miércoles, 22 de febrero de 2012

NARRATIVA CONTAMINADA POR EL MAL DE LOS FILÓSOFOS

Conversación
Gonzalo Hidalgo Bayal
Tusquets Editores, Barcelona, 2011, 238 páginas.


Ciertas circunstancias extraliterarias pueden, sin duda, influir en la consolidación de una carrera como escritor. Una de ellas es el sello editorial. Gonzalo Hidalgo Bayal fue siempre un excelente narrador. Sus libros así lo demuestran. Pero el hecho de que sus primeros obras fueron publicadas por editoriales poco conocidas sumió a la producción literaria de este escritor en la penumbra, por no decir en la invisibilidad. Hasta que una editorial de primera línea como Tusquets Editores reeditó Paradoja del interventor y poco después Campo de amapolas blancas. En la actualidad Hidalgo Bayal es un autor fijo de la casa editorial barcelonesa, donde ha publicado El espíritu áspero y recientemente los relatos de esta colectánea que es Conversación. Mas Hidalgo Bayal fue siempre y sigue siendo el “insólito y excelente escritor”, apelativos con los que se le está promocionando ahora, pero merecidos desde siempre.
Atendiendo a su forma, Conversación se estructura en cinco relatos apoyados en el diálogo, en la conversación. Al lector lo pone tras la pista la definición de conversar que aparece en el Tesoro de la lengua española de Sebastián de Covarrubias, colocada en el frontispicio del libro. La razón narrativa, dialógica, gobierna pues el perfil de estos cinco relatos, sin excluir el último, “Reparación”, un soliloquio transitivo donde un anónimo yo protagonista enclaustrado y prisionero de rutinas, se dirige a un tú, su postrer interlocutor para hacerle partícipe de las peripecias del reparador.
En cambio, la sustancia de Conversación, su esencia diagética, está presidida por otra razón: la razón ética en algunos momentos, filosófica en general, que genera temas del vivir diario, empapados de reflexiones filosóficas y conflictos morales e intelectuales. Desde esas “raíces rotas” de los presocráticos que impregna el relato “Aquiles y la tortuga” hasta las reflexiones sobre el misterioso poder del lenguaje y ese interrogante abierto sobre la identificación entre literatura y verdad (“Hablo, como comprenderéis, desde el punto de vista literario, el único punto de vista en el que se sostienen las verdades”, página 91).
Pero no es el único relato contaminado por el mal de los filósofos (“una especie de fiebre o de locura que los griegos llamaban pantápasi manikós, página 70). La razón ética deja sentir su presencia en los cinco relatos. Está presente en el que inaugura el libro, “Kalé heméra”, un texto de hechura realista, cimentado en una sencilla trama de la aventura erótica en los años de juventud y que deja una huella en el protagonista, no de orgullo donjuanesco por la conquista, sino de compasión hacia una mujer indecisa entre la fidelidad matrimonial y el deseo de experimentar nuevas sensaciones. Así mismo en “Corzo”, un relato con el que Hidalgo Bayal retorna a la desabrida geografía de su novela El espíritu áspero (2009), que actúa como telón de fondo en una historia contada por duplicado con dos versiones o variantes distintas, lo que nos permite vislumbrar que las existencias humanas están condenadas a ser relatos con múltiples versiones, porque la palabra humana resulta casi siempre insuficiente para destripar el misterio del ser humano. “Monólogo del enemigo” es el cuento donde el escritor se viste de moralista -un moralismo exento tanto de didactismo como de maniqueísmo- para seducirnos con una profunda cavilación sobre el odio que es superior al ser humano.
Le pone el ramo al volumen otro relato impresionante, “Reparación”, repleto de enigmas, desnudo de los componentes canónicos del cuento e impregnado por un agobiante y claustrofóbico clima kafkiano, comunicado desde perspectivas casi imposibles, pero pleno de reflexiones sobre la naturaleza humana y las barreras de hombres y mujeres para comunicarse.
Textos, en definitiva, sumamente ricos en significado y connotaciones, rebosantes de trama, construidos con maestría, con narradores que son auténticos brujos equilibristas del lenguaje, un lenguaje que Hidalgo Bayal conjuga en una modulación clásica, realista y descriptiva, sin renunciar a ciertos artificios retóricos, basados en simetrías distribucionales, como los abundantes y arriesgados palíndromos, presentes en algunos de los relatos (“Saúl Olúas”, “Acaso los siervos obréis solos acá”, página 55). Escritura pues para paladares exquisitos que saben apreciar delicados manjares literarios.

Francisco Martínez Bouzas



Gonzalo Hidalgo Bayal


Fragmentos

“La mujer me acompañó hasta la puerta y me dio la mano. Es una pena, dijo, podíamos haber hablado de muchas cosas y estoy segura de que habría aprendido mucho griego. Insistí en que no se preocupara. Entonces, sin soltarme la mano, me dio un beso en la mejilla. Adiós, dijo. Proseguía sin soltar mi mano. Algo debió de cruzar de pronto por su mente, una luz fugaz, una ocurrencia traviesa. No sé. Entonces me miró y me dio otro beso, muy suave, con los ojos llorosos y el cuerpo estremecido. Yo me quedé inmóvil, perplejo, indeciso. Ven, dijo. Y, como quien es conducido con resignación al matadero, como quien se presta a un sacrificio inaplazable, caminó delante de mí, llevándome de la mano, hasta el dormitorio, donde entramos como dos adolescentes indefensos e  inofensivos. A las doce y media me dio la mano por tercera y última vez en la puerta de la casa. Si hubieras sido mi profesor de griego, esto no hubiese ocurrido, dijo. Y me pidió un favor: que lo recordara siempre y que nunca lo contara”
…..
“Así como sobre la columna decapitada no se sostiene hoy el templo, pero sí se sostiene la arquitectura occidental, así también una frase rota de Heráclito o Parménides no sostiene nada más que vagamente el pensamiento de sus autores, pero fundamenta los sólidos muros y el edificio entero del saber del mundo.”
…..
“No basta el odio para ser enemigos, dijo mirándonos serenamente desde la penumbra del local. No basta el odio, repitió. Acabábamos de asistir a la escena de una degradación,  a una humillación más pintoresca que cruel, en la oscuridad de media tarde de una pequeña cafetería lateral, pero todo lo que el hombre dijo, al principio, fue solo eso. Miró a su copa y pronunció despacio, con mansa tristeza, esa frase rotunda. No basta el odio para ser enemigos, no basta el odio.”
…..
“Siempre me ha gustado poner nombres a las cosas y a los acontecimientos, una especie de furor taxonómico que me acompaña y reconforta desde que me senté, años ha, en ese augusto sillón. La vida es ver pasar. Me digo. Para algunos, añado, como yo mismo. Para otros vivir es volver, como para el reparador. Que a unos nos toque luego ver y a otros volver, depende del azar, de los dados del destino, del malicioso arbitrio de los dioses. Volver o ver volver: de eso se trata y, no hay que darle más vueltas, eso es todo.”

