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viernes, 27 de diciembre de 2013

EN LA DIÁSPORA LONDINENSE DE LOS AÑOS 60



Veiga es como un tiempo distinto
Eva Moreda
Pulp Books (sello de Rinoceronte Editora), Cangas do Morrazo, 2013, 128 páginas.


   La canguesa editorial Pulp Books edita en español una novela breve de Eva Moreda (A Veiga, Asturias, 1981), que en el año 2010 se hizo merecedora de la IX edición del Premio Terra de Melide. Publicada originalmente en gallego en abril de 2011, aparece ahora en español, en traducción de Iolanda   Mato. La autora que conoce cabalmente el mundo de la emigración en el Reino Unido -ella misma ejerce labores docentes en el departamento de Música de la Universidad de Glasgow- nos acerca ficcionalmente, no a la actual y difícil diáspora de miles de jóvenes emigrantes en Inglaterra, sino al recorrido vital de una comunidad de emigrantes gallego en los años 60. Y lo hace echando mano de dos protagonistas prototípicos, así como de las vivencias de otros personajes secundarios que, a pesar de su rudimentario inglés intuitivo, se las ingenian para ganarse la vida limpiando oficinas siempre de noche o ejerciendo de camareras y ayudantes de cocina en restaurantes y hoteles. Y eran fieles a ciertos hábitos como visitar Portobello Road los domingos. Todo en Londres, ese mayúsculo animal que cambia constantemente, aunque para mucha gente siga siendo su aldea.
   Los dos protagonistas, Gelo de A Beiga y Elisa de los Barreses se encuentran precisamente en Portobello Road y con el encuentro revive el ardor de los sentimientos, la antigua relación, la desidia y la sorpresa. Pero también allí nace el miedo. Así se abre esta novela de Eva Moreda sobre la emigración gallega en Londres. Una pieza literaria de escasas páginas, pero de indudable calidad. Los dos protagonistas de la historia narrada se habían aventurado en la emigración londinense en la década de los 60. Muchos de los que en aquella época o en años posteriores intentamos la misma aventura, sin ninguna otra garantía que la que poseen los que en nuestro tiempo pretenden llegar a las costas de Europa en pateras, nos sentimos necesariamente retratados en esta novela sobre la emigración en ese microcosmos complejo que es la ciudad de Londres. Por eso mismo, y es mérito de la autora, los gallegos y gallegas que emigraron a la capital del Reino Unido en las décadas de los 60 y 70, dejan su huella ficcional en las páginas de este libro. Se sentirán, por lo mismo retratados en los recorridos vitales diferentes e los dos protagonistas y también en las existencias de otros emigrantes económicos, personajes secundarios que asentaron su existencia en la capital británica. Allí trabajaron, ganaron el pan y reaccionaron de forma compleja y desigual frente al nuevo entorno.
   Lejos, case a una distancia infinita queda el lugar natal de los protagonistas, esa A Veiga, metáfora de todas las aldeas gallegas que nutrieron durante aquellos años la emigración, porque, cuando uno marchaba “tan lejos” era marchar de verdad y A Veiga queda congelada, como ese “tiempo distinto” que con tanta elocuencia rotula el libro.
   Los dos protagonistas diseñados por la escritora, actantes de la acción narrativa que articula la historia contada, son, como ya quedó reflejado, Gelo y Elisa. Dos personas de A Veiga que compartieron sentimientos tiempo atrás. Perdida la relación, se encuentran años después en la emigración londinense. Y allí con su inglés incipiente y ejerciendo los trabajos prototípicos de la emigración gallega en Londres (limpiadoras nocturnas de oficinas, camareros/as, cocineros/as), renace entre ellos aquel espacio íntimo que los había unido. Pero cada uno sigue un camino vital diferente y su relación se ve sometida a altibajos.
   Sin embargo, ni Gelo ni Elisa son personajes planos. La narradora sabe moldearlos con acierto, extrayendo de los mismo toda la complejidad de un ser real, por lo que  a veces parecen contradictorios y sorprendentes, especialmente la protagonista femenina. Y en ese animal londinense que cambia constantemente, un hormiguero en transformación, algo insólito en aquellos tiempos en la Galicia de la que provenían, interactúan perfectamente. Descubren el sindicalismo, la organización de los trabajadores, el movimiento de liberación de la mujer, los anticonceptivos, las actions delante del Parlamento. Mas también se dan cuenta de que, después de los años transcurridos en Londres, son extranjeros en su lugar natal, y seguramente lo siguen siendo en la capital británica. De ahí las coherentes palabras que Elisa, la verdadera heroína de esta novela, en las que afirma con rotundidad, antes de entrar en la prisión de Holloway, que ella es de todas las partes del mundo donde hay mujeres, donde existen limpiadoras, extranjeros, donde hay gente que sufre y llora.
   Eva Moreda presenta una novela original, con el empleo de una técnica narrativa cuidada y eficaz. Su relato se asienta en una voz  -la de Gelo- que habla en primera persona. A través de sus ojos y de su monólogo descubrimos a Elisa de los Barreses y al resto de los personajes secundarios que forman el grupo de los emigrantes gallegos en Londres. No obstante, la voz del protagonista masculino desvela eficazmente las características de la emigración gallega y su interacción social, contadas desde una perpectiva femenina, porque es Elisa la que renace constantemente, la que es sensible al cambio social, la que interactúa respondiendo a los apremios novedosos del hormiguero londinense. Una prosa elegante, ágil, bien articulada, pero sin arrebatos líricos -repugnarían con el tema-, un gallego cuidado hacen de esta novela de Eva Moreda un producto narrativo maduro que ahora pueden disfrutar también los lectores españoles.

