viernes, 13 de julio de 2012

"SIETE AÑOS", CRÓNICA DE ABISMOS Y DERROTAS

Siete años
Peter Stamm
Traducción de José Aníbal Campos
Acantilado, Barcelona, 2011, 262 páginas.


Es imposible que sea de otro modo: la literatura que jamás desperdicia nada no podía dejar de tematizar el amor y el desamor, la condición no estática ni definitiva de los sentimientos, las relaciones interpersonales que siempre han estado en el subsuelo, alimentando los manantiales de la ficción. Pero también algo más novedoso y tan actual como la crisis económica y laboral de nuestros días que enturbia e incluso sepulta esas relaciones entre seres humanos más profundas como pueden ser las relaciones sentimentales.
Todo ello, unido a la dicotomía de una relación con dos mujeres, es aprovechado por Peter Stamm (Weinfelden, 1963) para construir no solo una novela muy actual, sino una buena novela. Una novela sobre seres humanos y sus mutuas relaciones.
La novela  en la que se producen alteraciones de tiempos y se desarrolla en el Munich de finales de los 80 y comienzos de los 90 del pasado siglo, con unos protagonistas que estudian, flirtean, se enamoran -o eso parece-. Y en la actualidad, víctimas, villanos o héroes, de la crisis económica, siempre inmersos y a veces superados por marañas y cascadas de sentimientos y pulsiones eróticas, destinados al fracaso.
En Siete años Peter Stamm le concede la voz a Alex que, como narrador autodiegético, nos cuenta en primera persona la confesión que le hace a una
amiga de su esposa durante una visita. En esta confesión, el lector se encuentra con la historia de una pareja de jóvenes, brillantes y exitosos arquitectos, alejados sin embargo entre si por aspiraciones vitales dispares y con un caos interior difícil de llenar.
La vida del protagonista masculino discurre sometida a la atracción de dos mujeres: Sonja, una bella mujer y brillantes arquitecta -la mujer perfecta- con la que se casará y con la que crea un exitoso estudio de arquitectura. E Ivona, una emigrante irregular polaca, paradigma del desorden y de la vulgaridad. Sonja adopta frente al enamoramiento una actitud fría y racional: baraja  como posibles parejas hombres en los que vislumbra posibilidades de realización profesional. Ivona, en cambio, es sumisa, se conforma con las pequeñas alegrías, desperdicia su vida por un hombre que no la ama, alimenta la necesidad de una vida mejor con novelitas rosa, le ama incondicionalmente y en eso consiste su felicidad. Para Alex, el protagonista masculino, es únicamente una obsesión sexual y una sensación de libertad, de entrega absoluta que no ha podido encontrar en Sonja.
La novela de Peter Stamm discurre alternando dos tiempos: el presente del relato en el que el matrimonio parece haber resuelto sus problemas profesionales y conyugales y el pasado que se remonta a los años estudiantiles en los que el azar hace que se encuentren Alex e Ivona. Cada mirada retrospectiva significa un cruel purgante que le hace experimentar un macabro sentimiento de culpa y le presenta una memoria  rebosante de culpas y de vejaciones. A través de sus palabras salen a flote las mutuas infidelidades de la pareja, el humillante trato al que somete a la ocasional amante polaca, el egoísmo del  acaudalado matrimonio que fuerza a la inmigrante polaca a realizar la oblación más dura para una mujer.
No es sin embargo la dicotomía de las dos mujeres, sino la tensión y la insatisfacción personal y profesional de Sonja, unidas a la crisis económica lo que hacen que la novela experimente distintos giros autodestructivos y bajadas a los infiernos, antes de un final que significa tanto un vacío como una liberación.
Siete años es un drama contemporáneo que plantea múltiples incógnitas. Entre otros, la naturaleza de las relaciones amorosas. Alguien dice en la novela que el amor pasional es una forma inferior de amor. Pero el gran interrogante es el  concepto y el ideal de felicidad. ¿Consiste en alcanzar constantemente  objetivos materiales, sabiendo que una vez logrado uno ya se está perfilando otro? ¿O en las pequeñas alegrías, en los pálpitos de quien cree con fe ciega en el enamoramiento incondicional? La novela es además un perspicaz retrato sociológico de la clase media alta alemana, con su búsqueda desenfrenada del éxito, la ausencia de moralidad, su caos existencial, la decepción, la abulia, la ruina de las pasiones.
Peter Stamm construye con maestría sus personajes, sobre todo el del protagonista masculino. Tanto él como su esposa Sonja no son personajes planos, evolucionan a lo largo de un relato que Peter Stamm escribe de forma concisa, con gran claridad, sin afectaciones. Una vía perfecta para que sus interrogantes hieran nuestras conciencias y nos fuercen a meditar sobre este maremágnum  de abismos y derrotas.

Francisco Martínez Bouzas



Peter Stam

Fragmento

“Había confiado en que algún día me aburriría de Ivona y podría librarme de ella, pero aunque el sexo con ella me interesaba cada vez menos, y aunque a veces sólo hablábamos y ni siquiera nos acostábamos, no conseguía librarme de ella. No era el placer lo que me unía a aquella mujer, sino una sensación que no había vuelto a tener desde la niñez, una mezcla de protección y libertad. Era como si el tiempo no transcurriera cuando estaba junto con ella, pero, precisamente por eso, aquellos momentos tenían tanta importancia. Con Sonja me sentía construyendo algo que jamás quedaba terminado del todo. Pretendíamos construir una casa, tener un hijo, contratábamos empleados, comprábamos un segundo coche. Apenas alcanzábamos un objetivo, ya se perfilaba otro, y jamás conseguíamos estar tranquilos. Ivona, por el contrario, no parecía tener ambiciones. Ella no tenía citas de trabajo, su vida era sencilla y regular. Se levantaba por las mañanas, desayunaba y se iba al trabajo. Que fuera un día bueno o malo dependía de muchas pequeñas cosas: del estado del tiempo, de ciertas palabras amables en la panadería o en algunas casas en las que hacía la limpieza, de la llamada de una amiga con la que iba a tomar algo o al cine después  de trabajar. Cuando yo estaba con ella participaba durante una hora en esa vida y me olvidaba de todo: las presiones de las citas, mi ambición, los problemas en las obras. También el sexo, debido a ello cobraba un cariz distinto. A Ivona no tenía que hacerle un hijo, ni siquiera tenía que dejarla satisfecha. Ella me aceptaba sin expectativas y sin exigencias”

(Pter Stamm, Siete años, páginas 148-149)

jueves, 12 de julio de 2012

CHEQUEO A LA NOVELA EN LATINOAMÉRICA


18 escritores.
La novela latinoamericana contemporánea
Paz Balmaceda
Ediciones Barataria, Barcelona, 2010, 246 páginas.