(Gonzalo Hidalgo Bayal, Conversación, páginas 20-21, 66, 125, 173)

lunes, 20 de febrero de 2012

LA ESCRITURA TRANSGENÉRICA DE SERGIO CHEJFEC

Baroni: un viaje
Sergio Chejfec
Editorial Candaya, Les Gunyoles ( Avinyonet del Penedés) 2010, 191 páginas.

Confiesa Sergio Chejfec que para él la literatura fue un verdadero acto de voluntad. Sus orígenes familiares son polacos y judíos, pero el yiddish fue en su niñez una lengua fantasma, un muro que le impedía comunicarse con sus hermanos. Además en su familia no se leía. Pero decidió ser escritor, expresar mediante una lengua que no traicionara sus orígenes, lo que deseaba exponer. Y hoy en día se ha convertido en uno de los escritores más originales e innovadores de las letras latinoamericanas. Su literatura refleja en buna medida sus vivencias como emigrante: argentino de origen polaco, emigrante en Venezuela y asentado ahora en Nueva York. Y sus personajes comparten esa condición de perpetuo desplazamiento. Personajes flotantes que deambulan de un sitio a otro, caminantes. Su literatura es ajena al realismo, aunque las novelas que escribe ahora, al contrario de sus primeras creaciones, no están ancladas exclusivamente  en la ficción. Incorporan discursos no narrativos, tomados de los distintos saberes humanos, y con una fuerte presencia de objetos enigmáticos, sobre todo obras de arte, como si la realidad nos estuviera mirando. El vínculo con esos objetos es el motor de arranque de muchas de sus historias.
Baroni: un viaje comparte en buena medida estos postulados. Es ante todo una novela híbrida: ensayo, crónica, anotaciones diarias, testimonio, combinación de anécdota y experiencia. Novela, biografía, reflexión y diálogo con el arte y con los objetos artísticos. En este texto no hay ningún núcleo diegético; la historia es un desplazamiento y en ese viaje se concentra el relato. En el viaje y en un personaje: Baroni. Mas Baroni es un personaje vivo, real, una mujer, excéntrica artista popular en su ancianidad, talladora de imágenes policromadas, convertida en centro de la novela. Rafaela Baroni, una artista popular venezolana que habita los pedregales y hondonadas de Boconó, estado de Trujillo,  en las estribaciones andinas venezolanas. Talla figuras de madera con motivos religiosos, digiere mitos populares, es víctima de episodios de catalepsia, muere y resucita con cierta frecuencia, cura enfermos, lee el futuro de las personas, se casa de mentiras.
Rafaela Baroni, siendo joven, había huido de la casa de sus padres, después de abandonar a sus hijos de corta edad por temor a asesinarlos en uno de sus arrebatos de locura. Permaneció escondida en el cementerio de Boconó, durmiendo entre las tumbas porque, “con la muerte había establecido un vínculo más habitual de lo que cualquiera en Boconó pudiera suponer” (página 36). Y comienza a tallar figuras que Chejfec interpreta como rastros de su pasado. Tal es el caso de la figura de una mujer en la cruz: la juventud apagada, la feminidad cautiva, el cuerpo crucificado.
Pero la novela no se yergue sobre la peripecia existencial de la protagonista, sino sobre los pensamientos y cavilaciones del narrador ante lo que transmiten las figuras de Baroni: silencio pero también existencia, porque poseen esa engañosa capacidad de conferir vida. Sergio Chejfec sigue el rastro de esta mujer por los caminos de Venezuela, la observa también atentamente en sus tallas. La novela se convierte así en una suerte de incursión a las interioridades del ser de las personas y de sus obras.
El relato, como ya señalé, se concentra en el viaje por los caminos, ciudades y pueblos de Venezuela y en ese personaje singular al que mira, analiza y lo sitúa en los diversos tiempos de su estadía existencial.
Sergio Chejfec
Libro complejo y a la vez perturbador. Indigerible para aquellos paladares que se alimentan con banales aventuras y best – sellers. Pero, a la vez, narración profunda y vanguardista, sobre todo porque rompe con las fronteras genéricas. En sus páginas conviven la ficción, el ensayo, una suerte de bitácora de viajes e incluso análisis de obras de arte. La sola ficción, como confiesa el escritor, no sirve para entender los misterios del alma de un personaje tan singular como esta anciana que esculpe tallas policromadas, manifestaciones autónomas e incluso divergentes, de unas pocas existencias capaces de replicarse. Esto es Baroni: un viaje. Un periplo por pueblos y ciudades del altiplano venezolano, una poética del paisaje, un homenaje así mismo a poetas y a pintores raros y desconocidos, y sobre todo un encuentro con un personaje capaz de recuperar vida y cultora de la muerte.

Francisco Martínez Bouzas
El Santo Médico y mujer crucificada, escultura de Rafaela Baroni
                                          
                          

domingo, 19 de febrero de 2012

DICCIONARIO DE LITERATURA PARA ESNOBS

Diccionario de Literatura para Esnobs y (sobre todo) para los que no lo son
Fabrice Gaignault
Traducción de Wenceslao - Carlos Lozano
Ilustraciones de Sara Morante
Editorial Impedimenta, Madrid 2011, 250 páginas.
  