Francisco Martínez Bouzas


 

Eva Moreda



Fragmentos

“Al día siguiente, Tino le escribió a su patrón. Una semana después, recibió la respuesta de su jefe, Mister Stobart. Estaría encantado, decía, delighted, de emplear a Mister Martínez como camarero, con una jornada de cuarenta horas semanales repartida en seis turnos y un salario de quince libras por semana. Casi fue Tino el más ilusionado de los dos; yo andaba demasiado ocupado yendo por las mañanas de la policía al médico y del médico al ayuntamiento y escuchando a mi amigo por las tardes: sus fábulas hablaban de lluvia y mala comida y autobuses rojos de dos pisos y metro y jefes benevolentes y clientes excéntricos y, sobre todo, inglesitas que se dejaban hacer de todo sin poner objeción alguna. Y del verdadero motivo de su estancia en la ciudad, que no me lo desveló hasta que me tuvo seguro en su barca.”

…..

“Londres es una ciudad difícil de explicar a quien no la conoce. Desperdigada sin razón al norte y al sur del río, y creciendo sin control por todos los extremos, ni los que nacieron aquí saben muchas veces dónde empieza y dónde acaba. Los Stobart dicen que Croydon no es Londres. A mí, en cambio, Tino me cautivó desde el principio para      que viniese a Londres, y en Londres estoy, aunque aquí le llamen Croydon. Londres es el único lugar que conozco de Inglaterra, y quizás por eso, cuando pienso en Londres, no puedo evitar también en Brighton -el único otro lugar que conozco de Inglaterra, porque la Isla de Wight está ya mar por medio y no parece el mismo país- como parte de la misma ciudad, como la playa de Londres. Quizá Londres, la misma ciudad que pareció tragarte durante las últimas semanas, llega siempre hasta donde uno quiere que llegue. Y esto, por el sur, puede ser Croydon, o Brighton. Y a veces, cuando pienso en Londres -y últimamente pensé mucho, mucho, pensé en todas sus partes y en cuál pudo haber sido el sitio donde Londres te engulló- el límite de la ciudad por el sur puede estar en Miou.”