Este libro tiene su germen en un artículo que Lolita Bosch publicó en El País el año 2009. La escritora se había propuesto leer cien autores latinoamericanos que escribieran en lengua española. Pero, tarea imposible. Los libros de esos escritores no están ni en librerías ni en bibliotecas públicas ni en centros de estudio. En efecto, más allá de los escritores del boom, desconocemos casi por completo la buena literatura que se hace en la lengua común en otras latitudes. Aquella que no se ha hecho merecedora de los premios nacionales o que no haya logrado la apuesta de algún editor independiente. Es un mundo entero por descubrir y en el que zambullirse.
Pero el prólogo de Lolita Bosch es sumamente revelador: los buenos lectores y escritores de otras tradiciones desconocen por completo lo que se escribe en otros países hermanados por la lengua. Apenas existen vislumbres narrativos o poéticos que superen los horizontes nacionales o “el tajante filo de las editoriales españolas”. Vivimos pues sin una ansiada y necesaria globalización literaria entre países hermanos y hermanados por el mismo idioma y tradición cultural. Y todo ello a pesar de ese canal transoceánico que es Internet. La literatura no viaja o viaja muy poco. Solo la de aquellos escritores que escriben literatura de kiosco o de las grandes superficies comerciales y la de los grandes narradores posteriores al boom, Bolaño, Piglia, Pitol, César Aira, entre otros.
La chilena Paz  Balmaceda (Santiago de Chile, 1983) recogió el guante implícito en la propuesta de Lolita Bosch: reunir a escritores latinoamericanos de distintas estéticas y que pudieran aportar una perspectiva muy personal. El colectivo FU, constituido por lectores y con sede virtual en Barcelona, seleccionó a dieciocho autores para un encuentro, Fet a Amèrica, que se celebró en Cataluña en 2010, con la finalidad de que dialogaran sobre la narrativa contemporánea que, en lengua española, se escribe en América.
Aquel encuentro apareció hace unos meses convertido en libro y pone en diálogo a varias generaciones de escritores originarios de catorce países distintos. El aglutinante unificador fue el hecho literario en sus diversas dimensiones, y por parejas estos narradores dialogan con Paz Balmaceda buscando puntos de confluencia. Así pues un estimulante libro de conversaciones conducido por Paz Balmaceda, sobre algunas de las encrucijadas de la actual novela hispanoamericana:
“El contexto social como eje del mundo literario” (Israel Centeno y Luis Humberto Crosthwaite); “¿Cómo ser uno mismo sin repetirse? La identidad literaria” (Tomás González y Antonio José Ponte); “Tradición y modernidad” (Inés Bortagaray y Slavko Zupcic); “La reflexión literaria” (Pola Oloixarac y Marta Aponte Alsina); “La manipulación del tiempo” (Javier Vásconez y Lina Meruane); “La fragmentación ideológica en el lenguaje” (Diamela Eltit y Horacio Castellanos Moya); “Lo complejo y lo simple en la novela” (Sergio Chejfec y Carlos Velázquez); “La lectura: Cómo usamos lo leído en el texto” (Iván Thays y Giovanna Rivero); “La ternura y la crueldad en el discurso narrativo” (Yuri Herrera y Pablo Ramos).
Temas de gran calado, interpretados por nombres que apenas nos suenan, pero que están ahí, hacen buena literatura, experimentan. El diálogo, en general, fluye a buen ritmo, otras veces, de forma más pausada. Pero, sobre todo, permite  descubrir las inquietudes, temas, estilos y los ejes reales sobre los que orbita una parte muy importante de la narrativa de formato largo que se escribe actualmente en español.
Y con conclusiones poco alentadoras en algunos temas: las lecturas de referencia suelen ser, no las obras escritas en su misma lengua, sino la de los escritores norteamericanos; casi ninguno de los entrevistados conoce a sus propios contemporáneos nacionales y, en mucha menor medida, a los de los países de la órbita hispánica. Y los textos en los que fundamentan sus propia intertextualidad  acostumbran ser los que se cuecen en Argentina, España y sobre todo los “made” in USA que han alcanzado estatuto canónico.
Concluyo con una modesta llamada para repetir encuentros de esta naturaleza en otros géneros y subgéneros, tendentes a romper fronteras geográficas. El relato breve, por ejemplo, tiene hoy en Latinoamérica su campo de cultivo más fértil y dinámico. Un encuentro que reuniera a Lilian Elphick, Rosy Paláu, Antonio Ortuño, Rogelio Guedea, María Elena Lorenzín, Ana María Shua, Paola Tinoco, Jorge Volpi, Isabel Mellado, Eduardo  Berti, entre otros rompería igualmente lindes nacionales y permitiría conocer la realidad del otro en el género de la recompensa inmediata o del premio a corto plazo.

Francisco Martínez Bouzas



Paz  Balmaceda



Fragmento

-“Paz (Balmaceda): ¿Les interesa lo que se escribe actualmente? ¿Siguen la literatura contemporánea? ¿Qué otras expresiones artísticas les llaman la atención?

-Lina (Meruane): Hay escrituras que me interesan y otras que no, pero lo importante es poder acceder a los libros que se escriben o circulan en otros lugares para poder encontrar esas escrituras propositivas, porque siempre las hay. No siempre son las más visibles, no siempre son las más comentadas, pero una pertenece a una comunidad de lectores que recomiendan, que envían, que regalan o prestan libros. Así he ido encontrando autores que se han mantenido o incluso complejizado su propuesta, y también he encontrado jóvenes completamente nuevos para mí que me han llegado a fascinar.
Los talleres literarios son otro espacio que puede ser interesante. De pronto surgen grupos o individuos muy talentosos, y poder entablar un diálogo con sus propuestas siempre resulta desafiante y enriquecedor. Con esto quiero decir que la literatura, la capacidad de la ficción, sigue estando presente como zona de reflexión sobre el mundo, la ficción sigue diciendo a su manera muchas verdades actuales, planteando interrogantes necesarios”

(Paz Balmaceda, 18 escritores. La novela latinoamericana contemporánea, páginas 141-142)

miércoles, 11 de julio de 2012

UN ESTREMECIDO VIAJE ENTRE EL PASADO Y EL PRESENTE


Un amor único
Johanna Adorján
Editorial Seix Barral, Barcelona 2011, 157 páginas.

