odiseica, y grita y se impone, porque hoy su signo y su futuro es navegar, en esa “mar ancha perla / desvestida y sola / soy su dormida marea / pero mi sangre se agolpa como esa loba / voluptuosa espuma / desnuda bajo la sombra”.
Convencido de que esta es la substancia que enciende el fuego lírico de Ana Rosa Bustamante, recorro sus versos, versos de un buen nivel sostenido y algunos ciertamente luminosos y muy sensoriales: esa amada estatua que en la senectud ya no encontramos; el murciélago invitado a mi quimera, su nido reseco en el que nos quedamos a vivir. Los poemas indómitos de la segunda parte con textos marcados en femenino. O las estrofas, testimonios del miedo y del pavor, de la tercera, una recuperación de la mujer ultrajada de todos los siglos y de todos los territorios. La mujer que también incuba deseos y fuegos y sueños de esa cuarta parte rotulada precisamente así: “Erotismo”.
Se me ocurre apelar a Proust y traer a cuento a Deleuze para ponerle el broche a esta lectura del poemario de Ana Rosa Bustamante: ella, como poeta, inventa dentro de una lengua nueva…extrae nuevas estructuras gramaticales y sintácticas. Saca a la lengua de los caminos trillados y la hace delirar. Es una vidente, una colorista y un músico porque sabe explotar la música propia de la escritura y los efectos de colores y sonoridades que se elevan por encima de las palabras (Gilles Deleuze, Crítica y clínica, página 9)

Francisco Martínez Bouzas




Poemas de Reincidencias

MEDIANOCHE

“Engalanada gocé las serpentinas como luna
en las lluvias
así mujer,
nublé los días siguientes y que nadie supiera
la rivalidad de estos huesos
con lo de otra sus huesos;
la fortaleza de incluirla madre dulce clara de sus hijos,
yo la golfa que enhebra una historia a más historias
no privé a la berma de la noche azul de su presencia
ni de los caminos retiré las piedras,
tantos baches placenteros,
porque entre la paja de una acera y los bosques del
cemento
bebí en las fuentes bebí rotunda y sinvergüenza
a pesar de las miserias
de las inertes,
de las señoras.”

IMPUNIDAD

“Así me dijo: ábrete como el loto
en la laguna
para sacarte el barro,
abre las piernas
como los pollitos en la cocina
antes de ponerlos al horno:
mis pies marcaban los hemisferios
donde el jote
escapó en mi volantín,
la calle que nunca veía las lluvias se quedó
en mis zapatos,
mis calcetines volaban en el cielo
y la sombra gemía
entre los alborotados árboles
sus dedos me enfriaban bajo la ropa
yo sentía su rasguño.
El silencio inmenso de la casa
mugía en mis sienes
las baratas arañaban los rincones
que guardarían los secretos
y la sangre usurpadora,
el impostor del dulce cuerpo
del pequeño cuerpo
se quedó en mi niñez
y yo
rompiendo caracoles
así,
cuando los machaco
esa baba escurre
y en mi oído
un resuello.”

(Ana Rosa Bustamante, Reincidencias, páginas 23 y 56)

jueves, 5 de abril de 2012

CONTRA LA AMNISTIA DE CONCIENCIAS

Los hermanos Himmler.
Historia de una familia alemana
Katrin Himmler
Traducción de Richard Gross
Libros del Silencio, Barcelona, 2011, 406 páginas.