  
Impedimenta es uno de esos sellos editoriales agrupados, a efectos publicitarios, en el Grupo Contexto. Editoras a las que la actual crisis y deriva editorial han hecho surgir como una forma de resistencia frente al “libro único”. Su catálogo, aún no muy numeroso, es sin embargo variado y muy selecto. Recupera clásicos incontestables, “fabrica” clásicos  modernos y hace llegar al lector español obras de otras tradiciones literarias. Y sobre todo es sensible a la buena narrativa, también a la de la periferia española.
Con el diseño de Enrique Redel, Impedimenta inaugura 2011 con una nueva colección: “La Biblioteca del Pájaro Dodo” (del portugués “doudo”, lelo, bobo). Abre la colección un curioso libro: la traducción del Diccionario para Esnobs y (sobre todo) para los que no lo son de Fabrice Gaignault. Un glosario esencial, como reza el subtítulo, de lo más puntero de la Literatura.
Uno de los rasgos del esnobismo, como escribe el prologuista, José Carlos Llop, uno de los tres autores españoles que tienen entrada en este Diccionario, es la incomodidad, el recelo silencioso ante la vulgarización de escritores que empiezan a ser conocidos. Y la consecuencia es la inmediata expulsión de tales escritores  del coto privado de los lectores esnobs. Por consiguiente, lo que leen los esnobs, son las rarezas, lo más chic, para no contaminarse de la simple trivialidad de los lectores corrientes. Ellos forman el Club de los Happy Few. Leen y sueñan incluso con post -post-poesía. Esa es la razón por la que Enrique Vila-Matas aparece citado pero sin entrada: se supone que, pese a ser un autor de culto, para el público francés ya ha perdido su carácter de exquisito minoritario.
El Diccionario se inaugura con el catálogo de los libros odiados por los esnobs literarios. Y en esa relación encontramos, como es obvio, algunas de las obras cumbres de la narrativa del siglo XX, ya que justamente su fama las privó de ese carácter minoritario. A continuación, un desfile de la crème de la crème  de las letras. Los malditos, los fugitivos, los narradores errabundos, los dandis, los elitistas, los líricos psicópatas, los esotéricos y escritores sólo para iniciados, pero también los iconoclastas, los miembros de sectas literarias los y las que exhiben  su intimidad “como stajanovistas del sexo a mogollón” tal como reza la entrada de Catherine Millet. Todos ellos, indispensables para los lectores exquisitos. Tipos desconocidos en su gran mayoría para el gran público, a los que Fabrice Gaignault retrata entre un rosario de anécdotas, frecuentemente malvadas o define de forma perversa.
Fabrice Gaignault
Veamos, a modo de ejemplo, algunas de la credenciales de estos escritores y escritoras de la familia de los raros o exquisitos. Kathy Acker: “Escritora tatuada de rostro andrógino, adepta del bodybuilding, autora de una obra que mezcla pornografía, fragmentos autobiográficos y préstamos de textos ilustres (…), no vacilaba en copiar pasajes de obras maestras de la literatura universal, una actitud que le valdría ser tildada de pirata y que ella justificaba irónicamente explicando que, al fin y al cabo, copyright significa derecho a copiar” (página 30-31); William Burroughs: “Personaje inquietante con cara de enterrador psicópata, tocado con sombrero de gángster y  a menudo armado con pistola cargada” ( página 72 ; Marguerite Duras: “Hacendada (y escritora) francesa, famosa por haber alquilado durante varios años una mansarda al gran escritor español Enrique Vila – Matas. Solía llevar jersey con cuello vuelto” (página 100); Mitteleuropa: “Patria de escritores depresivos y suicidas (Kafka, Zweig, Roth, Trakl) muy dados a aborrecer una determinada bohemia forzosa” (página 162).
Y para los que no son esnobs, este Diccionario les suscitará los sabores de una novela de personajes curiosos y fascinantes novelistas, poetas, editores, aforistas, moralistas, charlatanes, alcohólicos, drogadictos… Y se divertirán porque Fabrice Gaignault  no pretende pontificar ni hacer didáctica. Inventa únicamente unos códigos “un poco más sutiles y refinados que la lectura de confesión al uso”

Francisco Martínez Bouzas


El  lector por Pierre. August Renoir

                                            

sábado, 18 de febrero de 2012

LA LITERATURA FRONTERIZA DE W. G. SEBALD


Austerlitz
W. G. Sebald
Editorial Anagrama, Barcelona 2002, 292 páginas.
(LIBROS DE FONDO)


Pocos meses antes de que el  1 de diciembre del año 2002 recibiera en el auditorio 'Juan Rulfo' el premio al Mérito Editorial de la Feria del Libro de Guadalajara (México), Jorge Herralde, paradigma desde hace más de 40  años del editor independiente e insumiso, apostaba por los géneros híbridos. La prevalencia de la así llamada “Non Fiction” sobre la ficción o narrativa tradicional. Géneros mestizos ejemplificados en aquellos años por obras como El Danubio de Claudio Magris, Las bodas de Cadmo y Harmonia de Roberto Calasso, Soldados de Salamina de Javier Cercas y la mayoría de la obra de W.G. Sebald. Y en efecto, la confirmación de cuanto afirma este editor, que busca la excelencia literaria , se ofrece en Austerlitz, la última obra de W.G. Sebald,  traducida al español  en el año 2002. El escritor germano ya forma parte definitivamente de la nómina de los no-Nobel. Un trágico accidente automovilístico acaecido en diciembre de 2001, le segó la vida a un autor que, como dice Susan Sontag, demuestra que la literatura puede ser literalmente indispensable: “A través de él la literatura continúa viva”. Otro gran escritor, igualmente eterno candidato al Nobel, aunque finalmente lo consiguió, J. M. Coetzee, consideraba que Austerlitz, el último libro de ficción de W.G. Sebald, es su obra más ambiciosa e intensa.

Con Sebald la literatura alemana hace gala fuera de sus límites fronterizos de su versátil creatividad. Una literatura que está dando muestras de una extraordinaria vitalidad en estos más de veinte años transcurridos desde la caída del muro de Berlín. En efecto, a mediados de la pasada década, se produjo en Alemania un verdadero boom de nuevos escritores, hasta el punto de que no resulta fácil calibrar lo que en este grupo de creadores (Durs Grübein, Ingo Schulze, Marcel Beyer, Uwe Timm entre otros) hay de verdadero proyecto literario o de simple rótulo comercial.

W. G. Sebald forma parte de este rutilante renacimiento de la literatura germana de estos días. Sin embargo el escritor, nacido en Wertach, en la región alpina de Baviera, fue sobre todo un profesor universitario que desenvolvió su trabajo desde 1970 en Norwich (Reino Unido). Fruto de su labor como docente de literatura son sus obras académicas: La patria infausta o Descripción de la miseria. En 1990 salió a la luz su primera incursión en la prosa literaria, Vértigo, en la que ya se podía intuir lo que sería la prosa híbrida de este autor de culto, verdadero Joyce de finales del Siglo XX. Una prosa que sutura momentos eruditos sobre la presencia de Stendhal y Kafka en Italia con agudas reflexiones personales. En Los emigrados, libro aparecido dos años después, reconstruye la existencia de cuatro judíos que huyen de Alemania como consecuencia del ascenso del nazismo, y sobre todo refleja la desazón y la íntima sensación de pérdida que en los seres humanos produce el exilio, a pesar del paso del tiempo. Los anillos de Saturno (1995) es sin duda la obra más narrativa de Sebald, la que verdaderamente le acercó al gran público.
La receta literaria es la misma que en sus anteriores obras: una peregrinación, con mezcla de géneros, que realiza el escritor por el condado de Suffolk buscando las huellas de Thomas Browne, médico y escritor inglés del Siglo XVII. Un verdadero diluvio de vivencias en las que se dan cita lugares y personas y que al mismo tiempo instruyen y permiten gozar de instantes mágicos, reservándose siempre el autor pequeñas ventanas abiertas para la angustia y el desasosiego.