   “El 13 de octubre de 1991, mis abuelos se quitaron la vida. Era domingo. Verdaderamente, no es día propicio para suicidarse”. Un excelente y estremecedor comienzo que solo en parte nos hace olvidar la desafortunada elección de un mal título, que suena a sentimentalismo cursi y, en este caso, también en el original alemán (Eine exclusive Liebe). Y a fe que se trata de un libro sentimental, conmovedor que destila por igual una gran pena, pero también una gran paz. La recreación ficcional de la existencia de Vera e István, dos judíos húngaros, sobrevivientes al holocausto nazi, fugitivos de la represión soviética en Hungría en 1956, refugiados en Dinamarca donde rehacen sus vidas. Envejecen juntos y juntos se suicidan. Él, médico, ochenta y dos años, con una enfermedad terminal que pautaba sus días y con la muerte en el horizonte inmediato. Ella, una mujer hermosa, setenta y un anos, perfectamente sana, pero ha tomado la decisión de no sobrevivir a su hombre. Un pacto, un juramento que se habían hecho mucho tiempo atrás, al final de la segunda Guerra Mundial.
   Su nieta Johanna Adorján, dieciséis años después, reconstruye la vida de sus abuelos, en un viaje al pasado de la pareja desde el día del suicidio que nos anticipa esa prolepsis que inaugura el texto. Y desde su propio presente, echando mano del testimonio de familiares, amigos, conocidos y haciendo incluso hablar a los objetos que acompañaron a la pareja en sus últimos días. A través de todo ello se reconstruye en la mente del lector el carácter y la determinación de esta pareja que juntos superaron dificultades y juntos afrontan un suicidio compartido, explicable, a primera vista por una única razón: lo publicado en la esquela mortuoria de un periódico danés: “Su gran amor es la respuesta”.
   Pero la misma autora se pregunta si hay algo más, si toda la verdad queda reflejada en esas palabras. ¿Quizás el miedo de una mujer a no ser amada, a quedar sola, abandonada en una residencia de ancianos? ¿O quizás el triunfo de los nazis medio siglo después, como afirma Michel Onfray, contra la tesis bienintencionada pero de nefastas consecuencias de Adorno? En buena medida el texto de Johanna Adorján no desecha esa tesis. En su reflexión sobre la identidad judía, se pregunta si no será típicamente judío suicidarse cuando has sobrevivido al holocausto. De hecho muchos supervivientes de los campos de exterminio se han quitado la vida: Primo Levi, Arthur Koestler, Jean Amery, Bruno Bettelheim…Pero además esta biografía – novela alude a otra respuesta: la incapacidad de comunicar el pasado infernal sufrido en los campos de exterminio nazis. Mauthausen y Gunskirchen en el caso de Istvan. La familia nada sabe de lo que el abuelo soportó en el campo de aniquilamiento. Solamente que tuvo que aprender a dormir mientras caminaba, so pena de que le pegaran un tiro. A veces la memoria es piadosa y no retiene según que cosas, concluye  Adorján.                    
   La autora juega con dos hilos para conducir la trama que, a su vez, coloca en tres momentos temporales distintos. El último día en la existencia de los abuelos, descrito minuto a minuto; lo que hacen, lo que piensan, lo que ven estos dos seres desde que se levantan hasta que se entregan a la muerte. Produce escalofrío leer como cortan las cápsulas que contienen el polvo blanco, la preparación del suicidio siguiendo las pautas de Final Exit, un manual de instrucciones para acabar sin dolor con la propia vida, como si fuera un sueño sin un despertar. El pasado de la pareja desde que se conocieron en 1940 en Budapest. Y el propio presente de la nieta reconstruyendo el pasado, desde ese salto a un bucólico  paisaje austriaco entre laderas verdes, en cuya cima se alza “como un fuerte de juguete, el antiguo campo de concentración de Mauthausen”, hasta  el informe de la policía danesa sobre el fallecimiento de los abuelos.

   Hilos conductores y dimensiones temporales perfectamente engastadas en este debut de Johanna Adorján, sin duda sorprendente. Memoria estremecida de una gran historia de amor, teñida de nostalgia más que de sentimentalismo. Un amor tan fuerte, tan perdurable, que se impone incluso a la muerte.

Francisco Martínez Bouzas

domingo, 8 de julio de 2012

"LOS AÑOS DEL VERDE OLIVO": DONDE RENACEN LAS UTOPÍAS


Los años del verde olivo
José Picado Lagos
EUNED, San José, Costa Rica, 2010, 61 páginas.


Lo recordaba Lolita Bosch en el año 2009: desconocemos casi por completo lo que se escribe en otros países hermanados por la lengua. Apenas existen vislumbres poéticos o narrativos que superen los horizontes nacionales. Vivimos sin esa ansiada globalización literaria entre países hermanos y hermanados por el idioma y por una buena parte de la misma tradición cultural. La literatura centroamericana es prácticamente invisible tanto en España como en otros países latinoamericanos. Los canales para la distribución bibliográfica no existen o están clausurados. De uno de esos países, Costa Rica, me llega a través de una mano amiga, Los años del verde olivo, un pequeño libro publicado por una editorial estatal costarricense, con el que debuta en la literatura José Picado Lagos, brindándonos su experiencia vital en las luchas antifascitas, liberadoras del continente.
Y hoy me siento honrado por traer a esta página la obra literaria de un hombre, sobre todo de acción, de un luchador en las mil batallas y empeños liberadores en Nicaragua y en El Salvador. José Picado Lagos es en si mismo y en su peripecia vital, un relato, un macrorrelato en el que la realidad supera a la ficción. Ausentes sus años vestido de verde olivo de las referencias oficiales, incluso de las digitales, el amigo costarricense Ronald Bonilla me introduce  -mi voz vicaria hace los mismo con relación a los lectores- en el peregrinaje existencial de José Picado Lagos, un incansable luchador desde 1970 contra ALCOA, organizando a los pobres de Chacarita en Puntarenas,  a los sindicatos campesinos, luchando como Segundo Comandante de la Brigada Internacional que ingresa en Managua junto con Edén Pastora. Combatiente más tarde del Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional de El Salvador. Pero no solo lucha con el fusil y las granadas, sino también en labores de alfabetización e integración social, labor que continúa ahora en su país natal, Costa Rica. Este es el perpetuo luchador en busqueda de esa orilla liberadora “donde florecen las utopías” que soñó y sigue soñando con Martin Luther King, Camilo Torres, con El Che, Sandino o Jac Palac.
Los años del verde olivo, una colectánea  de cinco relatos, está escrita desde el futuro como “testimonio de alguien que combatió” en la guerra contra la tiranía, pero con la ametralladora ardiendo todavía de deseo. Cinco cuentos que son retazos de la historia centroamericana de los años 70 y 80. Como telón de fondo, “espacios de nostalgia”: Las Segovias, montañas asentadas entre el mito y la magia, donde crecen rústicas margaritas silvestres; La Vía del Transito, el lago-río morada de filibusteros; los frescos y solitarios parajes de Masaya.
 La técnica narrativa: relatos hilvanados desde los hilos del recuerdo, que recuperan la memoria histórica que en Centroamérica tejieron otros hilos: los de la rebeldía e insurgencia revolucionaria contra los tiranos. Relatos testimoniales y escritos en primera persona, con una escritura sencilla, huyendo de artificiosas solemnidades y con un común leitmotiv: la participación de los internacionalistas costarricenses en la revolución sandinista y en el posterior combate contra la Contrarrevolución.
“La Vía del Tránsito” inaugura el libro. Mezclando ficción y realidad, relata la voz narradora -alter ego del autor- el asalto, con la participación de revolucionarios costarricenses, del puerto lacustre de San Carlos, que fue el pistoletazo de salida de la vía insurreccional en Nicaragua. Posiblemente el relato refleja fielmente los hechos, excepto el sorprendente final, porque, como diría o mejor dicho escribió Gabo, es preciso vivir para contarla. En “Asalto al cielo” asistimos al inicio del odio a la Guardia somocista y  a la conversión del protagonista, casi sin darse cuenta, en militante del  FSLN,  a su participación en el hostigamiento al cuartel de Masaya, a su clandestinidad, a la toma del Palacio Nacional de Nicaragua, en la Operación Chanchera, bajo las órdenes del Comandante Cero (Edén Pastora) y la Comadante Dos (Dora María Tellez). Relato de hechos históricos que cambiaron el rumbo de Nicaragua. En “La guerra es de colores” presenciamos el arranque del Frente Sur, con el ataque y toma de Peñas Blancas. “El Gato Peña” es un relato escalofriante en el que el protagonista ejecuta la sentencia de muerte contra varios guardias somocistas, asesinos y violadores. Es sin duda la más dramática de las prosas de José Picado Lagos ya que termina con el cumplimiento de la venganza, porque en las guerras la piedad también es una utopía.
El relato más literario de la antología es, en mi opinión, “Los años del verde olivo” Un grupo costarricense combate al lado del Ejército Popular Sandinista a la Contrarrevolución. La voz relatora es, en este caso, la de una mujer, homenaje, sin duda, a todas las mujeres que en Centroamérica lucharon y luchan contra los tiranos. Forman la Brigada Mora y Cañas, una escuadra “pura vida”.
José Picado Lagos fabula para todos aquellos, hombres y mujeres, que en Centroamérica dieron y siguen dando la vida por la libertad. Sus relatos nos sumergen en una ficción que es la realidad de estos países y lo hace -y se lo agradecemos- con los localismos orales del español de Centroamérica. La hermandad idiomática nos permite disfrutar de aquellas expresiones (“estaría jefeando”, “pangueros, “humazón”, “sangrerío”, “rengueo”, “chavalo”, “vergeo, “sabemos en puta”…) que enriquecen la lengua común y expresan su rica diversidad y dinamismo,