Si algo pretende ser este libro escrito por una nieta de Ernst Himmler, sobrina nieta por consiguiente del jefe de las SS y creador de los campos de concentración y exterminio del Tercer Reich, Heinrich Himmler, es luchar contra el impenetrable telón de silencios que cayó sobre Alemania a partir de 1945. Una cortina de mutismo que envolvió a su propia familia, de la que formaban parte viva un pretendido olvido y burdas y groseras mentiras con las que pretendían pasar página y amnistiar las conciencias de los que perpetraron la barbarie o la  de sus descendientes.
A Katrin Himmler la delataba su apellido familiar, pero durante su infancia, adolescencia y juventud recibió de sus familiares una información parcial y sesgada sobre las implicaciones y responsabilidades familiares en el exterminio de millones de personas. El nombre del verdugo de las SS era una especie de salvoconducto expiatorio para el resto del clan familiar. Él había sido el gran culpable, el responsable del holocausto, quedando así condonado el débito de otros parientes cercanos. Las inmensas responsabilidades históricas del hermano más conocido, Heinrich Himmler, actuaba como escudo protector que convertía en hechos insignificantes la colaboración y el apoyo a esa inmensa barbarie de sus otros hermanos.
Pero un día, a petición de su padre, Katrin Himmler comenzó a hurgar en los secretos familiares y lo que halló en los archivos oficiales echaba por tierra esa absolución de conciencia en la que se creían a salvo los descendientes de los tres hermanos Himmler. Buceando en documentación inédita, tanto oficial como privada, la autora de Los hermanos Himmler. Historia de una familia alemana dinamita completamente el mito familiar de que los parientes ignoraban las actividades asesinas y exterminadoras.
Katrin Himmler se identificó desde joven con las víctimas y se avergonzaba de su apellido. Jamás dudó en calificar a su tío abuelo como el “asesino del siglo”, pero en este libro lleva a extremos inusitados la catarsis familiar: su abuelo Ernst y su hermano Gebhard se habían afiliado tempranamente al partido nazi y a las SS, habían  sido nazis entusiastas y cómplices de Heinrich Himmler. Además toda la familia había disfrutado de las ventajas y privilegios que se derivaban de la condición de reichführer (jefe supremo) de Heinrich, como por ejemplo, casas requisadas a polacos o muchachas de servicio, trabajadoras forzadas.
Este libro testimonio analiza la historia familiar y está escrito por una historiadora profesional que se enfrenta a la historia familiar desde dentro, derribando tabúes, reflexionando y no ocultado su dolor cuando se entera de muchos de los dramas familiares: el abuelo que muere en la huida de la capital alemana mordiendo la cápsula de veneno que llevaba escondida en la boca, la abuela que simpatizaba con los criminales de guerra nazis, a los que, al igual que a ella misma, consideraba víctimas y no verdugos. Katrin Himmler nos retrotrae hasta el patriarca del clan, Gebhard Himmler, un pedagogo riguroso, que educó a sus hijos en los ideales de la realeza bávara y en el rigor vital como máxima virtud, haciéndoles soñar con delirios de grandeza. La exaltación patriótica movió a los hijos a ingresar en asociaciones paramilitares que decidieron su destino en los negros años treinta en Alemania. La burocracia nazi les permitirá medrar, llegando a ocupar puestos privilegiados y asumiendo responsabilidades criminales dentro del nacionalsocialismo.
Libro, sobre todo sincero, escrito por una mujer que, en un momento de su vida, siente la urgencia de aproximarse a la historia para explicarse a si misma. Y libro así mismo que pone al descubierto la profunda implicación de una buena parte de la población alemana en los crímenes del nazismo. La narración biográfica familiar, rompiendo tabúes, emprendida por los nietos de aquellos criminales, son viajes de descubrimiento en las cavernas familiares, transitados a base de un gran valor personal y de un insoslayable deseo de lucha contra la amnistía de la conciencia, cuando la vecindad con los crímenes forma parte de tu propia historia.

Francisco Martínez Bouzas



Katrin Himmler
Fragmentos

“Tenía yo quince años cuando, en clase de Historia, uno de mis compañeros de curso me preguntó si yo era pariente «de ese Himmler». Asentí, con un nudo en la garganta. En el aula se hizo un silencio de piedra. Todos se quedaron intrigados y  a la espera. Pero la profesora se puso nerviosa y continuó como si no hubiera pasado nada. Desperdició una oportunidad para hacer comprender a quienes hemos nacido después de la guerra lo que aún nos unía a esas «viejas historias».
Por lo que  a mí se refiere, eludí tal pregunta durante mucho tiempo. Sabía bastante sobre Heinrich Himmler, mi tío abuelo. Conocía muy bien al «asesino del siglo», responsable del exterminio de los judíos europeos y de la matanza de millones de personas más…Consternada y desecha en lágrimas, leía sobre el levantamiento fallido de quienes resistían el gueto de Varsovia, sobre las peripecias de los exiliados y sobre niños escondidos que luchaban por sobrevivir. Me identificaba con el destino de quienes sufrieron la persecución, me avergonzaba de mi apellido y a menudo sentía una culpabilidad agobiante e inexplicable…Sin embargo, siempre evité celosamente afrontar el pasado de mi propia familia”
…..

“De acuerdo con las «costumbres germánicas» Heinrich Himmler estaba convencido de que los hombres «racialmente intachables» de las SS tenían que tener derecho a una segunda mujer. Según afirmó su paramédico Felix Kersten, consideraba que la «monogamia» era «una obra satánica» de la Iglesia católica que había que abolir. Juzgaba «intolerable» que un hombre normal pasara toda la vida con la misma mujer. Además, confiaba en que «con la bigamia, cada una de las mujeres sería un acicate para la otra» y que la competencia disuadiría a la primera mujer de «sacar las uñas». Para compensar, a esta debería dignificársela con el título de domina, que le otorgaría ciertas prerrogativas frente a la segunda.
También Hitler y otros miembros del partido reflexionaron sobre la «bigamia», aunque la planteaban para el futuro y movidos, sobre todo, por la preocupación de que el gran número de «héroes» caídos  dejara a muchas mujeres sin hombres y al Reich sin hijos. En cambio, Himmler y otros jefes de las SS no querían esperar hasta después de la guerra. La comunidad de clanes de la SS practicaba su propio estilo de vida, que se desmarcaba deliberadamente de las normas sociales vigentes. Y parece que muchas de sus mujeres aceptaron tener que compartir el marido con otra. Posiblemente consideraran que permanecer en la elite del «imperio germánico» que estaba por venir era suficiente compensación”

(Katrin Himmler, Los hermanos Himmler. Historia de una familia alemana, páginas 15-16, 284-285)

martes, 3 de abril de 2012

"LOS LIVING", UN ESPERPENTO SURREALISTA EN UNA TURBULENTA ARGENTINA


Los Living
Martín Caparrós
Editorial Anagrama, Barcelona, 2011, 430 páginas.