Y por fin Austerlitz, la última obra que redactó W.G. Sebald, traducida al español en una nueva apuesta por la literatura de calidad por Anagrama. Austerlitz es una pieza de ficción inmensamente ambiciosa que gira alrededor de lo que se puede considerar el tema central en Sebald: la empatía por los desterrados, por los expatriados de su propio país. La experiencia vital de verse convertido de la mañana a la noche en una no-persona, desposeído de todo, de casa, de bienes y, sobre todo, del tesoro del idioma. El propio escritor confesó que, a escala de sus propias emociones, la escritura de Austerlitz significó el intento de levantar un museo alternativo al Holocausto.

Resulta prácticamente imposible que esos buenos lectores que exigen los libros de Sebald, capten con rapidez la trama argumental de la novela. Al penetrar en las páginas del libro, una primera ojeada a las innumerables imágenes y fotografías que llenan Austerlitz, puede inducir al lector a considerar esta obra como un tratado sobre la arquitectura monumentalista del capitalismo. Un libro de viajes o de literatura autobiográfica.Sin embargo en Austerlitz el lector perseverante se encontrará con la esencia de la literatura de ficción y con la eterna obsesión del escritor germano. Pero ambas dimensiones solamente se le irán revelando poco a poco, en una especie de avance vaporoso y prolongado. Tan lánguido y doloroso como los descubrimientos que realiza el propio protagonista, Jacques Austerlitz, un joven educado con unas normas muy austeras en lo más profundo del Gales rural. Ya de mayor, un programa radiofónico le pone en el rastro de sus verdaderos orígenes y, en un viaje tortuoso, este ser solitario descubre su condición de huérfano del oprobio de los campos de concentración. No obstante lo que verdaderamente acaba revelando la biografía de Jacques Austerlitz, es una espantosa imagen de Europa que permite que los seres humanos se sientan extranjeros en el medio de inmensos enjambres de gente.



W. G. Sebald

Como en sus obras precedentes, el autor hace de Austerlitz un espejo de múltiples reflejos emocionales. Un testimonio de que la exploración del pasado y la conservación de su impronta en la memoria, son la mejor arma para la reconstrucción del presente. Austerlitz es así mismo una muestra de la literatura azarosa, esa ficción que difunde la idea de que la fatalidad y las casualidades son elgran incitador de la historia.
En Austerlitz se le abre de par en par las puertas a lo excéntrico, a la fantasía, a la literatura en estado híbrido en una atrevida mezcla de géneros. En la misma, el autor amalgama biografía e historia, símbolo y fotografía, ficción e información, diluyendo sus fronteras. Algunos críticos temen que esta estrategia narrativa y el elegante estilo de Sebald acaben por disipar el horror a los campos de concentración.

Nada de eso pretendió Sebald. La suya fue una apuesta por un método indirecto, tangencial y estaba convencido de que los buenos lectores, que sin duda existen y para los que escribió, sabrán comprender que las imágenes de los objetos que aparecen en su libro es imposible vislumbrarlas de una forma inocente, puesto que detrás de las mismas, está toda una historia de Europa, una historia terrible y todavía muy cercana, presentad en un contexto estético.

Francisco Martínez Bouzas
( Texto publicado en El País de Cali el 9 de marzo de 2003)

viernes, 17 de febrero de 2012

VIAJES Y VIAJEROS: "DERROTA DE VASCO DE GAMA"

Derrota de Vasco de Gama. El primer viaje marítimo a la India
Isabel Soler
Acantilado, Barcelona, 2011, 228 páginas.


La condición viajera por tierras y mares es inherente y constitutiva de la existencia humana. Junto con la irrupción  de la sabiduría y del desorden, en aquellos primates con cerebro grande, seres invadidos por el egoísmo, la ebriedad, la furia, la imaginación, el amor, la desmesura,… se instaló otra ubris no menos intensa: la necesidad de abrir horizontes, de viajar y conquistar el mundo. El tópico medieval “Homo viator”, usado originariamente con otro significado, delimita a la perfección esa nueva condición de la especie humana. “El homo erectus, escribe Edgar Morin, tardó algunos centenares de miles de años en extenderse en el Mundo Antiguo, mientras que sapiens en unas pocas decenas de miles de años se extiende por toda la tierra” (El paradigma perdido, página 132). El desarrollo del pensamiento empírico-lógico, el despliegue de múltiples aptitudes intelectuales para la organización, la invención y la creación y la misma capacidad imaginativa (el pensamiento subjetivo-fantasmagórico-mítico-mágico) les hizo concebir a nuestros antepasados, y también a nosotros,  temerarias quimeras expansivas, conquistadoras o simplemente exploradoras, cuya consecuencia práctica, fue y es el dominio del planeta, una prodigiosa diáspora que ensanchó el mundo hasta sus últimas fronteras.
Este libro publicado por Acantilado, habla precisamente de todo ello, de esas marejadas de demencia que forzaron a algunos individuos de nuestra especie a precipitarse por las sendas marinas o por los caminos pedestres, entre montañas y valles, en búsqueda errante de nuevas derrotas marítimas, remotas regiones con pueblos perdidos y culturas olvidadas o desconocidas.
Porque fruto  de la “demencia” (de la “demencia” del “homo sapiens”) fue el viaje del genovés Cristóbal Colón hacia lo desconocido. Pero no menos “neurótica” fue la  travesía que el navegante portugués Vasco da Gama emprendió el 8 de julio de 1497. Ambos pretendían llegar a la India por mar, evitando así el control arancelario ejercido por los venecianos sobre el comercio con Oriente a través del Mediterráneo. Pasados dos años, el portugués había logrado lo que en vano intentó Cristóbal Colón: arribar a la India, inmenso territorio de ricos mercados y millones de potenciales cristianos. (“Venimos a buscar cristianos y especias”, decía el portugués). Había llegado a la India por mar, bordeando África y enfrentándose con el cabo de Buena Esperanza.