Francisco Martínez Bouzas




Fragmentos

“Un silencio pasado rodeó la panga y a sus ocupantes. El compa encargado de amarrar los mecates continuó con su tarea, sin encontrar ninguna resistencia de parte de los sobrevivientes y, cuando terminó, me lo hizo saber con una seña.
El resto ya se lo pueden imaginar. La sentencia de muerte fue cumplida. Los guardias escogieron lanzarse al agua para no recibir un tiro en la cabeza y se fueron lanzando con la misma cadencia que el pescador tira las boyas de señalización de su trasmallo. Todos terminaron en el fondo del lago, arrastrados por las grandes piedras y, posiblemente, de sus cuerpos se sirvieron los tiburones: los únicos tiburones de agua dulce del mundo. (…)
Y le dije a mi padre, el Gato Peña:
-Gato, cuando me enteré en abril del año pasado, que una patrulla de la genocida había llegado a buscarme en la casa que tenemos en Papaturro y que, al no encontrarme, lo habían sacado a usted, para tirotearlo en media calle y meterle más de veinte tiros en el cuerpo y un balazo de garand en cada ojo y que luego de asesinarlo los miembros de la patrulla entraron en casa y abusaron de mi mamá y de mis hermanas y las degollaron, para no hubiera testigos, yo me prometí vengarlos. Dios me permitió cumplir con esa palabra y por eso le doy gracias.
-Creo que de ahora en adelante me dedicaré a vivir como siempre lo he hecho, como un buen cristiano, sin rencores ni odios. Quiero encontrar a una mujer con las cualidades de mi mamá y tener hijos para educarlos como usted me educó. Me hubiera gustado mucho que la familia pudiera disfrutar de la vida sin Somoza, pero, bueno no ha podido ser”

(José Picado Lagos, Los años del verde olivo,  páginas 43-44)

sábado, 7 de julio de 2012

"NIÑOS EN SUS CUMPLEAÑOS": L PÉRDIDA DE LA INOCENCIA



Niños en sus cumpleaños
Truman Capote
Traducción de Juan Villoro
Nórdica Libros, Madrid 2011, 61 páginas.


   Originario del profundo Sur de Norteamérica, Truman Capote fue un ser extravagante, un bo vivant, que conscientemente puso fronteras en su vida, corriendo juergas y frecuentando francachelas; muchas de ellas en aquel permisivo Tánger de los años dorados, donde se dieron cita intelectuales y escritores tan relevantes como Tennessee Williams, Paul Bowles, Gore Vidal, Patricia Highsmith, Jean Genet. Ellos convirtieron la ciudad marroquí en la capital del mundo gay, pero también en un centro de intercambio e irradiación de energías y proyectos artísticos. La pluma extraordinaria de Truman Capote supo radiografiar las contradicciones de una sociedad en la que sus protagonistas conviven con existencias extrañas y situaciones profundamente complejas, en medio de climas inquietantes, reflejos, no obstante, de la cotidianeidad. Los sentimientos más encontrados habitan no solo en las grandes obras que le catapultaron a la fama (A sangre fría, Desayuno en Tiffany’s), sino también en sus obras menores, en sus cuentos.
   El desencanto, el miedo, la obsesión, mas también la ternura se dan cita en las páginas de extraordinaria calidad que le convierten en uno de los excelsos maestros de la literatura norteamericana del siglo XX. Uno de los pocos, como dijo William Styrom, que tenía el don de hacer cantar y bailar a las palabras.
   Niños en sus cumpleaños, que ahora nos permite leer Nórdica Libros en su colección “Minilecturas”, en traducción de otro maestro de la lengua, Juan Villoro, fue uno de los relatos  preferidos del autor. La trama argumental del cuento relata un año en la vida de dos amigos, dos adolescentes, habitantes de un pueblo de Alabama. Es el verano de 1947, de oxidada y polvorienta sequía, y a ese pueblo en el que nunca sucede nada, el autobús de las seis trae a una niña delgada que caminaba como una persona adulta. Es Miss Bobbit que llega con su madre que nunca habla. El pasmo inicial de los dos amigos ante la niña que llega con los labios pintados, vestida como un florero y que miraba como una dama, da lugar a la absoluta obnubilación de Billy Bob y Preacher Star, dispuestos a cortar todas las rosas de China para depositarlas a los pies de la recién llegada y despertar así su atención.
   El trágico desenlace, anunciado ya en la frase gélida que inicia el relato (“Ayer por la tarde, el autobús de las seis atropelló a Miss Bobbit”, página 7) cae como una inesperada  e insoportable losa sobre las expectativas lectoras. Muerte anunciada, pues, ya desde la primera página y total alteración de la vida de los adolescentes que van cambiando radicalmente sus existencias en este último periplo inocente de sus vidas.
Truman Capote
   En unas pocas páginas, Truman Capote hace gala de sus habilidades para crear espacios, convirtiendo un mundo que se agota en si mismo y en el que el hastío es su único entretenimiento, en un ambiente alterado, lleno de vida, de inquietudes e interrogantes. Con un estilo insultantemente sencillo y diáfano, apoyado en el hallazgo de la frase justa, Truman Capote desvela en este relato la esencia de su literatura. Todo, los personajes, la geografía de ese pequeño pueblo sureño, que agota su realidad en los porches, se convierten en símbolos que remiten a la visión que el autor tuvo de la sociedad americana. Espléndido relato pues sobre la infancia y la inexorable maduración de la misma, construido con pedazos de cotidianeidad, que deja presagiar un fondo perturbador, escrito por un enfant terrible de la narrativa norteamericana, cuyo nombre se asocia para siempre con la frase: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”

Francisco Martínez Bouzas

viernes, 6 de julio de 2012

NARRATIVA NO FICCIÓN SOBRE EL TERREMOTO DE CHILE

8.8: El miedo en el espejo
Una crónica del terremoto de Chile
Juan Villoro
Editorial Candaya, Avinyonet del Penedés (Barcelona), 2011, 110 páginas.