Una vez más un escritor latinoamericano se hizo merecedor del Premio Herralde de Novela en su vigésima novena adición. En efecto, un narrador ya consagrado, Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) con la novela Los Living, una propuesta narrativa ambiciosa y brillante, un texto profundamente argentino, mas a la vez universal, fue el ganador de uno de los más selectos certámenes de narrativa en lengua española.
Los Living, un proyecto narrativo consolidado, es muchas cosas a la vez: novela de formación, novela picaresca y de humor negro desde la primera página hasta la última, excepción hecha de esas páginas que el narrador nos regala a modo de epílogo y que alguien puede leer a la vez en clave fantástica o como una inmensa sátira y disparate surrealista. Y al mismo tiempo, una continua presencia y connivencia con la muerte. Y todo esto reflejado en la Argentina turbulenta de las tres últimas décadas del pasado siglo.
La novela, relatada en primera persona, apunta de una manera y acaba de otra. Comienza con el nacimiento del protagonista, Nito Remondo, en julio de 1974, el mismo día en el que se produce la gran muerte, la muerte del siglo, la de Juan Domingo Perón. De ahí el nombre, Juan Domingo, con el que le bautiza su padre, una venganza, un “chiste torcido” contra el General. Durante su niñez y adolescencia Nito sufre la pérdida de dos seres queridos: su padre y su abuelo. Desde entonces se siente cada vez más acosado por el significado de la muerte.
Mas antes de que esos interrogantes  entren en la escena novelesca, el narrador nos divierte con varios capítulos de lo que él mismo ha llamado “picaresca contemporánea”, que nos permiten conocer al protagonista incluso desde los años previos a su concepción y en los que va desgranando la presencia y la historia de cada uno de los personajes que tienen que ver con el protagonista: su concepción con el final del sexo placentero y el inicio del sexo con sacrificio, la educación en las telenovelas, el descubrimiento en la escuela de que es un niño y no un amorcito de mamá. La ausencia del padre que comienza a inquietarle. La vivencia de la guerra de las Malvinas. La llegada de la adolescencia, retorcida, cruel, hecha de aprendizajes, los escarceos sexuales, la iniciación en el sexo con mujeres de “revistas” que lo convertirán en un artista del pajoleo. Y sobre todo, su caminar en el filo del abismo, enfrentado con la muerte del abuelo y con la desaparición de su padre.
En la mente del adolescente se hace cada vez más porfiada la pregunta ¿cuál es nuestra relación con los muertos? Es a partir de aquí cuando los difuntos comienzan a acaparar todo el protagonismo hasta el punto de que la muerte se convierte literalmente en la forma de vida del protagonista, aunque sin desprenderse el relato de ese sabor de humor negro y sin abandonar la platea de una convulsa Argentina.
Cuando Nito descubre al hombre que había atropellado a su padre, brota en él  la idea de predecir la muerte, primero como venganza y posteriormente como timo muy productivo al servicio  del Pastor protestante Trafálgar que le convierte en un pronosticador de muertes futuras para atraer clientela masculina para su iglesia. Se transforma así en un ángel exterminador, en una estrella de rock predicando la muerte, lo que le permite ganar mucho dinero y descubrir el placer de pajearse no por obligación, sino por elección.
Hasta que revienta, cae del caballo y en su revelación en la que entra en escena de forma definitiva el artista Pitu Carpanta, se arrastra al lector de forma concluyente hasta la pirotecnia esperpéntica final: el invento de los linving. Los muertos no se ven, pero están con nosotros. Nos deshacemos de ellos porque nos dan miedo y porque la muerte es gratis, es dar un paso hacia ninguna parte. Mas nosotros mismo somos nuestra muerte. Víctimas y beneficiarios. Por esos es preciso tener a los muertos en los living. Surge así la Movida Living y el florecimiento de la industria del embalsamiento.
De este modo, una narración que se inicia en clave picaresca, concluye con un gran esperpento surrealista, no carente de simbolismo y de acerba crítica al país  que vio nacer al escritor. Los argentinos que solo hablaban de futbol y de que el país se va a la mierda, convivirán ahora no sólo con la memoria de los familiares fallecidos sino con sus cuerpos embalsamados.
Martín Caparrós ha señalado que su abigarrado conjunto novelesco no ha sido escrito con una notación político-social  explicita. No obstante, la novela alberga en grandes dosis un calidoscopio de un país turbulento: la guerra de las Malvinas, un embole que desaparece tan pronto como había aparecido, la benevolente acogida a ciertos fugitivos alemanes, los saqueos, los desaparecidos, convertidos únicamente en incómodos comentarios marginales, las referencias al alfonsismo, al comienzo del menismo con su fiebre de privatizaciones, el desencanto o ese dejarse llevar, como sucede cuando el anuncio del inicio de la guerra.
Desde una perspectiva formal, lo más relevante, en mi estima, dejando a parte un estilo quizás demasiado reiterativo, es el dominio que muestra el autor de una estética carnavalesca, preñada de picaresca en buena parte del relato, hasta la bifurcación final en una grotesca sátira, en una acre contemplación sobre un país y sobre su gente. La maestría de Martín Caparrós para cuestionarse, a medida que avanza el relato, las claves que definen Argentina, es incuestionable. Creo finalmente que es de justicia agradecerle al editor la conservación de los abundantes argentinismos, muy eficaces e una novela que pretende revelar al menos una porción de la argentinidad.