Desde entonces, Vasco da Gama, el capitán mayor de aquella expedición, se convirtió en mito y la presencia portuguesa en Oriente creció de forma acelerada, hasta el punto de que, en unos pocos años, los portugueses controlaron la mayoría de de los puertos importantes de aquellas latitudes. El mito y la hazaña, auspiciados por el rey mesiánico portugués, Manuel I, serían ensalzados, ochenta años después, por Os Lusiadas de Luís de Camoes, aunque Vasco da Gama y su propia existencia aparezcan salpicados por episodios obscuros, fruto quizás de la manipulación de la historia oficial, como afirma Isabel Soler, investigadora de los viajes y letras portuguesas del Renacimiento.
De Vasco da Gama, al contrario de lo que aconteció con Colón, no se conserva ningún diario de a bordo. Únicamente un texto escrito por un anónimo tripulante de aquella expedición, Roteiro da Primeira  Viagem de Vasco da Gama, que, en traducción de Isabel Soler, publica ahora Acantilado, precedido de un amplísimo y documentado Prólogo de su autoría. Este anónimo Roteiro está escrito como un diario de viaje, exento de artificios y brillantez literaria, pero repleto de la frescura de quien es testigo ocular de lo que narra. Registra el desconocido autor rutas, incidentes en los navíos, encuentros con los nativos en los puertos donde desembarcaban, hasta alcanzar la población india de Calicut. Así como el regreso, hasta el día 25 de abril de 1499, fecha en la que el relato se interrumpe de forma brusca.
Vasco de Gama por Gregorio López
Isabel Soler nos ofrece una versión en español que recoge y completa las ediciones precedentes más rigurosas, tanto portuguesas como europeas. Acertadamente mantiene la traductora el tono inculto y tosco pero ágil, espontáneo y documental del anónimo autor. Su traducción se halla precedida, como ya apunté, por un extenso y documentado estudio que contextualiza el texto original, la figura de Vasco da Gama y el juego de sombras y luces sobre él proyectadas, especialmente en Os Lusiadas, donde su personalidad aparece muy desdibujada frente a la intervención de los dioses.
Un doble acercamiento, pues, a una gesta que abre nuevos horizontes, de conquista y colonialismo por supuesto, pero que, en contraste con lo que hicieron los españoles, como afirma la prologuista, “el viaje portugués tricontinental y trioceánico fue a lo largo de más de 200 años un diálogo y no un monólogo con las culturas encontradas”.

Francisco Martínez Bouzas

                                                                              
Isabel Soler

Extracto

(…) “En esta tierra hay hombres oscuros que no comen sino lobos marinos y ballenas, y carne de gacelas y raíces de hierbas. Y andan cubiertos con pieles, y llevan unas vainas en sus naturas. Y sus armas son unos cuernos tostados, metidos  en unas varas de acebuche, y tienen muchos perros, como los de Portugal, y así mismo ladran. Las aves de esta tierra son así mismo como las de Portugal: cuervos marinos, gaviotas, tórtolas y alondras, y otras muchas aves. Y la tierra es muy saludable y templada y de buenas hierbas”

(…) “Y fondeamos junto a la costa, obra de una legua y media de tierra. Y una vez posados, se acercaron cuatro barcos que venían para saber qué gente éramos, y nos confirmaron y mostraron Calicut. Y al día siguiente (21 de mayo) volvieron estos barcos a nuestros navíos. Y el capitán mayor mandó a uno de los degradados a Calicut, y aquellos con los que iba lo llevaron donde estaban los moros de Túnez que sabían hablar castellano y genovés. Y la primera salva que le dieron fue ésta que sigue:
-¡Por todos los diablos! ¿Quién te trajo aquí?
Y le preguntaron qué habíamos venido a buscar tan lejos, y él les respondió:
-¡Venimos a buscar cristianos y especias!”

(Roteiro da Priemeira Viagem de Vasco da Gama en Isabel Soler, Derrota de Vasco de Gama, paginas 118 y 161)

miércoles, 15 de febrero de 2012

"UNA NOVELA FRANCESA",FRÉDÉRIC BEIGBERDER DISECCIONA SU PROPIO YO


Una novela francesa
Frédéric Beigbeder
Tradución de Francesc Rovira
Editorial Anagrama, 2011, 213 páginas.


Comparte impacto mediático y aura de escritor “maldito”  e irreverente con su prologuista, Michel Houellebecq que define este libro con una sola palabra: honestidad. Otros han dicho de él que es un bocazas, un tipo estúpido, pedante, hijo de papá, impertinente, engreído, deseoso de ser siempre el ombligo, el protagonista, cínico, irónico. Ni él mismo se muerde la lengua y en esta misma novela se autocalifica como “pijo reprimido” y “misógino rencoroso”. Es Frédéric Beigbeder y me atrevería a decir que despierta tantas o más filias y fobias que Houellebecq, quien, por cierto, hace del “ilustre Frédéric Beigbeder” un personaje muy desmedrado y bastante canalla de El mapa y el territorio.  Una novela francesa  es su título más reciente y ha sido traducida al español, como su obra anterior, por Anagrama.
Leo Una novela francesa con una cierta perplejidad lectora que me acompaña desde el prefacio y el prólogo hasta el epílogo final: la duda de no ser capaz de discernir si lo que escribe Beigbeder es en efecto un derroche de honestidad o una soberana forma de pretender epatarnos  con frases talentosas, sonoras ocurrencias y esa forma, llevada  a la máxima expresión, de autorreferencialidad, de autoficción, de novela autobiográfica, de incluirse a uno mismo no solo como personaje, sino como protagonista principal dentro de una novela.
Suscribo lo que afirma Beigbeder: su vida no es más interesante que la nuestra, pero tampoco lo es menos (página 206). Pero ¿es material necesario y suficiente para  una novela? Viene a mi mente una afirmación de Gilles Deleuze en el único documental filmado que de él existe: La abominación de la literatura actual consiste en que todo el mundo cree que para escribir una novela basta con tener una abuela muerta de cáncer o un padre abusivo, cierta memoria. Porque, por no tener, Beigbeder no tiene ni siquiera memoria. Nos quiere contar, y de hecho nos cuenta su infancia y preadolescencia, pero no se cansa de repetirnos el ritornelo de que no se acuerda de nada, de que no tiene una arqueología, de que es un desierto. ¿Qué fuerza le empuja entonces a escribir, a reconstruir  a tientas su infancia?  Una detención que le hizo pasar cuarenta y ocho horas en el calabozo por consumir cocaína sobre el capot de un coche en la vía pública. “Me acababa de enterar de que a mi hermano lo nombraban caballero de la Legión de Honor cuando comenzó mi detención preventiva” (página 17). Y en el calabozo, como no tiene ni un libro ni un somnífero, empieza a escribir esta novela en su mente. El resultado es este libro, “una investigación sobre el tedio, el vacío, un viaje espeleológico al fondo de la normalidad burguesa, un reportaje sobre la banalidad  francesa”(página 23).
Es suficiente la chuleta mnemotécnica en que se convierte el calabozo para que su infancia y su preadolescencia emerjan a la superficie. Y a partir de ahí una incesante letanía sobre el porqué no se acuerda o no se atreve a describir su infancia, cosa que por otro lado hace desde el capítulo 2, convirtiéndose en detective de si mismo, de su pasado, de la genealogía familiar que combina con los episodios de su detención.
Lo curioso es que Beigbeder logra que la mayoría de sus lectores  empaticen con lo que escribe, usando materiales que inspiran nula simpatía, con posicionamientos políticamente incorrectos (no pierda el lector su comentario sobre la esclavitud del feminismo de la página 189 o la discriminación entre el adulterio masculino y el femenino, basándose en una cita de Shopenhauer) y sobre todo con el retrato que hace de si mismo: un pobre niño rico absolutamente pijo, infeliz por el divorcio de sus padres y ahora casi heroico superviviente de los calabozos de la prisión preventiva francesa.
Es posible que sea la disección que hace en caliente de su propio yo y de sus padres, sin camuflajes, desnudándose de verdad, aceptando el paso de los años, la preocupación por el porvenir de su hija y esa infancia indefensa, pero muy sensible en la que recibe lecciones de su abuelo. También su conversión en nómada acompañando los cambios de domicilio al compás de las mudanzas sentimentales de su madre. Quizás todo ello nos haga olvidar esta historia antipática, este personaje pedante y nos muestre otro sensible, humanizado, persuasivo, poseedor de una encomiable talento literario, capaz de convertir su infancia en una novela, en su particular cuento de hadas.