La muy selecta Editorial Candaya edita para España -Alamadía ya lo había hecho antes en México-  8.8: El miedo en el espejo. Una crónica del terremoto de Chile. Su autor, Juan Villoro (México D.F.) es uno de los narradores con mayor pedigrí  desde el momento en que ganó premios tan prestigiosos como el Xavier Villarrutia, el Herralde de Novela y el Premio Internacional de Periodismo Rey de España. Pero Juan Villoro es sobre todo uno de los grandes renovadores de la literatura latinoamericana; miembro de esa generación de escritores que tomaron el testigo después del agotamiento creador de los autores del boom. Una línea claramente experimental, una literatura del desencanto, basada en la revisión estructural del relato, en el distanciamiento, en la ironía crítica, substituyen en la obra de Villoro a la imaginería tropical.
Se ha dicho que este libro sobre las “lecciones del abismo” que nos muestran que es posible el mal absoluto, llega tarde. Pero el mismo Juan Villoro, al que el impulso o el azar le hizo vivir en Santiago de Chile el terremoto de 8.8 de intensidad que sacudió el país en la madrugada del 27 de febrero de 2010, nos advierte que las réplicas más fuertes de un seísmo son las psicológicas. Y ante la conciencia de esa parálisis mental, él mismo le confesó  a una colega periodista que no podía escribir sobre el terremoto mientras le temblaran las manos. No es posibles construir  teorías express  ante los escombros porque -de nuevo es Villoro el que habla- “¿Hasta dónde es posible reconstruir la experiencia de espanto sin distorsionarla con argumentaciones ajenas a lo que se vivió como caos y marasmo?”  (página 15).
Sin embargo a Villoro le dejaron de temblar las manos y narra la destrucción en una crónica fragmentaria, que reconstruye sobre todo un microcosmo vital: las existencias de aquellos chilenos que vieron como el miedo se asomó en el espejo o estuvieron a punto de extinguirse aquella fatídica noche del 27 de febrero. Y lo hace de la forma más efectiva y enriquecedora, no imaginando la catástrofe sísmica desde la inmovilidad de su escritorio, sino pasando por ella.  
Juan Villoro había llegado a Chile, “el país de las primeras ocasiones”, para participar en el Congreso Internacional de Lengua y Literatura Infantil. Un impulso vital y literario le encaminaba al país andino para cumplir con una oculta cita que el destino le había presagiado. Y allí vivió el terremoto. Esta crónica-testimonio, narrativa no ficción, es el relato no sólo de los largos e interminables minutos del espanto y sus consecuencias y las experiencias humanas de los que con él compartieron la tragedia en el hotel, sino algo más. Al lector se le informa de las premoniciones de los psíquicos, de esa “luna mocha” que lucía con un tono amarillo y le faltaba un pequeño trozo, del agua que contempla el escritor Fabían Skármeta y que mana hacia fuera. Y es testigo a través del relato de Villoro de lo sucedido: ese seísmo de magnitud 8.8 que modificó el eje de rotación de la tierra, con sus siete minutos de duración, percibidos como una eternidad. Del sabor amenazante de la muerte que el escritor vive, no como gritos de pánico, sino vestida de pijamas -los pijamas y camisones en los que el escritor reparó al salir de la habitación-; los mexicanos varados en la capital chilena porque “como el día se acortó una milésima de segundo, nuestra burocracia ya no tenía tiempo para nada y no hubo modo de apoyarnos” (página 45); la generosa solidariedad de los chilenos  y mil fragmentos más sobre la incertidumbre y el miedo al monstruo invisible; también la sorpresa de salir vivo. Las réplicas psicológicas y las incontables migajas del desastre reunidas en cientos de sentencias que compendian una experiencia telúrica (“Los mexicanos tenemos un sismógrafo en el alma”) y que son altamente eficaces y expresivas.
Secciones especialmente destacables de este pequeño libro son el capítulo dedicado a relatar el caso de una mujer en coma que elude la tragedia gracias a un sueño del que nunca despertará. Así como el dedicado al relato de Heinrich von Kleist, “El terremoto de Chile”, una fábula moral escrita en el siglo XIX que inquiere sobre los dilemas morales que plantea un terremoto: ¿las víctimas omitidas, lo son por azar o por designio?
Testimonio, pues, contra el olvido que convierte este libro en algo íntimamente personal del propio autor. En el relato nos acompañan sus vivencias, su familia, amistades, su experiencia con los temblores, su forma de dormir, las historias que le transmitieron y, por encima de todo, esos pijamas que abren y le ponen el broche al libro, como metáforas de un terremoto de magnitud 8.8.

Francisco Martínez Bouzas



Juan Villoro



Fragmento

Los argentinos estaban condenados al más terrible aftershock: ninguno de ellos llevaba mate. Unos días antes, empacar hierba rumbo a Chile hubiera sido un regionalismo un tanto ridículo. A fin de cuentas, se trataba de un viaje de cinco días. Sin embargo, en el momento de conversar sobre lo que había sucedido y descubrir que la supervivencia constaba básicamente de largos ratos de espera para encontrar un autobús rumbo a Mendoza, los sobrevivientes argentinos supieron que el miedo y la sorpresa y las anécdotas requerían de un inexistente producto de primera necesidad: el mate.
El podio de la calma triunfal se completa con otra argentina, la escritora Elena Dreser. Cuando el temblor terminó, supo que debía bajar ala calle. Escogió la ropa para la ocasión y reparó en un hecho curioso: nunca se había vestido sin bañarse antes. «Hoy no es la excepción», decidió.
Fue al baño y descubrió que la ducha estaba llena de escombros. Esto no alteró su sangre fría ni su ímpetu higiénico. Se dirigió a un cuarto vecino, se presentó y pidió permiso para la ducha.
Media hora después era la persona más elegante en el banquete de la Alameda”

(Juan Villoro, 8.8: El miedo en el espejo, páginas 73-74)

jueves, 5 de julio de 2012

LA VIUDA EMBARAZADA DE MARTIN AMIS

La viuda embarazada
Martin Amis
Editorial Anagrama, Barcelona 2011, 494 páginas.
 