Francisco Martínez Bouzas


Martín Caparrós

Fragmentos

“La situación, sin embargo tenía –como todas- flancos débiles. Hubo momentos en que mi padre pensó que su mujer era una puta porque hacía cosas de puta -lo que él llamó en principio, cosas de puta- como agarrarle la pija entre sus dos manos entrelazadas y apretarla con un movimiento lento, suave, acompasado hasta que él le pedía por favor que lo dejara porque le daba miedo acabar en sus manos como un chico, o decirle al oído, en voz muy baja y aniñada, que le gustaba que se la metiera muy adentro porque era muy grandota, y alguna vez hasta le lamió el glande con la puntita de la lengua, como si quisiera meterle la puntita en el agujero de su pija y mostrarle que ella también podía entrarle en el cuerpo”
…..

“Mamá se había convencido de que no quedaba embarazada porque su marido disfrutaba demasiado de esos polvos. Ah, sí, ¿y vos no disfrutás? Yo sí, pero eso no es lo que importa: si queremos tener un hijo tenemos que hacerlo de otra forma, insistió mamá diez y cien veces y terminó por convencerlo; para marcar el cambio, cubrió el espejo de la cómoda y colgó una cruz con Jesús doliente a la cabecera de la cama: ahora no estamos haciendo nada malo, nada que el Señor no pueda ver.”
…..

“Leí, busqué, aprendí. Pero creo que tenía una aptitud innata para saber la muerte. Porque nací ese día, por mi padre, por alguna forma de destino: cualquier razón es posible y ninguna termina de ser satisfactoria. Algunos saben jugar al fútbol, otros cantan, otros resuelven logaritmos; yo sé pensar la muerte. No era una bendición; era más bien una desgracia pero gracias al Pastor, se trasformó e una desgracia afortunada: yo fui, de pronto, un inútil con don -y pude utilizarlo. Tanto tiempo sin saber qué hacer y de repente lo había descubierto”
…..
“Que todas las chicas punkies, dark, new romantic y demás de Morón Haedo Palomar Ituzaingó y alrededores enloquecieran por mí en un santiamén: mi saber sobre la muerte era imbatible para enamorar rebeldes suburbanas. Cada sábado,  a la salida del teatro, diez o veinte, me esperaban con flores pintadas en negro; me las daban y, a veces, había números de teléfono escondidos en los pétalos. Yo no las llamaba: era un elegido del Señor y no podía andar llamando a rebeldes suburbanas. Se espera de mi cierta conducta -y ésa era una razón perfectamente presentable. Pero fue entonces cuando descubrí, por fin, el placer de pajearme no por obligación sino por elección: por preferir mis manos. Nunca en mi vida -digo nunca en mi vida- tuve tan buen sexo como esos días”
…..
“Tenemos que tener a nuestros muertos con nosotros, quedarnos muertos junto a nuestros vivos, ser la presencia de la ausencia en los living de todas nuestras casas, ser los living. ¡Vamos a ser los living, los de siempre! ¡Vamos a estar ahí, junto a lo nuestros! Vamos a ser la conexión entre los mundos, sentaditos en un sillón cuando ya no haya sillones y las personas se sientan en campos de energía que les ciñan las nalgas y no se manchen ni se gasten”

(Martín Caparrós, Los Living, páginas 38-39, 50, 314, 368-69, 417-18)

domingo, 1 de abril de 2012

EN HOLANDA LA CONDICIÓN HUMANA SE ADUEÑA DE SU DESTINO

Una habitación en Holanda
Pierre Bergounioux
Traducción de David Stacey
Editorial Minúscula, Barcelona, 2011, 91 páginas.