(Eva Moreda, Veiga es como un tiempo distinto, páginas 15-16, 97)

viernes, 18 de octubre de 2013

CRONOLOGÍA NOCTURNA DE LA DESOLACIÓN URBANA



Cementerio de elefantes
Fran Alonso
Traducción de Iolanda Mato
Pulp Books, Cangas do Morrazo, 2013, 119 páginas

   Pulp Books, un sello de Rinoceronte Editora, que apuesta por ofrecernos en español algunos de los  títulos más representativos de la narrativa gallega actual, recala esta vez en Fran Alonso, un escritor polifacético y muy singular que frecuenta todos los géneros: periodismo cultural, lírica, narrativa en formato corto, novela, literatura juvenil). Cementerio de elefantes (Cemiterio de elefantes, 1994, en el original gallego) es la segunda aportación de Fran Alonso en el terreno de la narrativa, después de haber ganado en 1991 el Premio Blanco Amor con su novela Trailer. Fran Alonso es sin duda uno de los autores que han aportado propuestas innovadoras en las letras gallegas, como, por ejemplo, narrar en Trailer la vida de los camioneros gallegos por las carreteras españolas y europeas sin ocultar su visión del mundo. Algún estudio sobre la narrativa gallega de finales del pasado siglo ha etiquetado a Fran Alonso como visitante ocasional de las corrientes de narradores heterodoxos metaficcionales que reniegan de las categorías narratológicas fundamentales, como las del narrador o del personaje, entre otras.
   Cementerio de elefantes  es un viaje a la noche. A la noche de una ciudad portuaria, dura y clandestina como Vigo. Un viaje literario a las incontables náuseas de la noche, poblada de personajes atípicos, verdaderos antihéroes, que se debaten entre el sueño, la frustración, las extremas transgresiones. Son ellos personajes noctámbulos que hacen de la noche su hábitat, engullidos por la nocturnidad en sus encuentros depresivos, violentos o a veces sensuales y eróticos. Elefánticos en definitiva. Porque es una fauna de elefantes la que puebla la noche viguesa, que se desplaza, sorda e inexorable, hacia el amanecer.
   Al compás de las horas, nueve relatos breves recorren la urbe viguesa tras los pasos de esa fauna de elefantes. Son los protagonistas de la noche: licenciados o doctorandos reconvertidos e recogedores de basura; la cajera de un super que es víctima de un violador; vagabundos engullidos por las sombras en sus entrañas depresivas; la campesina del rural que inútilmente suplica que en la farmacia de guardia le vendan Voltarén para curar a su cerdito; la brutalidad verbal y profesional del dentista nocturno; periodistas desmotivados que deben llenar las ondas de contenidos estúpidos; guerrilleros aluniceros de iglesias; drogatas que con coca consuelan sus depresiones; insomnes incapaces de enfrentarse al día por las mañanas, fracasados incluso en el sexo, esclavos de ansiolíticos; taxistas estafados, piratas urbanos, vendedores de tabaco americano; prostitutas; caducos macarras, violadores, vagabundos atrapados por la noche en sus extrañas depresiones.
   De nuevo, y como en Males de cabeza, prosas extremas, conmocionadas que ponen ante nuestros ojos, de forma a veces vitriólica y estremecedora,, otras, sumamente tierna, las punzantes brechas de la posmodernidad.. Motivos recurrentes en ese ya gran macrotexto de Fran Alonso: la soledad, la incomunicación, el desengaño y las mil llagas y miserias de nuestros días en los espacios urbanos. Fran Alonso hace confluir a varios de sus elefantes nocturnos en un Refugio: “Corazones Solitarios”, todo un símbolo, una metáfora de la noche viguesa, esa noche que nos envejece a todos.
Narrados en primera o tercera persona, punteados los relatos al hilo del paso de las horas nocturnas, encadenando historias y personajes en una acertada y fructífera intertextualidad con obras anteriores. Es el caso de Lino, camionero en Trailer, o la mujer que trae cada día el barco de Cangas y consume su s jornadas haciendo tortillas para los obreros, que remite al poemario Tortillas para os obreiros. Escritura necesariamente fragmentaria y sobriedad narrativa que acrecienta el efecto sobrecogedor de estas historias. Altamente recomendable pues este libro de Fran Alonso, sobre todo para aquellos que quieran disfrutar en español de la estética del autor. Estética comprometida,  a la altura también de nuestro tiempo. Estética de lo que somos y de lo que tenemos, reflejada a través de estas historias tan hermosas como brutales y estremecedoras.