   Novela polémica como suelen ser sus últimos escritos, tanto los de pura ficción ( House of Meetings ) como eses productos híbridos, entre el ensayo y el relato ficcional ( Koba the Dread ). Polémica que el escritor no tiene reparo en rehuir, sino que la atiza con sus declaraciones en contra de la revolución sexual de los años setenta y con comentarios muy peculiares sobre el actual feminismo ( “Las mujeres tienen hoy más poder de lo que es bueno para sus propias vidas” ). Pero, al fin y al cabo, novela de Martin Amis, el enfant terrible de las letras británicas, descubierto en la primera hornada de la revista Granta. Oscuro y desagradable para algunos críticos y lectores. Uno de los más perspicaces  escritores satíricos,  para otros. Traducida por eso mismo, y de inmediato, por Anagrama al español y por otros sellos editoriales a otras lenguas peninsulares.
   En La viuda preñada, historia de un trauma sexual según el propio autor, Martin Amis realiza su personal inventario de los naufragios y catástrofes de la revolución sexual de los años setenta. Estamos en efecto en el verano de 1970. El ayuntamiento carnal ya había dado comienzo siete años atrás, según el verso de Philip Larkin, con el que el escritor dialoga en la primera página de la novela. Ahora prosigue si cabe con más fuerza. En forma de tragicomedia, Martin Amis retrata la vida de seis jóvenes ingleses y norteamericanos, encerrados en un castillo italiano, una escenografía que es el tópico del placer hedonista para la cultura británica. Son los años del auge de la revolución sexual y aunque para Martin Amis la vida no es ficción – sólo Saul Bellow ficcionaliza bien las cosas reales – la novela tiene mucho de autobiografía, sobre todo en la primera parte.
   Ese antihéroe, Keith Nearing que seguramente está pasando el verano de su vida junto con chicas que se comportan como chicos y viceversa, semeja ser el propio Martin Amis, un rock star  en su juventud. Y Violet, la hermana más joven de Keith, es sin duda el alter ego de Sally, la hermana del propio escritor, víctima, en “su triste historia”, de esa revolución sexual. “Patológicamente promiscua” fue sacrificada por los efectos destructivos de una sociedad permisiva.
   La conclusión que extrae Martin Amis de estos veranos fulgurantes llenos de droga, sol y sexo, está anunciada ya en el mismo título de la novela, extraído de una cita del prerrevolucionario ruso Alexander Herzen: el mundo que fenece, las revoluciones no dejan tras de si un heredero, sino una viuda embarazada.
   A pesar de que el tema central de la novela es el repaso de los efectos perversos de la revolución sexual, Amis no rehúye otras reflexiones, como el narcisismo y el envejecimiento. Y como en todos sus restantes productos literarios, Martin Amis escribe en un inglés inimitable, lleno de ingenio, sutileza y un incomparable tono ácido y satírico.
Martin Amis
   Concluyo con una acotación. Acabo de señalar que La viuda embarazada es en buena medida autobiografía. Amis reitera una y otra vez que todo lo que en la novela narra es verdad (página 14). Todo menos Italia. El biógrafo de Martin Amis Richard Bradford (biografía no autorizada, hecho insubstancial para lo que pretendo decir)  ha revelado que esta historia de un grupo de jóvenes ingleses encerrados en un castillo para unas vacaciones de sol, sexo e introspección narcisista, ya había sido escrita como crónica autobiográfica por el propio Amis, en un artículo publicado en 1997 en el periódico “New Yorker”. Cambian los nombres de los personajes, pero son todos ellos perfectamente reconocibles. Y el escenario ya no es Italia, sino Francia.

Francisco Martínez Bouzas

miércoles, 4 de julio de 2012

DE "EL SUEÑO DEL CELTA" A ·"DIARIO DE LA AMAZONÍA"

Diario de la Amazonía
Roger Casement
Edición de Angus Mitchell
Ediciones del Viento, A Coruña, 2011, 425 páginas.


Como es sabido, El sueño del celta (2010), la última novela del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, toma como materia prima narrativa la vida de Roger Casament. Las peripecias vitales de un hombre legendario, a la vez héroe y villano, moral e inmoral, traidor y libertario. La aventura de la novela de Vargas Llosa comienza en el año 1903, cuando Casament, luchador contra los abusos coloniales del siglo XX, alza su voz contra las atrocidades coloniales en el Congo Belga, tierras robadas por el rey Leopoldo II de Bélgica. Son los años de la fiebre del caucho, provocada por la incipiente pero pujante industria automovilística. Posteriormente en 1910, comisionado por el Foreign Office, Roger Casament viaja a Brasil y a Perú para investigar las denuncias contra la compañía cauchera Peruvian Amazon Company, dirigida por el “empresario y genocida del caucho”, Julio Cesar Arana. Lo que halló en la Amazonía  peruana (Putumayo y Loreto) superaba con creces todo lo que había presenciado en el Congo: esclavitud, masacres, violaciones, hombres quemados vivos por los empleados locales de la compañía cauchera con sede en Londres.
Los lectores de El sueño del celta recordarán el trágico final de la aventura existencial de este patriota irlandés, ajusticiado en la horca por traición, en 1916, después de ser exhibido públicamente como sodomita promiscuo y pederasta en base a la publicación de unos diarios de dudosas veracidad. El mismo Vargas Llosa, en carta dirigida a Angus Mitchell, el mayor especialista mundial en Roger Casement, que abre la selección de textos de su diario que ahora publica Ediciones del Viento, recuerda que Casement fue un formidable luchador por los Derechos Humanos e infatigable defensor de los pueblos indígenas. Ediciones del Viento ya había descubierto la figura de Roger Casement a través de su informe  sobre el Congo, incorporado al volumen La tragedia del Congo. A raíz de la publicación de El sueño del celta, la editorial coruñesa decidió acometer la edición de su Diario de la Amazonía. Un equipo de trabajo, dirigido por el profesor Angus Mitchell, seleccionó los textos más significativos de un amplísimo manuscrito, muchas veces farragoso, hasta lograr una obra coherente y unitaria, de lectura accesible para cualquier lector.
El resultado final es un extraordinario documento de una aventura por las selvas amazónicas, una crónica periodística excepcional, pero, sobre todo, un texto que es reconocido como un ensayo de antropología y una referencia mundial de una justa postura ética ante los atropellos y derechos de los pueblos indígenas. Y así mismo, un alegato sin contemplaciones contra los crímenes contra la humanidad y contra los fundamentos de la política económica neocolonialista de los países occidentales, que no vacilan en devastar las selvas tropicales sudamericanas.
Roger Casement pasó diez semanas investigando las tropelías cometidas contra los indios por los directivos de la compañía inglesa. Cada una de esas jornadas está reflejada en este Diario, escrito con un estilo conciso, pero duro y verídico, con palabras impresas “en color de sangre”, que nos recuerda El corazón de las tinieblas (Casement había conocido en el Congo a Joseph Conrad) o incluso a una atemporal Apocalyse Now. Desde Iquitos, por los ríos y selvas amazónicos, Casement recopiló minuciosamente todos los indicios, pruebas y documentos de la cacería humana, cometida por la codicia occidental. Miles de seres humanos fueron esclavizados en pleno siglo XX, convertidos en bestias de carga, sometidos a los más atroces castigos y, finalmente, exterminados en una orgía indescriptible, justificada en nombre de la civilización. Sin embargo, y a pesar de la unánime condena moral, la impunidad ganó finalmente la partida. Cuando el 3 de agosto de 1916 Cassement fue ahorcado en Londres la alegría y el jolgorio de la rica plutocracia cauchera iquiteña explotó sin disimulos. Pero la historia, siempre o casi siempre juez insobornable, colocó a cada uno en el puesto que merecía: a Roger Casement como referente ético universal del indigenismo, disidente anti-imperialista y mártir revolucionario. Este libro es un irrefutable testimonio.