En este pequeño volumen totalmente inclasificable (relato ficcional, prosa filosófica, biografía, ensayo histórico…), Pierre Bergounioux nos recuerda que en la primera mitad del siglo XVII, época que presenció la muerte de Bacon y el nacimiento de Spinoza, un exiliado abre las inauditas posibilidades de pensar de otra manera todas las cosas, las divinas y las humanas (“res infinita”, “res extensa”), porque considera que él mismo no es nada, solo una cosa que piensa. Pero ¿por qué ese vuelco en la historia de la cultura tuvo lugar en los Países Bajos? Es el gran interrogante al que pretende contestar un hombre polifacético, de saber enciclopédico como Bergounioux.
Ese exiliado no es otro que Renato Descartes, en cuya trayectoria vital se alternan períodos de extremado retiro y concentración, con otros de vida aventurera e inestable. Ese sujeto pensante, Descartes, que tomó parte como soldado en la guerra de los Treinta Años con la intención de conocer a fondo a los hombres y al mundo, arribó finalmente a los Países Bajos, lugar que prefirió antes que a su Francia natal. Y allí, en Holanda, publicará en 1637 El discurso del método, en el que expone la necesidad de un camino seguro para garantizar el recto proceder de la razón; y Las meditaciones metafísicas (1641) con las que establece el fundamento de toda la filosofía moderna.
Pierre Bergounioux, antes de ensayar la respuesta al gran interrogante, repasa la historia de Europa de forma breve, pero amena e inteligible. Se fija en esos galos, hombres de gran cuerpo blanco, blancos como la leche, pero terribles habladores, que cultivan los claros del bosque, de cuyos árboles cuelgan cuerpos humanos desmembrados para complacer a sus dioses. En la Roma de la gens Iulia, cuyo máximo representante, César, decide conquistar la Galia para reponer esclavos. La esclavitud, conviene no olvidarlo, es el fundamento económico de la Antigüedad. Comienza entonces, en el año 58 antes de Cristo, el agitado período que concluye dos mil años más tarde con la liberación de París. Mientras tanto, el cristianismo había expulsado a los viejos dioses sanguinarios y, en un largo intermedio, llega la fase de ruralización que es la Edad Media.
Pero los vientos de la historia jamás dejan de cesar, aunque con direcciones variadas. Llegaremos al Renacimiento y a la Edad Moderna, período en el que Europa  se adueña de su destino y del mundo entero.
Mas, ¿por qué un francés cuya única ocupación es pensar, confía durante esos años un manuscrito comprometido precisamente a un editor holandés? Descartes que aceptará, como primer principio de la filosofía que él es una substancia cuya esencia solo es pensar y que para ser no necesita lugar alguno, se retirará para consolidar y darle forma escrita a sus pensamientos al lugar más indiferente, quizás el menos agradable de Europa, los grises pantanos de Holanda. El filósofo no ofrece ninguna explicación. Borgounioux, sin embargo, las adivina: Holanda reúne  ciertas ventajas -paz relativa, tolerancia entre papistas y reformados, cómoda vida material, frialdad climática- que la hacían preferible a cualquier otro. Las Provincias Unidas  separan a Descartes de sus amistades, del bullicio de sus amigos, le permiten vivir acostado, absorto en sus pensamientos. Es la extrema soledad, la expatriación en Holanda la que hace posible que Descartes construya metódicamente esa primera verdad indudable, clara y distinta -“cogito, ergo sum”-, sobre la que construir el edificio de toda su filosofía. Con ello el hombre moderno ya posee las armas para adueñarse del mundo.
Esta es la mirada de Pierre Borgounioux sobre Descartes. Una mirada quizás fugaz, pero pulcra, elaborada con prosa erudita, elegante, cristalina y en absoluto pretenciosa, proyectada sobre Decartes, sobre el hombre y el pensador, diana hoy, por separar la “res cogitans” de la “res extensa”, de los dardos del pensamiento complejo, multidimensional y de ciertos feminismos que creen que el edificio del cartesianismo conceptualizó el mundo de forma jerárquica y redujo a la mujer a naturaleza y separándola de la cultura. No olvidemos, sin embargo, que e esa fría habitación de Holanda, en la expatriación de la extrema soledad se redibujó el mundo y se liberó a la humanidad del obscurantismo de la tradición y de los poderes ajenos a sus propia subjetividad.

Francisco Martínez Bouzas



Pierre Bergounioux
Fragmento 
“El realismo indirecto que Descartes elabora, solo, desconocido, extranjero en los Países Bajos, posee un poder de seducción comparable al de las obras de ficción más temerarias de aquel tiempo, al errar del escuálido hidalgo que Cervantes pasea por lo áridos caminos de la Mancha,  a las extravagancias de los príncipes dementes, al menos en apariencia, que Shakespeare pone al frente del escenario. El inglés, el español, el francés son hermanos. Anuncian a la vez, sin conocerse, que un niño ha nacido. Si algo difiere de sus antecedentes históricos  es en su ser consciente de sí mismo, capaz incluso en los peores ataques de furia o de desesperación, en el exceso de su alegría o al sufrir afrentas, de mantener, como en el ojos del huracán, la imperceptible distancia respecto a todo y respecto a si mismo (…) Cervantes, que cuenta el final de las épocas encantadas, es todo lo razonable que se puede ser. Como no posee fortuna personal, tiene que ejercer un empleo. Trabaja en las oficinas de la marina preparando la expedición de la Armada Invencible, que la flota inglesa y la tormenta, en el mar del Norte, echarán a pique. Del otro lado de la Mancha -no la provincia española, el paso de Calais-, Shakespeare, a menos que se trate, a la sombra de ese hombre de paja, el Chancellor Bacon, da a luz a Hamlet, a Macbeth y, por boca suya, a las sentencias que formulan la duda inherente a nuestra condición, el irreparable dilema que, ahora, nos atraviesa: «Ser o no ser.» «El mundo entero es un teatro» «La vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia y desprovisto de significado»”

(Pierre Bergonioux, Una habitación en Holanda, páginas 75-76)

viernes, 30 de marzo de 2012

CRÓNICA DE LA ABNEGACIÓN FEMENINA

Las hermanas Bunner
Edith Wharton
Traducción de Ismael Attrache
Editorial Contraseña, Zaragoza, 2011, 155 páginas.