Francisco Martínez Bouzas

Frédéric Beigberder

……………………….
Fragmentos

“-Usted no comprende los estragos que provoca esta mierda. Yo los veo cada día. La cocaína invade todas las provincias, todas las ciudades, todos los suburbio…¿Qué dirá cuando su propia hija consuma droga en la escuela?
Aquí me pilló; su pregunta me dejó de piedra. Reflexioné bien antes de responder. Probablemente era la primera y última vez que tendría una conversación filosófico-social con un poli que me hubiera detenido. Tenía que aprovecharlo.
-Si a los cuarenta y dos años desobedezco las leyes es porque no desobedecí lo bastante a mi madre cuando era joven. Tengo veinte años de desobediencia por recuperar. A mi hija le explico los peligros que la amenazan, pero nunca me enfado con un niño porque desobedezca, dado que así es como se afirma. Naturalmente riño a mi hija cuando tiene una rabieta, pero me inquietaría mucho más si no tuviera nunca ninguna. Voy a escribir un libro sobre mis orígenes. Puesto que me trata usted como a un niño, intentaré serlo para explicar  a mi hija que el placer es algo muy serio, necesario pero peligroso. ¿No comprende usted que este asunto nos sobrepasa a los dos? Lo que está en cuestión es nuestra forma de vivir. En lugar de castigar a las víctimas, pregúnteles por qué hay tantos jóvenes desesperados, por qué se mueren de aburrimiento, por qué buscan cualquier sensación extrema antes que el siniestro destino del consumidor frustrado, del individuo normalizado, del zombi formateado, del parado programado”
…..

“Este argumento es utilizado a menudo por los hombres para justificar el adulterio masculino. Lo encontramos, por ejemplo, en Schopenhauer: «El adulterio de la mujer, a causa de sus consecuencias y por ser contrario a la Naturaleza, es mucho menos perdonable que el del hombre». Parece ser que este célebre argumento de El mundo como voluntad y representación no terminó de convencer a mi madre en 1972. Yo he intentado recatarlo con ocasión de mis posteriores disgustos conyugales.
-Cariño, que yo te engañe es menos grave que si lo hicieras tú, puesto que soy un hombre. No lo digo yo: lo dice Arthur Schopenhauer”
…..

“El amor de nuestra madre  era tan posesivo que se volvía doloroso. Era un amor que se disculpaba continuamente por amar. A veces era un amor deprimente, porque daba la impresión de compensar un vacío. Mi hermano y yo nos aprovechamos del fracaso sentimental de nuestra madre y de la esclavitud del feminismo (antes las mujeres criaban a sus hijos, ahora crían a sus hijos y ADEMAS tienen que trabajar)…Fui un niño sometido a un nuevo matriarcado, que idolatraba  a su madre pero con una revancha pendiente  con todas las mujeres. Mi infancia hizo de mi un ser sediento de cuerpos femeninos, presa de un misoginia rencorosa”

(Frédéric Beigbeder, Una novela francesa, páginas 77-78, 181, 189)

domingo, 12 de febrero de 2012

"DIÁLOGOS DE TIGRES", LAS MICROFICCIONES DE LILIAN ELPHICK


Diálogos de Tigres
Lilian Elphick
Mosquito Editores, Santiago de Chile, 2011, 120 páginas.