Francisco Martínez Bouzas


Roger Casement
                                                            
                                             Fragnmento 


“Hoy he mandado llamar a Levine y se limitó a confirmar las peores historias que circulaban sobre Norman sobre lo de haber quemado a indios, reventado cabezas de niños y todo lo demás. Es hombre es un auténtico diablo.”
“(…) El asesinato y posterior quema de indios ocainas cuando algunos de ellos seguían aún vivos tuvo lugar en 1903. Bishop dice que lo ha oído contar muchas veces. Rafael Larrañaga fue el que ordenó hacerlo. Los ocainas habían sido acusados de matar colombianos”
“(…) se han cometido cientos de crímenes que no aparecen registrados ahí. Entre Normand, Agüero, Fonseca, Montt Jiménez, los dos hermanos Rodríguez y Martinengui han asesinado varios miles de esos desdichados seres. No hay duda de que así ha sido. La semana pasada Tizón admitió delante de mi en La Chorrera que los dos Rodríguez habían matado «cientos de indios», y que Arana les había cedido el 50% de la producción de las secciones de Santa Catalina y Sabana. Normand es acusado una y otra vez por los barbadenses de asesinar a varios cientos de indios. Hoy mismo Levine volvió a decir que «más de 500», que Matanzas había matado a veinte en sólo cinco días y que sus cadáveres (que fueron arrojados detrás de la casa para que se los comieran los perros) apestaban de tal manera que apenas fue capaz de probar bocado. Esos siete monstruos han decapitado, quemado vivos, matado a tiros, a latigazos o por inanición a unos 5.000 indios durante los últimos siete años”

(Roger Casement, Diario de la Amazonía, páginas 301-202)

martes, 3 de julio de 2012

"ENTRA EN MI VIDA": EL DESPERTAR DE LOS DEMONIOS DEL PASADO

Entra en mi vida
Clara Sánchez
Ediciones Destino, Colección Áncora  y Delfín, Barcelona, 2012, 475 páginas.


Clara Sánchez (Guadalajara, 1955), es una de las narradoras españolas más populares, más leídas, hasta el punto de que sus novelas, no exentas de calidad, se han convertido en verdadero bestsellers. Premio Alfaguara de novela en el año 2000 con Últimas noticias del paraíso; así mismo hace dos años obtuvo el Premio Nadal por Lo que esconde tu nombre, un gran éxito de ventas tanto en España como en otros países, especialmente en Italia, con medio millón de ejemplares vendidos. Llega ahora a sus lectores incondicionales con Entra en mi vida, con la personal sensación de la narradora de “haberla escrito lo mejor posible, ser sincera, darlo todo y dar rienda suelta a todos los sentimientos que me ha generado”.
Se ha afirmado, y Entra en mi vida, lo confirma sin ningún género de dudas, que el tiempo narrativo de Clara Sánchez es el presente. En efecto la escritora se siente cómoda acercándoles  a los lectores la realidad que observa, ya sea la “esclavitud” de los trabajadores de los edificios de oficinas acristaladas, el dorado retiro de algunos criminales exterminadores nazis en las costas españolas o el caso de los niños españoles robados en la democracia, tematizado en este amplio texto narrativo, cercano a las 500 páginas. Mas, todo ello acompañado por una aguda reflexión sobre el amor o sobre las monstruosidades que muchas veces, sin saberlo, colonizan nuestro propio interior. Por eso mismo Entra en mi vida, siendo como es una novela sobre el presente, surgida al impulso de las noticias periodísticas, no es, sin embargo, una novela periodística ni un reportaje sobre los niños robados, “sino sobre los sentimientos que esos sucesos han removido en mi”.
La novela narra en efecto la historia de una niña robada en los años ochenta. La naturaleza ficcional del relato hace que la narración de Clara Sánchez no se base en un caso real concreto, sino en uno inventado, aunque con fundamentos en absoluto alejados de la realidad. Saber quién es la niña de una foto supone el arranque narrativo de Entra en mi vida. Verónica, una preadolescente de diez años descubre un día la foto de una niña escondida en una vieja cartera en el armario de sus padres. Es el gran secreto que le hace inquirirse a diario ¿quién es esa niña? ¿por qué su madre vive en una constante angustia que la aleja de la felicidad?  Pero, una vez fallecida la madre, Verónica se verá obligada a afrontar esos secretos y las múltiples mentiras o disimulos en los que ha vivido. En la otra “acera” narrativa está Laura, la otra voz con la que la autora alterna la narración. En ella se concentra todo el dolor de la familia que cree haber perdido a su hija y el perpetuo recelo de la familia que acogió en su momento a la niña robada. Ellas son los personajes en los que, como goznes, gira la acción narrativa. Ellas se ven obligadas a afrontar una vida llena de interrogantes y de secretos familiares.
Clara Sánchez huye, como ya quedó señalado, tanto de la crónica periodística como de la novela detectivesca,  a pesar del alto contenido de intriga de búsqueda, no entre malhechores, sino entre “personajes con uniformes de bondad”. Y proyecta su relato sobre los aspectos psicológicos que constituyen los entramados familiares en los que llega un día en los que se despiertan los viejos demonios dormidos o acallados en el pasado.
En capítulos muy cortos y con una arquitectura binaria (alternancia de los capítulos dedicados a Verónica y a Laura y a sus entornos familiares), la novela avanza narrada con una prosa natural, fluida e incluso a veces dura, que nada tiene que ver con esa escritura ñoña y empalagosa, en la que cierta crítica suele encasillar a la escritora, incluso “sin haberme leído”, como confiesa de forma inconformista la autora.

Francisco Martínez Bouzas



Clara Sánchez

Fragmentos

“En el último estante del armario de mis padres había una cartera de piel de cocodrilo envuelta en una manta que nunca se usaba. Para cogerla tenía que traer la escalera de aluminio desde el tendedero y subirme  a lo más alto. Pero antes debía buscar la llavecita con la que se abría la cartera entre los pendientes, pulseras y anillos del joyero de mi madre.
Nunca le había dado importancia. Hasta mi hermano Ángel, de ocho años, sabía lo de la cartera, y si no nos sentíamos tentados de hurgar allí era porque dentro no había nada de interés (…)
Así que estábamos solo mis padre y yo cuando, con la cartera abierta sobre la mesa le llamaron por teléfono y salió a hablar al jardín con el inalámbrico. Empezó diciendo que por ese dinero ni siquiera metía la llave de contacto. Yo me quedé dentro aburrida (…) A mi me dio por desplegar la cartera del todo, y descubrí que tenía cuatro partes y no tres como había creído hasta ese momento. Quería comprobar lo larga que era y fue entonces cuando vi asomando por una ranura el pico de lo que parecía una fotografía. La saqué con cuidado con la punta de los dedos, como si quemara, y la miré y remiré sin saber qué pensar.
Estaba viendo una niña como yo, mayor que yo. Yo tenía casi diez años y la otra tendría doce. Era tirando a rubia, con melena a la altura de las orejas y flequillo, y la cara redonda pinchada con un cuello largo y delgado, que le daba un aire de superioridad. ¿Quién era esa niña? Por qué estaba en el lugar donde se guardaba lo importante? Llevaba un peto vaquero con una camiseta por dentro y chanclas, y tenía un balón en las manos”

…..