La obra más famosa y seguramente más representativa de la escritora neoyorkina Edith Wharton es La edad de la inocencia. Sin embargo, para muchos lectores, esta novela, Las hermanas Bunner, que transcurre en la misma época y en la misma ciudad en la que se desarrolla la acción de aquella, es mucho más completa y madura que la descripción de la ostentación, el ambiente refinado y superficial de la alta sociedad burguesa de Nueva York que Edith Wharton deja translucir en La edad de la inocencia. Ahora han cambiado el decorado y los personajes.
Edith Wharton nos permite conocer en esta novela breve a dos hermanas, Ann Eliza y Evelina Bunner. Son poseedoras de una modesta mercería en un barrio humilde, en una calle destartalada y miserable, si bien no carente del calor humano que se transmite entre sus moradores. Su microcosmos se reduce a atender a los escasos clientes, a compartir sus vidas en una existencia no idílica, pero sí estable y armoniosa, con los hombres situados en la periferia de sus vidas, porque las hermanas Bunner ya han olvidado la flor de su juventud y sus sueños de boda se han evaporado por completo.
Pero de pronto la apacible rutina en la que viven inmersas y sus vidas anodinas y grises se trastocan por la llegada de un reloj que Eliza regala a su hermana pequeña el día de su cumpleaños. Con el reloj irrumpe en su vivir cotidiano el relojero alemán al que Eliza se lo había comprado. Ese hombre dislocará a partir de ese momento no sólo su apacible microcosmos exterior, sino sobre todo su mundo interior, haciendo brotar en ellas de nuevo las viejas y marchitas ilusiones. Debido a un fallo del reloj, el señor Ramy, el relojero de origen alemán, comienza a frecuentar la humilde trastienda, hasta que llega un momento en el que pide en matrimonio a Eliza, la hermana mayor.
A partir de entonces, ese perfecto mecanismo que era la rutina de sus vidas se disparata y resquebraja, sin que nadie pueda impedirlo. La conmoción por la inesperada declaración de amor es tremenda, pero Eliza cede de inmediato ante un delicado y hoy quizás incomprensible sentimiento: la renuncia y abnegación de la mayor de las hermanas Brunner, nacida para colocarse siempre en segundo plano y para proteger la felicidad de la hermana menor, que acepta complacida los sacrificios fraternales. El relato toma entonces otros derroteros que nos llevan a un final dramático en el que la hermana menor sucumbe víctima de las circunstancias.
Las hermanas Bunner, como ha señalado la prologuista Soledad Puértolas, es una novela de amor, un amor al que el personaje que nos guía por la historia renuncia, no por pretender ajustarse a los prejuicios sociales de la época, sino por razones mucho más profundas que tienen que ver con lo que para ella es algo sagrado: la unidad fraterna ante la cual el amor y la propia felicidad deben de ceder, pensando que de esta forma consolidará la felicidad de la hermana pequeña.
Edith Wharton profundiza sobre todo en un personaje, en su heroína Ann Eliza. Su destino en la vida es situarse en la trastienda como sostén de su hermana. Una exaltación pues de valores -pseudo valores los llamaríamos posiblemente hoy- como la abnegación, el sacrificio, la renuncia que, no debe olvidarse, formaban parte del estereotipo  genérico femenino en la época en que fue escrito el texto. Ann Eliza ni siquiera sueña con permitirse el lujo de la autocompasión. Casarse con el hombre por el que ella también suspira, le parece un derecho no de ella, sino de su hermana. ¡Casi como la posesión de un hermoso cabello ondulado! Renuncia incluso a reconocer ciertas oportunidades perdidas y ni siquiera se considera merecedora de vestirse con la frágil tela de las ilusiones. Al final, sin embargo atisba la inutilidad de los sacrificios personales y que el  fallecimiento de la hermana por la que tanto se había sacrificado, equivalía a la postrer y definitiva negación de su pasado.
Edith Wharton
Edith Wharton escribió esta historia en 1892, aunque no sería publicada hasta 1916. Los más de cien años transcurridos no han envejecido ni la substancia ni el perfil de esta novela,  a pesar de que la sociedad actual repudie la abnegación como un trasnochado y agotado modelo femenino. Y no ha envejecido porque la escritora hilvanó y tejió la trama de su historia con una prosa exquisita con la que recrea a la perfección atmósferas y ambientes, a la vez que sabe introducirnos con sutil maestría en la vida y en el interior de estos dos personajes, que viven refugiados en un mundo modesto, limitado, pero dulce y exento de maldad que solo hará acto de presencia en el desenlace y al que tendrán que enfrentarse las hermanas desde la mansedumbre de su inocencia. Un gran texto pues en el que podemos recrearnos todavía hoy, ciento veinte anos después de haber sido escrito.