Francisco Martínez Bouzas



Fran Alonso

Fragmentos

“Traté de acelerar el paso porque sentía frío en las piernas, pero aquella falda tan ceñida no me dejaba caminar muy deprisa. Con el avance de la noche aumentaba el frío y los vagabundos que dormían en los portarles de las casas o de los comercios se cubrían con grandes cartones como queriendo amortiguar un poco su desgracia. Viejas rodeadas de bolsas de basura, jóvenes solitarios con el estigma de la heroína en los ojos ensangrentados, lúcidos personajes de gabardinas amarillas que un día decidieron perder la cordura, hombres con la botella de vino en las manos, todos personajes múltiples pertenecientes a una extraña fauna nocturna que me mantenía tan horrorizada como maravillada. Las noches en que acudo a visitar ami novio a la discoteca me recreo en ese paseo solitario que tengo que realizar para retornar a casa. Disfruto de él porque me mantiene expectante y hechizada dentro de esa moler en la que me he sumergido y eso hace que sienta pasión por la noche.”

…..

“La noche nos hace viejos prematuros. A todos. A los que estamos de este o de aquel ladote la barra, esa frontera que afortunadamente nos separa y que yo recorro incansablemente durante toda la jornada. Pero la noche nos gasta a todos, nos consume para envejecernos antes de tiempo.”

…..

 “Es la noche. Estoy acostumbrado a moverme entre la fauna de los que se van sin pagar, de los jugadores de billar, de los que piensan que ofreciéndole costo al camarero ya pueden ir de legales, de los que levantan las copas donde pueden, de los que se  encierran en los baños, de los que vienen a controlarte y vuelven de madrugada -o por el día- para levantarte el equipo de música, de los clientes habituales con derechos adquiridos, de los que, total, solo viene una vez, de los que quieren abrir cuenta porque son de buena familia, de los que vienen por la puerta a venderte dos botellas de wiski muy baratas, de los que saben de todo y te lo quieren explicar, de los que invitan a todo cristo, de los que salieron de casa sin dinero pero, ah, te ofrecen el carné de identidad, de los colegas que aseguran estar también de este lado de la barra.”

(Fran Alonso, Cementerio de elefantes, páginas 15, 59,62)

lunes, 31 de diciembre de 2012

GALICIA EN CLAVE EXPERPÉNTICA


El mejor francés de Barcelona
Bieito Iglesias
Traducción: Equipo Pulp
Pulp Books (sello de Rinoceronte Editora), Cangas do Morrazo, 2012, 220 páginas.