Aunque poco conocida en España -sus libros han sido editados en Chile-, Lilian Elphick es una de las voces más potentes y singulares de la narrativa hiperbreve  en lengua española. Directora de talleres literarios, editora de la página web  Letras de Chile, ha demostrado sobradamente su experiencia y buen hacer en el género de la distancia corta y la recompensa inmediata, con varios libros de sus autoría, publicados entre los años 1990 y 2011, así como en antologías de cuentos y relatos breves que vieron luz, tanto en Chile como en otros países.
Diálogos de Tigres es su más reciente aportación a la microficción en lengua española, merecedora, por la agudeza e ingenio de sus historias y por su prosa briosa, teñida de colores líricos y destellos de reflexión filosófica, de figurar en la nómina de las más selectas antologías del relato breve. Y, por supuesto, de una lectura atenta e inteligente, generadora de ese sublime placer estético que se genera en nuestra mente cuando la belleza y el ingenio nos posee a través de la palabra.
Un cuento, escribió Andrés Neuman, se juega la vida en las primeras líneas. En la última tiene la posibilidad de resucitar. Las fronteras del microcuento son mucho más angostas y muchas veces la primera línea es también la última. En un simple guiño, en una rápida mirada, es preciso encerrar  toda una historia. El microcuenta se sustenta, pues, en la parquedad de la formulación verbal y en la absoluta excepcionalidad. Escribir lo mínimo, pero constriñendo al lenguaje y hacerlo además con esa precisión y con esa intensidad, de forma que en la mente lectora su denotación sea a la vez amplia, rica y profunda.
En la microficción, los ciento veinte relatos de este volumen de Lilian Elphick, como diría Cesar Aira, suben la apuesta, se lo juegan todo. Pero los riesgos que asume la autora resultan ser a la vez sedante, bendición y estímulo. Sobre todo estímulo para el lector porque la narrativa breve de Lilian Elphick desarrolla al máximo la teoría de la alusión, “to write on the principle of the iceberg” (E. Hemingway). Escritura alusiva o insinuante que afecta al nivel simbólico sumergido debajo del lenguaje, como el iceberg bajo el agua. Microcuentos, pues, que en su dimensión conceptual no dejan asomar más de un tercio de su magnitud, correspondiéndole al lector activo, a su imaginación, la tarea de bucear para descubrir la epifanía de los dos tercios restantes. En algún caso es la propia  escritora la que incita al lector a hallar esa parte invisible del témpano sumergido: “Tigre le ofrece una manzana para que ella sea una, sólo una, pero Fábola es la manzana acribillada de lujuria. ¿Se entiende?”(página 26). Por eso mismo, los relatos de Lilian Elphick son témpanos en la imaginación que ilustran la disimulación, artificio que resulta muy eficaz tanto en los cuentos independientes, como en aquellos otros que forman series (“Diluvio I-V”, “Fábulas”, “Diálogos de tigres” I-X).
Me detengo en estos últimos, en su hilo conductor, tal como lo reconstruye mi imaginación, porque de ese hilo surge una verdadera historia. Los tigres heridos por flechas que no son flechas cualquiera, sino flechas que detienen corazones, enamorados y sueñan sueños imposibles, sin leer a Borges, solo escuchando boleros. O prometen verse de nuevo cuando no dejen huellas y el amor sea un olvido, un dejarse ir. En su último salto en el vacío, sus colas llevan atadas la cuerda de la escritura. Y cuando decidan estar solos y tomar cada uno su rumbo, treparán la pared, pero a la tigresa le costará mucho más porque está preñada de sueños” (páginas 7-16).
En los ajustados parámetros en los que Lilian Elphick concibe sus piezas breves hay, sin embargo, lugar para la fábula, para la reflexión filosófica, para el deseo y para un sutil erotismo, escondido en esos tercios sumergidos de la condensación del hiperbreve. Encierra eficazmente la autora estructuras narrativas completas en muy pocas líneas, diseñadas generalmente  a través de un lenguaje sencillo, conciso, elíptico,  mas sin renunciar por ello a los exquisitos regalos de una prosa primorosa, rebosante de tensión, fuerza, sorpresa, belleza e incluso musicalidad. Prosa torrencial que se amalgama a veces con otro tipo de escritura: sensual, lúbrica, capaz de seducirnos. Es el personalísimo acento de Lilian Elphick expresado lingüísticamente.

Francisco Martínez Bouzas




Crestomatía de Diálogos de Tigres

Diálogos de tigres III
“Luego de caminar por las extensas planicies de la escritura, los tigres llegan al río del silencio. Ahí se bañan y olvidan que están hechos de tiempo y de sangre. A sus pieles mojadas se adhiere la palabra ’pez’. La tigresa puede nadar debajo del agua a gran velocidad; el tigre da brincos contra la corriente. Juegan a acariciar burbujas.
-¿A quién le contaremos nuestra historia?- pregunta ella.
-¿Cuál historia?- pregunta él.
Los tigres jadean bajo el sol implacable y sus patas se hunden en la arena. Tienen sed. Saben que morirán si no encuentran una mano que morder, aquella que los escribe en la mitad de la noche”.

Fábula del tiempo
“Fábola y Tigre han decidido tomarse un tiempo. Él es el primero en beberlo. Ella tiene un poco de miedo, pero Tigre la incita a coger la copita y tragarse el líquido de una sola vez.
-Amargo
-Más bien ácido.
-Como el limón.
- Pero con un toque de cicuta.
- Oh, sí.
Y así hablaban hasta que el tiempo surte efecto. Los devora de inmediato, sin el trivial acto de canibalismo.
Fábola y Tigre se miran. Son un par de desconocidos en la enormidad de las praderas amarillas”.

Sic gloria transit mundi
“Y cuando despertó, Dios le dijo. «Quiero que estés en el pesebre». Entonces el dinosaurio fue y se acomodó como pudo entre la vaca y el burro. El Niño nunca más olvidó esa bucólica escena.

Final feliz
“Nos amamos desde el lugar de las palabras; el deseo era una escritura que iba y venía, ataviada de un presente compacto.
Nos amamos con furia, siempre indagando en la perversión que tiene toda historia ficticia.
Nos buscamos en libros y cartas; fuimos el papel y la tinta, unidos por ojos que nos leyeron.
Por eso lo maté: para amarnos más y eternizar el mejor de los finales”.

Balada de la piedra
“Qué  curioso es ver el viento en su transparencia de pelo revuelto. Y qué inquietante esta inmovilidad inquebrantable frente al mar convulso, y las agujas de agua fatigándome, los pequeños crustáceos cerca de mi, arriba de mi, silenciosos y activos. Qué decir de las gaviotas graznando asesinatos: me abraza la sangre que poco a poco se evapora. El pañuelo voló hace mucho.
Y por ser piedra, lloro”.

(Lilian Elphick, Diálogos de Tigres, paginas 9, 27, 42, 100, 111)


sábado, 11 de febrero de 2012

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE CARVER?

Principiantes
Raymond Carver
Traducción de Jesús Zulaika
Editorial Anagrama, Compactos, Barcelona 2012, 320 páginas.