Francisco Martínez Bouzas


Fragmentos

“-Veamos, señorita Bunner…- comenzó a decir, acercando el taburete al mostrador-. Creo que debería decirle al fin para qué he venido hoy. Quiero casarme.
Ann Eliza, durante muchos rezos a medianoche, había intentado armarse de valor para cuando escuchara esa declaración, pero ahora que esta se producía se sintió lamentablemente asustada y  poco preparada. El señor Ramy se apoyó con ambos codos en el mostrador; ella advirtió que tenía las uñas limpias y que se había cepillado el sombrero: ¡ni siquiera esas señales le habían puesto sobre aviso!
Al fin se escuchó decir, con una garganta seca en la que le palpitaba el corazón:
-¡Válgame el cielo, señor Ramy!
-Quiero casarme -repitió él-. Estoy muy solo. No es bueno que un hombre viva tan solo, que coma fiambre todos los días.
-No- confirmó quedamente Ann Eliza.
-Y tanto polvo ya me resulta excesivo.
-Sí, el polvo… ¡Es verdad!
El señor Ramy la señaló con uno de sus dedos de yemas cuadradas:
-Le ruego que me acepte.
Ella seguía sin comprender. Se levantó titubeante y apartó la cesta de los botones que se interponía entre ellos (…)
-¿Yo? ¿Yo? -preguntó jadeante”
…..

“Pero otros pesares más serios atormentaban su sobresaltada conciencia. Por primera vez en la vida atisbaba la horrible cuestión de la inutilidad de los sacrificios personales. Hasta entonces ni se le había pasado por la mente poner en duda los principios heredados que habían regido su vida. Pensar en el beneficio de los demás antes que en el suyo propio le había parecido natural y necesario, porque había asumido que eso implicaba la consecución de ese beneficio. Ahora se daba cuenta de que renunciar a las alegrías de la vida no garantiza la transmisión de estas a aquellos por quienes se ha renunciado a ellas; su paraíso familiar estaba deshabitado. Sintió que ya no podía confiar ni siquiera en la bondad ni en Dios y que solo había un abismo negro sobre el tejado de la tienda de las Hermanas Bunner”

(Edith Wharton, Las hermanas Bunner, páginas 77-78, 238)

domingo, 25 de marzo de 2012

"TRISTANO MUERE" UNA ELEGÍA TRÁGICA EN EL FALLECIMIENTO DE ANTONIO TABUCCHI

Tristano muere
Antonio Tabucchi
Editorial Anagrama, Barcelona, 2004, 192 páginas.