   “Funcionan en el Ensanche santiagués numerosos tapadillos de rameras analfabetas, decoradas con orlas y títulos de licenciatura colgados de las paredes, a los que acuden el viajante orensano, el industrial vigués o el ganadero lucense, persuadidos todos de que montan diplomadas en Filología Románica”. Así leemos  al comienzo de uno de los relatos, “Pistolero, disfrutarás mucho en el pantano”, de  este libro de Bieito Iglesias, El mejor francés de Barcelona, traducido ahora al gallego por el sello editorial Pulp Books. Un título quizás demasiado explícito, pero plenamente coherente con la trayectoria de la narrativa del autor, Bieito Iglesias, uno de los iniciadores de la literatura erótica gallega con aquellos relatos del año 1991, Aventura en Nassau, tejidos con tramas colmadas de grosura diegética. Desde entonces, Bieito Iglesias maduró como escritor. La novela Vento de seda (1992), los relatos de Miss Ourense (1994), varias novelas, entre ellas una escrita directamente en español, Bajo las más bellas estrellas (1999)  y su narrativa breve -Contos da terra da tarde (2011) última aportación en este subgénero- y la cotraducción de la Biblioteca Sherlock Holmes, hacen de él uno de los escritores más importantes y sobre todo singulares del sistema literario gallego.
   Sin embargo no es en territorios eróticos donde debemos situar El mejor francés de Barcelona, sino en un paradigma de literatura que intenta retratar  en clave expresionista a la actual Galicia y al perfil de algunas de las “joyas” que moran en este noroeste español. Diez relatos de desigual extensión, aunque ajenos todos ellos al microcuento, componen este libro. Relatos breves de un “prosador ficcionista”, creador de una literatura en puridad, muy personal y sin parangón con ningún otro escritor gallego. Literatura genuina, sin trampas, con un alto grado de riqueza y de complejidad que forma con sus obras posteriores un gran microtexto, un gran friso, a  la vez carnavalesco y realista de la tierra gallega y sobre todo de sus gentes. La mirada mordaz y  a la vez rebosante de humor sobrevuela en la sombría experiencia vital de decenas de personajes inmersos casi siempre en la marginalidad.
   Como en cualquier otra propuesta fabuladora moderna, Bieito Iglesias en los relatos de El mejor francés de Barcelona refleja la realidad y al mismo tiempo la supera por medio de la recreación carnavalesca de algunas de las líneas y  trazos más significativos en un desfile de personajes singulares. El narrador se limita a observar y a anotar, con exultante e inteligente ironía, sus jornadas y aventuras. La mirada mordaz, cómico-realista se detiene en la obscura experiencia vital de decenas de personajes marginales que, como uno de ellos, Sapo, onanista radical y vate -ex poeta culturalista- viven en la melancolía de los charcos.
   Y como decorado de todo ello, los oropeles y desaguisados paletos de la Galicia profunda, folclórica y cavernícola. En resumen, literatura en conexión con la vida cotidiana, la única real, con más sombras que luces. Diez relatos de medina extensión y desigual calidad, a veces con temáticas de no fácil definición y con estructuras desintegradas que reflejan mundos en los que la realidad muchas veces supera a la fantasía de cariz más esperpéntico.

Francisco Martínez Bouzas




Fragmentos

“Lleva todo el santo día en cama, sin atender a las reprimendas del padre, que asomó las narices un par de veces para reprocharle la desidia, ni aceptar las comidas que le lleva mamá (apenas tomó unas cucharadas de helado bañado en chocolate). No tiene ánimo para nada y permanece en la oscuridad del cuarto, agarrado a un magnetófono y a la música rezongona que producen las pilas gastadas: «Sapo de la noche, sapo, cancionero que vives soñando junto a tu laguna. Dueño de los charcos, grotesco trovero, estás embrujado de amor por la luna»”

…..

“Ut supra quedó dicho que no cataba las mercancías sustraídas, a no ser las guarradas de los anuncios de relax, pero quiso el diablo que, en la librería Torga, le viera la intención un cliente de insoportable compromiso cívico. Suele ocurrir, en estos negocios progres, que te encuentras con tipos de puritanismo granítico, intolerantes con quien afana géneros. Él ya no solía trabajar aquel antro de moralina, primero por las especialidades que ofertaba, de escasa salida entre la clientela habitual de los cafés bohemios que desprecia toda literatura en gallego o de tema autóctono, cualquier libro, en realidad, que no haya sido reseñado en El País Tentaciones o ilustrado por el cine (preferentemente por Ana Belén con el culo al aire); y segundo porque compraban allí auténticos marats, y esas gentes se avienen mal con los chorizos. Son especies que se matan. Cuando todavía era Bello, Sapo había leído a don Vicente Risco y subrayado con grueso trazo la siguiente reflexión: «Siempre habrá individuos que se nieguen a ser absorbidos por el rebaño; son los revolucionarios, los artistas, los vagabundos y los criminales». Cierto, pero estas categorías guerrean entre sí, con más ardor del que empeñan en la erosión de la sociedad.”