La vida y la obra de Raymond Carver (1939-1988) se nutre en gran parte en la leyenda. Desconocido prácticamente cuando en 1981 su editor Gordon Lish -“Captain Fiction” según el apodo- publicó ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, después de una poda de aproximadamente el 50%, con un corpus literario formado únicamente por tres libros de poesía y uno de relatos. Cuando Carver fallece en 1988, pasó a la historia como uno de los máximos modelos literarios de los últimos treinta años. Uno de los grandes escritores de América, un icono, junto con  Chéjov quizás el mejor cuentista del siglo XX. Padre del realismo sucio y uno de los pilares del minimalismo. “La voz más genuina de la Norteamérica contemporánea” como de él dijo la crítica, nos ofrece -o eso creíamos- una literatura minimalista, “dependiente de lo omitido” (Harold Bloom).
Si por algo se caracteriza la literatura minimalista es por la economía de recursos, por narrarnos historias en muy pocas líneas, evitando dictar contextos y sugiriéndole al lector significados plurales. Sus textos demandan pues lectores activos, que elijan un lado de la historia. Historias  narradas en muy pocas líneas con personajes sencillos, triviales, en absoluto famosos, pero cuyas vidas, captadas a través de ángulos, los convierten inesperadamente en misteriosos, mentirosos, asesinos.
Después de Hemingway, iniciador de la literatura minimalista en EE.UU, el nombre se asoció por antonomasia a Raymond Carver. Al Carver editado por Gordon Lish en la editorial Alfred A. Knopf, especialmente en ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? La sequedad de su prosa, su estilo elíptico, carente de empaque al proponer historias, la monotonía en la que habitan sus personajes, sus “diégesis parsimoniosas” o incluso insignificantes, sus inesperados y terribles desenlaces, lo convierten en el paradigma del minimalismo. Todo ellos hasta que en 2009, editado por William  L. Stull y Maureen P. Carroll apareció publicado en Londres Beginners, The Original version of What We Talk About When We Talk About Love, traducido al español por Anagrama en 2010 en “Panorama de narrativas” y reeditado en enero de 2012 en “Compactos”.
En el Prefacio los editores informan de los antecedentes. Principiantes es la versión original de los dieciséis relatos escritos por Carver y publicados por Gordon Lish en 1981 con el título ya mencionado. Pero Gordon Lish había cercenado en más del 50% el original entregado por Carver. Un trabajo de edición despiadado, pero certero que eliminó lo sobrante, títulos, páginas enteras y cambió finales. A Lish, un genio del enunciado (sujeto, verbo, objeto y silencio) debemos pues lo que Tim O’Brien  dijo de Raymond Carver: “Utiliza el inglés como una cuchilla: talla piezas de prosa austeras y exentas de adornos, y para ello despoja a ésta de todo salvo del meollo mismo de la emoción humana”.
Un ejemplo. El relato “Dile a las mujeres que nos vamos”, un cuento perturbador que recibió negativas a la hora de su publicación. Una trama muy sencilla. Bill y Jerry son amigos desde la infancia. Entre los dos compran un coche y se enamoran de la misma mujer. Pero ambos se casan. Norteamericanos normales, del montón. Un domingo, después de comer, los dos toman el coche y dan un paseo. En la carretera encuentran a dos muchachas en bicicleta. Se acercan y pretender tontear con ellas. Las muchas dejan las bicicletas y caminan por un sendero. Bill y Jerry las siguen. Bill, desalentado, se para y prende un cigarro. Aquí concluye la historia, pero quedan unas líneas para este final fulminante: “No entendió nunca lo que quería Jerry. Pero todo empezó y terminó con una piedra. Jerry usó la misma piedra con las dos muchachas, primero sobre la que se llamaba Sharon y luego sobre la que debería ser de Bill”.
Una frase impersonal, cortante, despiadada hasta lo inhumano. Pero ese final no es obra de Carver sino de Gordon Lish. En su lugar, Carver había escrito seis cuartillas que Gordon Lish podó sin pudor. Cuartillas ahora editadas en Principiantes. Carver lo narra todo, sin darle ninguna oportunidad  a la omisión. Todo lo que en la versión corregida desparece en la nada, tenía y tiene en el cuento original una prolijidad que finiquita el tono formidable, la ferocidad de un final que, precisamente por lo omitido, se había convertido en un tótem referencial.
Raymond Carver dedicó en 1981 ¿De que hablamos cuando hablamos de amor? a su esposa, la poeta Tess Gallagher  con la promesa de que algún día verían de nuevo la luz aquellos relatos en su extensión original. Principiantes da cumplida cuenta de esa promesa. Han desaparecido los silencios, los vacíos, esos espacios sin nada para que el lector pueda construir  lo que guste. Se ha evaporado aquel minimalismo que nos intrigaba y aturdía a la vez, esos finales que parecían no obedecer a la trama. Por eso son pertinentes las preguntas: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Carver?  ¿Quién es el creador de Carver? ¿Él mismo o su editor?
La versión original de Principiantes nos permite no obstante sumergirnos en la estética de uno de los grandes escritores contemporáneos. A pesar de que el texto original tiende a veces a la obviedad,  a lo farragoso, los relatos  siguen indagando en ese peculiar universo carveriano, falto de énfasis  al proponer una historia o un desenlace, preñado de situaciones tensas, protagonizadas por perdedores, por seres monótonos en frágil equilibrio, a punto de tropezar por enésima vez.
Philip Roth ha afirmado que si alguna vez hubo una pieza literaria que nunca requirió enmienda alguna, es esta. Para otros críticos el verdadero Carver no es carveriano. Personalmente me quedo con el juicio de Jesús Zulaika, traductor en España de toda la obra de Carver y gran conocedor de la estética del escritor: “los nuevos relatos de Carver son tiernos y valiosos en si mismos. Hay gente en todo el planeta que le adora, pero los de antes te dejaban sobrecogido y los de ahora son buenos”.

Francisco Martínez Bouzas



Raymond Carver

Fragmento

“(…) Los vio a los dos al mismo tiempo: a Jerry de pié al otro lado de la chica, con la piedra en las manos.
Bill sintió que se encogía, que se hacía delgado, que carecía de peso. Al mismo tiempo tenía la sensación de estar de pie frente a un fuerte viento que le azotaba los oídos. Sintió deseos de escapar, de correr y correr…, pero algo se movía hacía él. Las sombras de las rocas, alruzarlas la forma de ese algo se acercaba hacía él, parecía moverse con ella y debajo de ella. El suelo, a la luz extrañamente sesgada del atardecer, parecía haber cambiado de lugar. Bill pensó -un tanto injustificadamente- en las dos bicicletas que esperaban al pie de la colina, cerca del coche, como si la posibilidad de quitar de allí una de ellas pudiera cambiar algo las cosas, pudiera hacer que lo de  aquella chica no le estuviera sucediendo en aquel momento en que acababa de coronar la cima de la loma. Pero ahora Jerry estaba allí delante de él, como sin consistencia dentro de la ropa, como si le hubieran despojado de los huesos. Y Bill sintió la pavorosa cercanía entre sus dos cuerpos: estaban a menos de un brazo de distancia. Y entonces la cabeza de Jerry descendió hasta descansar sobre el hombro de Bill. Y Bill alzó la mano, y, como si la distancia que ahora los separaba mereciera al menos esto, empezó a darle palmadas, a hacerle caricias, mientras se le iban llenando los ojos de lágrimas”.

(Raymond Carver, Principiantes, páginas 144-145. Final original del relato “Dile a las mujeres que nos vamos”)