Antonio Tabucchi (Vecchiano,1943-Lisboa 2012 ), profesor universitario de literatura portuguesa, ha sido conocido sobre todo por sus relatos, por sus novelas y también por su producción ensayística. Enamorado de la literatura portuguesa, hasta el punto de haberse nacionalizado portugués, traductor y comentador de Fernando Pessoa, Tabucchi ha recogido en su narrativa la tendencia del poeta portugués a multiplicar los planos de la realidad, a añadir constantemente nuevas presencias, a extender las situaciones hasta el punto de hacerlas inconmensurables.
Pero si ha habido un escritor versátil, éste es por antonomasia Antonio Tabucchi. Conocido sobre todo por Sostiene Pereira, el narrador italiano es mucho más que ese paréntesis de novelas fáciles, populares, epopeicas como la citada o La cabeza perdida de Damasceno Monteiro. Tabucchi es sobre todo el delicado y exigente refinamiento de Dama de Porto Pim, Nocturno hindú, Sueño de sueños & Los tres últimos días de Fernando Pessoa. Así como su novela epistolar, Se está haciendo cada vez más tarde y el monólogo desencantado de Tristano muere, seguramente su novela más ambiciosa y en la que el maestro italiano, el mejor escritor de su generación, trabajó doce años y que vio  la luz en la mayoría de las lenguas del mundo, incluidas las minoritarias. El mismo autor ha manifestado que Tristano muere es la novela de su vida, auque no le resultará fácil superar el éxito de Sostiene Pereira, con más de 200.000 ejemplares vendidos sólo en España. En ella, más que en ninguna otra, Tabucchi cultiva la tendencia a multiplicar los planos de la realidad representada, a añadir constantemente nuevas presencias, a ampliar las situaciones hasta el punto de hacerlas inconmensurables, prácticamente infinitas.
Diremos de manera esquemática que Tristano muere es la historia de un viejo partisano, un luchador antifascista que está muriendo en el último agosto del pasado siglo y hace acudir junto a su lecho a un escritor, que ya había escrito una versión novelada de sus vivencias, para transmitirle con el poder de la palabra, en la agonía, oprimido por la  gangrena  y con el ritmo cadencioso que la morfina le otorga a su voz, el equívoco cuadro de su vida, hecho de contradicciones, omisiones, dudas, falsos recuerdos, imaginaciones, deseos incumplidos. Un cuadro que puede ser visto como la biografía moral del siglo XX o, como confiesa el escritor, como la tarjeta de identidad donde se perciben las huellas digitales de la pasada centuria
Tristano esta agonizando en un agosto toscano, un agosto que parece que nunca va a terminar, entre el dolor y la canícula, pero en su interior existen muchas cosas de las que quiere liberarse. Muchas cosas que necesita contar y comprender y entender al recordarlas. Por eso convoca a este personaje, al que siempre llamará escritor y que nunca habla, no actúa como interlocutor. Está allí, a su lado como un fantasma para ser el fiduciario de unas palabras, de una larga confesión que será una especie de testamento en el que Tristano, al no tener nada que dejar, lega, como en la Edad Media sus llagas y heridas.
En la novela están presentes algunos de los grandes interrogantes merecedores de ser formulados en nuestro tiempo. El protagonista llega por ejemplo a preguntarse si, después de haber luchado por la democracia y por la libertad, mereció realmente la pena. En buena medida se siente amargado, escéptico y no halla respuestas. Cuando luchaba en las montañas, todo estaba claro. Ahora en cambio, todo es oscuridad. Ni siquiera queda claro y patente el sentido de la civilización occidental. Occidente, un faro de luz en una mano y una bomba atómica en la otra. ¿Mereció la pena haber combatido, haber matado para vernos inmersos en este frágil hoy, en esta alba del tercer milenio, construida de mil tragedias y falsos pasos adelante, hasta la irrupción del dios supremo, el  fuego eléctrico, el “tontintolín”, la nueva tiranía televisiva superior a cualquier clase de ismo? Inteligente, audaz y esclarecedora la forma como Tabucchi representa la crisis de la civilización occidental, de sus valores  e ideales, de sus principios morales.
Y la gran pregunta que palpita en toda la novela: ¿puede ser contada una vida? ¿O simplemente se vive y nada más? ¿Es la vida un juego de espejos? Seguir su rastro no resulta fácil ya que la vida no nos viene dada en orden alfabético. Se muestra un poco aquí y un poco allá, como migajas, y el gran problema es poderlas recoger. Algunas veces la pregunta adquiere tintes más radicales: ¿qué es la vida? Tristano no busca tanto el sentido de su vida como el de la vida en general, pero se encuentra con muros infranqueables porque la realidad se confunde con el sueño, lo que ha acontecido con los deseos. Y la vida, en definitiva, más que una suma de hechos, es una catarata de  preguntas sin respuesta, algo indecible.
Tristano muere tiene como subtítulo “Una vida”. Sin embargo la novela no es en ningún momento la crónica de una existencia. Al final del libro, lo que de Tristano sabemos, es muy poco y este poco se nos presenta confuso, recuerdos acuosos que se apoyan unos en otros. Sin embargo este profundo monólogo sobre lo indecible nos hará reflexionar sobre los meandros de la historia, esa historia que llega hasta nuestros días, en un viaje a través de la memoria, densa indagación sobre el sentido del heroísmo  y de la vileza en una cara a cara con la muerte.
Todo esto y mucho más es Tristano muere, un título que nos recuerda a Malone muere de Samuel Beckett y que Tabucchi quiere que se respete en las versiones a otras lenguas. Un título que rinde homenaje a Leopardi, al Tristano de las Operette Morali, una figura que observa el mundo con pesimismo y amargura. Y el empleo de un presente muy especial: elástico, dilatado. Un presente que dura un mes entero, que se prolonga para indicar que Tristano muere en cada página del libro, pero que sabe al final del mes de agosto que será definitivamente expulsado de la vida. Mientras tanto respira y habla reafirmando la superioridad de la palabra, de la voz sobre la tradición escrita. “De todo lo que somos, de todo lo que fuimos, quedan las palabras que hemos dicho...”
Novela compleja, dura, despiadada, de la que el lector sale  como mínimo perturbado y confuso, como el siglo que Tabucchi pretende contar, corroído también por la gangrena. Fragmentalismo, prosa selecta, novela -poema. El desarrollo del libro es dilatado, pero a la vez fragmentario. Lo que acontece lo hace a trechos, se detiene, se reinicia, se interrelaciona, se superpone. Una novela, pues, que se construye como un rompecabezas y emplea la técnica del monólogo interior de Joyce y del desdoblamiento de Pessoa. Una pieza de ficción muy alejada de los productos literarios de simple consumo, pero muy rica en todos sus planos, que funcionan como un juego de espejos, como retratos que son de la realidad y llega hasta nosotros como un monólogo desilusionado y formalmente muy fragmentado.

Francisco Martínez Bouzas
                                            
Antonio Tabucchi
                                                
                                             
                                                          
* Este texto, con leves variantes, fue publicado el día 9 de enero de 2005 en el suplemento  Gaceta Dominical del periódico El País de Cali Colombia. Hoy lo reproduzco en homenaje a Antonio Tabucchi, uno de los grandes referentes literarios de Europa, fallecido en este día en Lisboa a los 68 años de edad.