(Bieito Iglesias, El mejor francés de Barcelona, páginas 205, 214)

lunes, 13 de agosto de 2012

"DIME ALGO SUCIO": COMO CADÁVERES A LA DERIVA

Dime algo sucio
Diego Ameixeiras
Pulp Books, Cangas do Morrazo (Pontevedra), 2011, 214 páginas.



Dime algo sucio es, junto con Querida Catástrofe, el título con el que debutó el pasado año un nuevo sello editorial: Pulp Books. Su autor, Diego Ameixeiras (Lousanne, 1976) ha contribuido con aportaciones importantes a la consolidación de uno de los subgéneros de la literatura popular que más lectores atrapa: la novela criminal o el subgénero negro / detectivesco. En el año 2004, con su primera novela Baixo mínimos aparecía en la arena literaria su héroe o atihéroe, el detective Horacio Dopico, con todos los indicios de inaugurar una serie, al estilo, por ejemplo de Carvalho de Montalbán. Y, en efecto, Diego Ameixeiras repite dos años después con O cidadán do mes (Xerais, 2006) y Horacio Dopico intenta penetrar de nuevo, con su sagacidad y también con su sorna punk y desengañada, en los brumosos territorios de los crímenes “made in Galicia”. Ese mismo año, su novela Tres segundos de memoria se hacía merecedora del Premio Xerais de narrativa. De ella están ausentes tanto su detective como el particular homenaje que, mediante la parodia, Ameixeiras quiso tributar a la novela hard boiled.
Dime algo sucio es su penúltima incursión en el género narrativo, una experimentación con el género negro, una novela “casi-negra”, pero ajena a cualquier código policial y a las pautas y convenciones genéricas. Está claro que Diego Ameixeiras no sigue al pie de la letra, ni de ninguna otra forma, los consejos en los que G. K. Cheterton desvela las claves del éxito del género detectivesco, si duda el más popular desde el siglo XIX, a pesar que el comienzo de su novela invita sin dudad a la investigación policiaca.
En el interior de una nave industrial abandonada, el cuerpo de una chica de quince años, con gran cantidad de semen en la vagina. Sobre su cadáver yace un hombre. Su camisa travesada por cuatro agujeros de bala, restos de semen en la ingle. Es el violador de la chica y la policía lo va a encontrar una vez que abra el día. Historia netamente criminal, pero sin detective y con un protagonismo coral: las vidas de la ciudad de Oregón, trasunto literario reconocible desde la primera página de Ourense. En efecto, el verdadero protagonista de esta novela, con estructura circular, es el vecindario de Ourense, sus vidas cruzadas, fragmentadas como los fragmentos que le dan vida a la novela. Vidas que buscan al menos una ilusoria esperanza en ese lugar vacío que es la ciudad cero. Por las páginas de la novela exhiben su deriva seres cuyas existencias nada tienen que ver entre si y que, sin embargo, acaban confluyendo por razones azarosas en la misma y tediosa desesperanza. En esa ciudad pequeña y agobiante, “lugar de fúnebre desconfiguaración”, cruzan sus vidas personas muy diversas: una pareja de novios adolescentes. Él, grafitero. Con “caligrafía pletórica” no solo opera sobre los pechos de su novia, sino también sobre los de alguna otra conquista. Un hombre negro con sueños y pesadillas que mueren cada semana, una pareja madura en plena crisis conyugal, una chica de quince años que se convierte en la nueva abeja reina del instituto, un chico con la cara cruzada por una cicatriz contratado para filmar una violación. Mujeres que fuman por no llorar… Todos y todas, cadáveres a la deriva que conviven con el asesino o el violador.
Ameixeiras en una cruda poética de la desesperanza, de la indefensión, de gente rota, sumerge al lector en el diario vivir de estos personajes insatisfechos, con su soledad, con sus patologías, a pesar de estar perfectamente integrados en el sistema, con el deseo, con el amor, con una sexualidad posesiva. Y, casi de una forma conscientemente dislocada, nos aproxima a la verdadera visión de la sociedad que nos rodea.
La novela estructura el fluir  de su trama de una forma circular. Con un ritmo marcado por la brevedad de sus capítulos por los que hace deambular al coro de sus antihéroes urbanos y a los que también pone en sus bocas las confesiones más triviales: las marcas y copas de los sujetadores, las tangas que comprar, las ventajas de la exfoliación o cosas tan prosaicas como las sensaciones que uno tiene al ponerse un piercing en la lengua. Nada pues de lirismo explícito, que tiene que manar, según afirma Ameixeiras, de la realidad a la que no debe estragar con una adjetivación lujuriosa. Construye pues Ameixeiras este fresco de derivas y derrotas con un leguaje urbano, coloquial. Sobriedad narrativa, prosa minimalista, pero sin renunciar al símil y a la metáfora (“El cuerpo de esa chica tiene unos ojos verdes que son como el mar, pero están muertos como un pozo negro”, página 11), que ponen un poco de luminosidad en la atmósfera desesperanzada de la ciudad cero.
La traductora, Carmen Pereiro, nos brinda una versión correcta, respetuosa con el gallego urbano y coloquial y también con la fraseología de la versión original. Respetuosa, así mismo con la toponimia ourensana y con la antroponimia gallega de este carrusel de personajes que se mueven entre las grietas opresivas y desoladas de la ciudad cero.