“Laura se negó a conocer a sor Rebeca, la monja comadrona que la vendió a Greta y Lilí y que tenía una relación con la directora de su colegio, sor Esperanza, como si todas las personas de su vida estuvieran unidas por una tela de araña, en que unos vendieran y otros compararan. Dijo que no quería almacenar más imágenes horribles, que no quería saber cómo era esa mujer, que estaba harta de ser el centro de una historia tan cruel. Yo podía hacer lo que quisiera porque también éramos víctimas de esa gente, pero ella de momento arrojaba la toalla”

(Clara Sánchez, Entra en mi vida, páginas 11-13, 470-471)

domingo, 1 de julio de 2012

LAS OSCURAS SINUOSIDADES DEL ALMA

La mujer de sombra
Luisgé Martín
Editorial Anagrama, Barcelona, 2012, 228 páginas.


Luisgé Martín piensa que la literatura es un arma para hacer daño, para molestar. Lo afirma sin remilgos y en esta novela lo hace a conciencia, descubriéndonos el monstruo que todos llevamos dentro. Porque La mujer de sombra no solo es la plasmación escrita de una trama morbosa, autodestructiva, de alto contenido de sexo adulto y de sexo prohibido (pederastia), sino una brutal zambullida en el monstruo que personas aparentemente normales -todos nosotros- llevamos dentro y por regla general nunca llegamos a descubrir. Para eso está la literatura: para inquietarnos, para percutir conciencias adormiladas por una sociedad tan puritana como fácil de escandalizar.
En efecto, el escritor madrileño, después de un paréntesis de tres años (Las manos cortadas, 2009), retoma en esta novela los temas que siempre le han atormentado: los sentimientos de culpa, la esclavitud de las obsesiones, los secretos inconfesables y, sobre todo, las cuevas, los sótanos, la catacumbas en las que muchas veces se oculta el obrar humano. La parte no confesable del obrar humano que, como los icebergs -afortunada comparación del mismo escritor- frecuentemente es mucho mayor, más pesada, más densa y más verdadera que la fachada que exhibimos. Quizás incluso más interesante, como da a entender la cita paratextual de Céline que inaugura la novela: “Todo lo que es interesante ocurre en la sombra. No se sabe nada de la verdadera historia del hombre”.
La mujer de sombra es un viaje  a los infiernos en el que casi que determinísticamente  se precipita el protagonista de la novela, provocado por las incertidumbres que en él genera la conducta de la mujer de la que está enamorado. Y para él querer saber demasiado será destructivo.
La novela está sembrada de componentes indudablemente para gente adulta: sexo explícito, sadomasoquismo, drogas, violaciones, repelentes violaciones tanto imaginadas como reales de niños narcotizados, y una pasión obsesiva de tinte morboso identitario, que se convierte en el nudo gordiano que vuelve loco al protagonista. A ese Eusebio que escucha de su amigo Guillermo poco antes de morir que, fuera de su feliz matrimonio, mantiene una relación sadomasoquista con una mujer. Fallecido el amigo, decide buscar a esa mujer. Entra entonces en escena Julia a la que identifica con la  mujer sadomasoquista y cuyos jeroglíficos pretende descifrar porque con él la “dominatrix” es dulce, sensual, pudibunda. ¿Será la misma mujer?
Para despegar el interrogante el enamorado protagonista inicia una indagación que le llevará por una geografía delirante de obsesiones enfermizas, dilemas existenciales, pasiones sexuales y en las que atraviesa líneas que jamás podrá volver a cruzar en sentido inverso, aunque se justifica pensando que de algunos males de la vida solamente es posible defenderse con un crimen. Es el uso de la sexualidad como forma de infierno y como compendio de descarríos humanos, la pederastia entre ellos y de cuyo remordimiento intenta liberarse con teorías humanitarias.
Novela muy dura, con una historia  de no fácil digestión, pero tejida además con un lenguaje descarnado, obsceno a veces, frecuentemente hiriente -absténgase de su lectura los beaterios-, mas a la vez muy letárgico, capaz de atrapar al lector que se atreve a cruzar la primera página. Un buen escritor, en definitiva, dueño de una prosa cultivada y atrevida con la que nos introduce en el territorio del morbo, pero sobre todo nos hace meditar en las oscuras y laberínticas sinuosidades del alma humana.

Francisco Martínez Bouzas



Fragmentos

“En una carpeta escondida del ordenador guarda las conversaciones más obscenas que ha ido recopilando en esos meses, las que contienen relatos siniestros o libertinos de especial aspereza. PrincesaSucia está casada con un hombre impotente y no la satisface desde hace años. Ella es católica y no consiente en el adulterio, pero estaría dispuesta a abandonar a su esposo si encontrase a alguien que la amase de verdad. Mientras tanto, para calmar las necesidades de la carne, tiene relaciones sexuales con su perro, un mastín de tres años que la monta cada día. PrincesaSucia no cree que eso sea una infidelidad, pues el animal no tiene alma. A Eusebio le contó sin rubor los detalles de la fornicación, el entresijo zoológico de sus amoríos con el mastín…”

…..

“Eusebio ha escrito las historias de PrincesaSucia,de Martina y de Dorian. Lo ha hecho sólo para no olvidar ninguno de sus detalles, sin demasiado esmero. Pero en algunas ocasiones se le viene a la cabeza la idea de componer un libro. Le impresiona la ferocidad de algunas depravaciones, el albur metafísico de la vida. Lo que más le fascina, sin embargo, es la oscuridad del secreto, el nudo negro que algunas personas tienen en su corazón…”

…..
“La niña, en cambio ha empezado a pintarse y  a coquetear con chicos. Es responsable y hace sus tareas, pero lo que más le preocupa son los vestidos, las canciones y los amoríos de la escuela. Padrastro lo cuenta con afecto, con devoción de padre. «Es una edad terrible», asegura. Eusebio le escucha fascinado: lo prodigioso, como él imaginaba, no es conocer los secretos de los hombres, sino las rutinas cotidianas de las bestias. La bondad de los vampiros, la ternura de los monstruos. Padrastro no posee racionalidad: ofrece a sus hijos narcotizados para que los violen y habla luego de ellos con cariño. La mente humana produce esos ensueños. Eusebio bebe su cerveza y se pregunta si también él, como Padrastro, desvaría, si sus pensamientos son discontinuos y paradójicos, si su raciocinio está mordido por termitas. ¿Cómo comienza la locura? ¿Cuál es el principio?”

…..

“Eusebio termina de desnudarse en el umbral de la puerta. Deja su ropa en el suelo, desordenada. Siente la solemnidad del momento. Sabe que va a travesar una línea que no puede volver a cruzar en sentido inverso. Sin embargo no está atormentado. Tiene una sensación fría de liberación. Sabe que hace todo eso por amor  a Julia. Tal vez es el efecto de la droga que ha tomado, pero en ese instante es capaz de concebir con claridad  que de algunos males de la vida sólo es posible defenderse con un crimen: para volver a ser compasivo hay que ser antes despiadado.
Eusebio es feliz mientras acaricia a Cecilia. Lo olvida todo… Le desaparecen las larvas del cerebro. No piensa en la muerte, en las vértebras sin carne, en el cráneo de un cadáver. Con la lengua, despacio, explora las encías de la niña, el lomo de sus muelas, su paladar, sus dientes. Se emboca en ella, la muerde con suavidad…”

(Luigé Martín, La mujer de sombra, páginas 129-130, 134, 207-208, 223- 224)