Francisco Martínez Bouzas



Diego Ameixeiras

Fragmento

                                                   

La ciudad cero

“El motor asfixiado de un autobús, el llanto de un crío, la sirena de una ambulancia que no llegará a tiempo. La melodía de Oregón al atardecer siempre se ha parecido a una marcha fúnebre. En esa hora incierta, se mezcla la derrota silenciosa del perdedor, que tiene una nómina imposible y a ese barrio de toda la vida con árboles muertos y persianas sucias, con la victoria de los balances y la calidez de las dietas que prefieren el jersey cruzado, el verbo compuesto y las mujeres por delante. Son dos mundos que se odian porque se tocan”(…) “La ciudad cero es un lugar vacío, un desierto inabarcable, una gran extensión seca donde un viento áspero ha barrido las señales del pasado y el sol irradia una luz blanca, cegadora. Para advertir su presencia hace falta llegar a la raíz y generar un cadáver que respire efluvios de la tierra desde la más absoluta desolación. La ciudad cero abre cada mañana su boca llena con un epitafio”

(Diego Ameixeiras, Dime algo sucio, páginas 139, 178)

jueves, 31 de mayo de 2012

RADIOGRAFÍA DE LA GENERACIÓN "BONITA"

Generación perdida
Francisco Castro
Tradución: Moisés Barcia
Pulp Books (sello de Rinoceronte Editora), Cangas do Morrazo, 2011, 150 páginas.


Francisco Castro (Vigo, 1966), autor de Generación perdida, es uno de los más versátiles narradores gallegos. Así lo acredita su dominio de todos los registros narrativos, desde el relato histórico a la narrativa erótica, desde la literatura infantil y juvenil hasta la novela negra. Como muestra, su última aportación a este subgénero, In vino veritas, uno de los libros del verano para los lectores gallegos. En el año 2004 publicaba la versión original, Xeración perdida, cuya traducción al español edita ahora Pulp Books en ese plausible propósito de dar a conocer lo más original de la narrativa que se escribe actualmente en Galicia.
Hay novelas que son ajustes de cuentas, otras, la recuperación necesaria de la memoria histórica olvidada. Pero también se puede mirar hacia el pasado para radiografiarlo y al mismo tiempo hacer una catarsis. Y esta es la meta que persigue Francisco Castro con Generación perdida: hacer catarsis consigo mismo, con Ricardo el personaje central de la trama y, sobre todo, con su generación, la generación de aquellos jóvenes vigueses nacidos, como el autor, en la mitad de los 60 y que alcanzaron la pubertad y la juventud en las dos décadas siguientes. Por eso mismo, la novela se convierte en historia de la memoria.
Generación perdida, no será, como se nos recuerda en las últimas páginas, la novela de la explicación definitiva, el relato de las grandes  teorías y de las grandes soluciones. Es una novela de los recuerdos que brotan de nuestros ojos siempre con muchos rasgos subjetivos. Asentando su voluntad creadora en Borges (“Un hombre es su memoria”), Francisco Castro pretende acercarnos, con intención catártica, a la memoria  de la generación de la juventud viguesa que vieron la luz, como ya quedó apuntado, en la mitad de los 60 y que, desde el barrio de Teis fueron protagonistas pasivos de la movida viguesa de los 80, de aquellas “paridas”, subvencionadas oficialmente y publicitadas  con aquel invento mediático de “Madrid escríbese con V de Vigo”.Detrás de aquella gran mentira quedó atrapada una buena parte de la juventud, pringados y camellos, que se inició en la droga en una de las primeras actuaciones de Siniestro Total y Golpes Bajos, una noche de 1983 en Castrelos. La mayoría quedó en el camino, victimas del caballo, del sida y algunos todavía luchan para salir del agujero.
A través de tres personajes, Changüi, Calbot y sobre todo Ricardo, víctima, cabello y pringado respectivamente, aunque ninguno bueno o malo de forma absoluta, la novela radiografía el mundo de la droga, su penetración entre la juventud viguesa y la movida de la ciudad olívica de los años 80, con sus luces y sombras, más abundantes las últimas que las primeras. El verdadero protagonismo de la novela le corresponde a toda una generación, la generación de los niños “bonitos”, que sucedió a la generación progre (la que luchó contra el franquismo), que creció delante de Barrio Sésamo, comiendo bocadillos de nocilla, en una atmósfera de gran permisividad y pagó un alto precio por vivir. En la novela, en efecto, se nos permite ver lo más emblemático del Vigo de aquellos años y sobre todo el dibujo del barrio de Teis: el Vitrasa, los cines Fraga y Rosy, los conciertos musicales de Castrelos, las últimas escuelas unitarias, el barrio de Vichita, el instituto de la Guía, las katiuscas y coreanas. Y sobre todo el imparable avance de la droga.
Pero si algo debe de ser destacado en esta novela, este algo son las innovaciones formales que el autor introduce en el relato. Entre ellas destaco las siguientes: un autor omnisciente  que rompe conscientemente los géneros. Escribe un primer capítulo paradigmático en este sentido. Francisco Castro se convierte en protagonista  y rreflexiona sobre el acto de escribir, sobre la potencia creadora de sus personajes que le permiten existir como escritor. Y así mismo, la importancia de la historia, no de la verdad ni de la versomilitud. La hibridación genérica y un cierto talante ensayístico de la novela no se detienen en estas páginas introductorias. Con ánimo critico y con frecuencia mordaz, la voz narradora lanza constantes reflexiones, a la vez que piensa que tiene derecho a inyectar ráfagas meditativas en medio de la ficción, porque es la voz del creador y hace lo que apetece. Novela, pues, con mitin por medio como se autodefine a si misma.
Francisco Castro
 Son constantes las reflexiones del novelista sobre el avance del relato y sobre sus dificultades. La novela comienza hablando de si misma, en el primer capítulo, y el relato de la historia está acompañado constantemente por el relato de la elaboración de la propia novela. He aquí pues el carácter metaliterario al que ya aludimos. Y por último el fragmentarismo, reconocido por el propio autor: “esta es una novela del siglo XXI: fragmentaria, caótica, desordenada como el mismo siglo”. La historia se nos va narrando a trozos, con puntos y aparte, mezclando intencionadamente  fragmentos del pasado, con cortes y paradas, con el presente. Novela pues que precisa de un lector participativo. Novela así mismo catártica, purificadora, en la que el escritor, como Carlos Fuentes, afirma tener fe en el poder salvador de la literatura.

Francisco Martínez Bouzas